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Me da igual si es chica, chico, trans o neutral: infancias trans y familias que acompañan

«me da igual, si es chica chico trans o neutral»

Es un verso que se cuela casi sin hacer ruido en mitad de «La dieta del cucurrucho», una canción de «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», el primer disco de la trilogía GAYFOLK. (Si quieres leerla entera, aquí tienes la letra.) La canción es una comedia de celos: una pareja que llevaba dos años tranquila salta por los aires porque uno de los dos ha confesado lo mucho que le gustan los ojos de un actor. Y el narrador, en pleno delirio, se pone a fantasear con el hijo que tendría con él y con los nombres ridículos que le pondría.

En medio de esa fantasía absurda aparece la frase. «Así nuestro hijo será», dice primero. Y enseguida se corrige: me da igual lo que sea. Chica, chico, trans o neutral. Lo escribí como un chiste más dentro de una canción hecha de chistes, pero cada vez que la escucho me doy cuenta de que esa línea dice algo que a muchas familias de verdad les cuesta años decir. Que el hijo o la hija que imaginas no tiene por qué parecerse al que llega. Y que da igual.

Ya escribí sobre los famosos a los que saludo en esa canción en «Hola, Paco León», y en «Todas y todes» escribí sobre el género gramatical en mis letras. Hoy quiero tomarme el verso en serio y hablar de algo que no es un chiste: las infancias y adolescencias trans y las familias que deciden acompañarlas.

Antes de empezar, una aclaración honesta. Yo soy un hombre gay, no soy una persona trans ni tengo hijos. Escribo desde fuera, con respeto, con los datos que he podido comprobar y con la sensación de que este es un tema donde sobra ruido y falta escucha. Si eres una persona trans o madre o padre de una criatura trans, tu experiencia vale más que cualquier cosa que yo pueda decir aquí.

Un verso escrito en broma

Lo bonito del verso es que no hace un discurso. El narrador no explica nada, no pide permiso, no da una charla. Simplemente enumera posibilidades y las pone todas al mismo nivel. Chica. Chico. Trans. Neutral. Ninguna va precedida de un «incluso» ni de un «aunque». Ninguna es la opción mala que se acepta a regañadientes.

Así funcionan muchas veces las cosas importantes en las canciones: se dicen de pasada. Si hubiera escrito una balada solemne sobre la identidad de género, probablemente me habría salido un panfleto. En cambio, en una canción donde el ambiente está «cargado de tensión» por un ataque de celos, la frase cae como cae en la vida real: en una conversación cualquiera, en mitad de otra cosa.

Porque así es como muchas familias se enteran. No en un momento solemne con música de fondo, sino un martes por la tarde, cuando su hija o su hijo dice algo que no esperaban. Y lo que pasa en los minutos, semanas y meses siguientes importa muchísimo.

Qué significa ser una persona trans

Conviene empezar por lo básico, porque hay mucha confusión. Una persona trans es alguien cuya identidad de género no coincide con el sexo que se le asignó al nacer. Una chica trans es una chica a la que al nacer inscribieron como niño. Un chico trans es un chico al que inscribieron como niña. Y una persona no binaria es alguien que no se identifica del todo, o nada, con ser hombre o mujer.

La identidad de género no es lo mismo que la orientación sexual. Ser trans no dice nada de a quién te gusta querer o con quién te apetece acostarte. Hay chicas trans lesbianas, chicos trans gais, personas no binarias bisexuales y personas trans heterosexuales. Mezclar las dos cosas es uno de los errores más comunes, y también uno de los que más confusión generan en las familias.

Tampoco es lo mismo la expresión de género, que es cómo te vistes, te mueves o te peinas. Un niño al que le encantan los vestidos o una niña que solo quiere jugar al fútbol no son necesariamente trans. Pueden ser simplemente niños que no encajan en los estereotipos. Escribí sobre la pluma y sus volúmenes en «Exagerada me llamaron a mí». La diferencia la marca la propia criatura cuando dice, de forma persistente, quién es.

Lo que dice la ley en España

En España, el marco legal cambió de forma importante con la Ley 4/2023, conocida en la calle como «ley trans», aunque su título oficial también abarca los derechos LGTBI en general. Se publicó en el Boletín Oficial del Estado el 1 de marzo de 2023 y entró en vigor al día siguiente.

