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No quiero ver tus fotos: seguridad en las apps de citas, sextorsión y quedadas trampa

«No me vengas con tus rollos / No quiero ver tus fotopollas»

Es el verso más directo de «Al fuego», una canción de «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía GAYFOLK. (La letra completa está en gayfolkplanet.com.) La narradora, que habla en femenino con todo el descaro del ambiente, ha decidido cortar por lo sano con alguien que la trató mal. Y entre las cosas que ya no quiere están sus rollos y sus fotos. Así, sin eufemismos.

Me hace gracia y a la vez me parece serio. Porque cualquiera que haya usado una aplicación de citas sabe que las fotos que nadie ha pedido son casi un saludo. Y detrás de esa costumbre, que mucha gente tolera con un encogimiento de hombros, hay un tema más amplio: qué pasa con nuestra intimidad, nuestra seguridad y nuestro cuerpo cuando ligamos a través de una pantalla.

En «El planeta nació de un bloqueo» escribí sobre la pluma y el catálogo de las apps, y en «Eres gordo, eres calvo» sobre la presión estética. Hoy toca la parte menos divertida: las fotos no pedidas, la sextorsión y las quedadas trampa que en los últimos años han acabado en robos y palizas a hombres gais.

Lo que nadie ha pedido

Empiezo por lo más cotidiano. Mandar una foto sexual a alguien que no la ha pedido es, como mínimo, una falta de respeto. En las apps de ligue entre hombres se ha normalizado tanto que a veces parece una regla del juego. Pero no lo es. Que una aplicación sea para buscar sexo no significa que todo el que está en ella haya dado permiso para recibir cualquier imagen en cualquier momento.

El consentimiento funciona igual en una pantalla que en un bar. Se pregunta. Se espera la respuesta. Y si la respuesta es no, o no hay respuesta, no se insiste. La narradora de la canción lo dice con una claridad que me gustaría ver más a menudo: no quiere esas fotos, y punto.

Me conozco el juego

El cierre del estribillo lo resume: «Que ya me conozco el juego / He tirado todo al fuego». Hay una sabiduría de quien ya ha pasado por ahí. Conocer el juego es saber reconocer las señales: el perfil que insiste demasiado, la conversación que salta a lo sexual en dos mensajes, el que pide fotos tuyas antes de enseñarte la cara, el que quiere quedar ya, en tu casa, sin más detalles.

No todas esas señales anuncian un peligro. Muchas veces son solo prisa o torpeza. Pero conviene tenerlas en la cabeza, porque algunas de las historias que vienen a continuación empezaron exactamente así.

Las fotos que mandamos nosotros

La otra cara del verso es la de quien manda. En «La casa de los mil cadáveres» aparece un reproche parecido, «Le has enviado tus fotopollas», dirigido a alguien que reparte su intimidad sin mirar a quién. No lo digo para moralizar. Mandar fotos íntimas entre adultos que quieren hacerlo es parte del ligue de hoy, y no tiene nada de malo.

Pero sí merece la pena pensarlo un segundo antes. Si decides mandar una foto, que sea a alguien con quien ya has hablado y que te la ha pedido o aceptado. Muchas personas evitan que en la misma imagen salgan la cara, los tatuajes reconocibles o el fondo de su casa. Y conviene saber que, una vez enviada, la foto ya no depende solo de ti. No es una razón para la vergüenza, sino para elegir bien en quién confías. Si alguien traiciona esa confianza, el delito, como veremos, es suyo.

Fotos temporales, perfiles falsos

En septiembre de 2024, la Policía Nacional detuvo en Madrid a cuatro hombres, uno de ellos menor, a los que se imputaron siete robos con violencia e intimidación contra hombres con los que contactaban por aplicaciones de citas. Según la información publicada entonces, creaban perfiles falsos con fotos de los miembros más jóvenes del grupo, usaban imágenes temporales que luego no se podían recuperar y quedaban en casa de las víctimas o en lugares poco transitados.

Fotogramas del videoclip oficial de «Al fuego», de Mike Sain't Louis

Allí las amenazaban con un arma blanca y un arma de fuego, las golpeaban y les obligaban a hacer transferencias desde el móvil antes de llevarse objetos de valor. A los detenidos se les imputó también un delito de odio, porque insultaban a las víctimas por su orientación sexual. Tres de los adultos entraron en prisión y el menor fue internado en régimen cerrado.

No es un caso aislado. En los últimos años se han conocido otros en Madrid, en la Comunidad Valenciana y en Cataluña, a veces con sustancias para dejar a la víctima sin capacidad de defenderse. El patrón se repite: un perfil atractivo, una conversación rápida, una cita en un sitio cerrado y una víctima que, piensan los agresores, no se atreverá a denunciar.

