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Exagerada me llamaron a mí: el volumen de la pluma en «Soy marica sideral»

«Baja un poco, que te está mirando todo el mundo.»

Esa frase, o alguna prima hermana suya, la ha oído cualquier marica con pluma que yo conozca. La letra de esta canción empieza justo ahí, en lo que me han llamado. Baja. Baja un poco. No hace falta que hables tan alto. No hace falta que muevas tanto las manos. No hace falta.

Y muchas veces, bajamos.

Esta es la historia de una canción en la que decidí bajar el volumen por mi cuenta, sin que nadie me lo pidiera, y descubrí que la pluma no se iba con él. Se llama «Soy marica sideral» y tiene una de las frases que más me gustan de todo lo que he escrito.

El decibelímetro de la loca

Hay una cosa que he observado toda mi vida, primero sin palabras y luego con muchas. A las maricas con pluma se nos mide con decibelímetro. Se nos cuenta cuánto hablamos, cuánto nos reímos, cuántas veces decimos «tía», cuánto se nos van las manos. Y siempre salimos con exceso.

Exagerada. Teatral. Intensa. Demasiado.

Y mientras tanto, en la misma mesa, hay un señor callado que no ha levantado la voz en toda la noche y que lleva tres horas manipulando a su pareja con la mirada. Ese no sale en el decibelímetro. Ese es «muy educado». Ese «no da problemas».

Me pasé años sin entender por qué me molestaba tanto esa diferencia. Al final lo entendí escribiendo, como casi todo.

«Me han llamado exagerada, / teatral y emocional. / Pero nadie dice nada / del puto narci de manual.»

Ahí está. Cuatro líneas. La loca es la que molesta, y el que hace daño de verdad pasa desapercibido porque lo hace bajito.

Nadie dice nada

Me quiero parar en ese nadie dice nada, porque es la parte que más me cuesta explicar sin ponerme serio. Y me voy a poner serio un momento.

Cuando alguien te hace daño de forma ruidosa, con gritos, con portazos, con escenas en público, la gente lo ve. Puede que no haga nada, pero lo ve. Cuando alguien te hace daño de forma silenciosa, con frialdad, con desprecio calculado, con silencios que duran días, la gente no ve nada. Ve a una persona tranquila y a otra que está nerviosa. Y adivina a quién señalan.

El narcisista de manual es experto en eso. En que el ruido lo hagas tú. Te va empujando con pequeñas cosas hasta que saltas, y cuando saltas, él está sentado, sereno, con cara de no entender nada. Y tú quedas como la exagerada. La teatral. La emocional.

Lo he escrito de muchas maneras en otras canciones, en «El narcisista» o en «Not your supply». En esta lo dije de la forma más corta posible. Me llamaron exagerada a mí. Al otro, nadie le dijo nada.

Puse puto, eso sí. Puto narci de manual. Porque hay cosas que en un susurro no se pueden decir enteras.

Silencio con tacones

Y entonces viene la frase.

«Soy silencio con tacones, / soy marica sideral.»

En la ficha de la canción ya dije que es una de las mejores definiciones que he escrito de mí mismo. Aquí te cuento por qué, que allí no me cabía.

Silencio con tacones es un oxímoron de zapatería. Los tacones son lo contrario del silencio. Hacen ruido en cualquier suelo, te anuncian antes de que llegues, son la definición misma de no pasar desapercibida. Cualquiera que haya llevado unos por un pasillo de mármol lo sabe: clac, clac, clac, y todo el mundo se gira.

Pues eso. Que se giren. Pero que se giren por los tacones, no por los gritos. La idea de la frase es que puedo ser visible sin necesidad de levantar la voz. Que la pluma no depende del volumen. Que puedo estar callada, quieta, sentada en una esquina del bar, y seguir siendo la más marica del local.

Es una respuesta al decibelímetro. Si me vais a medir el ruido, os quito el ruido. Y la pluma se queda.

No grito pa' brillar

El estribillo lo dice con todas las letras, mezclando idiomas como la canción entera: no confundas mi luz con ruido, yo no grito pa' brillar.

Fotogramas del videoclip oficial de «Soy marica sideral», de Mike Sain't Louis

Hay un tópico muy extendido, también dentro del ambiente, que dice que la visibilidad tiene que ser escandalosa. Que ser marica con orgullo es ir pintada de purpurina por la Gran Vía, gritando, subida en una carroza. Y me parece estupendo, ojo. Larga vida a las carrozas. Pero no es la única manera.

