
Por Mike Sain't Louis ·
Te pongo a prueba: celos, control del móvil y violencia en parejas del mismo sexo
«Y aun así te pongo a prueba usando BlueStacks.»
Es uno de los versos que más se repiten en «El señor Garrison», una canción de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer disco de la trilogía GAYFOLK. (La letra completa está publicada en gayfolkplanet.com.) BlueStacks es un programa que permite abrir aplicaciones del móvil en un ordenador. El narrador lo usa, según la letra, para poner a prueba a su novio, y yo lo leo como una forma de vigilarlo. Y lo cuenta con una mezcla rara de orgullo técnico y vergüenza: «¿Qué culpa tengo de ser un buen / programador?».
Ya escribí sobre esta canción desde la parte de la comedia y el muñeco en «El ventrílocuo y el detective». Hoy quiero hacer otra cosa: tomarme en serio al detective. Hablar de los celos, de revisar el móvil de la pareja, del control que se disfraza de amor y de la violencia en parejas del mismo sexo, que existe y de la que se habla poco. Lo hago desde una canción en la que quien vigila no es el malo de la película, sino el propio narrador. Eso me parece lo más honesto: el control no siempre lo ejerce otro.
El detective que se odia
La letra no pinta al narrador como un héroe. Se pregunta, literalmente: «¿Acaso es que tal vez soy masoquista? / O es que me gusta ser pesimista». Sabe que lo que hace le hace daño. Sabe que buscar pruebas no le va a dar paz. Y aun así lo hace, una y otra vez, como quien se rasca una herida.
Esa es la trampa de los celos. Prometen tranquilidad: si lo compruebo, me quedaré tranquilo. Pero la comprobación nunca es suficiente. Si no encuentras nada, piensas que no has buscado bien. Si encuentras algo, se confirma el miedo. En los dos casos la relación sale perdiendo.
Hoy te he cazado
En la canción la sospecha se confirma: «Hoy te he cazado, querido novio mío, / preparando una quedada con un tío». No quiero quitarle peso a eso. Que te engañen duele, y la canción no lo trivializa. Pero el verbo me parece revelador: cazar. La relación se ha convertido en una cacería, con presa y cazador.
Cuando una pareja llega a ese punto, el problema ya no es solo la infidelidad. Es que la confianza se ha sustituido por la vigilancia. Y la vigilancia, además de no arreglar nada, puede cruzar líneas que la ley protege.
Lo que dice la ley sobre espiar el móvil
Leer los mensajes de otra persona sin su permiso, entrar en sus cuentas, instalar programas para seguir su ubicación o interceptar sus comunicaciones no es una travesura de pareja. En España puede ser delito de descubrimiento y revelación de secretos. El artículo 197 del Código Penal castiga con prisión de uno a cuatro años y multa de doce a veinticuatro meses a quien, para descubrir los secretos o vulnerar la intimidad de otro sin su consentimiento, se apodere de sus mensajes de correo electrónico o cualesquiera otros documentos, o intercepte sus comunicaciones.
Que sea tu novio, tu marido o tu pareja de hace diez años no cambia eso. Compartir la vida no significa compartir la contraseña. Y que alguien te dé su código del móvil un día no te autoriza a revisarlo cuando quieras.
También existe el delito de acoso del artículo 172 ter, que castiga a quien, de forma insistente y reiterada, vigile, persiga o busque la cercanía de otra persona alterando gravemente su vida cotidiana. Cuando la víctima es o ha sido pareja del acosador, la pena es mayor.
Los programas espía
Hoy hay aplicaciones que se venden abiertamente para «proteger a tus hijos» o «localizar el teléfono» y que se usan para controlar a la pareja. Leen mensajes, muestran la ubicación en tiempo real, activan el micrófono, copian las fotos. A este tipo de programas se les llama stalkerware. Las empresas de ciberseguridad llevan años alertando de ellos, y en 2019 varias organizaciones crearon la Coalition Against Stalkerware para combatirlos.

Si sospechas que alguien te controla el móvil, algunas señales son que tu pareja sabe cosas que no le has contado, que la batería se gasta de forma rara o que aparecen aplicaciones que no reconoces. El 017 del INCIBE, la línea de ayuda en ciberseguridad, puede orientarte sobre cómo revisar el teléfono sin ponerte en peligro. Si la persona que te vigila puede reaccionar con violencia al ver que quitas el programa, conviene pedir ayuda antes de hacerlo.
Los celos no son amor
Las canciones, las películas y las telenovelas nos han enseñado que quien cela, quiere. Que un poco de celos es la sal de la relación. Que si no te cela es que no le importas. Es una de las ideas más dañinas del amor romántico, y no distingue entre parejas heterosexuales y del mismo sexo.
