
Por Mike Sain't Louis ·
No hay pastilla que cure lo que no es enfermedad: las terapias de conversión
«Me he tomado una pastilla gay.»
Así se titula una canción de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo disco de la trilogía GAYFOLK, y así termina también, con esa frase sola, como quien deja el envase vacío encima de la mesa. (La letra entera, sin cortes, está publicada en gayfolkplanet.com.) Es una canción de fiesta, descarada, con un coro que pide a un tal Juan que grabe las caras de la gente. No pretende dar lecciones. Pero cada vez que la escucho pienso en la pastilla contraria, la que tantas familias, tantos curas y tantos supuestos especialistas han soñado durante un siglo: la pastilla que quitara lo gay.
Esa pastilla no existe. Nunca ha existido. Y sin embargo hay gente que todavía la vende, con otros nombres: acompañamiento, sanación, coaching de identidad, retiro espiritual, terapia reparativa. Este texto va de eso, de las llamadas terapias de conversión. De qué son, por qué no funcionan, por qué hacen daño, qué dice la ley en España y qué puedes hacer si alguien te las ofrece a ti o a una persona que quieres.
La píldora al revés
La gracia de la canción está en el sentido de la marcha. La fantasía de la conversión es una fantasía de resta: quitarle algo a una persona para que encaje. La pastilla de la letra hace lo contrario. No borra nada. Lo subraya. Quien se la toma no sale distinto de lo que era, sale más él mismo, con menos miedo a decirlo.
«Ya sabes lo que hay», repite el estribillo, una y otra vez, sin pedir permiso. Es una frase de barra de bar, de amiga que te da un codazo, de vecina que ya no disimula. Ya sabes lo que hay: esto soy, no hay prospecto, no hay efectos secundarios que avisar. Me hace gracia que una frase tan castiza funcione como el mejor resumen posible de lo que la ciencia lleva medio siglo diciendo: que no hay nada que curar.
Qué es una terapia de conversión
Se llama terapia de conversión a cualquier práctica que pretende cambiar la orientación sexual de una persona, de gay, lesbiana o bisexual a heterosexual, o su identidad de género, de trans o no binaria a cisgénero. La palabra «terapia» es una trampa, porque sugiere un tratamiento sanitario donde no hay ninguna enfermedad. Por eso muchas organizaciones prefieren decir «mal llamadas terapias» o hablar de prácticas de conversión.
En 2020, el experto independiente de Naciones Unidas sobre orientación sexual e identidad de género, Víctor Madrigal-Borloz, presentó ante el Consejo de Derechos Humanos un informe entero dedicado a ellas. Distinguía tres grandes familias. Las psicoterapéuticas, que parten de la idea de que la diversidad sexual nace de una crianza anómala o de un trauma. Las médicas, que la tratan como una disfunción biológica y recurren a fármacos u hormonas. Y las religiosas, que la consideran algo malo en sí mismo y prometen liberar de ello con oración, retiros o incluso exorcismos. El informe hablaba de humillaciones, aislamiento, privación de comida, palizas y medicación forzada, y concluía que estas prácticas son discriminatorias, crueles, inhumanas y degradantes, y que según su gravedad pueden llegar a ser tortura. Pedía su prohibición en todo el mundo.
Lo que dicen los estudios
La Asociación Americana de Psicología (APA) creó en 2007 un grupo de trabajo para revisar todo lo publicado sobre los llamados esfuerzos de cambio de orientación sexual. Su informe, de 2009, analizó artículos científicos desde 1960. La conclusión fue clara: es poco probable que esos esfuerzos consigan cambiar la orientación de nadie, y conllevan riesgo de daño. Los pocos estudios con un diseño serio eran antiguos, de finales de los sesenta y los setenta, y no respaldaban las promesas de quienes ofrecían el cambio.

El mismo informe recordaba algo que conviene repetir: la atracción y el amor hacia personas del mismo sexo son variaciones normales y positivas de la sexualidad humana. La APA había sacado la homosexualidad de su manual de diagnóstico en 1973. La Organización Mundial de la Salud la retiró de su clasificación internacional de enfermedades el 17 de mayo de 1990, y por eso cada 17 de mayo es el Día Internacional contra la LGTBIfobia. En 2019 la OMS aprobó la CIE-11, que dejó de tratar las identidades trans como trastorno mental; entró en vigor en 2022.
