
Por Mike Sain't Louis ·
Gracias a mi psicóloga: la terapia y las canciones para seguir
Llevo tres textos de esta serie hablando de lo que me rompió. Del chico de 22 años que se enamoró con el corazón entero y que, dos relaciones después, entendió que había estado con dos narcisistas. Del niño al que acosaron en el colegio y del que abusaron sexualmente, una y otra vez. Del hombre de 41 que escuchó cinco diagnósticos seguidos: depresión mayor de gravedad elevada, fobia social, estrés postraumático, trastorno de evitación y ansiedad. Este cuarto texto mira hacia el otro lado. Hacia lo que me ayuda.
Una nota antes de empezar: si ahora mismo piensas en quitarte la vida, marca el 024. Al otro lado hay profesionales a cualquier hora del día y de la noche, sin coste y sin que nadie se entere; si te cuesta hablar, puedes escribirles por chat. Ante un peligro inmediato, el número es el 112. Y el Teléfono de la Esperanza (717 003 717) también acompaña en momentos de crisis. Llamar sirve.
Una buena psicóloga me está ayudando a seguir adelante. Esa frase es corta y la podría haber metido en cualquier párrafo de los textos anteriores. Pero merece un texto entero, porque es la parte de esta historia que tiene la puerta abierta.
No voy a decir su nombre ni dónde trabaja. Tampoco voy a contar lo que hablamos en consulta. Eso es suyo y mío, y el secreto profesional existe precisamente para proteger ese espacio. Lo que sí quiero contar es por qué es tan importante encontrar a la persona adecuada, qué es la terapia psicológica explicada en general, cómo se busca en España y qué lugar ocupan las canciones en todo esto.
Una frase que merece un texto entero
Cuando uno escribe sobre sus heridas, la tentación es quedarse en la herida. Es lo que más pesa, lo que más ocupa, lo que más se recuerda. Las dos relaciones, el patio del colegio, lo que pasó cuando era niño, los cinco nombres de un diagnóstico. Todo eso es verdad y lo he contado sin esconderlo.
Pero si solo contara eso, este blog sería un mapa con todos los barrancos dibujados y ningún puente. Y yo no quiero dejar a nadie delante de un mapa así.
El puente, en mi caso, tiene forma de consulta. Tiene forma de una profesional que escucha, que sabe lo que hace y que me ayuda a ordenar lo que estaba revuelto. No es un milagro. No es una línea recta. Es trabajo, y es trabajo acompañado.
Por eso escribo esto. Porque gracias es una palabra que se dice poco en los textos sobre salud mental, y porque quien lea esto desde un sitio oscuro necesita saber que la ayuda existe, que tiene nombre de oficio y que se puede pedir.
Lo que significa una buena psicóloga
Digo «una buena psicóloga» a propósito. No cualquiera. La investigación sobre psicoterapia lleva décadas repitiendo una idea: uno de los factores que más influyen en que la terapia funcione es la alianza terapéutica, es decir, la relación de confianza y colaboración entre la persona y su terapeuta. No basta con la técnica. Hace falta sentir que la persona que tienes delante está de tu lado.
Para alguien con fobia social y trastorno de evitación, como yo, eso tiene un peso especial. Sentarse delante de una persona desconocida y hablar de lo más íntimo es exactamente lo que el miedo te dice que no hagas. La evitación es eso: apartarse de lo que podría doler, aunque eso que podría doler sea también lo que podría ayudar.
Por eso, cuando alguien me pregunta si la terapia sirve, le digo que sí, y le digo también que tiene derecho a buscar a la persona adecuada. Si la primera profesional no encaja, se puede buscar otra. Eso no es un fracaso. Es parte del proceso.
Una buena psicóloga, tal como lo entiendo, es alguien colegiado y con formación sanitaria, que trabaja con métodos que tienen respaldo científico, que respeta tu ritmo, que no te juzga y que tampoco te deja quedarte para siempre en el mismo sitio. Y, si eres una persona LGTBI, alguien que entienda tu realidad sin convertirla en un tema exótico ni en el centro de todo.