Los celos son una emoción humana; sentirlos no te convierte en un maltratador. Lo que importa es qué haces con ellos. Hablarlos, entender de dónde vienen, aceptar que la otra persona es libre: eso es cuidarse. Revisar su móvil, prohibirle amistades, exigir que te mande su ubicación, montarle escenas cuando vuelve tarde: eso es control. Y el control, cuando se repite, es una forma de violencia.
La violencia que no tiene nombre
En España, la Ley Orgánica 1/2004 de violencia de género protege a las mujeres frente a la violencia de sus parejas o exparejas hombres. La violencia entre dos hombres, entre dos mujeres o en parejas con personas trans o no binarias queda fuera de esa ley específica. Se la suele llamar violencia intragénero.
Eso no significa que no esté castigada. El Código Penal castiga el maltrato, las amenazas, las coacciones y las lesiones en el ámbito de la pareja, también cuando se trata de dos personas del mismo sexo: el artículo 153 y el 173.2, por ejemplo, incluyen a quien «esté o haya estado ligada» a la víctima «por una análoga relación de afectividad». Pero la falta de un nombre propio y de recursos específicos hace que muchas víctimas no se reconozcan como tales, o no sepan a qué puerta llamar.
Lo que dicen los datos
No hay muchas cifras en España. En 2011 la FELGTB publicó uno de los primeros informes estatales sobre violencia intragénero y constató lo que sigue siendo cierto: los recursos específicos eran escasísimos y la mayoría de casos se derivaban a servicios que no estaban pensados para esas situaciones.
En Estados Unidos, la encuesta nacional de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) publicó en 2013 sus datos de 2010 por orientación sexual. El 26 % de los hombres gais y el 37,3 % de los bisexuales había sufrido en algún momento de su vida violación, violencia física o acoso por parte de una pareja, frente al 29 % de los heterosexuales; entre los hombres, las diferencias no eran estadísticamente significativas. Entre las mujeres, las cifras eran del 43,8 % en lesbianas, 61,1 % en bisexuales y 35 % en heterosexuales. La conclusión es sencilla: la violencia en la pareja no es cosa de un solo tipo de pareja.
Por qué cuesta tanto verlo
Hay motivos por los que la violencia en parejas del mismo sexo se ve menos. Uno es el mito de la igualdad: si los dos son hombres, o las dos son mujeres, se supone que hay equilibrio de fuerzas y que lo que pasa son «peleas». Otro es el miedo a dar munición a quienes ya nos atacan: contar que tu novio te maltrata puede parecer una traición al colectivo. Otro, la soledad: muchas personas LGTBI tienen una red pequeña, a veces sin familia de apoyo, y la pareja lo es todo.

Y hay una forma de control que solo existe en nuestras relaciones: la amenaza de sacarte del armario. Decirle a tu familia, a tu jefe o a tu pueblo que eres gay, lesbiana, bi o trans si no haces lo que se te pide. Es chantaje, y es violencia.
Señales de una relación controladora
Estas son algunas señales de alarma, vengan de quien vengan:
- Te revisa el móvil, te pide las contraseñas o se enfada si no se las das.
- Quiere saber dónde estás a todas horas y te exige la ubicación en tiempo real.
- Te prohíbe ver a ciertas amistades o se pone de mal humor cada vez que quedas sin él o sin ella.
- Te hace sentir culpable de sus celos: «si no me dieras motivos…».
- Te insulta, te humilla o se ríe de ti delante de otros.
- Controla tu dinero, tu ropa o lo que publicas.
- Amenaza con hacerse daño o con contar cosas tuyas si le dejas.
- Te da miedo su reacción.
Escribí sobre otra forma de manipulación, la de hacerte dudar de tu propia memoria, en mi canción «Gaslighting». Y en «Dientes, dientes» me pregunté cómo se responde a quien te vigila.
Si el que vigila eres tú
Esta parte la escribo porque la canción me la pide. El narrador de «El señor Garrison» es el que vigila. Y no es un monstruo: es alguien con miedo, con heridas, con la sensación de que va a acabar solo, «casado / ¡Con un muñeco!». Muchas personas que controlan a su pareja no se ven como controladoras. Se ven como víctimas de sus propios celos.
Si te reconoces en el detective, no tienes que cargar con vergüenza para siempre, pero sí tienes que parar. Algunas preguntas que ayudan: ¿qué espero encontrar?, ¿qué haría si lo encuentro?, ¿qué haría si no lo encuentro? Si las respuestas te llevan siempre a más vigilancia, el problema no está en el móvil del otro. Está en una angustia que merece atención profesional. Hablar con un psicólogo sobre los celos no es exagerar; es la forma más rápida de dejar de hacerte daño a ti y a la persona que quieres.
Y he muerto más veces que Kenny
Otro verso de la canción: «Y he muerto más veces que Kenny en South Park». Es un chiste, pero también es la descripción de una relación en la que uno se rompe y se recompone una y otra vez. Kenny muere en cada capítulo y vuelve en el siguiente como si nada. En la vida real no es así. Cada «muerte» deja algo.