Lo que sí recoge la literatura es el daño. Personas que pasaron por estas prácticas cuentan vergüenza, culpa, asco hacia sí mismas, depresión, ansiedad, ruptura con la familia y con la fe que tenían, años perdidos intentando ser otra persona. El informe de Naciones Unidas lo resumía con una imagen dura: cicatrices que duran mucho más que la práctica.
Grábales las caras
Hay un verso que se repite tanto que acaba siendo el latido de la canción: «Grábales las caras Juan, las caras». En la letra es una broma de fiesta, alguien que quiere inmortalizar las caras de los que miran escandalizados.
Yo lo leo también de otra manera. Las terapias de conversión sobreviven en la sombra. No se anuncian como lo que son. Funcionan en salas parroquiales, en consultas privadas sin colegiar, en grupos de WhatsApp, en retiros de fin de semana en una casa rural. Por eso en España casi todos los casos que han salido a la luz lo han hecho porque alguien grabó, documentó, guardó pruebas: periodistas que se hicieron pasar por pacientes, asociaciones que capturaron páginas web, personas que se atrevieron a contar lo que les pasó. Grabar las caras, en este contexto, es sacar a la luz lo que quiere esconderse.
Una historia que en España tiene cárcel
Aquí la idea de «curar» lo gay no es un recuerdo lejano. La Ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social de 1970 declaraba en «estado peligroso» a quienes realizaran actos de homosexualidad y preveía su internamiento en establecimientos de reeducación. En su exposición de motivos se hablaba de garantizar «la reforma y rehabilitación social del peligroso». Se habilitaron para ello las prisiones de Huelva y de Badajoz.
Qué pasó exactamente dentro no está del todo documentado, porque buena parte de los archivos de aquellos años no se conserva. Pero hay testimonios. En 2005, cuando se colocó una placa en homenaje a los presos homosexuales de la antigua cárcel de Huelva, algunos supervivientes recordaron palizas, vejaciones e incluso electrochoques para que «volvieran a la normalidad». La ley dejó de aplicarse a la homosexualidad con la reforma de 1978, pero no se derogó del todo hasta 1995.
Escribo esto desde Madrid, en 2026, con una canción que celebra una pastilla gay. Entre aquella reeducación y esta broma hay apenas cincuenta años. No es tanto tiempo. Por eso me parece importante que la broma exista.
Esa memoria también está en mis letras. En «The Great Depression» imaginé amar en una época en la que no se podía, y cada vez que vuelvo a ella pienso en los hombres de aquellas prisiones, que no tuvieron canción ni placa hasta muy tarde.
La ley de hoy
En España las terapias de conversión están prohibidas. La Comunidad de Madrid fue pionera: su Ley 3/2016 de protección integral contra la LGTBIfobia ya las consideraba una infracción muy grave. Desde 2023, la prohibición es estatal. La Ley 4/2023, de 28 de febrero, para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI, dedica su artículo 17 a prohibir «la práctica de métodos, programas y terapias de aversión, conversión o contracondicionamiento, en cualquier forma», destinados a modificar la orientación o identidad sexual o la expresión de género, «incluso si cuentan con el consentimiento de la persona interesada o de su representante legal».
Ese detalle del consentimiento es clave. No vale el «lo pidió él» ni el «lo pidieron sus padres». En el régimen sancionador de la misma ley, el artículo 79.4.d califica como infracción muy grave tanto la práctica como la promoción de estas terapias, sean psicológicas, físicas o con fármacos. El artículo 80 fija para las infracciones muy graves multas de 10.001 a 150.000 euros, y permite además medidas como la prohibición de recibir ayudas públicas o el cierre del establecimiento durante un máximo de tres años.