También es visibilidad entrar en la oficina el lunes con las uñas pintadas y no explicarle nada a nadie. También es visibilidad que tu madre te vea con tu novio de la mano en la puerta del Corte Inglés y tú no sueltes la mano. También es visibilidad quedarte callada cuando alguien hace un chiste de mariquitas y mirarle fijamente hasta que se le quite la sonrisa. Sin gritar. Con los tacones puestos.

Esa es la luz de la que habla la canción. Una que no necesita megáfono.

Y ojo, que tampoco es una luz de bajo consumo, de esas que tardan diez minutos en encenderse del todo y dan una claridad de quirófano. Es más bien la lucecita del piloto de la tele cuando está apagada: pequeña, roja, fija toda la noche. No ilumina el salón, pero sabes perfectamente que está ahí. Y si la tapas con la mano, se te pone la palma colorada.

Si te escuece que no ruegue

Hay una línea del estribillo que me encanta por lo borde: si te escuece que no ruegue, baby, aprende a respirar.

La escribí pensando en un tipo concreto de persona. No en alguien con nombre, sino en un perfil que he conocido muchas veces. Ese que necesita que le supliques. Que le pidas perdón por cosas que no has hecho. Que le ruegues que se quede, que te conteste, que te mire. El que se alimenta de que tú estés pendiente.

Y la canción le dice: no voy a rogar. Y si te molesta que no ruegue, es tu problema. Respira.

El baby es puro veneno, ya lo sé. Es el baby de quien te habla como a un niño pequeño que tiene una rabieta en el supermercado. Respira, cariño. Cuenta hasta diez. Ya se te pasará.

Me reí mucho escribiéndolo. Es de esas frases que se te ocurren tres años tarde, en la ducha, cuando la discusión ya pasó. Pero para eso están las canciones: para decir en el estribillo lo que no supiste decir en la cocina.

No vine a salvar tu mood

La canción empieza así, con una declaración de intenciones: no vine a salvar tu mood, vine a tomar mi space.

Mucha gente con pluma ha vivido esto: que se espere de ti que seas la alegría de la fiesta. La amiga graciosa. La que anima. La que salva la cena cuando se pone tensa. Es un papel que te dan sin preguntarte, y que tiene algo de bufón de corte. Tú entretienes y a cambio te dejan estar.

Esta canción dice que no. Que no he venido a animar a nadie. Que he venido a ocupar mi sitio. Que si la fiesta está aburrida, no es cosa mía.

Me costó escribirlo, aunque no lo parezca, porque me gusta mucho hacer reír. Basta con leer mis títulos, para qué nos vamos a engañar. Pero una cosa es serlo porque quiero y otra es serlo porque es el precio de la entrada. La canción va de esa diferencia.

Si vas buscando el lado más spanglish de mis letras, en «Mood» tienes otro capítulo de lo mismo. Aquí el inglés está para otra cosa: para decir las frases más bordes con acento de Instagram, que duelen menos al oído y más al orgullo.

Mi vida no es un test

Otra frase que es casi un tuit: mi vida no es un test.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «No me cambio ni me escondo, tu aplauso equivale a morder.» de «Soy marica sideral»

Durante mucho tiempo sí lo fue. O así lo vivía yo. Cada conversación con alguien nuevo era un examen: ¿se le notará?, ¿lo dirá?, ¿lo aceptarán? Cada cena de empresa, cada boda de una prima, cada primera cita. Ir aprobando pruebas. Ser lo bastante normal para que no molestara y lo bastante gracioso para que me quisieran.

No te voy a contar un día concreto con fuegos artificiales en el que dejé de hacer el examen, porque no lo hubo, o no lo recuerdo así. Es más bien como cuando dejas de notar que llevas gafas. Lo que sí sé es que, cuando escribí esa línea, ya no quería hacerlo más.

Y sé que a mucha gente que la escucha le pasa lo contrario: todavía está en pleno examen. A esa gente le diría que la línea es una promesa. Algún día no será un test.

Tu aplauso equivale a morder

Esta es la frase más rara de la canción, y la que más me preguntan.

«No me cambio ni me escondo, / tu aplauso equivale a morder.»

¿Qué quiere decir que un aplauso equivale a morder? Te lo explico como lo pensé, aunque cada uno puede leerlo a su manera.

