
Por Mike Sain't Louis ·
El orgullo de un martes de noviembre
El 1 de julio pasa algo curioso. Las marcas que en junio habían pintado su logo con los colores del arcoíris vuelven a su color de siempre, casi a la vez, como si alguien hubiera dado una orden. Las banderas desaparecen de los escaparates. Los anuncios cambian. Y la gente LGTB sigue exactamente igual que el día anterior, con su vida, sus novios, sus exnovios y sus vecinas.
No me quejo de junio. Me encanta junio. Las calles llenas, la fiesta, la sensación de que por unos días la ciudad entera está de tu parte. Pero cada año me hace pensar en lo mismo: el orgullo, si solo dura un mes, se parece demasiado a una campaña de rebajas.
El orgullo que no sale en las fotos
Hay un orgullo que no tiene carroza ni fecha. Es el del chico que le da la mano a su novio en el metro un martes de noviembre, a las ocho de la mañana, con cara de sueño. El de la pareja de señoras que se presenta como pareja en la reunión del colegio. El del que corrige a un compañero de trabajo cuando hace un chiste de mal gusto, aunque le tiemble un poco la voz.
Ese orgullo no sale en las fotos de los periódicos. No tiene música de fondo, ni aplausos, ni nadie que te dé una pulsera. Y es el que más cuesta. En junio, salir a la calle con una bandera es fácil, porque hay miles de personas haciendo lo mismo. En noviembre estás solo.
Me interesa mucho más escribir sobre ese segundo orgullo. Entre los temas de PLANETA GAYFOLK está el orgullo, pero casi nunca en su versión de desfile. Está mezclado con el amor gay, con los exnovios, con la autoestima y con la vida de cada día. Que es donde vive de verdad la mayor parte del tiempo.
La autoestima como trabajo diario
Creo que el orgullo, a nivel personal, se parece más a un hábito que a una fiesta. Se trabaja. Hay días en que te sale solo y días en que tienes que fingirlo un poco hasta que se vuelve real. Hay días en que te ves en el espejo y te gustas, y otros en que preferirías ser otra persona.
Por eso me parece importante que existan canciones para todos esos días, no solo para los de celebración. Una canción como «No quiero otro novio cojín», por el título, ya sugiere a alguien que ha decidido que merece algo mejor. Eso es orgullo, aunque no tenga ni una bandera. Saber lo que no quieres en una relación es una forma de quererse.
Canciones sin temporada
En unos dos años he publicado 273 singles y más de 280 videoclips. Para mí, ninguna de esas canciones tiene temporada. No escribo pensando en junio ni guardo las letras para cuando lleguen las banderas.
Tiene algo de declaración. Si mi música habla de la vida queer de cada día, no tiene sentido que solo aparezca cuando la vida queer está de moda. La gente no deja de enamorarse, de discutir con su ex o de tener una vecina cotilla en octubre. Las canciones tampoco deberían dejar de llegar.
Con la trilogía GAYFOLK pasa algo parecido. El tercer disco se llama «El día de la liberación», y es verdad que ese título suena a una fecha concreta. A un día marcado en rojo en el calendario. Pero la historia que cuentan los tres discos, del descubrimiento de un lugar donde uno puede ser quien es a las ganas de llegar y, por fin, a la liberación, no sucede en un mes. Sucede a lo largo de años, a veces de toda una vida. Y la liberación, cuando llega, no termina el 30 de junio. Hay que seguir viviéndola el resto del año, con todo lo que tiene de bonito y de cansado.
Una duda sobre junio
Ahora, una contradicción honesta. Aunque critico el orgullo de un solo mes, entiendo perfectamente para qué sirve. Para mucha gente, junio es el único momento del año en que se atreve a salir, a ir a una fiesta, a ponerse una camiseta que el resto del año no se pondría. Ese mes funciona como permiso. Y para alguien que vive en un sitio donde no puede ser quien es, un mes de permiso es muchísimo.
Así que no quiero quitarle importancia a junio. Lo que me gustaría es que junio fuera el comienzo, no el todo. Que el chico que se pone la camiseta en junio pueda ponérsela también en septiembre, aunque sea debajo de una chaqueta. Que la marca que se pinta de colores en junio contrate a gente LGTB en enero. Que el orgullo de la calle se convierta en orgullo de casa.
Hay algo que me gusta pensar sobre el orgullo cotidiano. No necesita valentía heroica. Necesita constancia, que es menos espectacular y más difícil. Ir a comprar el pan con el novio. Poner su foto en la mesa del trabajo. Decir «mi marido» en la consulta del médico sin bajar la voz. Ninguna de esas cosas sale en un telediario. Todas juntas cambian un país, aunque nadie lo note mientras está pasando.
Las canciones pueden acompañar eso. No sustituyen a nada, pero hacen compañía. Una canción con humor, escuchada un martes cualquiera de camino al trabajo, puede ser la pequeña dosis de orgullo que alguien necesitaba para llegar entero a la noche.
Los tres discos de la trilogía se descargan gratis, sin registro, en mikesaintlouis.com/descargas, cualquier mes del año.