
Por Mike Sain't Louis ·
Explicarse, defenderse, fingir: los tres verbos que no existen en GAYFOLK
Hay planetas que se describen por lo que tienen. Anillos, lunas, tormentas de metano, volcanes del tamaño de Aragón. GAYFOLK se describe por lo que le falta.
Lo escribí así en el texto de la canción que le da título al segundo disco: «Hay días en los que uno desearía poder escapar a otro planeta… uno donde no hiciera falta explicarse, defenderse ni fingir».
Tres verbos. Explicarse. Defenderse. Fingir. En GAYFOLK no se conjugan. El texto completo está en la página de la canción en Letras.
Cualquier marica de mi generación, y de la de antes, y me temo que de la de ahora, se sabe esos tres verbos de memoria. Los aprende antes que las tablas de multiplicar. Los conjuga en el patio del colegio, en la mesa de Nochebuena, en la oficina, en el bar del pueblo en agosto. Son verbos tan cotidianos que ni se notan. Hasta que te imaginas un sitio donde no hagan falta.
Este post va de esos tres verbos. En la ficha de la canción está el resumen. Aquí los cojo uno por uno, porque son la definición más exacta que tengo de lo que es el planeta.
Un planeta definido por la resta
Cuando uno se inventa un mundo, lo normal es llenarlo. Las novelas de fantasía tienen mapas, idiomas, genealogías de reyes, nombres impronunciables para las ciudades. Tolkien se inventó lenguas enteras. George Lucas, especies con sus costumbres y sus bares.
Yo hice lo contrario. Para inventar GAYFOLK no añadí: quité.
No es que el planeta no tenga cosas. Las tiene, y en la página de Planeta Gayfolk está contado su universo, con sus discos y sus colores. Pero lo que lo define, lo que lo hace distinto de la Tierra, no es lo que hay. Es lo que no hay.
Creo que es la única forma honesta de imaginar un sitio mejor. Si me pongo a describir un paraíso con fuentes de champán y chicos en tanga sirviendo croquetas, me sale un anuncio de crucero gay, y de cruceros ya escribí lo que pienso en «Croquetas en el crucero»: que hay sardinas en el minibar. El paraíso lleno de cosas es una fantasía de catálogo. El paraíso por resta es más modesto y más verdadero. No te pido que haya más. Te pido que haya menos de lo que duele.
Primer verbo: explicarse
Explicarse es el verbo más cansado de los tres.
Se explica uno cuando sale del armario, que es una explicación larguísima que no termina nunca, porque cada persona nueva que conoces necesita su capítulo. Se explica uno cuando dice que no, que no tiene novia, que no, que no es que no haya encontrado a la chica adecuada. Se explica cuando le preguntan quién hace de hombre y quién de mujer, pregunta que sigue apareciendo en cenas de 2026, entre el cordero y los turrones.
Y se explica también, en mi caso, cuando dice que hace música con inteligencia artificial. Eso es otra explicación que no termina nunca, y le dediqué un post entero a lo que me preguntan cuando digo que hago música con IA. Soy un hombre con dos armarios: el de marica y el de la IA. De los dos he salido. Y en los dos me siguen pidiendo explicaciones en la puerta.
Lo agotador de explicarse no es la explicación en sí. Es que la explicación se da por supuesta. Nadie le pide a un heterosexual que explique por qué le gustan las mujeres. Nadie le pide a un guitarrista que explique por qué usa guitarra. La explicación solo se le exige al raro.
En GAYFOLK no hay que explicar nada. Llegas, y ya está. Nadie te pregunta. Nadie necesita entenderte para dejarte estar.
Segundo verbo: defenderse
Defenderse viene después de explicarse, cuando la explicación no ha funcionado.

Hay una defensa física, la de toda la vida. La de cruzar de acera. La de soltar la mano de tu chico al pasar por delante de un grupo de chavales con la cerveza en la mano. La de mirar alrededor antes de dar un beso en el metro. Esa defensa la lleva uno puesta como el reloj, sin darse cuenta de que la lleva. Hay una canción mía, «La despedida», con una línea en mayúsculas que lo dice mejor que yo: «CAMELA, LA PRIMERA VEZ QUE FUI YO SOLO CON MIEDO A CHUECA PENSANDO QUE ME IBAN A PEGAR».
Con miedo a Chueca. Al único sitio que se supone que era seguro.