Cuando el robo también es odio

Hay un detalle en ese caso que me parece fundamental: el delito de odio. Los agresores no eligieron a sus víctimas al azar. Las buscaron en aplicaciones para hombres que buscan hombres porque creían que eran presas más fáciles, y las insultaron por ser gais mientras les pegaban.

El Ministerio del Interior registró en 2024 un total de 528 hechos de odio relacionados con la orientación sexual y la identidad de género, el segundo ámbito con más casos tras el racismo y la xenofobia. Son solo los que llegan a la policía. Las asociaciones llevan años diciendo que la mayoría no se denuncian. En «Treinta insultos al despertar» hablé del odio en redes. Las quedadas trampa son la versión física de ese mismo odio, con el móvil como cebo.

Por qué callan las víctimas

Los agresores cuentan con el silencio, y tienen sus razones. Muchas víctimas no denuncian porque tendrían que explicar en una comisaría que habían quedado con un hombre para tener sexo. Algunas no han salido del armario. Otras están casadas. Otras simplemente sienten vergüenza, como si haber abierto la puerta las hiciera responsables de lo que pasó.

No lo son. Quedar con alguien no es un delito ni una imprudencia. El delito es el de quien te roba, te pega o te chantajea. Y cuanto más se denuncia, más fácil es que la policía conecte casos y detenga a los responsables: en el caso de Madrid, fue precisamente la coincidencia entre varias denuncias lo que puso a los investigadores sobre la pista.

Antes de quedar

No quiero convertir esto en un manual del miedo. La inmensa mayoría de las citas por apps salen bien, o al menos no salen peligrosas. Pero hay costumbres sencillas que reducen mucho el riesgo:

  • Habla un poco antes. Una videollamada corta, aunque sea de unos segundos, confirma que la persona es quien dice ser.
  • Desconfía de los perfiles sin cara o con fotos demasiado perfectas que se niegan a enseñar más.
  • Busca su nombre o sus fotos en internet si tienes dudas. Una búsqueda inversa de imágenes puede revelar que las fotos son de otra persona.
  • Para una primera cita, mejor un sitio público. Si vais a casa, que sea después de conoceros un poco.
  • Cuéntale a alguien de confianza con quién has quedado, dónde y a qué hora, y comparte tu ubicación con esa persona durante la cita.
  • No lleves encima más dinero ni más tarjetas de las necesarias.

El día de la cita

Si algo no te cuadra al llegar, vete. No le debes nada a nadie por haber hecho el trayecto. Si aparece más gente de la acordada, si la persona no se parece a sus fotos, si el sitio no es el que dijisteis, tienes derecho a darte la vuelta sin dar explicaciones.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «Que ya me conozco el juego He tirado todo al fuego» de «Al fuego»

Cuida tu bebida y no aceptes sustancias de alguien a quien no conoces. Las drogas que dejan a una persona aturdida o inconsciente se han usado en varios de los casos conocidos. Y ten un plan de salida: un amigo que te llama a una hora pactada, un mensaje en clave, la aplicación de transporte preparada.

Si algo sale mal

Si sufres un robo o una agresión, lo primero es ponerte a salvo y llamar al 112 o al 091 de la Policía Nacional. No borres la conversación de la aplicación ni el perfil del agresor, aunque te dé rabia o vergüenza: son pruebas. Haz capturas de pantalla del perfil, los mensajes, las fotos y la hora de la cita, y anota todo lo que recuerdes.

Si te han robado el móvil, avisa a tu banco cuanto antes para bloquear tarjetas y operaciones. Ve al médico si tienes heridas, aunque parezcan leves, y pide un parte de lesiones. Y denuncia en cualquier comisaría de la Policía Nacional, en un puesto de la Guardia Civil o ante la policía autonómica. Puedes decir que crees que te eligieron por ser gay; eso permite investigar el agravante de odio.

La sextorsión

Otra trampa más silenciosa es la sextorsión. Funciona así: alguien te convence de mandar fotos o vídeos íntimos, o de hacer una videollamada sexual, y después amenaza con enviarlos a tu familia, tu pareja o tu trabajo si no le pagas. A veces ni siquiera tienen imágenes tuyas y solo fingen tenerlas. Otras veces el chantajista es una red organizada que repite el mismo guion con cientos de personas.

El consejo de la Policía Nacional es claro: no pagues nunca, porque pagar no detiene el chantaje, solo demuestra que funciona y suele traer nuevas exigencias. Corta la comunicación, no borres nada, guarda capturas de los mensajes, del perfil y de cualquier pago que te hayan pedido, y denuncia. El 017 de INCIBE, la línea de ayuda en ciberseguridad, te orienta gratis sobre cómo actuar y cómo pedir a las plataformas que retiren el contenido.

