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Enamorado desde los 22: dos relaciones y lo que entendí después

Este texto es el primero de una serie en la que voy a hablar de mi salud mental sin esconder nada de lo importante. Lo escribo porque me ayuda y porque quizá a alguien que lea esto le sirva saber que no está solo. Antes de empezar, lo más importante de toda la página:

Si estás pasando por un momento muy difícil o tienes pensamientos de suicidio, llama al 024. Es la línea de atención a la conducta suicida del Ministerio de Sanidad: gratuita, confidencial y disponible las 24 horas, todos los días del año. Si hay un peligro inmediato, llama al 112. También puedes llamar al Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Pedir ayuda funciona. Hablar del suicidio no lo provoca; callarlo, a menudo, aísla más.

Me enamoré a los 22 años. Lo digo así, sin adornos, porque es el principio de casi todo lo que voy a contar. Después viví dos relaciones que fracasaron, y entendí que las dos personas con las que estuve eran narcisistas. No lo digo como diagnóstico, que eso solo puede hacerlo un profesional que las evalúe, sino como lo que llegué a comprender sobre lo que viví.

No voy a dar nombres. No voy a contar fechas, lugares ni escenas que permitan reconocer a nadie. Esto no es un ajuste de cuentas. Es lo contrario: es el intento de dejar de dar vueltas a lo que pasó para poder mirar lo que me dejó dentro.

Veintidós años y el corazón entero

A los 22 uno cree que el amor es una cosa que se tiene o no se tiene, como una llave. Yo lo tuve, o creí tenerlo, y me lancé con todo. Era joven, era un chico gay en Madrid, y llevaba encima más cosas de las que yo mismo sabía. De eso hablaré en otros textos de esta serie: del acoso escolar que sufrí de niño y de los abusos sexuales repetidos que viví en la infancia. Aquí solo lo menciono porque explica algo. Cuando llegas al amor con heridas que no has mirado, el amor no te encuentra en blanco. Te encuentra con la piel ya marcada.

Uno se enamora con todo lo que es, también con lo que le hicieron. El pasado no se queda en la puerta.

Cuando uno se enamora así, suele entregarse sin medir. Muchas personas que han pasado por relaciones dañinas cuentan que ponían a la otra persona en el centro y se dejaban a sí mismas para después. Creían que eso era amar. Y cuando esa entrega se encuentra con alguien que no la devuelve, se convierte en otra cosa.

Dos historias que se parecieron demasiado

Fueron dos relaciones, con dos personas distintas, en dos momentos distintos de mi vida. Lo que más me cuesta aceptar no es que acabaran. Las relaciones acaban, y no pasa nada. Lo que me cuesta es lo mucho que se parecieron por dentro.

No voy a contar lo que pasó en cada una. Lo que sí puedo decir es que, al salir de la segunda, empecé a ver un dibujo. Como cuando unes puntos en un pasatiempo y de pronto aparece una figura que estaba ahí desde el principio. La figura era parecida en las dos historias. Y yo estaba en el centro de las dos.

Cuando dos historias se parecen tanto, es fácil pensar que el problema es uno mismo. Que hay algo en ti que hace que el amor salga mal. Esa idea, la de que la culpa es tuya, es una de las más pesadas que se pueden cargar. Y es también, lo aprendí después, una de las ideas que más se repiten en quienes han vivido relaciones con personas con rasgos narcisistas.

Qué quiero decir cuando digo «narcisista»

La palabra se usa mucho y se usa mal. En redes sociales cualquiera que te deja de contestar es «un narcisista». Por eso quiero ser cuidadoso.

Fotogramas del videoclip oficial de «El narcisista», de Mike Sain't Louis

En psiquiatría existe el trastorno narcisista de la personalidad, que describen los manuales diagnósticos como el DSM-5 de la Asociación Americana de Psiquiatría. Se caracteriza, en términos generales, por un patrón persistente de grandiosidad, necesidad de admiración y falta de empatía. Diagnosticarlo es trabajo de profesionales, con evaluación, y no de una persona dolida desde su cuarto.

Yo no he evaluado a nadie. Lo que digo es otra cosa: que entendí que en mis dos relaciones viví dinámicas que encajan con lo que muchas personas describen como abuso narcisista. Que me pasó algo que tiene nombre. Y que ponerle nombre, aunque sea un nombre imperfecto, me ayudó a dejar de pensar que estaba loco.

Las personas que han pasado por esto suelen describir un patrón parecido. Una primera etapa de idealización muy intensa, en la que te sientes la persona más especial del mundo. Una segunda etapa en la que llega la devaluación: las críticas, el frío, la sensación de que nunca haces nada bien. Y una tercera en la que llega el descarte, a veces brusco, a veces con indiferencia total. Lo escribí en «El descarte del narcisista», una canción que habla precisamente de esa indiferencia que deja a la otra persona sin entender nada.

