
Por Mike Sain't Louis ·
Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk, el planeta refugio
¿Nunca te han entrado ganas de coger un cohete y largarte? No a otra ciudad, ni a otro país. A otro planeta. Uno donde no tuvieras que dar explicaciones cada vez que abres la boca, ni defenderte, ni poner cara de que todo va bien.
De ese deseo nace Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk. Y para mí es casi la canción que da sentido a todas las demás, porque nombra el lugar donde viven. GAYFOLK es un planeta inventado, pero es mi refugio: el sitio donde las emociones se convierten en arte y la pena tiene, por fin, su propia música.
Las reglas del planeta
Lo que me gusta de imaginar Gayfolk es pensar en sus leyes. Allí, ser raro no requiere disculpa. Querer no hace daño. Y quién eres no se pone sobre la mesa para regatear. Son normas sencillas, casi ingenuas, pero cualquiera que haya tenido que esconderse alguna vez sabe lo que valen.
La canción funciona como una metáfora de la huida. No una huida cobarde, sino la de quien necesita alejarse de lo que le duele para reinventarse. Hay algo de revancha con rima en eso: si el mundo no te hace sitio, te construyes uno y lo llenas de canciones.
Este tema forma parte del álbum Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK, un proyecto conceptual enorme, de cuatrocientas canciones, en el que cada tema es un trocito de un mapa sentimental. Si te pierdes por él, esta canción es como la puerta de entrada, el letrero de bienvenida a la órbita.
¿A quién se la dedicaría? A todos los que alguna vez se sintieron extranjeros en su propia casa. A quienes buscan un lugar donde no les miren raro. A quienes ya han encontrado su propio planeta, aunque sea una habitación con buena música.
Escúchala un día gris, de esos en que el mundo te queda pequeño. Y cuando acabe, mira por la ventana. Puede que Gayfolk esté más cerca de lo que parece.