Qué es la terapia psicológica, explicado sin jerga
La terapia psicológica, o psicoterapia, es un tratamiento. Conviene decirlo así, sin adornos: no es una charla con una amiga, aunque a veces pueda parecerlo, ni un lujo para gente con tiempo libre. Es una intervención sanitaria, hecha por profesionales formados, que se usa para tratar problemas como la depresión, la ansiedad o el estrés postraumático.

Hay distintos enfoques. Explico algunos de forma general, sin decir cuál sigo yo, porque eso forma parte de mi tratamiento:
- Terapia cognitivo-conductual. Trabaja la relación entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos. Es uno de los enfoques con más estudios detrás para la depresión y los trastornos de ansiedad.
- Terapias centradas en el trauma. Para el trastorno de estrés postraumático, las guías de la Organización Mundial de la Salud recomiendan la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma y la terapia EMDR, siglas en inglés de desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares.
- Terapias de tercera generación. Como la terapia de aceptación y compromiso, que ayuda a relacionarse de otra manera con los pensamientos y las emociones difíciles.
- Terapias psicodinámicas y otras. Exploran cómo la historia personal influye en el presente.
Ninguna es mágica. La elección depende del problema, de la persona y del criterio del profesional. A veces la terapia se combina con tratamiento farmacológico, que solo puede indicar un médico. Lo importante es saber que existe un abanico y que hay tratamientos con evidencia.
Por qué cuesta tanto pedir cita
Hay una paradoja cruel en los problemas de salud mental: lo que te hace falta para pedir ayuda es justo lo que la enfermedad te quita. La depresión quita fuerza. La fobia social convierte una llamada de teléfono en una montaña. La evitación te susurra que mañana, que la semana que viene, que no es para tanto.
En mi canción «Entre cuatro paredes» hay un verso que lo resume: «No encuentro la fuerza, la motivación». Cuando estás ahí, la idea de buscar un profesional, comparar opciones, llamar, explicar por qué llamas, puede parecer imposible.
Si te pasa, quiero decirte que no es pereza ni falta de voluntad. Es un síntoma. Y hay formas de hacerlo más pequeño:
- Pedir a alguien de confianza que te ayude a buscar o a llamar.
- Empezar por tu médico de familia, que ya te conoce o que al menos tiene tu historial.
- Escribir en un papel lo que quieres decir, aunque sea una sola frase: «No estoy bien y necesito ayuda».
- Usar el chat del 024 si hablar por teléfono te bloquea.
- Recordar que la primera cita no te obliga a nada.
Pedir la primera cita es, muchas veces, lo más difícil de todo el proceso. Si lo consigues, ya has hecho algo enorme.
Lo que la terapia no es
Hay muchos mitos sobre la terapia y algunos hacen daño, porque alejan a la gente de algo que podría ayudarla. Estos son los que más oigo:
- «La terapia es para locos». La terapia es para personas. Igual que vas al médico cuando te duele algo, vas a la psicóloga cuando algo pesa por dentro.
- «Si vas a terapia es que eres débil». Hace falta bastante fuerza para mirar de frente lo que duele, y hacerlo delante de otra persona.
- «Te van a dar consejos que ya sabes». Una buena terapia no consiste en recibir consejos. Consiste en entender lo que te pasa y aprender herramientas para manejarlo.
- «Es para siempre». Depende de cada caso. Muchas terapias tienen objetivos y un final.
- «Es solo hablar». Hablar es parte, pero detrás hay métodos, objetivos y evaluación.
- «Lo que cuentas puede salir de allí». Los psicólogos tienen obligación de secreto profesional, con las excepciones que marca la ley, como un riesgo grave para la vida.
La música me está salvando, y no me contradigo
Tengo una canción que se llama «La música me está salvando». En su estribillo hay una enumeración que alguien podría leer como una contradicción con este texto: «Ni psicólogos, ni amigos, ni hermanos», y sigue con psiquiatras, médicos, novios y hasta veterinarios.

La letra publicada es una canción de despecho, dirigida a un ex, llena de ironía y de exageración. La lista no es un consejo de salud. Es un golpe de efecto, una manera de decir que hay algo que nadie te puede quitar. Y ese algo es la música. Por eso el estribillo grita «La música me está elevando».