Y hay una defensa verbal, más fina, la de tener siempre preparada la respuesta. Para el chiste de la oficina. Para el comentario del cuñado. Para el «yo no tengo nada en contra, pero». Para el «a mí me da igual lo que hagáis en vuestra casa». Uno vive con la réplica cargada, como quien lleva un paraguas aunque haga sol, por si acaso.
En mis canciones me defiendo mucho. Me defiendo atacando, que es lo que mejor se me da: con insulto creativo, con nombre propio, con «¡Patán!». Pero la defensa cansa, aunque sea divertida. En GAYFOLK no hace falta. Nadie ataca. Las réplicas se quedan en el bolsillo, y al final del día te das cuenta de que no has usado ninguna.
Ni una. El paraguas, seco.
Tercer verbo: fingir
El tercer verbo es el más triste.
Explicarse y defenderse son cosas que haces de cara al otro. Fingir es algo que te haces a ti mismo. Fingir que no te ha dolido el chiste. Fingir que te da igual no poder llevar a tu pareja a la boda de tu prima. Fingir que te gusta el fútbol en la comida de empresa. Fingir que eres solo un buen amigo de ese chico con el que llevas cinco años.
En el texto de la canción la frase siguiente lo remata: «donde los raros no tuviéramos que pedir perdón por serlo». Fingir es la forma más silenciosa de pedir perdón. Es una disculpa que no se dice, que se lleva puesta. Cada vez que finges, estás diciendo: perdón por ser así, ya me corrijo, ya me escondo un poco.
Y lo peor de fingir es que funciona. Se aprende tan bien que al final uno no sabe dónde termina el disfraz. Hay gente que ha fingido tanto tiempo que, cuando por fin puede dejar de hacerlo, no sabe cómo era su cara de verdad. Para ellos escribí, en otro momento, una carta a quien todavía no se lo ha dicho a nadie. No para decirles que salgan ya, que eso no me corresponde. Para decirles que no están solos fingiendo.
En GAYFOLK no se finge. Por eso es un planeta tan raro: todo el mundo va con su cara.
«Los raros»
Vuelvo a esa palabra, porque la elegí con cuidado. «Los raros no tuviéramos que pedir perdón por serlo.»
No escribí «los gays», ni «el colectivo», ni «las personas LGTBI». Escribí «los raros». Y en primera persona del plural: «tuviéramos». Me meto dentro.
«Raro» es la palabra que me dijeron de pequeño antes que «maricón». Es la palabra previa. La que usa la gente cuando todavía no sabe exactamente qué te pasa, pero sabe que algo te pasa. «Este niño es un poco raro.» Muchos de nosotros fuimos raros antes que cualquier otra cosa.
Además «raro» deja entrar a más gente. En GAYFOLK caben los maricas, claro, pero también la vecina que habla sola, el chaval que se pinta las uñas y luego dice que es hetero, la señora de setenta que se ha comprado una moto, el que llora con los realities, el que escribe canciones con IA. Raros todos. Es un planeta sin aduana.
El impersonal del título
«Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK.»

El título no dice «ojalá pudiera». Dice «ojalá se pudiera». Con «se». Impersonal.
Es una diferencia pequeña y me parece importantísima. «Ojalá pudiera viajar» sería un deseo mío, privado, de un señor de Madrid que quiere irse. «Ojalá se pudiera» es un deseo para cualquiera. Es como decir: ojalá existiera ese billete, ojalá hubiera una línea de autobús, ojalá el Alsa tuviera una parada en GAYFOLK.
El impersonal convierte la canción en algo que cualquiera puede decir. No es mi planeta. Es un planeta que debería estar disponible.
Luego está el verbo. «Viajar», no «mudarse». No digo «ojalá se pudiera vivir en GAYFOLK». Digo viajar. Ir y, se supone, volver. Me di cuenta después de escribirlo y lo dejé así a propósito, porque creo que es lo más realista del título. Nadie se puede ir a vivir a un planeta imaginario. Pero sí se puede ir de visita: tres minutos de canción, una tarde con los amigos, una noche en la que nadie te pide explicaciones. Y luego volver a la Tierra con la maleta llena de algo. Ida y vuelta, como las excursiones del Imserso, pero sin bingo. Bueno, con bingo si quieres. En GAYFOLK nadie te va a juzgar por el bingo.
Y el «ojalá», claro. La palabra que viene del árabe y que significa, más o menos, «quiera Dios». La usamos todos los días sin pensar que es una oración. Ojalá llueva. Ojalá me toque la Primitiva. Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK. Es la oración de los que no rezan.
