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«Eres gordo, eres calvo»: presión estética, plumofobia y TCA en el ambiente gay

«Eres gordo, eres calvo,»

Así arranca «Buscando el polvo perfecto», una canción de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer disco de la trilogía GAYFOLK, y así arranca también, sin anestesia, la lista de defectos que el narrador va soltando a cada perfil que no le interesa. (Puedes leer la letra completa en gayfolkplanet.com.) La canción es una sátira. El que habla es un personaje insoportable que se cree un dios y bloquea a todo el que no encaja en su molde. Nos reímos de él porque lo conocemos. Y nos reímos un poco menos cuando nos damos cuenta de que ese juez interior, el del catálogo, también lo llevamos dentro.

Ya escribí sobre esta canción desde otros ángulos: cómo el planeta nació de un bloqueo y por qué las personas no son simples objetos. Hoy quiero ir a otro sitio: a lo que esa presión le hace a la salud. A los hombres que dejan de comer, que se pesan tres veces al día, que se pinchan cosas que no deberían, que se esconden la pluma por miedo a no gustar. A la plumofobia y la gordofobia dentro del propio colectivo. Y a dónde pedir ayuda.

El catálogo

En la letra, el narrador va clasificando: gordo, calvo, feo, viejo, poco dotado, con pluma, afeminado, abuelo, sin marcar. Cada defecto tiene su castigo: «Si no contesto y te bloqueo». Es un catálogo de rebajas en el que las personas se descartan por una foto.

Lo que hace la sátira es exagerar algo que no se inventa. Cualquiera que haya usado una aplicación de citas entre hombres conoce los perfiles que, en vez de decir lo que buscan, dicen lo que rechazan. No gordos. No afeminados. No mayores de tantos años. Solo masculinos. Es tan habitual que tiene nombre en inglés, y que una de las grandes apps tuvo que hacer campaña para frenarlo: en septiembre de 2018 Grindr lanzó Kindr, una iniciativa contra el racismo sexual, la transfobia, la gordofobia, la plumofobia y el estigma del VIH, y endureció sus normas contra la discriminación en los perfiles. Del racismo en las apps ya hablé en «Doble mirada». Aquí me quedo con el cuerpo y con la pluma.

La gordofobia de dentro

El primer insulto de la canción es «gordo», y no es casualidad. La gordofobia es probablemente el rechazo más aceptado socialmente: se disfraza de preocupación por la salud, de consejo bienintencionado, de broma. Dentro del ambiente gay, además, se mezcla con un ideal muy concreto de cuerpo joven, delgado o musculado, depilado, sin barriga.

Contra eso surgieron, hace décadas, espacios propios. La cultura de los osos, que se hizo visible en Estados Unidos en los años ochenta, reivindicó cuerpos grandes, peludos y maduros como deseables, con sus bares, sus revistas y sus semanas de fiesta. Tiene sus propias normas y sus propias exclusiones, como cualquier comunidad, pero demostró algo importante: que el canon no es natural, que se construye, y que por tanto se puede construir de otra manera.

Una persona gorda no necesita que nadie le recuerde su peso. Lo sabe. Lo que necesita es que su cuerpo no sea motivo de burla, que la consulta médica no se reduzca a «adelgace» y que en una app nadie le escriba como si su cuerpo fuera una falta de respeto.

Yo soy dios y tú estás desgastado

Hay un verso que resume la arrogancia del personaje: «Yo soy dios y tú estás desgastado». El cuerpo del otro se describe como un objeto con uso, como una prenda que ha perdido el color. Me interesa esa palabra, desgastado, porque es la palabra de una sociedad que trata a la gente como mercancía con fecha de caducidad.

El problema no es tener preferencias. Todo el mundo las tiene. El problema es convertirlas en sentencia pública, en un filtro que humilla, en una jerarquía en la que unos cuerpos valen y otros sobran. Y el problema es todavía mayor cuando esa jerarquía la aprendemos tan bien que la aplicamos contra nosotros mismos.