Fotogramas del videoclip oficial de «La dieta del cucurrucho», de Mike Sain't Louis

La novedad más conocida es la autodeterminación de género para el cambio de la mención del sexo en el Registro Civil. Desde esa ley ya no hace falta presentar un informe médico o psicológico, ni haberse sometido a ningún tratamiento hormonal o quirúrgico. El trámite consiste en dos comparecencias: en la primera la persona expresa su disconformidad con el sexo inscrito y elige, si quiere, un nombre nuevo; en un plazo máximo de tres meses se la cita de nuevo para que ratifique su decisión, y después el registro resuelve en un mes como máximo.

Antes las cosas eran muy distintas. La Ley 3/2007 permitía el cambio registral solo a personas mayores de edad, y exigía un diagnóstico médico y, por norma general, dos años de tratamiento. Para muchas personas trans eso significaba tener que demostrar ante un profesional que su identidad era «de verdad», como si fuera una enfermedad que hubiera que certificar.

Por edades: de los 12 a los 16

Para menores, la ley establece un sistema escalonado en su artículo 43:

  • A partir de los 16 años, la persona puede pedir el cambio por sí misma.
  • Entre los 14 y los 16, puede pedirlo ella misma, asistida por sus representantes legales, normalmente madre, padre o ambos. Si hay desacuerdo entre ellos, o con la persona menor, se nombra un defensor judicial.
  • Entre los 12 y los 14, hace falta una autorización judicial previa, en un procedimiento de jurisdicción voluntaria.
  • Por debajo de los 12 no se puede cambiar la mención del sexo, pero sí el nombre en el registro.

Ese último punto es importante. El artículo 48 de la ley reconoce el derecho de las personas menores trans a cambiar su nombre, y una instrucción de la Dirección General de Seguridad Jurídica y Fe Pública de 2023 aclaró que sus representantes legales pueden pedirlo sin tener que demostrar antes que la criatura ya usaba ese nombre. Parece un detalle burocrático, pero para un niño o una niña de ocho años, que en clase y en el médico le llamen por su nombre cambia muchísimo el día a día.

La ley también prevé que quien ha cambiado la mención registral pueda volver a la anterior, pasados seis meses, siguiendo el mismo procedimiento. Lo cuento porque es uno de los argumentos que más se usan para meter miedo, y conviene saber que la propia ley lo contempla.

El camino hasta aquí

Este cambio no cayó del cielo. Hubo una sentencia clave antes: la del Tribunal Constitucional 99/2019, de 18 de julio. El Tribunal Supremo había planteado una duda sobre un chaval que pidió el cambio de nombre y de sexo con poco más de doce años. El Constitucional declaró inconstitucional la ley de 2007 en la parte en la que impedía el cambio a menores «con suficiente madurez» y en una «situación estable de transexualidad». Dijo que esa prohibición chocaba con el libre desarrollo de la personalidad y con el derecho a la intimidad.

Y antes de los jueces, hubo familias. Familias que no encontraban respuestas en los colegios, en los centros de salud ni en las leyes, y que decidieron buscarlas juntas.

Chrysallis: familias que se encontraron

Una de esas redes es Chrysallis. Según cuenta la propia asociación en su web, nació a nivel estatal el 1 de julio de 2013 en Madrid. En los meses anteriores, varias familias de distintos puntos de España se habían ido encontrando a través de las redes sociales y de asociaciones de personas trans adultas. Tenían en común una cosa: una hija o un hijo trans, y muchas preguntas sin respuesta.

En diciembre de 2021 cambiaron su nombre a Chrysallis, Asociación de Familias de Infancia y Juventud Trans. Funcionan con acompañamiento entre iguales: las propias familias, de forma voluntaria, asesoran a otras en lo familiar, lo escolar, lo sanitario y lo legal. Tienen delegaciones en muchas comunidades autónomas, y también dan formación a profesionales.

Me parece una forma preciosa de organizarse. No una institución que te habla desde arriba, sino otra madre o otro padre que ya ha pasado por la primera noche sin dormir y te dice: tranquila, no estás sola. Algo parecido a lo que escribí sobre la familia que se elige en «Mi gente o mi Patry», pero aquí con la familia de sangre decidiendo estar a la altura.