Del expediente al Código Penal
Una multa administrativa no es lo mismo que un delito, y muchas asociaciones llevan años pidiendo que estas prácticas entren en el Código Penal. En junio de 2026 el Congreso de los Diputados aprobó una proposición de ley orgánica para castigarlas con penas de prisión de seis meses a dos años y multa, incluso cuando haya consentimiento. El texto se envió al Senado. Cuando escribo esto, en octubre de 2026, su tramitación allí no ha terminado, así que todavía no es ley en vigor. Lo que sí está vigente es la prohibición administrativa de la Ley 4/2023.

La experiencia de Madrid enseña que el camino es lento. En 2019 la Comunidad impuso la primera multa por una infracción muy grave de su ley a una coach que ofrecía por internet «terapias de curación de la homosexualidad», después de una denuncia de la asociación Arcópoli de 2016. En 2021 el Tribunal Superior de Justicia de Madrid anuló esa sanción por irregularidades en el procedimiento. Otra investigación, sobre unos cursos vinculados al Obispado de Alcalá de Henares, se cerró sin expediente porque la principal prueba se había obtenido sin el consentimiento de una de las personas grabadas. Las leyes están; aplicarlas cuesta.
Ni psicólogos, ni amigos, ni hermanos
En otra canción mía, «La música me está salvando», hay una enumeración que me sigue haciendo sonreír: «Ni psicólogos, ni amigos, ni hermanos». Y unos versos después, entre las cosas que no han funcionado, aparece «rezar de rodillas en Madrid El Rosario». La canción habla de salir de una mala relación, no de terapias de conversión. Pero esa lista pone en fila, con humor, todas las salidas que alguien prueba cuando está mal, incluidas las religiosas.
Quiero ser muy cuidadoso aquí. La psicología no es el enemigo. La buena psicología, la de verdad, es justo lo contrario de una terapia de conversión. En mi serie sobre salud mental escribí un texto de agradecimiento a la terapia que me ayudó a seguir. La diferencia está en la meta. Una terapia seria te ayuda a vivir contigo. Una terapia de conversión te pide que dejes de ser tú. Lo mismo pasa con la fe: hay creyentes LGTBI que viven su fe con plenitud y comunidades religiosas que acogen. Lo que está prohibido es usar la fe, o la bata, para intentar cambiar a alguien.
Lo sagrado sin castigo
En mis canciones aparecen curas, rosarios, extremaunciones y ángeles caídos, y les dediqué un texto entero: lo sagrado en mis letras. En «Nadie hablará de mí cuando haya muerto» el narrador imagina «El cura que quiere dar la extremaunción» y una despedida a malas con la iglesia. Es ficción, y es amarga. Pero refleja una relación que mucha gente LGTBI conoce: haber crecido dentro de una fe que luego le dijo que sobraba.
Nada de esto es un ataque a quien cree. Hay grupos de cristianos LGTBI, hay parroquias que acogen, hay personas que rezan y aman a quien quieren sin contradicción. El problema empieza cuando la religión se convierte en instrumento de cambio forzado: cuando el retiro espiritual es en realidad un programa para dejar de ser gay, cuando la confesión se usa para vigilar, cuando se le dice a un adolescente que su deseo es una posesión. Ahí ya no hablamos de fe, hablamos de una práctica que la ley prohíbe.
Las palabras que hieren
Antes de la terapia vienen las palabras. Enfermo, desviado, vicio, desorden, contra natura. Son el vocabulario que prepara el terreno para que alguien piense que necesita una cura. En «Marica, con todas las letras» conté cómo una palabra que fue insulto se puede recuperar como firma. Con las palabras de la patologización pasa lo contrario: no hay que recuperarlas, hay que jubilarlas.

Cómo reconocerlas
Las terapias de conversión casi nunca se presentan con ese nombre. Estas son algunas señales de alarma:
- Te prometen que podrás dejar de sentir atracción por personas de tu mismo sexo, o que podrás «resolver» tu identidad de género volviendo a la que te asignaron al nacer.
- Explican tu orientación por una herida: un padre ausente, una madre sobreprotectora, un abuso, una mala amistad. Como si amar a alguien fuera un síntoma.
- Hablan de «atracción no deseada», «heridas de la identidad», «sanación», «restauración» o «libertad interior», sin decir con claridad qué quieren cambiar.
- Te piden secreto, te alejan de tus amistades LGTBI, te prohíben ciertas páginas, ropa o lugares.