Tienes pluma y eres afeminado

«Tienes pluma y eres afeminado, / Yo soy deportista y un buen macho». En dos versos está la plumofobia entera. La pluma, esa manera de moverse, de hablar, de vestirse o de gesticular que se asocia con lo femenino, sigue siendo motivo de rechazo dentro del propio ambiente gay. Muchos hombres que se han librado del armario siguen atrapados en otro: el de parecer heterosexuales.

Fotogramas del videoclip oficial de «Buscando el polvo perfecto», de Mike Sain't Louis

La plumofobia no es una manía estética. Es machismo. Desprecia la pluma porque desprecia lo femenino, y por eso conecta con la misoginia y con la transfobia. Muchos chicos aprendieron en el colegio que el insulto más rápido era el que apuntaba a sus gestos, no a con quién se acostaban. De mayores, se encuentran el mismo insulto con otro envoltorio: «discreto», «masculino», «que no se note». Escribí sobre ese volumen de la pluma en «Exagerada me llamaron a mí», y lo vuelvo a decir aquí: la pluma no se esconde, se celebra.

Buscando a un novio discreto

El estribillo repite que el narrador busca «el polvo perfecto» y, a la vez, «a un novio discreto». Esa palabra, discreto, tiene mucha historia. Durante décadas la discreción fue una forma de supervivencia: no ser visto era no ser detenido, no ser despedido, no ser expulsado de casa. Hoy, en un país con matrimonio igualitario desde 2005, la palabra sigue apareciendo en los perfiles, a veces por necesidad real y a veces como sinónimo de «sin pluma».

No juzgo a quien necesita discreción porque su entorno no es seguro. Lo que me preocupa es cuando la discreción se convierte en un valor estético, en la idea de que un hombre que se nota vale menos.

Eres un abuelo y no estás marcado

La letra tampoco perdona la edad: «Eres un abuelo y no estás marcado». En el ambiente gay la juventud funciona como moneda, y el edadismo empieza pronto. Hay hombres que a los treinta y cinco ya se sienten viejos para la fiesta, y hombres de sesenta que se vuelven invisibles en los mismos bares donde antes eran recibidos con besos.

En el catálogo de mis canciones hay una que se llama «Envejecer», y otra que se ríe de ser un «Trasto viejo». Envejecer debería ser un privilegio, sobre todo para una generación que vio morir a tantos amigos en los ochenta y noventa. Que la arruga se castigue con un bloqueo dice mucho más del que bloquea que del bloqueado.

Vete a llorar al cirujano

El verso más cruel de la canción es este: «Vete a llorar al cirujano, yo creo». Es la solución que el personaje ofrece a quien no le gusta: opérate. Y es una solución que, por desgracia, mucha gente se toma en serio.

La cirugía estética, el ácido hialurónico, el bótox, los tratamientos capilares y los suplementos son decisiones personales y legítimas cuando se toman con información y con un profesional serio. El riesgo aparece cuando no se eligen por deseo propio sino por desesperación, cuando cada retoque pide otro, cuando se recurre a clínicas sin garantías o a productos comprados por internet. Ahí ya no hablamos de estética sino de salud.

Lo que dicen los datos

Los trastornos de la conducta alimentaria, como la anorexia, la bulimia o el trastorno por atracón, se asocian casi siempre a mujeres jóvenes. Pero no son solo cosa de ellas. Un estudio de Matthew Feldman e Ilan Meyer, publicado en 2007 en el International Journal of Eating Disorders con una muestra de 516 personas de Nueva York, encontró que más del 15 % de los hombres gais y bisexuales había tenido en algún momento un trastorno alimentario o algunos de sus síntomas, frente a menos del 5 % de los hombres heterosexuales.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «Y si no te cuidas tendrás que bajar el listón» de «Buscando el polvo perfecto»

Lo interesante es lo que no encontraron. Los hombres más conectados con la comunidad gay, o los que iban a gimnasios gais, no tenían más trastornos que el resto. Los autores concluían que la explicación no estaba solo en los valores del ambiente, sino en otros factores. Lo apunto porque es fácil culpar al ambiente de todo. La presión estética existe, pero también existen el estrés de pertenecer a una minoría, el rechazo familiar, el acoso escolar y la soledad, que pesan sobre la autoestima mucho antes de abrir una app.

