
Por Mike Sain't Louis ·
«Todas y todes»: el género gramatical y el lenguaje inclusivo en mis letras
Un saludo puede ser una declaración de principios.
En «I Want to Be a TikTok Star», del disco «El día de la liberación», la letra pasa casi toda en inglés, hablando de querer brillar en una pantalla y no terminar de conseguirlo. Y de repente, al final, cambia de idioma y se pone a saludar. Desde España, con amor. «Arriba muchachas y muchachos.» Y justo después, la línea que me hace sonreír cada vez que la leo: «Garotas y garotos, todas y todes.» (La letra completa está en gayfolkplanet.com.)
En cuatro palabras caben tres maneras de nombrar a la gente: el femenino, el masculino y una tercera forma, todes, que no está en los diccionarios académicos pero sí en la boca de mucha gente. Y además en dos idiomas, porque garotas y garotos es portugués. Es una especie de saludo universal, de anuncio por megafonía que quiere que no se quede nadie fuera.
Este texto va del género gramatical en mis canciones. De cómo nombran mis letras a hombres, mujeres y a quien no se reconoce en ninguno de los dos. Del masculino que dice representar a todos, de los desdoblamientos, del femenino juguetón que usamos tantos gays entre nosotros, y de algo que no es gramática sino respeto: llamar a cada persona como quiere que la llamen.
Muchachas y muchachos
Empiezo por lo más sencillo, que es el desdoblamiento.
Muchachas y muchachos. Chicas y chicos. Bienvenidas y bienvenidos, como dice el arranque de la azafata imaginaria de «Vas a escuchar un disco muy raro». Nombrar las dos formas en lugar de una es lo que la gramática llama desdoblamiento, y hoy es una de las prácticas más discutidas del español.
Hay quien lo ve como una conquista: si solo digo muchachos, las muchachas quedan escondidas detrás. Hay quien lo ve como una redundancia innecesaria: el masculino ya las incluye, dice, y repetirlo todo alarga las frases sin aportar nada. Las dos posturas tienen argumentos, y el debate lleva décadas.
En mis letras el desdoblamiento aparece, pero casi nunca con intención de manifiesto. Aparece porque así se habla cuando uno se dirige a un público. Es la fórmula del presentador, del animador de verbena, del que coge el micrófono en una boda. Señoras y señores. Damas y caballeros. Chicas y chicos. Es una forma de llamar la atención y, al mismo tiempo, de hacer sentir a cada cual que le están hablando a él o a ella.
En «Carta de recomendación» aparece con un uso muy concreto: una advertencia. Cuidado, chicas y chicos, no se fíen. Ahí desdoblar no es cortesía, es precisión. El aviso va dirigido a cualquiera que pueda cruzarse con ese personaje, sea quien sea. Nadie está a salvo de un liante, así que nadie se queda fuera del aviso.
El género que no es sexo
Antes de seguir conviene aclarar algo que suele confundirse.

En gramática, género no significa sexo. Significa clase, tipo, familia, que es lo que quería decir el latín genus. El español reparte sus sustantivos en dos grandes clases, la de los que van con el y la de los que van con la, y esa clasificación es en buena parte arbitraria. La mesa es femenina y el banco es masculino, y ninguno de los dos tiene sexo. La persona es femenina aunque hablemos de un hombre. El bebé es masculino aunque sea una niña. La víctima es femenina sea quien sea.
En otros idiomas el reparto es distinto. El alemán tiene tres géneros, con un neutro que el español perdió al salir del latín. El inglés apenas conserva género en los sustantivos y lo guarda sobre todo en los pronombres, he, she, it. Hay lenguas que no tienen género gramatical en absoluto. Y hay lenguas que clasifican los nombres en muchas más clases que dos, según criterios que a nosotros nos parecerían rarísimos.
¿Por qué importa esto? Porque explica que el debate sobre el lenguaje inclusivo sea tan enredado. Cuando hablamos de personas, en español, el género gramatical suele coincidir con el sexo: el niño y la niña, el vecino y la vecina. Y ahí es donde aparece la pregunta. Si el idioma marca el sexo cada vez que nombra a alguien, ¿qué pasa con quien no encaja en esa marca? ¿Y qué pasa cuando hablamos de un grupo mezclado?
Y el reparto, además, se mueve. Las palabras cambian de género cuando cambia la sociedad. Durante mucho tiempo se dijo la presidente o la juez, y hoy presidenta y jueza están en el diccionario y nadie se escandaliza al oírlas. El camino contrario también existe: de modista, que era una palabra en femenino porque el oficio se asociaba a mujeres, salió modisto, para los hombres que cosían. Y de azafata, la que da la bienvenida a bordo, salió azafato. Si el idioma ha podido inventar un masculino cuando hacía falta, no parece tan raro que ahora busque otras formas para quien no encaja en ninguna de las dos casillas.