El frío como castigo

En «El narcisista» escribí un verso que hoy leo de otra manera: «El narcisista odia a quien le ama». Es una frase exagerada, como lo son muchas frases de canción. Pero describe una sensación muy real: la de dar amor y recibir a cambio frialdad, como si querer fuera una falta.

En la misma letra hay otra imagen que me sigue pareciendo exacta: «su corazón está congelado». No sé qué hay dentro de otra persona. Nunca lo sabré. Lo que sí sé es que las dos relaciones fracasaron, y que entendí que eran narcisistas.

Hay un tipo de daño que no hace ruido. No deja marcas visibles. Es el silencio que se usa como castigo, la mirada que se retira, el afecto que se da y se quita según convenga. De eso habla también «Ni con un palo», que escribí sobre el castigo que consiste en negar el cuerpo y el cariño para controlar al otro. Cuando lo vives, no lo llamas violencia. Lo llamas «estará cansado», «habré hecho algo», «ya se le pasará».

Lo que contaba de mí cuando yo no estaba

Una de las cosas que más daño hacen en este tipo de relaciones es lo que se dice de ti a tus espaldas. En «El narcisista» hay unos versos que hablan de eso, de alguien que cuenta a los demás que eres falso, y que añade, como si fuera un argumento en tu contra, «que voy hasta a un psicólogo».

Esa frase está en la letra tal cual, y hoy la leo con orgullo. Ir a terapia no es una debilidad que alguien pueda usar contra ti. Es lo más valiente que he hecho. En otro texto de esta serie hablaré de la psicóloga que me está ayudando a seguir adelante, y de lo agradecido que le estoy. Aquí solo quiero dejarlo dicho: si alguien usa contra ti el hecho de que pidas ayuda, el problema no lo tienes tú.

Por qué cuesta tanto irse

Desde fuera, la pregunta parece fácil: ¿por qué no te fuiste antes? Desde dentro, la respuesta es complicada.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «El narcisista odia a quien le ama» de «El narcisista»

Los profesionales hablan a veces de «vínculo traumático» para describir el lazo que se crea cuando una relación alterna el cariño intenso con el maltrato. Los psicólogos Donald Dutton y Susan Painter lo estudiaron a principios de los años ochenta en relaciones de maltrato. La idea, explicada de forma sencilla, es que la alternancia entre lo bueno y lo malo engancha más que si todo fuera malo. Esperas que vuelva la persona del principio. Y a veces vuelve, un rato. Lo justo para que te quedes.

También se habla de «luz de gas» para describir la manipulación que te hace dudar de tu propia percepción. El nombre viene de una obra de teatro de 1938 y de su adaptación al cine de 1944, en la que un marido hace creer a su mujer que está perdiendo la razón. Cuando te pasa, lo más grave no es lo que te dicen. Es que empiezas a creértelo.

Quien está dentro suele quedarse porque ama. Porque cree que puede arreglarlo. Porque piensa que, si se esfuerza más, volverá lo bonito. Y quien llega a una relación con heridas de la infancia, como era mi caso, a veces ha aprendido demasiado pronto a aguantar.

Después de la segunda

Lo que viví de niño no se quedó quieto. La imagen que uso para explicarlo es una bomba de relojería. El acoso escolar, los abusos en la infancia, las dos relaciones. Todo estaba ahí, esperando.

A los 41 años me diagnosticaron depresión mayor de gravedad elevada, fobia social, trastorno de estrés postraumático, trastorno de evitación y ansiedad. A cada uno de esos nombres le dedicaré su espacio en esta serie. No los escribo para dar pena. Los escribo porque ponerles nombre fue el primer paso para empezar a entender qué me pasaba y cómo tratarlo.

No quiero que se lea esto como una historia en la que dos personas «me causaron» todo. Sería falso y sería injusto conmigo mismo, porque me quitaría la parte de la historia que sí puedo cambiar. Las heridas venían de antes. Esas relaciones las abrieron más. Y el trabajo de ahora es mío, acompañado.

Lo que hice con la rabia

Lo que se vive en una relación así deja rabia, tristeza y preguntas. Y todo eso, cuando no se mira, se pudre. Yo tuve la suerte de tener un sitio donde ponerlo: las canciones.

Soy letrista, compositor y productor musical. Me presento como «el primer cantautor IA» porque la música y las voces de mis canciones se hacen con herramientas de inteligencia artificial, mientras que las letras, la composición y la producción son mías. Muchas de esas letras salieron de aquí. «Usted es un puto narci psico encubierto» es un grito con humor negro. «Not your supply» es una negativa, en inglés, a seguir siendo el combustible de nadie. «Manual de escape de un narci» es casi una broma, una receta con ritmo para no caer en el juego. Y «No contact» habla de la decisión de cortar todo contacto.