La anorexia al revés

Hay un trastorno que afecta sobre todo a hombres y del que se habla poco: la dismorfia muscular. En 1997 un equipo de investigadores encabezado por Harrison Pope la describió como una forma de trastorno dismórfico corporal; antes se la había llamado, de manera informal, «anorexia inversa». Quien la sufre se ve pequeño y débil aunque esté muy musculado. Entrena de manera compulsiva, sigue dietas extremas, se angustia si se salta una sesión y, en algunos casos, recurre a esteroides anabolizantes. El manual diagnóstico DSM-5, de 2013, la recoge como una variante del trastorno dismórfico corporal.

La canción tiene un verso para eso también: «Ponte a hacer deporte, ¡Romeo!». Dicho por el personaje es un desprecio. El deporte, que debería ser salud y placer, se convierte en penitencia. Y en otra canción, «Forocoches», es una psicóloga la que recomienda hacer deporte, pero para cuidarse, no para gustar. La diferencia entre las dos frases es la diferencia entre salud y castigo.

Lo que no se ve en la foto

Las fotos de perfil tampoco son inocentes. Filtros que afinan la cara, luces que marcan el abdomen, ángulos estudiados, fotos de hace cinco años. Comparamos nuestro cuerpo real, el de la mañana sin dormir, con cuerpos editados que ni siquiera existen así fuera de la pantalla. Es una competición imposible de ganar porque el rival no es una persona, es un retoque.

Hay también lo que no se ve detrás de algunos cuerpos que sí existen: horas de gimnasio que se comen la vida social, dietas que dejan sin energía, y a veces sustancias. Los esteroides anabolizantes usados sin control médico se asocian con problemas cardiovasculares, hepáticos, hormonales y de salud mental. Conseguirlos es fácil; los riesgos no aparecen en ninguna foto. Si alguien te los ofrece en el gimnasio como un atajo, piensa que el atajo pasa factura.

No solo hombres

Hablo sobre todo de hombres gais y bisexuales porque es el mundo que retrata la canción. Pero la presión estética no tiene orientación. El mismo estudio de Feldman y Meyer encontró que las mujeres lesbianas y bisexuales no estaban protegidas frente a los trastornos alimentarios, como algunos estudios anteriores habían sugerido: sus cifras eran parecidas a las de las mujeres heterosexuales y a las de los hombres gais y bisexuales. Las personas trans y no binarias, además, se enfrentan a una mirada sobre su cuerpo que a menudo es todavía más dura. La conclusión de aquellos investigadores sigue valiendo: hace falta más atención a estos problemas en todo el colectivo, y recursos pensados para él.

Señales de alarma

No hace falta tener un diagnóstico para pedir ayuda. Estas señales merecen atención, en ti o en alguien cercano:

Collage con un detalle de la carátula de «Buscando el polvo perfecto» y las carátulas de «Envejecer», «Trasto viejo», «Forocoches», «El espejo de enfrente»
  • Pesarte varias veces al día o sentir que tu humor depende de la báscula.
  • Saltarte comidas, compensar lo que comes con vómitos, laxantes o ejercicio extremo.
  • Atracones con sensación de pérdida de control, seguidos de culpa.
  • Evitar planes, playas o fotos por vergüenza de tu cuerpo.
  • No poder dejar de entrenar aunque estés lesionado, agotado o enfermo.
  • Usar esteroides u otras sustancias para cambiar el cuerpo sin control médico.
  • Mirarte al espejo y ver siempre algo que falla.

En mi canción «El espejo de enfrente» el espejo juzga. Cuando el juicio no para nunca, conviene hablar con alguien.

Si no te cuidas tendrás que bajar el listón

Al final de la canción aparece un follamigo de Toledo que da un consejo sincero y deprimente: «Y si no te cuidas tendrás que bajar el listón». Lo dice como quien explica las reglas del mercado. El narrador contesta que eso le parece deprimente, y tiene razón.