Hay relaciones en las que las reconciliaciones son tan intensas como las peleas, y ese vaivén engancha. Después de la escena viene la ternura, las disculpas, la promesa de que no volverá a pasar. Y vuelve a pasar. Muchas personas tardan en salir precisamente porque los buenos momentos son muy buenos. Si te suena, no es que seas débil. Es que ese ciclo está diseñado, aunque nadie lo diseñe a propósito, para que cueste salir.
Una palabra que se usa demasiado
En los últimos años la palabra «narcisista» se usa para todo. Yo mismo la he usado en muchas canciones, y le dediqué un texto a cuándo ayuda llamar narcisista a alguien y cuándo sobra. Lo traigo aquí porque no hace falta un diagnóstico para reconocer el control. No necesitas saber si tu pareja tiene un trastorno de personalidad. Basta con saber cómo te sientes: si tienes miedo, si te vigilan, si te aíslan, eso ya es motivo para pedir ayuda.

En mi serie sobre salud mental conté cómo aprendí a ver lo que había pasado en dos relaciones. Cada historia es distinta, pero hay algo que se repite: casi nadie lo ve claro desde dentro.
El móvil como campo de batalla
El teléfono es hoy el sitio donde se juegan muchos celos. El doble check azul, la última conexión, el «escribiendo…» que desaparece, el like a la foto de otro, el seguidor nuevo. Cada pequeño dato se convierte en una prueba. Y las apps de citas, que muchas parejas gais siguen teniendo instaladas por costumbre o por acuerdo, añaden otra capa.
Cada pareja tiene derecho a pactar sus normas: exclusividad, pareja abierta, lo que sea. Lo importante es que el pacto sea de los dos, que se hable y que se respete, y que ninguno de los dos tenga que convertirse en policía del otro para que se cumpla. Si una relación solo funciona con vigilancia, no funciona. Sobre el ruido digital y lo que hace con nosotros escribí también en «Treinta insultos al despertar».
La confianza no se comprueba
Hay una idea que me ronda desde que escribí sobre el diccionario del mentiroso en mis letras: la confianza no se puede verificar como se verifica una factura. Se da o no se da. Se construye con tiempo, con coherencia, con conversaciones incómodas. Y se puede perder, claro. Pero cuando se pierde, la solución no es instalar un sistema de vigilancia para sustituirla, sino decidir si se puede reconstruir o si hay que irse.
En la canción, el narrador ha cazado al novio. Tiene la prueba. Y sin embargo no se siente mejor; sigue preguntándose si es masoquista. Esa es la lección amarga: la prueba no cura los celos, solo cambia de sitio el dolor. Por eso la pregunta útil no es «¿me engaña?», sino «¿quiero estar en una relación en la que necesito vigilar para estar tranquilo?».
Cuando el que lo sufre es tu amigo
Muchas veces nos damos cuenta antes desde fuera. Ese amigo que ya no viene a las cenas, que mira el móvil con angustia cada pocos minutos, que justifica a su pareja con frases como «es que es muy celoso, pero me quiere». Esa amiga que ha dejado de subir fotos, que pide permiso para quedar.
Si te pasa con alguien cercano, no le des un ultimátum ni insultes a su pareja: suele provocar que se cierre. Dile lo que ves, sin juzgar. Recuérdale que estás ahí, pase lo que pase y decida lo que decida. Infórmate de los recursos para poder pasárselos cuando los pida. Y mantén el contacto aunque te rechace al principio; el aislamiento es justo lo que la persona controladora necesita, y tu presencia es lo que lo rompe.
En «El abecedario de mi exnovio» hice una lista de la A a la Z de lo que duele de una relación. A veces poner nombre a cada letra ayuda a ver el dibujo completo. Ayudar a un amigo puede ser eso: ayudarle a leer su propio abecedario.
Salir
Salir de una relación controladora no siempre es tan simple como hacer las maletas. Puede haber piso compartido, dinero común, mascotas, amigos en común, miedo. Por eso conviene preparar la salida con ayuda: contarlo a alguien de confianza, guardar pruebas de amenazas o agresiones, tener a mano documentos y algo de dinero, cambiar contraseñas desde un dispositivo seguro.
Después, muchas personas encuentran útil cortar todo contacto durante un tiempo, lo que en inglés se llama «No contact», título de otra canción mía. No es venganza. Es una forma de dejar de reabrir la herida.
Antes de que empiece
Mucho de lo que he contado se podría evitar si aprendiéramos antes a querer de otra manera. La educación afectivo-sexual en los colegios casi nunca habla de parejas del mismo sexo, y menos aún de violencia en ellas. Muchos chicos y chicas LGTBI tienen sus primeras relaciones a escondidas, sin modelos, sin nadie a quien preguntar si lo que les pasa es normal. En ese silencio, el control puede parecer pasión y los celos, una prueba de que importas.