Lo que muestran los datos

Aquí hay que ir con cuidado, porque es un tema en el que se manejan muchas cifras sin contexto. Voy a quedarme con dos estudios concretos que he comprobado.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «Nos miramos fijamente tres segundos como mucho y me fui a casa pensado» de «La dieta del cucurrucho»

El primero es de 2016. Kristina Olson y su equipo publicaron en la revista Pediatrics un estudio con 73 niñas y niños trans de entre 3 y 12 años que habían hecho una transición social, es decir, que vivían con el nombre, la ropa y los pronombres con los que se identificaban, con el apoyo de su familia. Los compararon con sus hermanos y con otros niños de la misma edad. Resultado: sus niveles de depresión eran los de la media de la población, y su ansiedad estaba solo un poco por encima, lejos de niveles clínicos. Las propias autoras avisan de que es un estudio observacional y no demuestra causa y efecto, pero la conclusión era clara: el sufrimiento no es inevitable.

El segundo es la encuesta de 2024 de The Trevor Project, una organización estadounidense de prevención del suicidio en jóvenes LGTBIQ+. Participaron 18.663 jóvenes de entre 13 y 24 años, de los que algo más de 12.000 eran trans o no binarios. El 46 % de esos jóvenes trans y no binarios había pensado seriamente en el suicidio en el último año. Es una cifra que duele. Pero el mismo informe muestra la otra cara: entre quienes vivían con personas que respetaban todos sus pronombres, el porcentaje que había intentado quitarse la vida en el último año era del 11 %; entre quienes no tenían a nadie en casa que los respetara, del 20 %.

Lo que protege

Esos datos dicen algo que cualquier madre o padre puede entender sin necesidad de estadística: lo que pasa en casa cuenta. Llamar a tu hija por su nombre. Usar los pronombres que te pide. No convertir cada cena en un juicio. Defenderla en el colegio. Escucharla aunque no entiendas del todo lo que te está contando.

Nada de eso exige tener todas las respuestas. Se puede acompañar con dudas, con miedo y con errores. Lo que hace daño no es equivocarse de pronombre un día, es negarse a intentarlo. Y lo que protege no es tener un discurso perfecto, es que la criatura sienta que su casa es un sitio seguro.

En «Un techo propio» escribí sobre jóvenes LGTBI que se quedan sin casa cuando su familia no los acepta. La otra cara de esa historia son las familias que deciden que el techo sigue siendo de todos.

La transición social no es medicina

Otra confusión frecuente: cuando se habla de infancias trans, mucha gente imagina operaciones o tratamientos. La mayoría de lo que pasa en la infancia no tiene nada que ver con eso. La transición social consiste en cosas como cambiar el nombre, la ropa, el corte de pelo o los pronombres. Es reversible por definición: si dentro de unos años la persona siente otra cosa, puede volver a cambiar.

Los tratamientos médicos en la adolescencia son otro asunto, y es verdad que hay debate internacional. En el Reino Unido, el informe Cass, publicado en abril de 2024, concluyó que la evidencia sobre los bloqueadores de la pubertad era insuficiente, y el sistema público de salud inglés dejó de recetarlos de forma rutinaria a menores fuera de ensayos clínicos. Otros países y sociedades médicas mantienen criterios distintos. Yo no soy médico y no voy a fingir que lo sé todo. Lo que sí sé es que esas decisiones son de cada familia con profesionales especializados, caso por caso, y que el debate médico no se puede usar como excusa para negarle a una niña su nombre en el patio.

Neutral: las personas no binarias

El verso dice «neutral», y me alegro de haberlo escrito, porque las personas no binarias suelen quedarse fuera incluso de las conversaciones que pretenden ser inclusivas.

Collage con un detalle de la carátula de «La dieta del cucurrucho» y las carátulas de «Soy marica sideral», «Manual de escape de un narci»

En España, la Ley 4/2023 no creó una tercera opción en el Registro Civil: la mención del sexo sigue siendo hombre o mujer. Hay países que sí lo han hecho, con una casilla «X» o equivalente en los documentos. Aquí, una persona no binaria puede vivir como no binaria, pero sus papeles no lo reflejan.

En la vida cotidiana, lo que sí está en nuestra mano es el lenguaje. Preguntar cómo quiere que se refieran a ella. Aceptar un nombre que no tiene género marcado. Entender que no todo el mundo cabe en dos cajones. Ya sé que a algunas personas el «todes» les da urticaria, y en mi texto sobre el género gramatical conté por qué yo lo uso cuando lo uso. Pero más allá de la gramática, de lo que se trata es de no borrar a nadie.

Lo que nadie debería oír

Hay frases que las familias de criaturas trans escuchan una y otra vez, incluso de gente que las quiere. «Es una fase.» «Se le pasará.» «Eso es por las redes.» «Es demasiado pequeño para saberlo.» «Lo has influido tú.» Muchas veces vienen de la preocupación, no de la maldad. Pero repetidas sin escuchar, convierten a la criatura en un problema a resolver en lugar de en una persona a la que conocer.