Ese consejo es el que aprendemos sin que nadie nos lo diga: que el amor se gana con un cuerpo, que hay una escala, que si no estás arriba tienes que conformarte. Es mentira, aunque a veces lo parezca. Las parejas que duran no se eligen por la foto, y las amistades que te salvan tampoco. Pero para darse cuenta hace falta salir del catálogo, aunque sea un rato. Apagar el móvil, quedar en persona, conocer a alguien en una conversación y no en una cuadrícula de fotos. Lo que se pierde en eficacia se gana en verdad: la persona entera, con su risa, su torpeza y su manera de mirar, nunca cabe en una miniatura.

El cuerpo sin pedir perdón

Le dediqué un texto entero al cuerpo en mis canciones: cachas, tatuados y con canas. En el catálogo GAYFOLK hay cuerpos musculados y cuerpos cansados, pieles tatuadas y pelos blancos, y ninguno es mejor que otro. Me gusta pensar que una colección de canciones puede ser un pequeño contrapeso al catálogo de las apps: un sitio donde los cuerpos aparecen sin precio.

Eso no significa que haya que renunciar a cuidarse. Cuidarse es comer bien, dormir, moverse por placer, ir al médico, ponerse guapo porque apetece. Lo que hay que soltar es la idea de que el cuerpo es un examen permanente que se aprueba o se suspende en cada foto de perfil.

Qué podemos hacer en las apps

Las aplicaciones no van a desaparecer, y muchas personas encuentran en ellas amistad, sexo, pareja o simplemente compañía. Pero se pueden usar de otra manera:

  • Escribe lo que buscas, no lo que rechazas.
  • Si alguien no te interesa, no hace falta explicarle por qué. Un silencio educado hace menos daño que un «gordo no».
  • Denuncia los perfiles que insultan o discriminan; las propias apps tienen normas contra eso.
  • Si notas que cada sesión te deja peor, haz pausas, borra la aplicación unos días, queda con amigos.
  • Recuerda que una foto no es una persona.

Hoy lloras

El estribillo grita «¡Hoy lloras!». En la canción es una burla. Fuera de ella, es una realidad para mucha gente: la que llora después de un bloqueo, la que se encierra porque no le gusta su cuerpo, la que deja de salir. Llorar no es exagerar. Es una señal de que algo duele, y lo que duele se puede atender.

Cuando el que bloquea eres tú

Es fácil reírse del personaje de la canción como si fuera otro. Más difícil es reconocer los días en que nos parecemos a él. Todos hemos descartado a alguien por una foto, hemos hecho un comentario sobre un cuerpo ajeno en un grupo de amigos, nos hemos reído de una pluma que nos recordaba a la nuestra. No lo digo para culpar a nadie, sino porque el cambio empieza por ahí.

Una pregunta sencilla ayuda: ¿le diría esto a la cara a alguien que quiero? Si la respuesta es no, quizá tampoco haga falta escribirlo en un perfil ni soltarlo en un chat. La crueldad en las apps se apoya en la distancia de la pantalla. Recortar esa distancia, recordar que al otro lado hay alguien con un día bueno o malo, cambia mucho las conversaciones.

Entre amigos

Los amigos pueden ser el mejor antídoto contra el catálogo o su mejor altavoz. Hay grupos donde se comenta cada kilo, cada arruga, cada entrada en el pelo, y grupos donde se celebra a quien se atreve a subir una foto en bañador sin esconder la tripa. Elegir en qué tipo de grupo queremos estar, y qué tipo de amigo queremos ser, también es una forma de activismo pequeño y cotidiano.

Ficha de la canción «Buscando el polvo perfecto» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Si un amigo deja de comer cuando sale, se obsesiona con el gimnasio o se aísla porque no se gusta, no hace falta tener las palabras perfectas. Basta con decirle que lo has notado, que te importa y que le acompañas a pedir ayuda si quiere. No le hables de su peso; háblale de él. Y si en algún momento te preocupa de verdad su salud, no lo cargues tú solo: busca orientación en las asociaciones especializadas, que también atienden a familias y amistades.