No creo que haya que elegir. La música me sostiene y una buena psicóloga me está ayudando a seguir adelante. Las dos cosas son verdad a la vez. Si alguien escucha esa canción y piensa que no necesita ayuda profesional, quiero que lea también este texto. Las canciones acompañan. La terapia trata. Una no sustituye a la otra.
Escribir canciones como forma de atravesar el dolor
Mi oficio es escribir letras, componer y producir. Las palabras salen de mí; la música y las voces las genero con inteligencia artificial, y por eso me llamo «el primer cantautor IA».
Escribir es mi manera de nombrar lo que duele. Muchas de mis canciones hablan de narcisistas, de rupturas, de abismos, de habitaciones de las que no apetece salir. Algunas usan la ironía y el humor negro para decir cosas muy serias. El ejemplo más claro es el vídeo de «El panda del acoso sexual», que juega con la ironía hasta el final y termina con una frase que no es broma: «por eso mi vida es como la de South Park, pues todo empezó con un abuso sexual».
Hay estudios sobre la escritura expresiva, impulsados entre otros por el psicólogo James Pennebaker desde los años ochenta, que observaron beneficios en algunas personas que escriben sobre experiencias difíciles. Lo cuento como dato general, no como receta: la escritura no es un tratamiento para el trauma ni sustituye a la terapia. Pero puede ser una herramienta más, un sitio donde poner lo que no cabe en otro sitio.
Para mí, convertir algo en canción es una forma de sacarlo de dentro y verlo desde fuera. Una vez que está en una letra, deja de ser un secreto que pesa y se convierte en algo que otra persona puede escuchar y reconocer.
El humor negro como forma de nombrar
Alguien podría pensar que hacer canciones con tanto sarcasmo sobre cosas tan duras es una forma de no tomárselas en serio. Para mí es lo contrario. La ironía es una manera de acercarme a lo que duele sin que me queme del todo. Es como mirar el sol a través de un cristal ahumado.
El humor negro tiene una larga tradición en la cultura española, del esperpento de Valle-Inclán a la comedia de barrio. Y la ironía es también una forma de resistencia muy presente en la cultura LGTBI: reírse de lo que te han hecho sin dejar que te quite la última palabra.
Pero el humor no lo arregla todo. Hay días en que la ironía no llega. Por eso es tan importante tener además un espacio donde no haga falta hacer gracia, donde se pueda decir lo que pasa sin adornos. Ese espacio, para mí, es la terapia.
Lo que le diría a quien empieza
Si estás pensando en empezar terapia, o acabas de empezar, estas son algunas ideas generales que pueden servirte:
- Está bien tener miedo. Casi todo el mundo llega con dudas.
- Puedes preguntar. Por su formación, por su enfoque, por la duración aproximada, por el precio si es privada.
- No tienes que contarlo todo el primer día. El ritmo lo vais marcando juntos.
- Es normal que algunas sesiones remuevan. Si algo te desborda, díselo a tu terapeuta.
- Si no encajas con alguien, puedes cambiar. La relación de confianza importa.
- Los avances no siempre se ven enseguida. A veces se notan mirando hacia atrás.
- Si en algún momento piensas en quitarte la vida, dilo. En consulta, al 024 o al 112.
Cuidar a quien te cuida
Dar las gracias también es una forma de cuidar. A los profesionales de la salud mental se les nombra poco. Se habla de las listas de espera, de lo que falta, de lo que no funciona, y todo eso es real y hay que denunciarlo. Pero también existen profesionales que hacen su trabajo con rigor y con humanidad, y que cambian vidas sin que nadie lo sepa.

En España, la sanidad pública cuenta con muchos menos psicólogos clínicos por habitante que la media europea, según han denunciado repetidamente el Consejo General de la Psicología y otras organizaciones. Eso significa que mucha gente no puede acceder a la terapia que necesita, o tiene que esperar demasiado. Pedir más recursos para la salud mental pública es también una forma de dar las gracias: que esto que a mí me está ayudando llegue a todo el mundo, tenga o no dinero.
