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Carta a quien todavía no se lo ha dicho a nadie

Te escribo a ti. No sé tu nombre ni desde dónde lees esto. Puede que sea Madrid, que es donde vivo yo, o Bogotá, o un pueblo donde todo el mundo sabe a qué hora sales de casa y con quién. Da igual. Te escribo porque hay algo que todavía no le has dicho a nadie, y es a quién quieres.

No vengo a decirte que lo cuentes. Ese es tu tiempo y tu decisión, y nadie que no viva tu vida tiene derecho a meterte prisa. Hay quien lo dice a los quince y hay quien lo dice a los sesenta. Hay quien elige no decirlo nunca en voz alta y vive igual de entero. No existe una cola en la que vayas tarde.

Lo que quiero contarte es otra cosa. Es por qué hago canciones, y por qué creo que pueden hacerte compañía mientras tanto.

Lo que hace una canción cuando nadie mira

Una canción tiene una ventaja sobre casi todo lo demás: te la puedes poner con auriculares y nadie sabe qué estás escuchando. Puedes escuchar una canción sobre un exnovio sin haber tenido nunca novio. Puedes escuchar una sobre el orgullo un día en que no sientes ninguno. La canción no te pide credenciales. No te pregunta si ya has salido, ni si estás seguro, ni si lo tienes claro. Te deja estar.

Eso, que parece poco, a veces es lo único que necesitas. Un rato en el que alguien, aunque sea una voz en unos auriculares, habla de algo que tú también sientes y lo trata como normal. Como algo de lo que se puede hablar en voz alta, incluso con gracia.

Por eso escribo como escribo. En PLANETA GAYFOLK hay canciones sobre el amor entre hombres, sobre los ex, sobre quererse un poco más y sobre la vida de cada día. Y casi todas tienen humor. Alguien podría preguntarme por qué tanto humor si los temas pueden ser serios. Mi respuesta es que la risa también acompaña. Hay días en que una canción triste te hunde un poco más, y en cambio una que se llama «La vecina cotilla» te saca una sonrisa en el autobús. Esa sonrisa es tuya. Nadie te la puede quitar, aunque no sepan de dónde viene.

Un planeta donde caben todos

Cuando le puse nombre a PLANETA GAYFOLK pensé en un sitio. Un estilo de música también, pero sobre todo un lugar. Un planeta al que se puede llegar y donde no hay que dar explicaciones en la aduana. Ahí cabe el que lo tiene clarísimo y el que todavía no sabe cómo llamarse. Cabe el que va de purpurina y el que va de chándal. Cabe quien vive en una gran ciudad y quien vive donde la palabra «gay» todavía se dice bajito.

Esa idea está contada en tres discos. El primero se llama «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», y va de eso: del momento en que te enteras de que existe un lugar donde puedes ser quien eres. El segundo, «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK», es el de las ganas. El de mirar ese sitio desde lejos y querer estar allí. Y el tercero, «El día de la liberación», es el de llegar.

Te lo cuento porque a lo mejor tú estás en el segundo disco. Sabes que el planeta existe, pero todavía no has llegado, o no del todo. Quiero que sepas que ese disco también es tuyo. Estar en las ganas forma parte de la historia, y no es una parte menor ni una sala de espera. Hay mucha vida ahí. Hay amores que se viven a medias y que cuentan igual. Hay canciones para ese momento.

Y si estás todavía en el primero, en el de enterarte de que el planeta existe, también vale. Nadie empieza por el tercero. Tampoco hay una fecha en la que tengas que llegar: cada uno va a su ritmo, y el planeta no lleva la cuenta de nadie.

Lo que yo no sé

Voy a ser honesto contigo: no conozco tu situación. No sé si tu familia lo entendería, si tu barrio es amable o si tu trabajo es un sitio seguro. Desde fuera es muy fácil decir «sé tú mismo», como si fuera tan sencillo como cambiarse de camiseta. No lo es. A veces callar es lo que te protege, y eso no te hace menos valiente ni menos nada.

También te digo otra cosa, por si sirve. Lo que sientes no necesita el permiso de nadie para ser verdad. Puede que todavía no lo sepa nadie más y aun así es tan real como cualquier historia de amor que salga en una película. No se vuelve real el día que lo cuentas. Ya lo es.

Lo que sí sé es que las canciones llegan a sitios donde las personas todavía no pueden llegar. Una letra puede entrar en un cuarto donde no entra nadie más. Y si una de las mías consigue que durante tres minutos te sientas menos solo, o con ganas de bailar en calcetines, ya ha hecho su trabajo. No le pido más.

La trilogía se descarga gratis y sin registro en mikesaintlouis.com/descargas. No tienes que dar tu correo ni tu nombre. Me gusta que sea así, porque sé que hay gente que no quiere dejar rastro de lo que escucha, y está en su derecho. Te la bajas, te la pones y nadie se entera.

Y si un día decides contárselo a alguien, o decides no hacerlo, el planeta va a seguir ahí. No cierra. No tiene horario ni lista de invitados. Hay sitio, y el tuyo está guardado.

Un abrazo desde Madrid,

Mike Sain't Louis

mikesaintlouis.com

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