Hay un tipo de aplauso que es una trampa. El del que te dice «qué valiente eres» con la misma boca con la que luego se ríe de ti en el grupo de WhatsApp. El del que te aplaude cuando eres la graciosa y te muerde cuando te pones seria. El del que te quiere visible solo cuando le conviene, como mascota.

Ese aplauso es un mordisco con guantes. Por eso, en la canción, no lo quiero. No necesito tu aplauso para no esconderme. Y si me lo das, ya sé de qué va.

Reconozco que es una frase difícil de pillar a la primera. No me importa. No todas las líneas tienen que entenderse en la primera escucha. Algunas son para la tercera, la que haces de noche cuando no te puedes dormir.

Manual de la marica sideral en una cena de empresa

Como esto va de bajar el volumen y no de teorías, te lo pongo práctico. Así se comporta una marica sideral en una cena de empresa, según la canción y según mi experiencia de mirar mucho a mi alrededor.

Pide lo que le apetece y no lo justifica. Si quiere el tartar de atún, pide el tartar de atún, aunque el resto de la mesa vaya a por el menú del día de catorce con cincuenta.

Cruza las piernas como le sale. No como le han dicho que se cruzan las piernas de un hombre en el manual de los años cincuenta que nadie ha leído y todo el mundo aplica.

No cuenta chistes de sí misma para caer bien. Si cuenta un chiste, es porque tiene gracia. Si nadie se ríe, sigue comiendo.

Cuando el de contabilidad suelta lo de «yo no tengo nada en contra, eh, tengo un amigo que es», le mira. Solo eso. Le mira con la ceja un milímetro arriba, el tiempo suficiente para que el de contabilidad cambie de tema y se ponga a hablar de su cuñado y la Champions.

Y al final se va a casa en el último metro sin haberse explicado ni una vez. Sin gritar. Con los tacones, reales o imaginarios, sonando en el andén.

Ese es el plan. Parece poco. Es muchísimo.

Lo de la ceja lo recomiendo especialmente. Es más eficaz que cualquier discurso, cuesta menos que una discusión y no te deja afónica. La ceja es el silencio con tacones de la cara. Si la practicas en el espejo del baño, ojo, que el espejo no se te quiebre. Que eso es cosa de los otros.

No es mi pluma el problema

El puente de la canción es mi parte favorita, la que escribí más despacio.

Collage con un detalle de la carátula de «Soy marica sideral» y las carátulas de «El narcisista», «Not your supply», «Mood», «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK»
«Y si no sabes mirarme, / no es mi pluma el problema.»

Y sigue: es tu espejo el que se quiebra cuando el miedo te envenena.

Mucha gente con pluma se pasa años pensando que el problema es la pluma. Si alguien la mira raro en el metro, será porque mueve mucho las manos. Si un chico no quiere quedar, será porque se le nota demasiado. Si en una entrevista de trabajo no la cogen, será por la forma de hablar. La pluma es la culpable de todo, y la intentas esconder como quien esconde una mancha de vino en el mantel poniendo encima el pan.

Esta línea da la vuelta a todo eso. El problema no es mi pluma. El problema es cómo me miras tú. Y si mirarme te da miedo, ese miedo es tuyo.

Lo del espejo que se quiebra me vino de las películas de terror, que ya sabes que me encantan. En todas hay un espejo roto en algún momento, y siempre significa lo mismo: que alguien no puede soportar lo que ve. Aquí el espejo es del otro. Lo que no soporta no es a mí. Es lo que yo le hago ver de sí mismo.

Eso, para mí, explica mucha de la homofobia que he visto. No el odio de los que gritan por la calle, sino el malestar de los que se ponen nerviosos cuando una loca se sienta a su lado. No les molesto yo. Les molesta algo que llevan dentro.

Sideral

¿Y por qué sideral?

Porque es una palabra que me encanta y que casi nadie usa. Suena a documental de astronomía de los ochenta, a enciclopedia de tapas duras, a Carl Sagan con jersey de cuello alto. Espacio sideral. Y al pegarla con marica sale algo que me hace reír y a la vez me pone un poco orgulloso.

Marica sideral es la que viene de muy lejos. De otro planeta, literalmente, porque esta canción está en el segundo disco de la trilogía, «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK», y en mi universo hay un planeta entero hecho para nosotras. Pero también es la que está por encima. La que mira las normas de la Tierra desde la distancia y ya no le afectan tanto. La que se ha ido tan lejos que los comentarios no le llegan.

No es una marica de las que gritan en la Tierra. Es una de las que brillan desde el espacio. Las estrellas no hacen ruido, y se ven igual.