La gratitud como dato, no como final feliz
No quiero que este texto suene a final feliz. No lo es. Sigo con mis diagnósticos, sigo con mis heridas y sigo trabajando. La gratitud no significa que todo esté resuelto. Significa reconocer que hay algo que funciona y que merece ser nombrado.
Hay una tendencia en redes a contar la salud mental como una historia de superación con música épica al final. La vida real se parece más a una canción con estribillo que vuelve. Hay días buenos y días malos. Lo que cambia, con ayuda, es cómo se atraviesan los malos.
En «La música me está salvando» hay otro verso que me gusta mucho para esto: «Pues ve improvisando, que las cosas van cambiando». En la canción va dirigido al ex. Pero leído desde aquí, también describe la terapia. Nadie tiene el guion completo. Se va improvisando, con ayuda, y las cosas van cambiando.
Si acompañas a alguien que va a terapia
Muchas personas que leen esto no están en terapia, pero quieren a alguien que sí lo está, o que debería estarlo. Para ellas, algunas ideas generales que recomiendan los profesionales:
- Respeta su intimidad. No preguntes qué se habló en la sesión. Si quiere contarlo, lo contará.
- No compares. Cada proceso tiene su ritmo. Lo que a otra persona le funcionó en tres meses puede necesitar mucho más tiempo en otra.
- Ofrece ayuda concreta. Acompañar a la primera cita, recordar una hora, quedarse cerca un día difícil. Lo pequeño suele ser lo que más sirve.
- No lo conviertas en un examen. Preguntas como «¿todavía no estás mejor?» pesan más de lo que parece.
- Cuida también de ti. Acompañar cansa. Pedir orientación para ti no es egoísmo.
- Si oyes hablar de suicidio, tómatelo en serio. Pregunta con calma, escucha sin juzgar y llama juntos al 024. Preguntar directamente por el suicidio no lo provoca; al contrario, puede abrir la puerta a pedir ayuda.
Si la persona es menor de edad, la Fundación ANAR atiende también a familiares y docentes en el 900 20 20 10. Y si la persona sufre violencia en su pareja, el 016 orienta también a quien está cerca.
Lo que se aprende sin darse cuenta
La terapia no solo trata lo que llevas dentro. También cambia, poco a poco, la forma en que hablas de ello. Una de las cosas que más se trabajan en terapia, en general, es el lenguaje que usamos con nosotros mismos. Mucha gente que ha vivido acoso o abusos se habla con la misma dureza con la que le hablaron. Se insulta, se culpa, se exige.
Aprender a hablarse de otra manera no es autoayuda barata. Los profesionales lo llaman de distintas formas, como autocompasión o reestructuración de pensamientos, y hay técnicas concretas para practicarlo. No se consigue de un día para otro, y tampoco hace falta hacerlo solo.
Cómo encontrar una psicóloga en España
Si después de leer esto quieres dar el paso, aquí tienes por dónde empezar. Lo ordeno de lo más general a lo más concreto.

La vía pública empieza en tu centro de salud. Pide cita con tu médico de familia y cuéntale, aunque sea con una frase, que no estás bien. Desde ahí puede valorarte y, si lo ve necesario, enviarte a la red de salud mental, donde atienden psicólogos clínicos y psiquiatras. Sé que las esperas a veces son largas; aun así, es tu derecho, y conviene que conste.
Si puedes pagar una consulta privada, elige a alguien con habilitación sanitaria: psicóloga general sanitaria o especialista en psicología clínica, con número de colegiada. En Madrid lo puedes verificar en la web del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. Desconfía de títulos raros y de quien promete resultados en dos sesiones.
Para personas LGTBI en Madrid hay atención psicológica gratuita. En COGAM se pide cita llamando al 91 523 00 70 o escribiendo por WhatsApp al 602 25 22 43. La Comunidad de Madrid tiene su Programa Madrileño de Información y Atención LGTBI, en el 91 701 07 88, también con cita. FELGTBI+ mantiene la Línea Arcoíris en el 91 360 46 05. Si tienes ya cierta edad, la Fundación 26 de Diciembre (910 028 417) trabaja con mayores LGTBIQ+. Si llegaste de otro país o eres refugiado, Kifkif te puede orientar. Y si has sufrido una agresión LGTBIfóbica, el Ayuntamiento atiende a las víctimas en el 604 953 169.