Si eres menor de edad, o lo era la persona de las imágenes cuando se hicieron, no esperes: es todavía más grave y la policía tiene unidades especializadas. Y si el chantaje te llega a ti por ser gay o bi, con la amenaza de sacarte del armario ante tu familia o tu empresa, recuerda que esa amenaza también es un delito. Los chantajistas buscan precisamente a quien creen que tiene más que perder. Contárselo a una sola persona de confianza suele quitarle al chantaje buena parte de su fuerza, porque lo que más asusta deja de ser un secreto absoluto.

Hay otra versión más burda del mismo chantaje: correos o mensajes masivos que aseguran haber grabado a la víctima con la cámara del ordenador mientras veía porno y exigen un pago en criptomonedas. INCIBE ha alertado repetidamente de estas campañas. Casi siempre son un farol enviado a miles de direcciones a la vez. No contestes, no pagues y, si te quedas intranquilo, cambia tus contraseñas.

Lo que dice la ley sobre tus fotos

Mandar una foto íntima a alguien no le da permiso para enseñarla. El artículo 197.7 del Código Penal castiga a quien difunda, revele o ceda a terceros imágenes o grabaciones íntimas que obtuvo con el consentimiento de la persona, pero sin su autorización para difundirlas, cuando eso menoscabe gravemente su intimidad. Desde 2022, también se castiga, con multa, a quien las recibe y las reenvía.

Collage con un detalle de la carátula de «Al fuego» y las carátulas de «La casa de los mil cadáveres», «Manual de escape de un narci», «La última carta»

Amenazar con publicarlas para obtener dinero puede ser además un delito de amenazas o de extorsión. Es decir, si alguien te chantajea con tus fotos, la persona que comete el delito es él, no tú por haberlas enviado. Lo mismo vale para la narradora de la canción y para cualquiera que algún día confió en quien no debía.

Las herramientas de las apps

Las aplicaciones han ido añadiendo funciones de privacidad. Grindr, por ejemplo, permite según su centro de ayuda cambiar el icono de la aplicación por uno discreto, bloquearla con un PIN o con biometría, y mandar fotos que caducan y solo se pueden ver una vez durante unos segundos. Los usuarios de pago pueden además anular el envío de un mensaje durante un tiempo limitado.

Son herramientas útiles. Pero conviene recordar que una foto que caduca se puede capturar con otro móvil, y que una función de la aplicación no sustituye al sentido común. En el caso de Madrid, los agresores usaban precisamente las fotos temporales para no dejar rastro de los perfiles falsos.

Lo que la aplicación no puede hacer por ti

Ninguna aplicación puede garantizar que la persona del otro lado sea quien dice. Ninguna puede impedir que alguien grabe una videollamada. Y ninguna puede protegerte del todo si quedas en un sitio donde nadie sabe que estás. La seguridad en las apps es una mezcla de herramientas técnicas, costumbres personales y una red de gente que sabe dónde andas.

Tampoco se trata de culparte si algo sale mal a pesar de todo. Puedes hacerlo todo bien y aun así encontrarte con alguien que ha decidido hacerte daño. La responsabilidad es suya.

Compartir la ubicación sin perder la libertad

Antes recomendaba compartir tu ubicación con alguien de confianza durante una cita. Lo mantengo, pero con un matiz importante: tiene que ser una decisión tuya, temporal y con alguien que elijas. Compartir la ubicación con una amiga mientras estás en casa de un desconocido es una medida de seguridad. Que tu pareja te exija la ubicación a todas horas es otra cosa, y escribí sobre ello en «Te pongo a prueba».

La diferencia está en quién decide y para qué. La seguridad te da libertad para moverte; el control te la quita. Las mismas herramientas sirven para las dos cosas, y por eso conviene revisar de vez en cuando con quién compartes tu ubicación, qué aplicaciones tienen acceso a ella y si sigues queriendo que sea así.

Bloquear también es cuidarse

Hay una palabra que sale mucho en mis letras: bloquear. Aparece en el catálogo cruel de las apps y también en canciones de despedida como «Manual de escape de un narci», donde bloquear es casi la primera instrucción para salir. En las apps de citas, bloquear y denunciar un perfil es una herramienta básica, no una grosería.

Si alguien te manda fotos que no has pedido, te insulta, te presiona para quedar o te amenaza, bloquéale y denuncia su perfil en la aplicación. Muchas plataformas usan esos avisos para detectar cuentas falsas o redes de estafadores. Tu denuncia puede evitar que la siguiente persona caiga en la misma trampa. Y si el acoso sigue por otras vías, como ocurre a veces cuando alguien consigue tu número, guarda las pruebas y consúltalo con el 017 o con la policía. Cortar a tiempo, como en «La última carta», también es una forma de quererse.