La versión más dañina de esa idea es pensar que se puede «corregir». Las llamadas terapias de conversión, que pretenden cambiar la orientación sexual o la identidad de género, están prohibidas en España por la misma Ley 4/2023. Escribí sobre ellas en «No hay pastilla que cure lo que no es enfermedad»: no funcionan y hacen mucho daño. Con la identidad de género pasa lo mismo que con la orientación: se acompaña, no se arregla.

Bulos y miedo

En los últimos años las personas trans se han convertido en blanco favorito de campañas políticas en medio mundo. Se repiten historias inventadas sobre colegios que «convierten» a niños, sobre baños, sobre deportes. Muchas no resisten la más mínima comprobación, pero dejan miedo.

Yo propongo una regla sencilla: antes de compartir algo sobre personas trans, pregúntate si has oído alguna vez a una persona trans hablar de su propia vida. Si la respuesta es no, empieza por ahí. Hay libros, documentales, entrevistas y perfiles de personas trans que cuentan su experiencia en primera persona. Y hay figuras que forman parte de nuestra memoria: dediqué una canción a La Veneno y escribí sobre ella en «¿Y tú quién eres?». Cuando una persona deja de ser un tema de tertulia y pasa a tener cara y nombre, el miedo suele bajar.

No me cambio ni me escondo

En «Soy marica sideral» hay un verso que siempre asocio a esto: «No me cambio ni me escondo,». La canción habla de la pluma y de no pedir permiso para existir, pero la idea vale para cualquier persona que haya sentido que tenía que encogerse para que los demás estuvieran cómodos.

Y hay otro par de versos de esa misma letra que me parecen perfectos para las familias: «Y si no sabes mirarme, / no es mi pluma el problema.» Cambiad pluma por nombre, por pronombre, por cuerpo. Cuando una criatura trans incomoda a un adulto, casi nunca es la criatura el problema. Es la mirada que todavía no ha aprendido a verla.

Si tu hija o tu hijo te lo cuenta

No soy experto en crianza, pero hay algo que casi cualquier persona que ha salido del armario recuerda: la primera reacción de su familia. Así que, si tu criatura te dice que es trans o no binaria, algunas ideas sencillas:

  • Dale las gracias por contártelo. Ha hecho falta mucha confianza.
  • No tienes que entenderlo todo hoy. Puedes decir «no lo sé, pero lo vamos a aprender juntos».
  • Pregúntale cómo quiere que la llames, y prueba.
  • No lo cuentes a otras personas sin su permiso. Su historia es suya.
  • Busca información en fuentes fiables y, si lo necesitas, apoyo para ti: las madres y los padres también necesitan un sitio donde hablar.
  • Habla con el colegio si hace falta, y conoce los protocolos de tu comunidad autónoma.

Y sobre todo, recuerda que no hace falta tener prisa por decidir nada que no sea quererla.

El colegio y el médico

Dos lugares donde todo se complica: el colegio y la consulta. En el colegio, porque es donde una criatura pasa la mayor parte del día y donde puede sufrir acoso. En la consulta, porque las familias necesitan profesionales que sepan de lo que hablan.

Ficha de la canción «La dieta del cucurrucho» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

La Ley 4/2023 incluye medidas en el ámbito educativo y sanitario, y muchas comunidades autónomas tienen sus propios protocolos para acompañar al alumnado trans: usar su nombre en listas y documentos internos, respetar su identidad en actividades y uniformes, actuar contra el acoso. No todos los centros los aplican igual de bien, y por eso asociaciones como Chrysallis dedican tanto tiempo a formar a profesorado y personal sanitario.

Si una criatura sufre acoso por ser trans, o por cualquier otro motivo, no hay que esperar a que «se arregle solo». Escribí sobre lo que deja el odio en «Treinta insultos al despertar», y lo que vale para las redes vale para el patio.

Las familias también necesitan cuidado

Hay algo que se habla poco: el proceso que viven las madres y los padres. Muchas familias cuentan que sintieron una especie de duelo por el hijo o la hija que imaginaban, aunque la persona siga ahí, igual de viva. Otras sienten miedo por lo que puede pasarle fuera de casa. Otras culpa, sin motivo.

