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Doble mirada: racismo, LGTBIfobia y parejas mixtas en mis letras

«Que te molesta que mi novio sea africano.»

Es el tercer verso de «Tan paleto», una canción del tercer disco de la trilogía GAYFOLK, «El día de la liberación». (La letra completa está en gayfolkplanet.com.) La canción empieza con un espectador al que le molesta que dos hombres vayan de la mano. Y justo después añade una segunda molestia: que uno de ellos sea africano. Son dos versos seguidos, casi del mismo tamaño, con la misma estructura. Como si para el que mira fueran la misma ofensa.

Ese detalle es el centro de este texto. Hay personas a las que no las miran una vez, sino dos. Por ser LGTBI y por su color de piel, por su acento, por su origen. Y esas dos miradas no se suman sin más: se multiplican, se mezclan, crean situaciones que no vive ni el gay blanco ni el hetero negro. De eso quiero hablar. De la doble mirada, de cómo se nota en la calle, en las apps, dentro del propio colectivo, y de lo que significa para quien llega a España huyendo de un país donde ser quien es puede costarle la cárcel.

El espectador que juzga dos veces

Lo que más me gusta de «Tan paleto» es que no se lamenta. El narrador no llora la mirada, la devuelve. Contesta con una frase que suena a regla de vida: «No voy a aceptar consejos de ningún espectador.» El que mira desde fuera es eso, un espectador, alguien que no forma parte de la historia y se cree con derecho a opinar sobre ella.

Pero conviene detenerse en lo que molesta al espectador. No le molesta una sola cosa. Le molesta la pareja de hombres y le molesta el origen de uno de ellos. Y es probable que ni él mismo sepa cuál de las dos cosas le molesta más. Ahí está la trampa de la doble discriminación: quien la sufre tampoco sabe siempre por qué le miran mal. ¿Por gay? ¿Por negro? ¿Por las dos cosas? Esa incertidumbre es en sí misma una carga. Obliga a estar alerta en dos frentes a la vez.

Una palabra para nombrarlo

Hay una palabra que sirve para entender esto, y aunque suene académica, merece la pena conocerla: interseccionalidad. La propuso la jurista estadounidense Kimberlé Crenshaw en 1989, a partir de casos de mujeres negras que sufrían una discriminación que no encajaba ni en la categoría de «racismo» ni en la de «sexismo» por separado. Los tribunales miraban cada eje por su cuenta y no veían el cruce.

La idea es sencilla: las discriminaciones no se viven en compartimentos estancos. Una mujer lesbiana y gitana, un hombre gay y marroquí, una mujer trans y latinoamericana, no viven una LGTBIfobia más un racismo, como quien suma dos cifras. Viven una experiencia propia, con sus propias formas de exclusión. Y si solo miramos cada eje por separado, esas personas se nos escapan.

La Ley 15/2022, integral para la igualdad de trato y la no discriminación, recoge esta idea cuando habla de discriminación múltiple e interseccional. Que esté en una ley española es importante, porque significa que el Estado reconoce que hay gente a la que se discrimina por varios motivos a la vez, y que eso agrava el daño.

De la mano por la calle

Volvamos a la escena de la canción, que es la escena más simple del mundo: dos hombres de la mano. Para una pareja de dos hombres blancos, en muchas zonas de Madrid, eso es hoy algo bastante tranquilo. Para una pareja mixta, a veces no lo es tanto. Las miradas son otras, las preguntas son otras. Hay quien da por hecho que uno de los dos «está con el otro por los papeles». Hay quien les habla en inglés a los dos, o solo a uno. Hay quien les pide la documentación con más frecuencia.

Fotogramas del videoclip oficial de «Tan paleto», de Mike Sain't Louis

Nada de esto sale en las estadísticas de agresiones, porque no son agresiones. Son roces. Pero los roces, día tras día, desgastan igual que los golpes. En «Madrid to Benidorm» escribí un estribillo en plural sobre el orgullo compartido. Ese plural solo es verdad si caben todos los colores.

El racismo que también hay dentro

Sería cómodo pensar que el racismo es cosa de los de fuera, del espectador paleto de la canción. Pero no. También existe dentro del propio colectivo LGTBI, y hay que decirlo sin rodeos.

Cualquiera que haya usado una app de ligue gay conoce los perfiles que filtran por raza: «no asiáticos», «no negros», «solo blancos». Hay quien lo defiende diciendo que son «preferencias». Pero una preferencia que excluye a grupos enteros por su origen tiene un nombre, y no es gusto personal. Además, existe la cara contraria, igual de dañina: la fetichización. Hombres negros a los que solo se les habla para pedirles que encajen en un estereotipo sexual, hombres asiáticos a los que se les presupone sumisos, latinos a los que se les exige ser «calientes». Ser deseado solo como cliché es otra manera de no ser visto.