Esas canciones no me curaron. Lo que sí hicieron fue darme una forma de poner en una letra lo que no podía decir en una conversación. Las escribí antes de entender muchas cosas que entiendo ahora. Hoy, algunas me parecen demasiado duras, y otras me parecen exactas. Todas fueron necesarias.

Amar sin manual de instrucciones

Hay algo que quiero añadir y que tiene que ver con ser gay. Muchos chicos de mi generación crecimos sin ver parejas como la que queríamos tener. No había series, ni libros en el colegio, ni tíos ni vecinos que nos enseñaran cómo era una relación sana entre dos hombres. Aprendimos a amar casi a ciegas, y a menudo tarde, después de años escondiendo quiénes éramos.

Collage con un detalle de la carátula de «El narcisista» y las carátulas de «El descarte del narcisista», «Ni con un palo», «Usted es un puto narci psico encubierto», «Not your supply»

Los investigadores llaman «estrés de minoría» al desgaste que produce vivir en una sociedad que te rechaza o te obliga a ocultarte. El psicólogo Ilan Meyer lo describió en un trabajo muy citado de 2003, y desde entonces se ha usado para explicar por qué las personas LGTBI tenemos tasas más altas de ansiedad y depresión. No porque ser gay enferme, sino porque el rechazo sí hace daño.

Cuando llegas al amor así, sin modelos y con miedo, es más difícil distinguir lo que es normal de lo que no lo es. Si nadie te ha enseñado cómo debería ser una pareja, cuesta saber cuándo algo está mal. Y si además vienes de haber sido humillado de niño por ser diferente, puede que confundas el desprecio con algo que te mereces.

No lo cuento para justificar a nadie. Lo cuento porque me ayuda a entenderme sin juzgarme tanto. Y porque sé que hay muchos chicos, y muchas personas LGTBI en general, que se van a reconocer en esto.

El duelo de lo que no fue

Cuando una relación así termina, hay un duelo doble. Se llora a la persona, o a lo que uno creía que era esa persona. Y se llora también la historia que uno se había contado: los planes, el futuro, la versión del amor que parecía posible.

Ese segundo duelo es más raro, porque es el duelo de algo que quizá nunca existió del todo. Es difícil explicárselo a otras personas. Desde fuera te dicen «olvídalo, no te merecía», y tienen razón, pero eso no quita el dolor. Lo que se ama de verdad se pierde de verdad, aunque al otro lado no hubiera lo mismo.

Con el tiempo he aprendido a no avergonzarme de ese dolor. Haber querido mucho no me hace tonto. Me hace alguien capaz de querer. Lo que tengo que aprender ahora es a querer también hacia dentro, y a reconocer antes cuándo alguien no me cuida.

Señales de alerta que ojalá hubiera conocido

No soy psicólogo. Lo que sigue no es un diagnóstico ni sirve para diagnosticar a nadie. Es una lista de señales que organismos como el Servicio Nacional de Salud británico (NHS) describen como propias del maltrato emocional o psicológico en la pareja, y que muchas personas reconocen después, cuando ya han salido. Si varias te suenan, merece la pena hablarlo con alguien de confianza o con un profesional:

  • Sentir que tienes que vigilar lo que dices o haces para evitar el enfado o el silencio de tu pareja.
  • Que te critique, te ridiculice o te humille, en privado o delante de otras personas.
  • Que se aleje de ti o te retire el afecto como castigo.
  • Que te haga dudar de tus recuerdos o de tu percepción de lo que ha pasado.
  • Que poco a poco te aleje de tus amistades o de tu familia.
  • Que controle tu dinero, tu móvil, tus horarios o con quién hablas.
  • Que la relación pase de la idealización al desprecio de forma repetida.
  • Sentirte cada vez más pequeño, más culpable y más solo.

En las parejas de dos hombres, o en cualquier pareja LGTBI, el maltrato existe igual, aunque a veces se nombre menos. Y a veces se suma el miedo a no ser tomado en serio o a que te juzguen por ser quien eres.

Primeros pasos si estás ahí ahora

Si te reconoces en algo de esto, no tienes que tenerlo todo claro para pedir ayuda. Algunos pasos que pueden servir:

