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Hablemos del suicidio sin tabú: pedir ayuda funciona

Este es el quinto texto de mi serie sobre salud mental, y es distinto de los demás. En los anteriores hablé de mí: de dos relaciones con personas que entendí que eran narcisistas, de la infancia, del diagnóstico que recibí a los 41 y de la psicóloga que me está ayudando a seguir adelante. Este no habla de mí. Habla de algo que me importa tanto que no quería dejarlo para una nota al pie.

Si estás pensando en quitarte la vida, para un momento y llama al 024. Es la línea de atención a la conducta suicida: gratuita, confidencial, abierta las 24 horas, todos los días, y con chat si no te sale hablar. Si hay peligro inmediato, el 112. En el Teléfono de la Esperanza, el 717 003 717, también te atienden en plena crisis. Lo que sientes ahora puede cambiar. Hay ayuda, y funciona.

Quiero que el suicidio deje de ser un tabú. Lo digo así, sin rodeos, porque el silencio no protege a nadie. Durante mucho tiempo se pensó que hablar del suicidio podía empujar a alguien a hacerlo. Hoy sabemos que hablar de él con cuidado, con información fiable y con esperanza, ayuda a prevenirlo.

Para escribir esto sigo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud sobre cómo hablar del suicidio en público. Eso significa que aquí no vas a encontrar descripciones de métodos ni de lugares, ni historias contadas como si el suicidio fuera una salida. Vas a encontrar datos, señales de alerta, formas de preguntar, mitos desmontados y, sobre todo, a quién llamar.

Por qué el silencio no protege

El tabú tiene una lógica antigua: si no lo nombras, no existe. Durante siglos el suicidio se castigó, se escondió en los registros, se calló en los funerales. Muchas familias siguen sin poder pronunciar la palabra delante de nadie. Pero lo que no se nombra no desaparece. Se queda dentro, solo, sin ayuda.

Piensa en alguien que está sufriendo tanto que ha empezado a pensar en morir. Si a su alrededor nadie habla nunca de eso, si cuando sale el tema se cambia de conversación, esa persona aprende que no puede contarlo. Que lo que le pasa es vergonzoso, raro o imperdonable. Y entonces se aísla todavía más.

Romper el tabú no es hablar del suicidio a la ligera. Es lo contrario: es hacer que se pueda hablar de él con seriedad, en casa, en el instituto, en el trabajo, en la consulta, en una canción o en un blog como este. Es que quien esté pasándolo mal sepa que puede decirlo y que alguien le va a escuchar.

Lo que dicen los datos

Las cifras no cuentan historias, pero ayudan a entender la dimensión del problema.

Según la Organización Mundial de la Salud, cada año mueren por suicidio más de 720.000 personas en el mundo, y es una de las principales causas de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años.

En España, según los datos definitivos del Instituto Nacional de Estadística, en 2023 murieron por suicidio 4.116 personas: 3.044 hombres y 1.072 mujeres. Es la segunda causa de muerte por causas externas, solo por detrás de las caídas accidentales, y muy por encima de los accidentes de tráfico. Entre 2018 y 2022 la cifra subió cerca de un 20 %, y en 2023 bajó un 2,6 %.

Detrás de cada número hay una persona, y alrededor de cada persona, una familia, unos amigos, unos compañeros. Por eso la prevención no es cosa solo de especialistas. Nos toca a todos.

Qué es el 024 y por qué existe

En mayo de 2022 el Ministerio de Sanidad puso en marcha el 024, la línea de atención a la conducta suicida. Es un número corto, fácil de recordar, gratuito y confidencial. Atiende las 24 horas, los 365 días del año, y tiene también chat.

Fotogramas del videoclip oficial de «El descarte del narcisista», de Mike Sain't Louis

Lo atienden profesionales formados. No hace falta estar en una situación extrema para llamar. Puedes llamar si piensas en el suicidio, si te preocupa alguien, o si has perdido a alguien por suicidio y no sabes qué hacer con lo que sientes. El 024 atiende también a familiares y allegados.

Si alguna vez dudas de si «es para tanto», la respuesta es que sí. Llamar no molesta a nadie. Para eso existe.