El racismo del ambiente no se queda en las apps. Aparece en la puerta de algunos locales, donde a unos se les pide el carné con más insistencia que a otros. Aparece en los comentarios de barra, en los chistes sobre acentos, en la sorpresa de quien descubre que el chico latino de la fiesta es médico o ingeniero. Son detalles pequeños que, sumados, le dicen a alguien que este sitio, que debía ser su refugio, también le mira raro. Y eso duele más que la mirada del paleto de la calle, porque viene de quien debería entenderlo mejor que nadie.

He escrito sobre las apps y la pluma en «Buscando el polvo perfecto», donde aparece otra forma de exclusión del ambiente, la del «nada de pluma». En «Me mola Zeus» el algoritmo hace de celestina. Las apps no inventan nuestros prejuicios, pero los ordenan en filtros y los vuelven más fáciles de ejercer.

Personas LGTBI que llegan a España

Hay una parte de esta historia que en España se cuenta poco: la de las personas LGTBI que llegan desde otros países. Algunas vienen por trabajo, por estudios o por amor. Otras vienen huyendo. Según los informes de ILGA World, la federación internacional de asociaciones LGTBI, decenas de países siguen castigando por ley las relaciones entre personas del mismo sexo, en algunos casos con penas de cárcel muy largas.

Para esas personas, España puede ser un refugio, y la ley lo contempla. La Ley 12/2009, reguladora del derecho de asilo, reconoce que la persecución por orientación sexual o identidad sexual puede ser motivo para obtener protección internacional. Es decir, alguien que ha tenido que huir de su país por ser gay, lesbiana, bisexual o trans puede pedir asilo aquí.

El camino no es fácil. Hay que demostrar algo que, por definición, uno ha pasado la vida escondiendo. Hay que contar lo más íntimo ante desconocidos, en un idioma que a menudo no es el propio. Y mientras se resuelve, se vive en una especie de sala de espera, sin saber si podrás quedarte. Si estás en esa situación, hay organizaciones especializadas en asilo y asociaciones LGTBI que acompañan estos procesos. No tienes que hacerlo solo.

La doble soledad del recién llegado

Quien llega huyendo de la LGTBIfobia a veces se encuentra con una soledad doble. Por un lado, su comunidad de origen en España puede no aceptarle, porque trae consigo los mismos prejuicios del país que dejó. Por otro, el ambiente LGTBI local puede no acogerle del todo, por racismo, por barrera de idioma o simplemente porque nadie se toma la molestia.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «Ya sé que su mente tiene limitaciones.» de «Tan paleto»

Es una situación muy dura: no encajar en la comunidad de tu origen porque eres gay, y no encajar del todo en la comunidad gay porque eres de fuera. He hablado de la soledad en muchos textos, pero esta es una de sus formas más silenciosas. Por eso me parece tan importante que los colectivos y los bares, las fiestas y los grupos de amigos, hagan el esfuerzo de abrir la puerta de verdad. A veces basta con hablar más despacio, con invitar a alguien a la mesa, con preguntar de dónde viene sin convertirlo en un interrogatorio.

Gitanos, moros y otros insultos de patio

En España la doble mirada tiene acentos muy nuestros. Una persona gitana y LGTBI se encuentra a menudo entre dos prejuicios: el de una parte de la sociedad que desprecia a su pueblo, y el de quien da por hecho que en su comunidad no se puede ser gay o lesbiana. Ese segundo prejuicio también es racista, porque convierte a todo un pueblo en un bloque homogéneo, como si no existieran familias gitanas que aceptan a sus hijos ni activistas gitanos LGTBI que llevan años trabajando dentro y fuera de su comunidad.

Lo mismo pasa con las personas de origen magrebí. En el patio del colegio, en muchos barrios, «moro» y «maricón» han sido durante décadas los dos insultos más fáciles, y a veces se lanzaban juntos. Un chaval que era las dos cosas lo tenía todo en contra. Lo menciono porque las palabras que se usan en los patios son las que luego se oyen en las calles, y porque las campañas contra el acoso escolar deberían tener en cuenta que hay niños a los que se insulta por más de un motivo.

El orgullo que se mira al espejo

El Orgullo de Madrid es una fiesta enorme, una de las más grandes de Europa, y me encanta. Pero cada año aparece la misma pregunta: ¿a quién se ve en las carrozas, en los carteles, en las campañas? Durante mucho tiempo la imagen del Orgullo ha sido muy blanca, muy joven y muy musculada. Eso está cambiando, poco a poco, gracias a colectivos de personas racializadas, migrantes y gitanas que han reclamado su sitio.