Todo eso es humano y no hace a nadie mala madre ni mal padre. Lo importante es no descargarlo sobre la criatura. Para eso están los grupos de familias, la terapia, las amistades que escuchan sin juzgar. Acompañar no significa no tener emociones, significa no convertirlas en un peso para quien estás acompañando.

Lo que me enseñó escribir este verso

Cuando escribí «me da igual, si es chica chico trans o neutral», estaba buscando una rima y un chiste. Pero los versos a veces saben más que quien los escribe. Mirado ahora, es casi un pequeño manual de crianza: imaginar un futuro sin imponerlo, dejar todas las puertas abiertas y que la criatura elija la suya.

También me hace gracia que sea el personaje más celoso, más exagerado y menos razonable de la canción el que dice la frase más sensata. Pasa mucho en la vida: la gente que montamos dramas por todo, a veces, tenemos clarísimas las cosas importantes.

Dónde pedir ayuda

Si eres una persona trans o no binaria, o madre, padre o familiar de una criatura trans, estos recursos pueden ayudarte. He comprobado sus datos en sus propias webs:

  • Chrysallis, Asociación de Familias de Infancia y Juventud Trans: contacto@chrysallis.org, con delegaciones territoriales; en Madrid, madrid@chrysallis.org y el 660 325 290, a partir de las 16:00.
  • Línea Arcoíris (FELGTBI+): orienta a chavales, familias y víctimas de agresiones en el 913 604 605 o por WhatsApp en el 676 78 58 30.
  • COGAM, el colectivo madrileño: 91 523 00 70.
  • La Fundación ANAR atiende a menores de edad en el 900 20 20 10, gratis y a cualquier hora.

Cuando el rechazo pesa tanto que aparecen las ganas de desaparecer o de hacerse daño, el 024 contesta en España sin coste, con discreción y a cualquier hora del día o de la noche. Si la vida de alguien corre peligro ahora mismo, marca el 112. Y si lees esto desde otro país, tu servicio local de prevención del suicidio o tu teléfono de emergencias son el primer paso. Escribí por qué pedir ayuda sirve en «Hablemos del suicidio sin tabú», y reuní más teléfonos y textos en la serie completa sobre salud mental.

Me da igual

En la canción, el narrador cuenta que el actor y él se miraron «tres segundos como mucho» y que se fue a casa con su fantasía, mientras su pareja le sigue pidiendo explicaciones. No hay hijo, no hay boda, no hay nada de lo que imaginó. Solo una fantasía de celos que duró lo que dura un estribillo.

Pero el verso se queda. Me gustaría que algún día ese «me da igual» fuera lo normal, que ninguna familia necesitara un artículo como este, y que una criatura que dice quién es recibiera, como mínimo, la misma respuesta que da mi personaje en mitad de su ataque de celos: me da igual lo que seas, te quiero igual.

Preguntas frecuentes

¿Desde qué edad se puede cambiar el sexo en el Registro Civil en España? Desde los 16 años, por decisión propia. Entre los 14 y los 16, con la asistencia de los representantes legales. Entre los 12 y los 14, con autorización judicial previa. Por debajo de los 12 no se puede cambiar la mención del sexo, pero sí el nombre.

¿Hace falta un informe médico para cambiar la mención del sexo? No. Desde la Ley 4/2023, que entró en vigor el 2 de marzo de 2023, no se exige informe médico o psicológico ni ningún tratamiento previo. Basta con dos comparecencias en el Registro Civil, la segunda para ratificar la decisión.

¿Qué es Chrysallis? Una asociación estatal de familias de infancia y juventud trans, nacida en Madrid el 1 de julio de 2013. Ofrece acompañamiento entre iguales y asesoramiento en lo familiar, escolar, sanitario y legal, y forma a profesionales.

¿Las personas no binarias pueden cambiar su sexo registral a una tercera opción? En España no. La Ley 4/2023 mantiene solo las opciones de hombre y mujer en el Registro Civil. Otros países sí ofrecen una tercera casilla en algunos documentos.

¿De qué habla «La dieta del cucurrucho»? De una pareja que llevaba dos años sin celos y que entra en crisis cuando uno de los dos dice que le gusta cierto actor. El narrador fantasea con tener un hijo con él y, en mitad del delirio, suelta que le da igual si es chica, chico, trans o neutral. Es una canción de «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», el primer disco de la trilogía GAYFOLK.

¿Quién escribe estas canciones? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid, que se presenta como el primer cantautor IA. Las voces y la música de sus canciones se hacen con inteligencia artificial.

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