Si eres tú quien lo está pensando

Si estás leyendo esto porque la idea de morir te ronda, quiero hablarte directamente a ti, un momento.

Lo que sientes es real y es muy duro. No voy a decirte que no es para tanto. Pero sí quiero decirte algo que dicen todos los profesionales que trabajan en esto: el deseo de morir suele ser, en el fondo, el deseo de que el dolor pare. Y el dolor se puede aliviar de otras maneras, aunque ahora mismo no las veas.

La desesperanza tiene una trampa: te convence de que lo que sientes hoy es lo que sentirás siempre. No es así. Las crisis suben y bajan. Muchas personas que estuvieron donde tú estás hoy cuentan después que se alegran de haber pedido ayuda.

Algunas cosas que puedes hacer ahora mismo:

  • Llama o escribe al 024. Si no sabes qué decir, empieza por «estoy pensando en suicidarme». Saben qué hacer con eso.
  • Díselo a una persona. Una sola basta. Un amigo, alguien de tu familia, tu médico.
  • Aléjate un rato de lo que te hace daño. Sal de la habitación, ve a un sitio con gente, pon distancia entre tú y lo que pudieras usar para hacerte daño.
  • Date tiempo. Solo por hoy. Mañana puedes verlo distinto, y mañana puedes tener ayuda.
  • Si el peligro es ya, llama al 112 o ve a urgencias.

No tienes que merecer la ayuda. No tienes que estar «lo bastante mal». Basta con que lo estés pasando mal.

Señales de alerta

Muchas personas que piensan en el suicidio dan señales antes, aunque no siempre sean fáciles de ver. Las guías de prevención recogen algunas de las más frecuentes:

  • Hablar de querer morir, de no querer despertarse o de que «ya no merece la pena».
  • Decir que es una carga para los demás o que estarían mejor sin ella.
  • Mostrar una desesperanza intensa, como si nada fuera a cambiar nunca.
  • Aislarse de amigos y familia, dejar de hacer lo que antes le importaba.
  • Despedirse de forma inusual, regalar objetos queridos o dejar sus asuntos en orden de repente.
  • Beber más o consumir más drogas.
  • Cambios bruscos de humor, incluida una calma repentina después de una etapa muy mala.
  • Haber vivido una pérdida importante, una ruptura, un acoso o una humillación reciente.

Ninguna señal, por sí sola, demuestra nada. Pero si ves varias, o si alguien te lo dice directamente, tómatelo en serio.

Cómo preguntar a alguien que te preocupa

Esta es la parte que más miedo da, y la más importante. Si te preocupa alguien, pregúntale directamente. Algo así: «¿Estás pensando en suicidarte?». O: «¿Has pensado en quitarte la vida?».

Sé que suena brutal. Pero los profesionales coinciden en que preguntar de forma clara no mete la idea en la cabeza de nadie. Al contrario: muchas personas sienten alivio cuando alguien por fin se atreve a nombrarlo. Les da permiso para hablar.

Después de preguntar, lo que toca es escuchar:

  • Escucha sin juzgar. No hace falta tener respuestas. Basta con estar.
  • No minimices. Frases como «no será para tanto» o «piensa en tu familia» cierran la conversación.
  • No prometas guardar el secreto si hay riesgo. Puedes prometer que no le vas a dejar solo.
  • Busca ayuda juntos. Llamad al 024, pedid cita con el médico de familia o, si el peligro es inmediato, llamad al 112.
  • No le dejes solo si crees que el riesgo es inmediato, y aleja de su alcance aquello con lo que pudiera hacerse daño.
  • Sigue en contacto los días siguientes. Un mensaje puede importar mucho.