Me parece una reclamación justa y necesaria. El Orgullo nació como una protesta de los que no tenían sitio, y sería una contradicción que ahora dejara fuera a otros. Que en la cabecera de una manifestación haya personas de muchos orígenes no es una cuota, es un retrato más fiel de quiénes somos. Y de paso le recuerda al espectador de la canción que no hay una sola manera de ser marica.

Hablar del amor sin pasaporte

Quiero terminar este bloque con algo más luminoso, porque las parejas mixtas no son solo un problema que sufre miradas. Son, sobre todo, historias de amor. Dos personas que vienen de sitios distintos, con lenguas distintas, comidas distintas, familias distintas, y que deciden construir algo juntas. Eso tiene una belleza propia.

En una pareja así se aprende a traducir. No solo palabras, también gestos, silencios, formas de enfadarse y de hacer las paces. Se celebran dos calendarios de fiestas. Se cocinan dos recetarios. Se discute sobre quién tiene razón con el picante. Y a veces se tiene que explicar a dos familias, en dos idiomas, que se quiere a alguien del mismo sexo. Es más trabajo, sí. Pero también hay más mundo. En «Boys Like Us» escribí sobre el plural que salva, sobre la pandilla de gente que se reconoce. Las parejas mixtas son una forma de ese plural.

El espectador de «Tan paleto» solo ve la superficie: dos hombres, dos colores. No ve las cenas, las llamadas a otro continente, los regalos traídos en la maleta, los idiomas aprendidos a medias por amor. Si lo viera, quizá entendería que lo que le molesta es, en realidad, una de las cosas más bonitas que pueden pasar en una ciudad: que dos personas que nunca deberían haberse cruzado se crucen y se quieran.

Idiomas que se mezclan

Mis letras están llenas de idiomas mezclados. Hay canciones en inglés, versos en spanglish, una canción en portugués como «Pura magia». He explicado en otros textos por qué cambio de idioma, y lo cuento también en «Una canción, veinte acentos». Pero quiero añadir aquí una razón que tiene que ver con este tema.

Collage con un detalle de la carátula de «Tan paleto» y las carátulas de «Madrid to Benidorm», «Buscando el polvo perfecto», «Me mola Zeus», «Boys Like Us»

En el ambiente LGTBI de una ciudad como Madrid se oyen muchos idiomas. Se liga en inglés, se discute en portugués, se consuela en árabe, se baila en todos. Una canción que mezcla lenguas se parece a esa pista de baile. No es un adorno exótico, es un retrato. Y para quien acaba de llegar, oír su idioma metido en una canción hecha aquí puede ser una pequeña señal de que también cabe.

Lo que no se dice en la canción

Me parece honesto decir lo que la canción no cuenta. «Tan paleto» no explica quién es el novio africano, ni cómo se conocieron, ni de qué país viene. Tampoco tiene que hacerlo. La canción no va de él, va del espectador que les mira. El novio no necesita justificarse. Precisamente esa es la respuesta: no dar más explicaciones.

Lo digo porque hay una forma de hablar de las parejas mixtas que convierte siempre a la persona migrante en objeto de curiosidad: de dónde es, cómo llegó, qué opina su familia. En la canción, el novio simplemente está. Es un novio. Va de la mano. Y eso, que debería ser lo normal, es lo que le molesta al de enfrente.

Les tapas los ojos

Hay otro verso de la canción que me interesa mucho: el del padre que tapa los ojos de sus hijos cuando ven un beso, y la canción lo compara con un buen dictador. Esa imagen sirve también para el racismo. Hay quien cree que los niños no deben ver ciertas parejas, ciertas familias, ciertos colores juntos. Como si la diversidad fuera algo de lo que proteger a la infancia.

Lo que pasa en realidad es lo contrario. Los niños que crecen viendo parejas de todo tipo, familias de todos los colores, besos entre hombres y entre mujeres, crecen con la mirada más ancha. Los que crecen con los ojos tapados son los que luego se convierten en espectadores que juzgan. Por eso me parece tan importante que haya canciones, series y películas que muestren todo esto con naturalidad. No para adoctrinar a nadie, sino para que nadie tenga que taparse los ojos.

Desde dónde lo escribo

Tengo que ser honesto sobre mi lugar en esta conversación. Soy un letrista, compositor y productor musical de Madrid, y me presento como el primer cantautor IA. La música y las voces de mis canciones se hacen con inteligencia artificial y las letras las escribo yo. No voy a hablar en nombre de las personas racializadas ni de las migrantes, porque no me corresponde. Lo que puedo hacer es escribir canciones donde estén, sin convertirlas en decorado, y usar mi espacio para señalar al espectador que juzga.