Lo que demuestran esos ejemplos es que el género gramatical no es una ley de la naturaleza. Es una costumbre, muy antigua y muy arraigada, pero costumbre al fin. Y las costumbres se ajustan cuando la gente las necesita ajustar. A veces tardan décadas. A veces van más rápido de lo que les gustaría a los guardianes de la norma. Pero se mueven.
El masculino genérico
La respuesta tradicional a la segunda pregunta es el masculino genérico.
En español, cuando un grupo mezcla hombres y mujeres, la norma tradicional es usar el masculino. Los vecinos incluye a las vecinas. Los alumnos incluye a las alumnas. Los españoles incluye a las españolas. Es un uso muy antiguo y tiene una lógica interna: el masculino sería la forma no marcada, la que sirve para todo, y el femenino la forma marcada, la que especifica.
El problema es que esa forma no marcada no es neutral en la cabeza de quien escucha. Varios estudios de psicolingüística han observado que, cuando se usa el masculino genérico, mucha gente imagina antes a hombres que a mujeres. No es que la gramática esté mal construida. Es que las palabras arrastran imágenes, y la imagen que arrastra los médicos no es la misma que arrastra las médicas y los médicos.
Yo no soy lingüista y no pretendo resolver ese debate. Pero como alguien que escribe letras sé muy bien que cada palabra trae una imagen. Si escribo los chicos de la pista, quien escucha ve chicos. Si escribo chicas y chicos, ve a más gente. Y eso, en una canción que quiere hablarle a mucha gente, no es un detalle menor.
Burgeses e burgesas
Suele decirse que el desdoblamiento es una moda reciente. No lo es.
En uno de los primeros versos del «Poema de mio Cid», el poema épico más antiguo que se conserva casi completo en castellano, cuando el Cid sale desterrado de Burgos, la gente se asoma a mirarle. Y el poema dice que burgeses e burgesas están en las ventanas. Burgueses y burguesas. En el siglo XII o XIII, quien escribió aquello sintió que era necesario nombrar a los dos. No porque hubiera un debate sobre lenguaje inclusivo, sino porque la imagen era más completa así: hombres y mujeres llorando a la vez la marcha del héroe.
Me encanta ese verso porque demuestra que nombrar a las dos mitades no es un invento burocrático. Es un recurso expresivo tan viejo como el idioma. Sirve para dar volumen, para que la escena se llene. Los poetas populares lo han usado siempre que querían que se viera a todo el pueblo.
Y eso es exactamente lo que hace mi saludo de «I Want to Be a TikTok Star». Muchachas y muchachos, garotas y garotos, internacionales y españoles. No es una consigna. Es un inventario de público, un mirar desde el escenario y nombrar a todos los que están ahí, uno por uno, para que nadie piense que el saludo no va con él.
Lo que dice la Academia
En enero de 2020 la Real Academia Española publicó un informe sobre el lenguaje inclusivo, a petición del Gobierno, que le había preguntado si la Constitución debía adaptarse. La respuesta de la Academia fue, resumida, que el masculino genérico es gramaticalmente correcto e incluye a las mujeres, que los desdoblamientos son legítimos en ciertos contextos pero innecesarios como norma general, y que las formas como la arroba, la equis o la e no forman parte del sistema del español.

Es una posición que mucha gente comparte y que mucha otra gente discute. Y me parece importante entender una cosa: la Academia describe y recomienda, pero no manda en el habla. Los hablantes hacen lo que quieren, y las academias, con el tiempo, acaban recogiendo lo que la gente usa de verdad. Muchas palabras que hoy están en el diccionario fueron en su día incorrecciones, modas o barbarismos.
Una canción no es un documento oficial. No tiene que seguir la norma académica, igual que no tiene que seguir las reglas de puntuación de un contrato. Una letra puede usar el masculino genérico en una línea, desdoblar en la siguiente y soltar un todes al final. Y eso no es incoherencia. Es habla. Es lo que pasa en la calle, en los grupos de amigos, en los mensajes de cada día.
Todas y todes
Ahora, la palabra que más llama la atención del saludo.
Todes. Con una e donde el español pondría una o o una a. Es una forma que se ha extendido en los últimos años, sobre todo entre la gente joven y en colectivos LGTBI, para nombrar a un grupo sin marcar género o para referirse a personas no binarias, es decir, personas que no se identifican ni como hombres ni como mujeres. Junto a ella ha aparecido también un pronombre, elle, que algunas de esas personas usan para hablar de sí mismas.