Mitos que hacen daño

Alrededor del suicidio hay muchas ideas falsas. Algunas parecen inofensivas, pero alejan a la gente de la ayuda.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «Y piensas que nadie te apoya» de «El descarte del narcisista»
  • «Hablar del suicidio lo provoca». Falso. Hablar de él con responsabilidad es una de las formas de prevenirlo.
  • «Quien lo dice no lo hace». Falso. Muchas personas que mueren por suicidio lo habían comunicado antes de alguna forma. Hay que tomárselo siempre en serio.
  • «Es un acto de cobardía» o «es egoísta». Falso. Quien piensa en el suicidio está sufriendo un dolor que siente insoportable. Juzgarle no ayuda.
  • «Si alguien quiere hacerlo, no se puede evitar». Falso. Las crisis suicidas suelen ser temporales, y la ayuda en ese momento puede cambiarlo todo.
  • «Solo les pasa a personas con un trastorno mental». No siempre. Los problemas de salud mental aumentan el riesgo, pero también influyen las pérdidas, la violencia, el acoso, la soledad o la discriminación.
  • «Si ha mejorado de golpe, ya está fuera de peligro». No necesariamente. Una mejoría brusca también merece atención.
  • «Una vez que se piensa, se piensa para siempre». Falso. Muchas personas que pasaron por una crisis suicida viven después vidas largas y llenas.

El efecto Papageno: contar que se puede salir

Hay un concepto de la investigación sobre medios que me parece precioso. Se llama efecto Papageno, por el personaje de «La flauta mágica» de Mozart que, en su peor momento, decide seguir adelante gracias a alguien que le recuerda otras salidas.

Un estudio de Thomas Niederkrotenthaler y su equipo, publicado en 2010, observó que las noticias que cuentan cómo una persona superó una crisis suicida se asociaban con un descenso de los suicidios. Lo contrario también se ha observado: las coberturas sensacionalistas o con detalles de métodos se asocian con más casos.

Por eso la manera de contar importa. Por eso este texto no tiene detalles y sí tiene teléfonos. Y por eso me parece tan valioso que quien ha salido de una crisis lo cuente, si puede y quiere: es una de las formas más poderosas de decirle a otra persona que hay un después.

Un plan para los días malos

Los profesionales de la prevención trabajan a menudo con algo que se llama plan de seguridad. Uno de los modelos más conocidos lo describieron los psicólogos Barbara Stanley y Gregory Brown en 2012. La idea es sencilla: preparar, en un momento de calma, lo que harás si llega una crisis, porque en plena crisis cuesta pensar.

Un plan de seguridad suele recoger, por escrito y en un sitio a mano, cosas como estas:

  • Mis señales. Qué pensamientos, situaciones o sensaciones me avisan de que estoy empeorando.
  • Lo que me calma a mí solo. Salir a andar, una ducha, una canción, una serie, escribir.
  • Personas y lugares que me distraen. Alguien con quien tomar un café, un sitio donde haya gente.
  • Personas a las que puedo pedir ayuda. Con nombre y teléfono, no en abstracto.
  • Profesionales y líneas. Mi médico, mi psicóloga si la tengo, el 024, el 112.
  • Un entorno más seguro. Alejar de casa, o dejar en manos de alguien de confianza, lo que podría usarse para hacerse daño.

Un plan así se hace mejor con un profesional, que puede ayudarte a ajustarlo. Pero tenerlo, aunque sea en una nota del móvil, ya es una forma de cuidarte. Y si acompañas a alguien, puedes ofrecerte a ayudarle a escribirlo.

En el trabajo, en clase, en el grupo de amigos

La prevención no ocurre solo en la consulta. Ocurre en sitios muy corrientes. En una oficina donde alguien nota que un compañero lleva semanas apagado y le pregunta qué tal está de verdad. En un instituto donde el profesorado no mira hacia otro lado ante el acoso. En un grupo de amigos donde se puede decir «estoy fatal» sin que nadie cambie de tema.

Collage con un detalle de la carátula de «El descarte del narcisista» y las carátulas de «Before the Bells», «El abismo en mi cabeza», «Punto muerto», «Entre cuatro paredes»

No hace falta ser experto para ayudar. Hace falta atención, tiempo y valor para preguntar. Y saber a dónde derivar: eso es lo que más tranquiliza a quien acompaña, saber que no tiene que resolverlo solo. Para eso están el 024, el médico de familia y los servicios de salud mental.

Las empresas, los centros educativos y los colectivos pueden hacer mucho: formarse, tener protocolos, colgar los teléfonos de ayuda donde se vean, hablar del tema en fechas como el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, cada 10 de septiembre.