- Usan la culpa: si no cambias es porque no rezas bastante, no te esfuerzas bastante o no quieres de verdad.
- No están colegiados como profesionales sanitarios o, si lo están, ofrecen algo que ningún colegio profesional respalda.
Si un psicólogo colegiado te propone algo así, puedes ponerlo en conocimiento de su colegio profesional además de las autoridades.
Las familias que buscan una cura
Muchas veces quien busca la pastilla no es la persona LGTBI sino su familia. Padres asustados que leen algo en internet, que escuchan a alguien de la parroquia, que creen sinceramente que están ayudando. Quiero hablarles a ellos un momento sin juzgarlos, porque el miedo es comprensible y el amor suele estar ahí.
Lo que dicen los estudios y las personas que lo han vivido coincide: lo que protege a un hijo o a una hija LGTBI no es intentar cambiarle, es aceptarle. El rechazo familiar se asocia con más depresión y más riesgo; la aceptación, con más bienestar. Si tu hijo te ha contado que es gay, o tu hija que es trans, no necesitas una cura. Necesitas información y, quizá, hablar con otras familias que han pasado por lo mismo. Existen asociaciones de madres y padres de personas LGTBI en muchas ciudades. En mi blog escribí sobre la familia de sangre en mis letras, y sé lo mucho que pesa, en una canción y en una vida, lo que dice una madre.
El precio del qué dirán
Las terapias de conversión prosperan donde hay vergüenza. En un pueblo pequeño donde todos se conocen, en una familia muy religiosa, en un colegio donde ser diferente se paga en el patio, la presión para «arreglarse» puede ser enorme. Escribí sobre eso en «El qué dirán», a partir de una vecina cotilla de mis canciones. El miedo a la mirada ajena es el combustible de quien vende curas.
Por eso me importa tanto que una canción pueda decir, sin pedir perdón, «Ya sabes lo que hay». No es solo una frase. Es una manera de quitarle combustible a la vergüenza.
Internet como escaparate
Hoy buena parte de estas ofertas llegan por internet: vídeos, cursos online, perfiles en redes que hablan de «sanar la atracción», libros de autoayuda, grupos privados. La exposición de motivos de la proposición de ley de 2025 lo señalaba expresamente: las nuevas formas de difusión, como plataformas web y redes sociales, son una de las razones para endurecer la respuesta.
Si te topas con un anuncio o una cuenta que promociona terapias de conversión, guarda capturas con la fecha y la dirección, y denúncialo ante la plataforma y ante las autoridades. Ya sabemos, por lo que escribí sobre el odio en redes, que las pruebas digitales desaparecen rápido.
Dónde denunciarlo
Si alguien te ha ofrecido o aplicado una terapia de conversión, o sabes que se la están aplicando a otra persona, tienes varias puertas:

- Las asociaciones LGTBI pueden orientarte y acompañarte. Arcópoli, en Madrid, ha llevado varias de estas denuncias. La FELGTBI+ tiene una red de entidades por todo el país.
- La infracción se tramita como expediente administrativo ante la administración competente; normalmente, el área de igualdad de tu comunidad autónoma.
- Si además ha habido amenazas, coacciones, lesiones, retención o abusos, eso es materia penal: Policía Nacional, Guardia Civil, policía autonómica o directamente la Fiscalía.
- Si eres menor de edad, la Fundación ANAR atiende en el 900 20 20 10 a cualquier hora, de forma gratuita y confidencial.
No hace falta tener todas las pruebas para pedir orientación. Basta con contar lo que pasó.
Si te ha pasado a ti
Si pasaste por una de estas prácticas, quizá todavía cargues con frases que te dijeron. Que estabas roto. Que lo tuyo tenía arreglo. Que si no cambiabas era culpa tuya. Nada de eso es verdad. No fracasaste: lo que fracasó fue un método que no puede funcionar.
Mucha gente necesita tiempo para separar lo que piensa de lo que le metieron en la cabeza. Hablar con un profesional que trabaje desde un enfoque afirmativo, es decir, que no intente cambiar tu orientación ni tu identidad sino ayudarte a vivir con ellas, puede ser un buen paso. En el índice de mi serie sobre salud mental tienes más recursos.