Los tres verbos, repartidos por el catálogo
Cuando releo mis letras, veo que los tres verbos andan sueltos por todo el catálogo. GAYFOLK es el sitio donde no existen, pero en la Tierra, que es donde se escriben las canciones, aparecen a cada rato.
Explicarse está en todas las canciones donde contesto a quien me dice que lo mío no vale. En «Discutiendo con la IA» la explicación se acaba con un «hazlo tú, maricón», que es la forma más rápida que conozco de terminar una explicación. En «Tus letras son basura» el título ya es la frase del otro, la que obliga a explicarse, puesta en la portada para que se vea lo absurda que es.
Defenderse está en las de la ropa y el dinero. En «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!» hay un verso que me hace mucha gracia: «Los he comprado en SHEIN». Es una defensa al revés. En vez de defender la marca, la rebajo yo antes de que lo haga nadie. Es la defensa del que ya se sabe el ataque de memoria y se adelanta.
Y fingir está en dos textos que, puestos uno al lado del otro, me dan un poco de miedo. En la página de «Ya no te quiero» escribí que esa frase «es esa mentira que uno se repite para no romperse del todo». Fingir hacia dentro. Y en «Hetero» hay una pregunta que sigue siendo la más dura que me he hecho en una canción: «¿sería más fácil ser hetero o simplemente más fácil no ser yo?».
Más fácil no ser yo. Eso es fingir llevado al extremo. Querer que tu propia cara sea otra.
GAYFOLK es el planeta donde esa pregunta no tiene sentido. Donde ser uno mismo no es lo difícil. Si alguien me pregunta qué es el planeta en una frase, ya tengo la respuesta: el sitio donde nadie se pregunta si sería más fácil no ser él.
Para el que llega nuevo
Pienso también en quien escucha esta canción con quince o dieciséis años. En un pueblo de Teruel, en un barrio de Getafe, en una urbanización de Marbella, me da igual. Alguien que está empezando a conjugar los tres verbos y todavía no sabe que tienen nombre.

A esa persona no le voy a decir que GAYFOLK existe, porque no existe, y mentirle a un chaval de quince años me parece lo peor que se puede hacer. Le diría otra cosa. Que los tres verbos no son obligatorios para siempre. Que se aprenden, sí, pero que también se desaprenden. Que hay días, y luego semanas, y luego años, en los que se usan menos. Y que hay mucha gente que escribe canciones, hace vídeos o simplemente vive para que se usen todavía menos.
Las canciones de una comunidad funcionan como un diario compartido, lo conté en las canciones como diario de una comunidad. Esta es una página de ese diario. La que dice: un día, ojalá, no habrá que explicar nada.
Escapar no es huir
Hay quien me ha dicho que la canción es escapista. Que imaginar otro planeta es una forma de no enfrentarse a este.
No estoy de acuerdo, y me lo he pensado.
El texto dice «escapar», sí. Pero el planeta no es un sitio donde esconderse. Es una medida. Es la forma de saber cuánto falta aquí. Si en GAYFOLK no hay que explicarse, cada vez que en la Tierra te toca explicarte sabes que eso no debería ser así. El planeta imaginario sirve de regla para medir el real.
Los utópicos de toda la vida hacían lo mismo. Tomás Moro se inventó una isla, Utopía, y la usó para hablar de la Inglaterra de su tiempo. No quería irse a la isla. Quería que se viera lo que le faltaba a Inglaterra.
Yo no soy Tomás Moro, ni lo pretendo, que bastante tengo con lo mío. Pero el truco es el mismo. GAYFOLK es una isla que sirve para mirar Madrid.
Mi refugio y mi venganza
En el mismo texto de la canción hay una enumeración que me gusta mucho, porque mezcla cosas que no pegan: «Mi universo musical. Mi refugio. Mi venganza poética y mi salvación emocional».
Refugio y venganza. Juntas. Parecen opuestas: el refugio es para esconderse, la venganza es para salir a buscar a alguien. Pero en mi catálogo van de la mano.
El refugio es el planeta en sí, el sitio sin los tres verbos. La venganza es lo que hago desde el planeta: canciones con nombre y apellidos, burlas con el ex, cartas de recomendación para la siguiente víctima. Desde un sitio seguro se ataca mejor. Es la lógica de cualquier castillo.
Y la «salvación emocional» no la digo por decir. Hay una canción que se titula «La música me está salvando», y no es metáfora. Sin el planeta, sin las canciones, sin publicar una detrás de otra, no sé qué habría hecho con todo lo que cuentan las letras. Lo dejo ahí. No necesita más.