Mucha gente se ríe de esas formas, o se enfada con ellas. Les parece un capricho, un destrozo del idioma. Yo entiendo que choquen, porque cualquier cambio en la lengua choca al principio. Pero me parece importante recordar que detrás de cada palabra nueva hay alguien que la necesitaba. El todes no lo inventó un ministerio. Lo inventaron personas que no se veían reflejadas en ninguna de las dos opciones disponibles y que buscaron una tercera.
En mi canción, el todes llega justo al lado del todas, sin sustituirlo. Todas y todes. No se elimina nada. Se añade. Y a mí esa suma me gusta mucho más que cualquier guerra de terminaciones. Porque un saludo que suma no le quita el sitio a nadie. Solo hace la mesa más grande.
Garotas y garotos: el género en otros idiomas
El saludo de «I Want to Be a TikTok Star» abre la puerta en el género y también en el idioma. Garotas y garotos es portugués de Brasil, chicas y chicos. Y la canción entera alterna el inglés y el español, como hacen tantas de mis letras.

Mirar a otros idiomas ayuda a entender el debate desde fuera. En inglés, la forma neutra para hablar de una persona cuyo género no se conoce o que no se identifica como hombre ni como mujer es they, en singular. Mucha gente cree que es un invento moderno, pero el they singular se usa desde hace siglos en la literatura inglesa. En 2019 un diccionario estadounidense muy conocido, el Merriam-Webster, la eligió palabra del año por el aumento de búsquedas de ese uso.
En sueco se añadió al diccionario oficial de la Academia Sueca, en 2015, el pronombre hen, una forma neutra entre el masculino han y el femenino hon. Fue polémico al principio y con el tiempo se ha ido asentando.
Cada idioma encuentra su manera. Y lo bonito de una canción que salta de lengua en lengua es que puede tomar prestado lo que haga falta de cada una. Una línea en inglés, un saludo en portugués, un todes en español. La letra no tiene pasaporte.
Que me llamen loca: el femenino entre gays
Hay otro uso del género en mis letras que no tiene nada que ver con la inclusión, o quizá sí, de otra manera: el femenino con el que muchos gays nos tratamos.
En «Marica Chill» la letra dice «que me llamen loca, that's my brand». En «Soy marica sideral» aparece me han llamado exagerada, en femenino. En «Toxina coreana» las amigas se llaman tía unas a otras, y el personaje que habla se identifica como la amiga. En «Malena» y en «Mi salvador» aparece reina, que en el ambiente se usa para casi cualquiera.
Ese femenino tiene una historia larga. En muchos ambientes gays, desde hace generaciones, se usa el femenino como juego, como complicidad, como forma de reírse de la norma que dice que un hombre tiene que hablar de sí mismo en masculino. Llamarse loca, ella, nena, es una pequeña transgresión gramatical que funciona como contraseña. Y a la vez es una manera de apropiarse de los insultos: si de pequeño te llamaban afeminado como si fuera lo peor del mundo, de mayor puedes decidir que el femenino es tuyo y usarlo con orgullo.
Ojo: ese juego no es lo mismo que la identidad de género de una persona trans. Un gay que se llama a sí mismo loca entre amigos está jugando con la gramática; una mujer trans que pide que la llamen en femenino está diciendo quién es. Son cosas distintas y conviene no mezclarlas. El juego camp es un juego. La identidad no lo es.
Como una loca: el femenino como insulto
Pero el femenino también se usa contra la gente, y mis letras lo recogen.
En «La dieta del cucurucho» alguien le pide a otro que le explique algo sin gritar como una loca. Es una expresión que todo el mundo ha oído, y que se usa igual para hombres que para mujeres. Gritar como una loca, ponerse como una histérica. Fíjate en que no existe una expresión equivalente en masculino con el mismo peso. Uno no grita como un loco con el mismo desprecio.
Ese tipo de frases me interesan mucho porque revelan cómo el idioma asocia ciertas emociones, el descontrol, el exceso, el grito, con lo femenino. Y cómo esa asociación se usa para desautorizar. Si gritas como una loca, lo que dices no cuenta, da igual que tengas razón.
Mis canciones a veces reproducen esas frases tal cual, porque son frases que se dicen y una canción que retrata la vida tiene que recogerlas. Pero reproducirlas no es lo mismo que aprobarlas. Muchas veces la letra las pone en boca de un personaje precisamente para que se vea lo que tienen de feo.
Nombres y pronombres: una cuestión de respeto
Quiero terminar la parte de gramática con algo que no lo es.