Las personas LGTBI y el riesgo

Esto no se puede pasar por alto en un blog como el mío. Diversos estudios internacionales indican que las personas LGTBI, y sobre todo los jóvenes, presentan más ideación suicida que la población general.

Ser LGTBI no es la causa. La explicación que dan los investigadores tiene que ver con lo que se conoce como estrés de minorías, un modelo descrito por el psicólogo Ilan Meyer en 2003: el rechazo familiar, el acoso escolar, la discriminación, tener que esconderse, el miedo a ser agredido. Ese peso acumulado daña.

Lo contrario también es cierto: el apoyo protege. Tener una familia que acepta, un instituto que no consiente el acoso, amigos con los que no hay que fingir, un barrio o un colectivo donde sentirse en casa. Cada una de esas cosas reduce el riesgo.

Si eres LGTBI y lo estás pasando mal, quiero que sepas que existen servicios pensados para ti. Los tienes más abajo.

Cuando quien está en riesgo es un menor

Con los niños y adolescentes hay que estar especialmente atentos. A veces las señales se confunden con «cosas de la edad»: el aislamiento, la irritabilidad, el cambio de amigos, el bajón en el colegio. Y el acoso escolar, presencial o por redes, es un factor de riesgo que no se debe tomar a la ligera.

Para ellos existe la Fundación ANAR: el 116 111 y el 900 20 20 10 son gratuitos y confidenciales, y al otro lado pueden escuchar tanto al chaval como a la madre, al padre o al profesor que no sabe qué hacer.

Si eres madre, padre o profesor y te preocupa un chaval, pregúntale. Con calma, sin interrogatorio, sin castigos. Y si te dice que sí, que lo ha pensado, no le dejes solo con eso: busca ayuda profesional ese mismo día.

Lo que una letra puede hacer

Hay una canción mía, «El descarte del narcisista», que en el fondo es una carta a otra persona que ha pasado por lo mismo que yo con un ex. Habla de alguien que llora a solas y dice: «Y piensas que nadie te apoya». Y luego: «Que nadie te comprende».

Esa sensación de que nadie está de tu lado es una de las más peligrosas que existen. Por eso la canción contesta con una frase sencilla: «Pero yo estoy contigo». Y enseguida grita: ¡No estás sola!

La canción no va de suicidio. Va de una ruptura. Pero esa respuesta, la de alguien que se planta al lado de otro y le dice que no está solo, es exactamente lo que hace falta cuando alguien está en crisis. No hace falta tener soluciones. Hace falta estar.

También me acuerdo de un verso en inglés de «Before the Bells»: «Just being here the best we can». Estar aquí lo mejor que se pueda. A veces el día es solo eso, y ya es mucho.

Las palabras con las que hablamos

Hay expresiones que se usan sin pensar y que hacen daño. La OMS y muchas asociaciones recomiendan evitar, por ejemplo, «cometer suicidio», porque «cometer» se asocia a un crimen o un pecado. Es mejor decir «morir por suicidio» o «suicidarse».

Ficha de la canción «El descarte del narcisista» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

También conviene evitar hablar de «suicidio exitoso» o «intento fallido», como si fuera una meta. Y evitar las palabras que lo presentan como una solución a un problema, como un gesto romántico o heroico.

No se trata de corrección política. Se trata de que las palabras crean marcos, y el marco en el que hablamos del suicidio puede acercar o alejar a alguien de la ayuda.

Si has perdido a alguien por suicidio

Perder a alguien así deja un duelo muy particular. Además del dolor, suelen aparecer la culpa, las preguntas sin respuesta, la rabia, a veces la vergüenza por el estigma. A quienes pasan por ello se les llama a menudo supervivientes.

Si es tu caso, no tienes que pasarlo solo. El 024 atiende también a familiares y allegados. Tu médico de familia puede orientarte hacia apoyo psicológico. Y existen grupos de apoyo para el duelo por suicidio; pregunta en el 024 o en tu centro de salud por los que haya cerca.

Y, por favor, no te culpes. Nadie tiene todas las señales delante, ni el poder de controlar lo que otra persona decide en su peor momento.