Por eso me parece importante que estas conversaciones existan, en los institutos, en las asociaciones, en las redes y también en las canciones. Una letra que se ríe de un detective celoso puede servir para que alguien de dieciséis años piense, por primera vez, que eso que hace su novio con su móvil no es amor.
Reparar
Si has controlado a una pareja y quieres cambiar, pedir perdón es un primer paso, pero no el último. Reparar significa dejar de hacerlo de verdad, aceptar las consecuencias, incluida la posibilidad de que la otra persona se vaya, y buscar ayuda para entender de dónde viene esa necesidad. No se trata de castigarse sin fin. Se trata de no repetir.
Dónde pedir ayuda
Si estás en peligro inmediato, llama al 112. Si has sufrido agresiones, amenazas o acoso de tu pareja o expareja, puedes denunciar en la Policía Nacional, la Guardia Civil, la policía autonómica o el juzgado de guardia, sea tu pareja del sexo que sea.
Si prefieres empezar hablando con gente que entiende las relaciones LGTBI desde dentro, marca el 91 360 46 05, que es la Línea Arcoíris de la FELGTBI+. Quien viva en Madrid tiene además a COGAM, con psicólogos en el 91 523 00 70; el programa autonómico de atención LGTBI, en el 91 701 07 88, y el servicio municipal para víctimas de LGTBIfobia, en el 604 953 169. Si el problema es que te espían el móvil, el 017 del INCIBE orienta sobre ciberseguridad. Si eres menor de edad, la Fundación ANAR está en el 900 20 20 10.
Una relación que te vigila y te aísla puede desgastarte hasta un punto en que cueste ver salida. Si en algún momento piensas en quitarte la vida, en España el 024 atiende de forma gratuita y confidencial, todos los días y a todas horas. Si estás fuera de España, llama a la línea de crisis o al número de emergencias de tu país. Hablar del suicidio no es tabú, y pedir ayuda funciona; lo cuento en «Hablemos del suicidio sin tabú». Tienes más recursos en el índice de mi serie sobre salud mental.
Voy a acabar como el señor Garrison
El estribillo dice: «Voy a acabar como el señor Garrison / Con el señor Sombrero». Es una broma sobre la soledad: el miedo a acabar hablando con un muñeco. Y es, quizá, el origen de todo el control de la canción. Quien vigila suele tener miedo a quedarse solo.
Me quedo con eso al final. El miedo a la soledad es comprensible. Pero no se cura vigilando a nadie. Se cura, poco a poco, construyendo una vida en la que estar solo no dé tanto miedo: amistades, terapia si hace falta, cosas que te ilusionen. Una pareja que te quiere no necesita que la pongas a prueba. Y una que no te quiere no va a cambiar porque la vigiles. En los dos casos, la libertad del otro es también la tuya.
Preguntas frecuentes
¿Es delito mirar el móvil de tu pareja sin permiso? Puede serlo. El artículo 197 del Código Penal castiga con prisión de uno a cuatro años y multa a quien, sin consentimiento, se apodere de los mensajes de otra persona o intercepte sus comunicaciones para descubrir sus secretos o vulnerar su intimidad. Ser pareja no da derecho a hacerlo.
¿Qué es la violencia intragénero? Es la violencia que se da en parejas del mismo sexo o del mismo género: entre dos hombres, entre dos mujeres o en relaciones con personas trans o no binarias. No entra en la Ley Orgánica 1/2004 de violencia de género, pero el maltrato, las amenazas y el acoso en la pareja se castigan igualmente en el Código Penal.
¿Los celos son una señal de amor? No. Los celos son una emoción humana, pero no demuestran amor. Cuando llevan a revisar el móvil, prohibir amistades o exigir la ubicación, se convierten en control, y el control repetido es una forma de violencia.
¿Dónde pedir ayuda si mi pareja del mismo sexo me maltrata? En peligro inmediato, el 112. Puedes denunciar en la policía o el juzgado de guardia. La Línea Arcoíris de la FELGTBI+ atiende en el 91 360 46 05 y, en Madrid, COGAM en el 91 523 00 70 y el Programa LGTBI de la Comunidad en el 91 701 07 88. Si hay pensamientos de suicidio, el 024.
¿De qué habla «El señor Garrison»? De un narrador que vigila a su novio con un programa en el ordenador, lo descubre preparando una quedada con otro y teme acabar solo, como el profesor de South Park con su muñeco. Es una canción del primer disco de la trilogía GAYFOLK, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk».
¿Quién escribe estas canciones? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid, que se presenta como el primer cantautor IA. La música y las voces de sus canciones se hacen con inteligencia artificial.