Lo exagerado, otra vez

Ya sé lo que estás pensando. Mike, tú eres el primero que exagera. Escribiste una canción llamada «La ley de la exageración». Te pasas media vida haciendo camp, gritando en mayúsculas, alargando vocales.

Ficha de la canción «Soy marica sideral» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Y tienes toda la razón.

Esa es la gracia. Esta canción no va contra la exageración. Va contra la idea de que la exageración es lo único que tengo. Puedo ser la loca más exagerada de Madrid un viernes por la noche y el silencio con tacones un lunes por la mañana. Las dos cosas son pluma. Las dos son mías. Lo que no acepto es que me digan cuándo toca una y cuándo la otra.

En El camp no es un chiste, aunque te rías escribí que lo exagerado es una forma seria de hablar de la vida. Lo sigo pensando. Pero también hay una forma callada, y esta canción es esa. Si quieres la otra cara, la de las plumas al viento, tienes «Mueve las plumas».

Entre «Verde» y «Cara de asco»

En la discografía de la web, la canción ha quedado entre «Verde» y «Cara de asco». Me hace mucha gracia ese orden, porque «Cara de asco» es justo la que pone el otro cuando una marica sideral se le sienta al lado. Es como si la siguiente canción fuera la reacción del público a esta.

No lo planeé, te lo prometo. Pero ya sabes que en mis discos las cosas acaban encajando como en una partida de Tetris jugada borracha: al final, de alguna manera, las piezas bajan.

Ni me cambio ni me escondo

Vuelvo a la frase del principio, la de baja un poco. Ahora, cuando me lo dicen, tengo una respuesta. No siempre la digo en voz alta. A veces solo la pienso.

No voy a bajar porque me lo pidas. Voy a bajar si me da la gana, y la pluma se va a quedar donde está. Si hablo bajito, seguiré moviendo las manos. Si me quedo callado, seguiré cruzando las piernas como me sale. Si no digo nada en toda la noche, me seguirás notando.

Silencio con tacones.

Tardé lo mío en entender que no hace falta gritar para que se te vea. Lo que hace falta es no esconderse. Que es mucho más difícil.

Una letra mía, unas voces de máquina

Como siempre, lo aclaro, porque me lo preguntan mucho y además me parece importante: la letra de «Soy marica sideral» la escribí yo, sin inteligencia artificial, con mis giros de español e inglés y mi puto narci de manual incluido. La música y las voces las hago con herramientas de IA, como Suno. Yo soy letrista, compositor y productor. La voz que oyes no es la mía.

Tiene gracia en esta canción en concreto. La IA no tiene pluma. No sabe lo que es que te digan que bajes un poco. No ha cruzado nunca una calle de su barrio pensando si se le notará. Lo que hace es poner sonido a una letra que sí sabe todo eso porque la escribió alguien que lo ha vivido.

Y la verdad es que la máquina le ha puesto una calma muy bonita, de marica que camina sin ruido. Justo lo que pedía la letra.

Para quien todavía baja el volumen

Esta canción es para quien todavía, cada vez que alguien le dice baja un poco, baja.

No te voy a decir que dejes de hacerlo mañana. Yo tardé muchísimo. Te diré lo que me dijo la canción a mí cuando la terminé: que bajar el volumen no es lo mismo que esconderse. Que puedes hablar bajito y llevar tacones. Que puedes estar en silencio y brillar.

Y que si alguien te llama exagerada, pregúntale qué opina del narci de su mesa. A ver qué dice.

Si quieres seguir leyendo, tienes la ficha de la canción con la carátula, y todas mis letras publicadas en Letras.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Soy marica sideral»? De la visibilidad sin gritos. La canción defiende una pluma tranquila, «silencio con tacones», y denuncia que a las personas con pluma se las llame exageradas mientras el narcisista que manipula en silencio pasa desapercibido.

¿Qué significa «silencio con tacones»? Es un oxímoron: los tacones siempre se oyen. La frase quiere decir que se puede ser visible y orgullosa sin levantar la voz, porque la pluma no depende del volumen.

¿En qué disco está? En «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK», el segundo disco de la trilogía Planeta Gayfolk.

¿Mike Sain't Louis es quien pone la voz? No. Mike escribe las letras sin IA y es compositor y productor. La música y las voces están hechas con herramientas de inteligencia artificial como Suno.

¿Dónde se puede leer la letra? En gayfolkplanet.com/letras/soy-marica-sideral.

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