Si le pasa a un amigo

Si un amigo te cuenta que le han robado en una cita o que le están chantajeando, lo primero es no juzgarle. Nada de «¿pero cómo se te ocurre?». Eso solo refuerza la vergüenza que los agresores necesitan. Escúchale, ayúdale a guardar las pruebas y ofrécete a acompañarle a denunciar o al médico.

Ficha de la canción «Al fuego» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

Y si tiene miedo de que se entere su familia o su pareja, recuérdale que la denuncia es confidencial y que hay asociaciones LGTBI con experiencia en estos casos que pueden orientarle. A veces lo que más ayuda es saber que no es el primero ni será el último, y que no tiene la culpa.

Cuando la cita sí sale bien

Quiero dejar claro algo: las apps no son el enemigo. Para mucha gente LGTBI, sobre todo en pueblos o en entornos hostiles, han sido la única forma de conocer a otros como ellos. Han servido para encontrar pareja, amigos y, sí, buenos polvos. En «Deseo con wifi» escribí sobre el algoritmo como celestina, con su parte de gracia.

Cuidarse no es renunciar a eso. Es poder disfrutarlo con menos miedo. Igual que nadie deja de salir por la noche porque haya calles poco iluminadas, nadie debería dejar de ligar por internet porque haya gente que lo usa para hacer daño.

Dónde pedir ayuda

Ante una agresión o un peligro inmediato, llama al 112. Para denunciar, el 091 de la Policía Nacional o el 062 de la Guardia Civil, o acude a cualquier comisaría o puesto. Además, estos servicios te pueden orientar; los he comprobado en sus propias webs:

  • El 017 de INCIBE, para sextorsión, cuentas robadas o fotos difundidas: gratuito y confidencial, de 8:00 a 23:00 todos los días.
  • La Línea Arcoíris de la FELGTBI+, centrada en familias, jóvenes y delitos de odio: 913 604 605 y WhatsApp 676 78 58 30.
  • En Madrid, COGAM, con información LGTBI en el 91 523 00 70.
  • La Fundación ANAR, si eres menor de edad: 900 20 20 10.

Un chantaje o una agresión pueden dejarte una angustia muy difícil de llevar, sobre todo si sientes que no puedes contarlo. Si en algún momento piensas en hacerte daño o en quitarte la vida, en España el 024 atiende sin coste, de forma confidencial y a cualquier hora. Si estás fuera de España, contacta con la línea de crisis de tu país o con su número de emergencias. Pedir ayuda funciona; lo cuento en «Hablemos del suicidio sin tabú», y en el índice de mi serie sobre salud mental tienes más recursos.

He tirado todo al fuego

La canción empieza con un condicional, «Si yo hubiera sabido que te importaba un carajo», y termina con una hoguera. Ya escribí sobre ese condicional en «Si yo hubiera sabido». Lo que me interesa aquí es el gesto final: quemar lo que te ata a quien te hizo daño y seguir.

En la vida digital no siempre se puede quemar todo. Las fotos, los mensajes y los perfiles dejan rastro. Pero sí se puede hacer algo parecido: bloquear, denunciar, pedir ayuda, contarlo a alguien. Y aprender el juego sin dejar de jugar. La narradora se llama a sí misma tonta, pero al final es la más lista de la canción: sabe lo que no quiere ver, y lo dice.

Preguntas frecuentes

¿Qué hago si me hacen sextorsión? No pagues, porque pagar no detiene el chantaje. Corta el contacto, guarda capturas de los mensajes, del perfil y de cualquier petición de dinero, no borres nada y denuncia ante la Policía Nacional, la Guardia Civil o la policía autonómica. El 017 de INCIBE te orienta gratis.

¿Es delito difundir una foto íntima que me mandaron? Sí. El artículo 197.7 del Código Penal castiga difundir sin autorización imágenes íntimas obtenidas con consentimiento cuando eso daña gravemente la intimidad de la persona. Desde 2022 también se castiga a quien las recibe y las reenvía.

¿Qué son las quedadas trampa? Citas concertadas por aplicaciones con perfiles falsos para robar, agredir o chantajear a la víctima. En 2024 la Policía Nacional detuvo en Madrid a un grupo acusado de siete robos violentos a hombres contactados así, con imputación de delito de odio.

¿Cómo puedo quedar con más seguridad? Haz una videollamada breve antes, desconfía de perfiles sin cara, queda la primera vez en un sitio público, comparte tu ubicación con alguien de confianza y vete si algo no cuadra al llegar.

¿De qué habla «Al fuego»? De una narradora que se da cuenta de que a quien quería le importaba poco, decide no aguantar más sus excusas ni sus fotos y lo quema todo para seguir adelante. Es una canción de «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía GAYFOLK.

¿Quién escribe estas canciones? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid, que se presenta como el primer cantautor IA. Las voces y la música de sus canciones se hacen con inteligencia artificial.

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