El segundo disco lleva su nombre
La canción da título al segundo disco de la trilogía. Y eso no es casualidad.

El primero, «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», anuncia que el planeta existe, como una noticia. El segundo, «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK», es el de las ganas de llegar. El tercero, «El día de la liberación», es el de llegar por fin.
Si quieres escucharlos en orden, hay una guía para eso: cómo escuchar la trilogía GAYFOLK de principio a fin. Y si quieres entender por qué el segundo está escrito en modo deseo, lo conté en «Ojalá», el segundo disco, y la gramática de las ganas. Aquí solo añado una cosa: que la canción que le da título no tiene ni un chiste. En un disco donde está «Croquetas en el crucero», «Tan cateto» o «Me he tomado una pastilla gay», la canción titular es la más seria.
Supongo que porque el deseo, en el fondo, nunca hace gracia. Se puede uno reír de todo, menos de lo que de verdad quiere.
Lo que no he querido poner en el planeta
Hay cosas que me piden y que no meto en GAYFOLK.
No hay una bandera oficial. Hay colores, claro, y una identidad visual que dirijo yo, pero no un himno, ni una constitución, ni un presidente. En la canción de «Vota Malena Gracia» hay unas elecciones galácticas, sí, pero son para evitar que Donald Trump y Elon Musk compren el planeta, que es otra cosa. Son elecciones de broma contra compradores de verdad.
No hay requisitos de entrada. No hace falta ser gay, ni joven, ni guapo, ni estar a dieta, ni tener abdominales. En la Tierra el ambiente gay tiene sus propias aduanas, y a veces son peores que las de fuera. Las aplicaciones de ligar están llenas de «no gordos, no afeminados, no mayores de cuarenta». En GAYFOLK eso no existe. Si hubiera un portero, sería el primero en irse.
Y no hay ninguna obligación de ser feliz. Eso es importante. Un planeta sin explicarse, sin defenderse y sin fingir no es un planeta donde todo el mundo sonríe. Se puede estar triste en GAYFOLK. Se puede llorar con «La Playa del Mal Pas». Lo único que no hace falta es fingir que no lloras.
El orgullo de los días normales
Pienso mucho en GAYFOLK los martes. No los días de Orgullo, con sus carrozas en Recoletos y sus marcas de cerveza haciendo de aliadas durante una semana. Los martes de noviembre, cuando nadie se acuerda de nada y hay que seguir explicándose en el trabajo.
Lo escribí en el orgullo de un martes de noviembre. El orgullo de verdad no es el de julio. Es el de un día cualquiera en el que, por lo que sea, no te toca fingir.
Esos días son pequeñas visitas a GAYFOLK. Duran un rato. Una cena con amigos donde nadie pregunta. Un vagón de metro donde nadie mira. Una tarde en casa de tu madre en la que, por fin, tu pareja es tu pareja y no tu compañero de piso.
Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK. A veces, un rato, se puede. Y cuando se puede, hay que apuntarse la fecha, como quien apunta un cumpleaños.
Cómo llegar
Lo más parecido a un billete que tengo son las propias canciones. Las regalo, literalmente: en la página de descargas se pueden bajar gratis. Y conté por qué en por qué regalo mis discos. No es generosidad, o no solo. Es que un planeta con peaje dejaría de ser GAYFOLK.
Si una canción es una nave, que la nave sea gratis. Sin tarjeta de embarque, sin facturar maleta, sin el suplemento por elegir asiento que te cobran las aerolíneas de bajo coste. Te subes y punto.
Preguntas frecuentes
¿Qué es GAYFOLK? Es el planeta imaginario que da nombre a la trilogía de Planeta Gayfolk, el proyecto de Mike Sain't Louis. En el texto de esta canción se define como un lugar «donde no hiciera falta explicarse, defenderse ni fingir».
¿En qué disco está «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK»? Es la canción que da título al segundo disco de la trilogía, «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK».
¿Quién son «los raros» de los que habla? Todos los que han tenido que pedir perdón por ser como son. El texto usa la primera persona del plural, así que Mike se incluye.
¿La canción es escapista? Mike Sain't Louis piensa que no: el planeta imaginario sirve de medida para ver lo que falta en el mundo real, no de escondite.
¿Quién escribe las canciones de Planeta Gayfolk? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor de Madrid. La música y las voces se producen con inteligencia artificial como herramienta.