A quién acudir en España

Los teléfonos de urgencia están más abajo. Aquí van los recursos para pedir ayuda sin esperar a una crisis:

En la sanidad pública, la primera puerta es tu centro de salud. El médico de familia puede valorarte y derivarte a salud mental. Si buscas una profesional por tu cuenta, que sea psicóloga sanitaria colegiada; en Madrid, el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid permite comprobarlo.

Si eres LGTBI y vives en Madrid, COGAM ofrece atención psicológica gratuita (91 523 00 70, o WhatsApp al 602 25 22 43), igual que el Programa Madrileño de Información y Atención LGTBI de la Comunidad de Madrid (91 701 07 88). La Línea Arcoíris de FELGTBI+ está en el 91 360 46 05. Las personas mayores LGTBIQ+ tienen a la Fundación 26 de Diciembre (910 028 417); las migrantes y refugiadas, a Kifkif. Ante una agresión LGTBIfóbica, el servicio municipal de víctimas responde en el 604 953 169.

Si sufres violencia de género o violencia sexual, el 016 te atiende sin dejar rastro en la factura. Y para información sobre salud mental en general, la Confederación Salud Mental España tiene guías en consaludmental.org.

Tres ideas para quedarse

Si has llegado hasta aquí, gracias. De verdad. Leer sobre esto ya es romper un poco el tabú.

Me presento como «el primer cantautor IA»: escribo las letras, compongo y produzco, y la música y las voces se hacen con inteligencia artificial. Con mis canciones y con estos textos quiero aportar algo a la conciencia social. Este texto es, probablemente, el más importante que he publicado.

Lo resumo en tres ideas. El suicidio se puede prevenir. Hablar de él, bien, ayuda. Y pedir ayuda funciona.

En esta serie hay más textos, y hay canciones mías sobre lo que pesa por dentro, como «El abismo en mi cabeza», «Punto muerto» o «Entre cuatro paredes». Lo que cuento de mí está en mi página y en las preguntas frecuentes.

Teléfonos para hoy

Si piensas en el suicidio, o temes por la vida de alguien, no esperes:

  • 024: conducta suicida, a cualquier hora y gratis, con chat. Atiende también a familiares.
  • 112: si el peligro es ahora.
  • Teléfono de la Esperanza: 717 003 717, en plena crisis, día y noche.
  • Fundación ANAR: 900 20 20 10 y 116 111, menores de edad y sus familias.
  • 016: violencia de género y sexual.
  • Confederación Salud Mental España: consaludmental.org.

Lo que hoy parece definitivo puede cambiar. Hay personas preparadas para acompañarte.

Serie «Salud mental sin tabú». Este texto es la parte 5 de la serie en la que hablo abiertamente de mi salud mental. Aquí están todos los textos y un mapa de dónde pedir ayuda.

Preguntas frecuentes

¿Hablar del suicidio aumenta el riesgo? No. Hablar del suicidio con responsabilidad, sin detalles de métodos y con información sobre dónde pedir ayuda, forma parte de la prevención. Preguntar directamente a alguien si piensa en suicidarse no le mete la idea en la cabeza y puede abrirle la puerta a pedir ayuda.

¿Qué es el 024? Es la línea de atención a la conducta suicida del Ministerio de Sanidad, en marcha desde mayo de 2022. Es gratuita, confidencial y funciona las 24 horas, también por chat. Atiende a personas con pensamientos suicidas y a sus familiares y allegados.

¿Cuántas personas mueren por suicidio en España? Según los datos definitivos del INE, en 2023 murieron por suicidio 4.116 personas en España, 3.044 hombres y 1.072 mujeres. Es la segunda causa de muerte por causas externas.

¿Por qué escribe Mike Sain't Louis sobre el suicidio? Mike quiere que el suicidio deje de ser un tabú y que quien lo esté pasando mal sepa a quién llamar. Escribe este texto pensando en otras personas, siguiendo las recomendaciones de la OMS, dentro de una serie sobre su salud mental.

¿Qué hago si un amigo me dice que piensa en suicidarse? Escúchale sin juzgar, tómatelo en serio, no le dejes solo si el riesgo es inmediato y buscad ayuda juntos: el 024 atiende las 24 horas y, ante un peligro inmediato, el 112.

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