Por último, el movimiento asociativo: la Confederación Salud Mental España agrupa a asociaciones de personas con problemas de salud mental y a sus familias, y en consaludmental.org tiene guías prácticas.
Señales de que puede ser momento de pedir ayuda
Mucha gente espera a estar fatal para pedir cita, como si hubiera que ganarse el derecho a la terapia. No hace falta. Basta con que algo te esté quitando vida durante semanas: que te levantes sin ganas de nada casi a diario, que hayas dejado de disfrutar lo que antes te gustaba, que duermas o comas muy distinto de lo normal. También cuenta el miedo que te hace cancelar planes que en el fondo querías, los recuerdos que irrumpen sin permiso, las pesadillas, la sensación de vivir en guardia. Y cuenta, mucho, salir de cada conversación con tu pareja sintiéndote más pequeño o culpable.
Si te sorprendes pensando que sobras, que eres un estorbo, o pensando en morir, no esperes a la cita: el 024 está para hoy.
Gracias
Así que lo digo sin rodeos: gracias. A la profesional que me está ayudando a seguir adelante, que no necesita que diga su nombre para saber que esto va por ella. A quienes trabajan en salud mental con rigor y con cariño. Y a quien esté leyendo esto y se esté planteando pedir cita: ya me estás dando las gracias de la mejor manera posible, cuidándote.
Si quieres seguir leyendo, otras letras mías tocan estas heridas: «El abismo en mi cabeza», «Ruido en mi mente» o «Tattoo de fénix», esta última sobre un pájaro que siempre vuelve. En «La música me está salvando» está la canción completa. En mi página y en las preguntas frecuentes está el resto.
Si hoy lo necesitas
Del suicidio se puede hablar, y hablar de él salva vidas. Si te ronda la idea de acabar con tu vida, o temes por alguien cercano, estos teléfonos están para eso:
- 024: atención a la conducta suicida del Ministerio de Sanidad, día y noche, gratis y confidencial, con opción de chat.
- 112: cuando el peligro es inmediato.
- Teléfono de la Esperanza: 717 003 717, crisis emocionales a cualquier hora.
- Fundación ANAR: 900 20 20 10 y 116 111, niños, niñas y adolescentes.
- 016: violencia de género y violencia sexual. No deja rastro en la factura.
- Confederación Salud Mental España: consaludmental.org.
La ayuda funciona. Hoy puede costar creerlo, pero con apoyo las cosas cambian.
Serie «Salud mental sin tabú». Este texto es la parte 4 de la serie en la que hablo abiertamente de mi salud mental. Aquí están todos los textos y un mapa de dónde pedir ayuda. Siguiente: «Hablemos del suicidio sin tabú: pedir ayuda funciona».
Preguntas frecuentes
¿Quién ayuda a Mike Sain't Louis con su salud mental? Mike cuenta que una buena psicóloga le está ayudando a seguir adelante tras su diagnóstico a los 41 años de depresión mayor de gravedad elevada, fobia social, trastorno de estrés postraumático, trastorno de evitación y ansiedad. No da su nombre para proteger la privacidad de la consulta.
¿Qué terapias recomienda la OMS para el estrés postraumático? Las guías de la Organización Mundial de la Salud recomiendan la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma y la terapia EMDR. La elección concreta depende siempre de la evaluación de un profesional.
¿Cómo encuentro un psicólogo en Madrid si soy LGTBI? Puedes empezar por tu médico de familia en la sanidad pública. También ofrecen atención psicológica gratuita COGAM (91 523 00 70) y el Programa Madrileño de Información y Atención LGTBI (91 701 07 88). Si eliges la vía privada, comprueba que el profesional esté colegiado.
¿Escribir canciones sustituye a la terapia? No. Mike explica que escribir canciones le sostiene y le ayuda a nombrar lo que duele, pero que no sustituye a la terapia psicológica. Las canciones acompañan y la terapia trata.
¿Qué hago si pienso en el suicidio? Marca el 024 ahora: atienden profesionales día y noche, gratis. Si el peligro es inmediato, el 112. No tienes que pasarlo solo.