Para las personas trans y no binarias, que las llamen por su nombre y con los pronombres que les corresponden no es un detalle de estilo. Es una cuestión de dignidad. Cuando alguien insiste en llamar a una mujer trans en masculino, o en usar el nombre que ya no usa, no está defendiendo la gramática. Está negando quién es esa persona. Y eso, repetido día tras día, en casa, en clase, en el trabajo, hace muchísimo daño.
En España, la Ley 4/2023, conocida como ley trans, permite desde 2023 cambiar la mención del sexo en el registro civil sin necesidad de informes médicos ni tratamientos. Es un paso legal importante. Pero la ley no cambia por sí sola cómo nos tratamos en el día a día. Eso depende de cada uno.
Y es muy fácil. Si no sabes cómo quiere alguien que le llames, pregúntalo. Si te equivocas, pide perdón y corrígete sin hacer un drama. Si alguien de tu entorno se burla de una persona trans o no binaria, no te rías. A veces basta con eso: no reírse.
Si eres una persona trans o no binaria y lo estás pasando mal, o eres familia de alguien y no sabes cómo acompañar, hay sitios donde pedir orientación. En la Comunidad de Madrid está el Programa de Información y Atención LGTBI, en el 91 701 07 88, y la Línea Arcoíris de la FELGTBI+, en el 91 360 46 05. Y si en algún momento sientes que no puedes más o piensas en hacerte daño, en España puedes llamar al 024, gratuito y disponible a todas horas, o al 112 si hay un peligro inmediato. Si estás fuera de España, llama al número de emergencias de tu país.
Escribir para que nadie se quede fuera
Vuelvo al oficio para cerrar.
Cuando escribo una letra no pienso en el informe de la Academia ni en las estadísticas de psicolingüística. Pienso en quién va a escuchar. Y me gustaría que mis canciones las escuchara gente muy distinta: gays, lesbianas, personas trans, personas no binarias, mujeres que se ríen con un desamor ajeno, hombres heterosexuales que se reconocen en un ex, abuelas que comparten un vídeo sin saber muy bien de qué va. Y que ninguno de ellos sintiera que la canción no va con él, con ella o con elle.
Eso no significa llenar las letras de desdoblamientos hasta que no se entiendan. Una canción necesita ritmo, y a veces el ritmo pide una palabra corta. Significa estar atento. Saber que cada vez que elijo una forma estoy dejando entrar a alguien o dejándolo en la puerta. Y elegir, cuando se puede, la puerta abierta.
Por eso me gusta tanto ese final de «I Want to Be a TikTok Star». Después de toda una canción en inglés sobre querer brillar y no conseguirlo del todo, la letra se olvida de sí misma y se pone a saludar al público. Desde España, con amor, «bye bye dolor». Muchachas y muchachos, garotas y garotos, todas y todes. Internacionales y españoles. Es como si la canción dijera: da igual si no llego a ser una estrella, lo que importa es que estemos aquí todos juntos, cada cual con su terminación.
Y yo, que trabajo con inteligencia artificial y que tantas veces he oído que lo que hago no es de verdad, sé muy bien lo que es sentir que una palabra te deja fuera. Por eso intento que mis letras abran la mesa. Que quepa una silla más. Y otra. Y otra.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el género gramatical? Una clasificación de los sustantivos en clases, masculino y femenino en español, que en gran parte es arbitraria: la mesa, el banco. Cuando se habla de personas suele coincidir con el sexo, pero no siempre: la persona, la víctima.
¿Qué es el masculino genérico? El uso del masculino para referirse a grupos mixtos o a personas en general, como los vecinos para vecinos y vecinas. La Real Academia Española lo considera correcto; el debate sobre el lenguaje inclusivo discute si invisibiliza a las mujeres.
¿Qué significa todes? Una forma con terminación en e que se usa para nombrar a un grupo sin marcar género o para incluir a personas no binarias. No forma parte de la norma académica, pero se usa en el habla de muchas personas.
¿Qué canción de Mike Sain't Louis dice todas y todes? «I Want to Be a TikTok Star», del disco «El día de la liberación», que termina con un saludo a muchachas y muchachos, garotas y garotos, todas y todes.
¿Quién escribe estas canciones? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid, que se presenta como el primer cantautor IA. La música y las voces de sus canciones se hacen con inteligencia artificial.
¿Dónde puede pedir ayuda una persona trans o no binaria en España? En Madrid, el Programa de Información y Atención LGTBI (91 701 07 88) y la Línea Arcoíris de la FELGTBI+ (91 360 46 05). En una crisis, el 024 atiende a todas horas; en peligro inmediato, el 112. Fuera de España, el número de emergencias local.