Ficha de la canción «El narcisista» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis
  • Cuéntaselo a una persona de confianza. No hace falta contarlo todo. Basta con decir «no estoy bien en mi relación».
  • Escribe lo que pasa. Anotar lo que ocurre, con tus propias palabras, ayuda a no perder el hilo cuando alguien te hace dudar de tu memoria.
  • Pide cita con tu médico de familia. En la sanidad pública española, el centro de salud es la puerta de entrada a la atención en salud mental. Tu médico puede valorarte y, si lo ve necesario, derivarte a psicología o psiquiatría del sistema público.
  • Busca un psicólogo sanitario colegiado. Si eliges la vía privada, comprueba que la persona sea psicóloga general sanitaria o especialista en psicología clínica. El Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, como los demás colegios autonómicos, permite comprobar si un profesional está colegiado.
  • Acude a servicios LGTBI. En Madrid, COGAM ofrece asesoría psicológica gratuita y confidencial para personas LGTBI (cita en el 91 523 00 70 o por WhatsApp en el 602 25 22 43). La Comunidad de Madrid tiene el Programa Madrileño de Información y Atención LGTBI, con atención psicológica gratuita con cita previa en el 91 701 07 88. La Línea Arcoíris de FELGTBI+ atiende en el 91 360 46 05. Si eres una persona LGTBI mayor, la Fundación 26 de Diciembre tiene atención psicológica específica (910 028 417). Si eres migrante o refugiado LGTBI, la asociación Kifkif ofrece orientación y apoyo.
  • Si hay peligro, llama al 112. Si tienes pensamientos de suicidio, llama al 024.

Lo que sé ahora

Han pasado años desde que me enamoré por primera vez. Sigo creyendo en el amor, aunque ahora lo miro con otros ojos. Sé que entregarlo todo no es lo mismo que amar bien. Sé que el cariño que se da y se quita como premio y castigo no es cariño. Y sé que la persona que más tiempo va a estar conmigo soy yo, así que tengo que aprender a tratarme mejor.

No he terminado. Sigo luchando con esas heridas. Hay días mejores y días peores. Pero ya no estoy solo con ellas, y eso lo cambia todo. En mi página personal cuento quién soy y qué hago; en esta serie cuento también lo que me ha costado llegar hasta aquí.

Si alguien que lee esto está ahora dentro de una relación que le hace sentir pequeño, quiero decirle lo que me habría gustado oír a mí: no estás loco, no es culpa tuya y hay salida. La salida no es una canción, aunque las canciones ayuden. La salida es la ayuda de verdad, la de profesionales y la de personas que te quieren bien.

Si necesitas ayuda hoy

Hablar del suicidio sin tabú salva vidas. Si piensas en quitarte la vida, o si te preocupa alguien que lo piensa, no esperes:

  • 024: línea de atención a la conducta suicida del Ministerio de Sanidad. Gratuita, confidencial, 24 horas. También tiene chat en su web.
  • 112: emergencias, si hay un peligro inmediato.
  • Teléfono de la Esperanza: 717 003 717, atención en crisis las 24 horas.
  • Fundación ANAR: 900 20 20 10 y 116 111, si eres menor de edad o si te preocupa un niño o un adolescente.
  • Confederación Salud Mental España: guías sobre salud mental y prevención del suicidio para personas afectadas y familias en consaludmental.org.

Pedir ayuda no es rendirse. Es lo contrario.

Serie «Salud mental sin tabú». Este texto es la parte 1 de la serie en la que hablo abiertamente de mi salud mental. Aquí están todos los textos y un mapa de dónde pedir ayuda. Siguiente: «La bomba de relojería: heridas de la infancia que estallan de adulto».

Preguntas frecuentes

¿Mike Sain't Louis ha hablado de abuso narcisista? Sí. Mike cuenta en este texto que, tras dos relaciones fallidas, entendió que las dos personas con las que estuvo eran narcisistas. Lo plantea como su experiencia y no como un diagnóstico clínico de nadie, y no da nombres ni detalles que permitan identificarlas.

¿Qué es el abuso narcisista? Es una expresión que se usa para describir relaciones en las que una persona con rasgos narcisistas manipula, controla o desprecia a su pareja, a menudo alternando idealización y devaluación. No es un diagnóstico oficial. El trastorno narcisista de la personalidad sí lo es, y solo puede diagnosticarlo un profesional.

¿Dónde pedir ayuda por maltrato psicológico en la pareja en Madrid? Puedes empezar por tu médico de familia en el centro de salud. Para personas LGTBI, COGAM ofrece asesoría psicológica gratuita (91 523 00 70) y la Comunidad de Madrid tiene el Programa Madrileño de Información y Atención LGTBI (91 701 07 88). En caso de peligro, llama al 112.

¿Qué canciones de Mike Sain't Louis hablan de narcisismo? Entre otras, «El narcisista», «El descarte del narcisista», «Not your supply», «Usted es un puto narci psico encubierto», «Manual de escape de un narci», «Ni con un palo» y «No contact». Mike es letrista, compositor y productor musical; la música y las voces se hacen con inteligencia artificial.

¿A qué número llamar si tengo pensamientos de suicidio en España? Al 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratuita y disponible las 24 horas. Si hay un peligro inmediato, al 112. También puedes llamar al Teléfono de la Esperanza, 717 003 717.

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