Si eres menor

Muchos trastornos alimentarios empiezan en la adolescencia, a veces a la vez que se descubre la propia orientación. Si tienes menos de dieciocho años y te reconoces en algo de lo que cuento, la Fundación ANAR atiende en el 900 20 20 10, gratis, a cualquier hora y sin que nadie tenga que enterarse. Puedes hablar de la comida, del cuerpo, de ser LGTBI o de todo a la vez.

Dónde pedir ayuda

Si crees que tienes un problema con la comida o con tu imagen corporal, habla primero con tu médico de cabecera, que puede derivarte a una unidad especializada en trastornos de la conducta alimentaria. La Federación Española de Asociaciones de Ayuda y Lucha contra la Anorexia y la Bulimia (FEACAB) tiene una línea de información en el 976 389 575, y la Asociación contra la Anorexia y la Bulimia (ACAB), en Barcelona, atiende en el 93 454 91 09.

Si lo que pesa tiene que ver con ser LGTBI, la Línea Arcoíris de la FELGTBI+ está en el 91 360 46 05, y en Madrid COGAM ofrece apoyo psicológico en el 91 523 00 70. Tienes más recursos en el índice de mi serie sobre salud mental.

Y si en algún momento el malestar se vuelve tan grande que piensas en hacerte daño o en dejar de vivir, en España puedes llamar al 024: es gratuito, confidencial y funciona todos los días a todas horas. Si hay peligro inmediato, llama al 112. Si estás en otro país, contacta con la línea de prevención del suicidio de allí o con su teléfono de emergencias. Nombrar el suicidio no es un tabú, es una manera de abrir la puerta a la ayuda. Lo expliqué en «Hablemos del suicidio sin tabú».

Lo que no es el polvo perfecto

La canción se llama «Buscando el polvo perfecto», y la gracia es que el narrador nunca lo encuentra. No puede: está tan ocupado descartando que no le queda tiempo para mirar a nadie de verdad. Esa es, creo, la lección escondida en la sátira.

No hay cuerpo perfecto, ni pluma correcta, ni edad ideal. Hay personas que se gustan, que se cuidan, que se ríen juntas de los catálogos. Ojalá cada vez nos parezcamos menos al personaje de la canción y un poco más al que, al final, se atreve a decir que todo eso le parece deprimente.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la plumofobia? Es el rechazo hacia los hombres gais o bisexuales con pluma, es decir, con gestos, forma de hablar o de vestir asociados a lo femenino. Aparece incluso dentro del propio colectivo, en expresiones como «solo masculinos» o «que no se note», y está relacionada con el machismo y la misoginia.

¿Los hombres gais tienen más trastornos alimentarios? Los estudios indican un riesgo mayor. Una investigación de Feldman y Meyer de 2007 encontró que más del 15 % de los hombres gais y bisexuales había tenido un trastorno alimentario o algunos de sus síntomas, frente a menos del 5 % de los heterosexuales. Las causas son varias y no se reducen a la presión estética del ambiente.

¿Qué es la dismorfia muscular? Es una variante del trastorno dismórfico corporal en la que la persona se ve pequeña o débil aunque esté musculada. Puede llevar a entrenar de forma compulsiva, a dietas extremas y al uso de esteroides. Se describió en 1997 y el DSM-5 la recoge desde 2013.

¿Dónde pedir ayuda por un trastorno alimentario en España? Lo primero es el médico de cabecera, que puede derivar a una unidad especializada. También puedes llamar a FEACAB en el 976 389 575 o a ACAB en el 93 454 91 09. Si hay pensamientos de hacerse daño, el 024 atiende a cualquier hora, y el 112 en caso de emergencia.

¿De qué habla «Buscando el polvo perfecto»? Es una sátira del primer disco de la trilogía GAYFOLK, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», sobre un usuario de una app de citas que se cree un dios y bloquea a todos los que no encajan en su molde por gordos, calvos, mayores o con pluma.

¿Quién escribe estas canciones? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid, que se presenta como el primer cantautor IA. La música y las voces de sus canciones se hacen con inteligencia artificial.

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