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Lo que me preguntan cuando digo que hago música con IA

Me presento como el primer cantautor IA. Es una etiqueta que elegí yo, sabiendo que iba a provocar preguntas. Algunas llegan con curiosidad y otras con el cuchillo entre los dientes. Me parece bien. Son preguntas razonables y prefiero contestarlas aquí, con calma, que en un comentario de diez palabras.

Un aviso antes de empezar: no voy a explicar cómo hago una canción paso a paso. Eso ya lo he contado en otro sitio. Aquí van las objeciones, y lo que pienso de ellas, incluidas las partes en las que no estoy seguro.

¿Eso es música de verdad?

Depende de lo que entiendas por «de verdad», y no lo digo para escaquearme.

Si para ti la música de verdad exige que alguien toque un instrumento delante de un micrófono, entonces lo mío no lo es, y no voy a convencerte. Es una definición respetable. También dejaría fuera mucha música electrónica, mucho pop de estudio y casi todo lo que se ha hecho con samples.

Si para ti la música de verdad es la que te hace algo cuando la escuchas, entonces la pregunta no se contesta en abstracto. Se contesta poniéndote una canción. Puede que no te diga nada. Pero si te dice algo, ese algo es real, aunque la herramienta sea nueva.

Lo que me hace gracia es que la pregunta casi nunca llega después de escuchar. Llega antes. Y una pregunta sobre música que se hace antes de oírla suele ser una pregunta sobre otra cosa.

¿Quién es el autor?

Las letras son mías. Todas. Eso no lo discuto con nadie, porque las escribo yo con mis manos y mis manías.

La música es otro asunto y aquí sí quiero ser preciso. La produzco con herramientas de inteligencia artificial, concretamente Suno, que yo dirijo. La máquina genera, yo decido. Descarto mucho más de lo que acepto. Elijo qué se queda, qué se repite, qué se tira. Ese criterio es mío, igual que es mío el de un director de cine que no ha construido la cámara.

¿Eso me hace autor de la música en el mismo sentido en que lo es alguien que la compone nota a nota? Sinceramente, no del todo. Me hace autor de otra manera: de la dirección, de la elección, del resultado final. Me parece honesto decirlo así. Por eso firmo como productor, escritor, compositor y director artístico, y no como intérprete. Yo no canto. Nunca lo he dicho.

¿No es hacer trampa?

Esta es la que más me gusta, porque esconde una idea muy concreta de lo que es el mérito.

Hacer trampa sería engañar a alguien sobre cómo está hecho lo que le doy. Si yo dijera que soy un cantante con una voz preciosa y estuviera usando una máquina a escondidas, eso sería trampa. Pero lo digo en la primera línea. Está en mi etiqueta. No hay truco escondido porque no hay nada escondido.

Otra cosa es que alguien piense que el mérito está en el esfuerzo físico, en los años de conservatorio, en las ampollas en los dedos. Lo respeto mucho. Pero el mérito de una canción para quien la escucha casi nunca está ahí. Nadie disfruta más de un bolero porque sepa cuántas horas ensayó el guitarrista.

Dicho esto, tengo una incomodidad que no quiero tapar. Me preocupa lo que estas herramientas significan para músicos que viven de su oficio. No tengo una respuesta limpia a eso. Solo sé que esconder lo que uso sería peor.

¿Qué haces tú entonces?

Casi todo lo que no suena.

Escribo las letras, que es donde están las ideas: el amor gay, los exnovios, el orgullo, la autoestima, la vida de cada día. Pienso los títulos, que en mi caso son media canción. Un título como «Mitad Venezuela, mitad Pakistán» o «Mi novio de Albacete» ya pone el tono antes de que suene nada.

Decido qué se publica y qué no. Dirijo los videoclips, que pasan de 280, y los cientos de vídeos cortos. Llevo mi propio sello, MIKE SAIN'T LOUIS. Y organizo todo eso en algo que tenga sentido, como la trilogía GAYFOLK, que está pensada como una historia en tres actos y no como un montón de canciones sueltas.

Si quieres una respuesta corta: yo pongo el criterio. La máquina pone posibilidades. Sin criterio, las posibilidades son ruido.

¿Y si un día la IA lo hace todo?

Puede pasar. No voy a fingir que no.

Ya hoy cualquiera puede pedirle a una herramienta una canción sobre cualquier tema y obtener algo aceptable. Lo que no puede pedirle es que tenga algo que decir. Eso todavía lo pone alguien. Y lo que me interesa a mí no es que una canción exista, sino que diga una cosa concreta de una manera concreta, con mi humor y mis obsesiones.

Mi duda honesta es si eso seguirá importando. Si la gente se acostumbra a canciones hechas a medida por nadie, a lo mejor la firma deja de tener valor. No lo sé. Puede que sí. Puede que pase lo contrario y que, rodeados de canciones sin nadie detrás, volvamos a buscar a alguien.

Yo apuesto por lo segundo, pero apuesto, no sé.

Una última cosa

En unos dos años he publicado 273 singles. Ese número a veces se usa contra mí: «claro, con IA cualquiera saca tantas». Puede ser. Pero sacarlas no es lo difícil. Lo difícil es escribir 273 letras que digan algo y decidir 273 veces que esa versión, y no otra, es la buena. Si te pica la curiosidad, escucha una y juzga después. Esa es la única respuesta que vale de verdad.

Las canciones, con sus letras, están en mikesaintlouis.com.

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