
Por Mike Sain't Louis ·
«Ojalá»: el segundo disco de GAYFOLK y la gramática de las ganas
El segundo disco de la trilogía se llama «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK». Cuando lo escribí por primera vez en un papel me di cuenta de que era una frase entera, con su verbo y todo, y de que estaba en subjuntivo. Me hizo gracia. Un disco en subjuntivo.
Para quien no se acuerde del colegio: el subjuntivo es el modo verbal de lo que no ha pasado. De lo que se desea, se teme o se imagina. «Ojalá venga», «ojalá llueva», «ojalá me llame». El español tiene ese modo entero para hablar de lo que todavía no es. A mí me parece uno de los grandes inventos de la lengua, y quería que el disco del medio viviera dentro de él.
La palabra más honesta del idioma
«Ojalá» es una palabra rara. No es un verbo, no es un nombre, no es casi nada. Es un suspiro con letras. Y es la palabra que usas cuando sabes que lo que pides no depende de ti.
Hay palabras que prometen y palabras que piden. «Ojalá» no promete nada. Tampoco exige. Se queda en un sitio intermedio muy humilde, el de quien dice lo que quiere sin hacerse ilusiones de conseguirlo mañana. Me gusta que una palabra tan corta cargue con tanto. Y me gusta que en Latinoamérica y en España se use igual, con la misma cara de resignación esperanzada, porque este disco lo pensé para los dos lados del océano.
Eso es justo el centro del segundo acto. En el primero alguien se entera de que existe un planeta donde puede ser quien es. En el segundo ya no basta con saberlo. Quiere ir. Y no puede, o no todavía. Las razones dan igual. Puede ser la familia, el pueblo, el trabajo, el miedo, el dinero. Cada oyente pone las suyas. Lo que importa es la distancia entre saber que existe y estar allí.
Fíjate también en el «se pudiera». Es impersonal. No dice «ojalá yo pudiera». Dice «ojalá se pudiera», como si el problema no fuera de una sola persona sino de todo el mundo. Esa elección no fue casual. Las ganas de llegar a un sitio así no son un capricho individual. Son de mucha gente a la vez.
El disco que más me cuesta
No voy a repetir aquí lo que ya he contado en otro texto, que es el disco que peor llevo escuchar. Prefiero intentar explicar por qué existe, que es distinto.
La historia se podría haber contado en dos discos: el descubrimiento y la liberación. Encontrar el sitio y llegar. Habría quedado más redondo y más fácil de vender. Pero habría sido una mentira de las gordas. Entre saber y llegar casi siempre hay una temporada larga, y esa temporada es donde pasa la mayor parte de la vida de muchas personas. Saltársela era como hacer una película romántica que va directamente de que se conocen a la boda.
La espera merecía un disco propio. Aunque fuera el más incómodo.
Desear con humor
Aquí aparece una duda que tuve durante todo el proceso. ¿Se puede hablar de la espera con humor sin quitarle peso?
Yo no sé escribir sin humor. Lo he intentado y me sale un texto de pésame. Pero el deseo sin cumplir es un terreno delicado: si haces demasiadas bromas, parece que no te importa; si no haces ninguna, el disco se vuelve una hora de suspiros. Busqué un punto intermedio, que es el que conozco de la vida real. Cuando esperas algo mucho tiempo acabas haciendo chistes sobre ello, porque si no, no hay quien lo aguante. Los chistes no quitan las ganas. Las hacen soportables.
La copla me ayudó mucho aquí. Es un género que sabe quejarse con estilo, que convierte la pena en espectáculo sin dejar de tomársela en serio. Y que entiende algo que a veces se nos olvida: desear en voz alta ya es una manera de existir. Quien dice «ojalá» delante de otros ya no está escondido del todo.
Hay una idea que me ronda desde que terminé el disco y no sé si es buena o es una manera de consolarme.
Creo que la espera también es un sitio. Uno donde se vive, a veces durante años. Donde se hacen amigos, se tienen novios, se escriben canciones. No es solo el pasillo hacia otra cosa. Mucha gente que está en el segundo acto se siente en tierra de nadie, como si su vida empezara de verdad más adelante. Y yo quería decirle, sin sermón, que esa vida ya está empezada. Que el subjuntivo también es un tiempo verbal que se conjuga.
Luego pienso que eso es demasiado bonito y que la espera muchas veces es simplemente un rollo. Las dos cosas son verdad. El disco intenta no elegir.
Cómo encaja con los otros dos
Si el primer disco es una noticia y el tercero es una fecha en el calendario, el segundo es un estado de ánimo sin fecha. No tiene principio claro ni final claro. Por eso tiene sentido escucharlo justo después del primero y justo antes del tercero, sin cambiar de orden. Fuera de esa posición pierde parte de lo que dice, como una frase que empieza con «ojalá» y a la que le quitas el resto.
Supongo que habrá quien se salte este disco para ir directos a la fiesta. Es su derecho. Pero creo que la fiesta les sabe a menos.
La trilogía entera se descarga gratis y sin registro en mikesaintlouis.com/descargas y en gayfolkplanet.com. Si solo vas a escuchar uno de los tres con atención, te diría que fuera este. Aunque luego me arrepentiría de decirlo.
Todo lo demás está en mikesaintlouis.com.