En mis letras hay ex de muchos sitios, amores de una noche en otras ciudades, novios con nombres inventados. «Tan paleto» es la canción donde el origen de uno de ellos se convierte en tema, y lo hace para dar la vuelta a la mirada. Es lo que intento siempre: que la canción mire al que mira.

Cuando la mirada se convierte en golpe

A veces la doble mirada no se queda en mirada. Cuando un insulto o una agresión se producen por el origen de alguien o por su orientación, la ley española lo trata con más dureza. El Código Penal, en su artículo 22.4, considera agravante cometer un delito por motivos racistas o por motivos referentes, entre otros, a la orientación o identidad sexual de la víctima. Y si los dos motivos se dan a la vez, ambos forman parte del mismo cuadro.

Ficha de la canción «Tan paleto» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

Saberlo importa porque muchas víctimas no denuncian. Unas porque creen que no servirá de nada. Otras porque no quieren pasar por una comisaría contando lo que les pasó. Y algunas, en el caso de personas migrantes, porque temen que denunciar les cause problemas con su situación administrativa. Es comprensible, pero cada agresión que no se denuncia es una agresión que no existe para las estadísticas, y lo que no existe en las estadísticas tampoco existe para las políticas públicas.

Si te pasa algo así, guarda todo lo que puedas: mensajes, fotos, nombres de testigos, la hora y el lugar. Busca a una asociación que acompañe a víctimas de delitos de odio; en Madrid hay varias, y pueden ayudarte a decidir qué hacer y a no ir solo. No estás obligado a denunciar si no quieres, pero mereces saber que puedes hacerlo y que la ley está de tu parte.

Lo que podemos hacer

Si eres una persona LGTBI blanca, hay cosas sencillas que ayudan. No uses filtros raciales en las apps, ni los disfraces de «preferencia». No fetichices. Cuando alguien haga un chiste racista en el bar, aunque sea entre amigos del ambiente, córtalo igual que cortarías uno homófobo. Y si tienes un sitio en un colectivo, una fiesta o un grupo, piensa a quién falta y por qué.

Si eres una persona LGTBI racializada o migrante y vives la doble mirada, no estás exagerando. Lo que sientes tiene nombre y tiene ley. Si sufres una agresión o una discriminación, puedes denunciarla, y hay asociaciones en Madrid que acompañan a víctimas de delitos de odio y que conocen bien estas situaciones. Si eres solicitante de asilo, busca una organización especializada antes de cualquier entrevista.

Y si en algún momento todo esto pesa tanto que no ves salida, o piensas en hacerte daño, en España tienes el 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratuita, confidencial y disponible las 24 horas. Si hay peligro inmediato, el 112. Si estás fuera de España, llama al número de emergencias de tu país. Si todavía no se lo has contado a nadie, aquí te dejé unas palabras: «Carta a quien todavía no se lo ha dicho a nadie».

Ninguna explicación más

La canción tiene un estribillo que repite una pregunta y una respuesta. La pregunta es cómo se puede ser tan cateto. La respuesta es no dar más explicaciones. Y hay un verso que lo remata con ironía: «Ya sé que su mente tiene limitaciones.»

Me quedo con eso como cierre. Ante la doble mirada, no hace falta justificarse dos veces. No hay que explicar por qué vas de la mano ni por qué tu novio es de donde es. Hay que seguir caminando. Que el espectador mire lo que quiera. La calle también es nuestra, de todos los colores.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la interseccionalidad? Es la idea, propuesta por la jurista Kimberlé Crenshaw en 1989, de que las discriminaciones se cruzan: una persona puede sufrir a la vez racismo y LGTBIfobia, y esa combinación crea una experiencia propia que no se entiende mirando cada motivo por separado. La Ley 15/2022 española habla de discriminación múltiple e interseccional.

¿Se puede pedir asilo en España por ser LGTBI? Sí. La Ley 12/2009, reguladora del derecho de asilo, reconoce que la persecución por orientación sexual o identidad sexual puede dar lugar a protección internacional. Conviene buscar asesoramiento de una organización especializada.

¿De qué habla «Tan paleto»? De un espectador al que le molesta que dos hombres vayan de la mano y que uno de ellos sea africano, y de la respuesta del narrador, que se niega a darle explicaciones. Es una canción del tercer disco de la trilogía GAYFOLK, «El día de la liberación».

¿A quién puedo llamar si la discriminación me supera? En España, al 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratuita y disponible las 24 horas, y al 112 si hay peligro inmediato. Fuera de España, al número de emergencias local.

¿Quién escribe estas canciones? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid, que se presenta como el primer cantautor IA. La música y las voces de sus canciones se hacen con inteligencia artificial.

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