Teléfonos que conviene tener a mano
Para hablar con alguien desde el colectivo, la Línea Arcoíris de la FELGTBI+ atiende en el 91 360 46 05. En Madrid, COGAM da apoyo psicológico gratuito en el 91 523 00 70, y el Programa de Información y Atención LGTBI de la Comunidad de Madrid responde en el 91 701 07 88.
Hay heridas que pesan tanto que a veces aparece la idea de no querer seguir. Si te pasa, o le pasa a alguien de tu entorno, en España existe el 024, la línea de atención a la conducta suicida: no cuesta nada, no queda registrado quién eres y contesta a cualquier hora del día o de la noche. Ante un riesgo inmediato, marca el 112. Si vives fuera de España, busca la línea de crisis de tu país o llama a su número de emergencias. Hablar del suicidio no lo provoca; callarlo deja a la gente sola. Escribí sobre ello en «Hablemos del suicidio sin tabú».
Soy la mujer perfecta
En la canción hay un verso que suena a provocación de cabaret: «Soy la mujer perfecta, tengo pene y tengo teta». Lo leo como lo que es, un exceso de fiesta, una broma de quien juega con el género como se juega en una noche drag. No es un manifiesto. Pero sí dice algo que las terapias de conversión odian: que el cuerpo, el género y el deseo no caben en una casilla, y que eso puede ser motivo de risa y de orgullo, no de vergüenza.
Las personas trans han sido, y son, uno de los principales objetivos de las prácticas de conversión. Por eso la Ley 4/2023 incluye expresamente la identidad sexual y la expresión de género en la prohibición. No hay una forma correcta de ser hombre, mujer o ninguna de las dos cosas. Hay personas.
La pastilla que sí recomiendo
Termino como termina la canción, con la frase sola: «Me he tomado una pastilla gay». Si existiera de verdad, no sería una droga. Sería una mezcla de cosas que sí funcionan: una amiga que te escucha, una familia que aprende, un profesional que no te juzga, una ley que te protege, una canción que te hace reír de lo que antes te daba miedo.
La música no cura nada que no esté enfermo. Pero acompaña. Y a veces, en mitad de una noche mala, un estribillo descarado te recuerda que no hay nada en ti que haya que arreglar. Ya sabes lo que hay.
Preguntas frecuentes
¿Qué son las terapias de conversión? Son prácticas que intentan cambiar la orientación sexual de una persona hacia la heterosexualidad o su identidad de género hacia la asignada al nacer. Pueden ser psicológicas, médicas o religiosas. Naciones Unidas las considera discriminatorias, crueles y degradantes, y pide prohibirlas en todo el mundo.
¿Funcionan las terapias de conversión? No. La revisión de la Asociación Americana de Psicología de 2009 concluyó que es poco probable que cambien la orientación sexual y que conllevan riesgo de daño. La homosexualidad no es una enfermedad: la OMS la retiró de su clasificación el 17 de mayo de 1990.
¿Están prohibidas en España? Sí. La Ley 4/2023 las prohíbe en su artículo 17, incluso con consentimiento, y las califica como infracción muy grave, con multas de 10.001 a 150.000 euros. En junio de 2026 el Congreso aprobó además convertirlas en delito; en octubre de 2026 esa reforma seguía en tramitación en el Senado.
¿Dónde puedo denunciar una terapia de conversión? Puedes pedir orientación a asociaciones LGTBI como Arcópoli o la FELGTBI+, presentar la denuncia administrativa ante el área de igualdad de tu comunidad autónoma y, si hay amenazas o violencia, acudir a la policía o a la Fiscalía. Si eres menor, llama a la Fundación ANAR en el 900 20 20 10.
¿De qué habla «Me he tomado una pastilla gay»? Es una canción de fiesta del segundo disco de la trilogía GAYFOLK, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», con un coro que pide grabar las caras de la gente y un estribillo que repite «Ya sabes lo que hay». La pastilla del título no cambia a nadie: confirma lo que uno ya es.
¿Quién escribe estas canciones? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid, que se presenta como el primer cantautor IA. La música y las voces de sus canciones se hacen con inteligencia artificial.