
Por Mike Sain't Louis ·
Una canción, veinte acentos: escribir pop en español de España a América
Escribo desde Madrid, pero cuando termino una letra me imagino a alguien leyéndola en voz alta en Caracas, en Sevilla, en Lima o en Monterrey. No siempre lo consigo. Pero es una prueba que me hago, porque el español que hablo en casa no es el único que va a escuchar mis canciones, y ni siquiera es el mayoritario.
Esto parece una obviedad. En la práctica es un trabajo minucioso, palabra a palabra, que casi nadie ve.
Las palabras que no viajan bien
Hay palabras que en España son inocentes y en otros países son una bomba. Todo el mundo conoce el ejemplo de «coger», que en España sirve para el autobús y en buena parte de América sirve para otra cosa. Pero hay muchas más, menos famosas. Un «pibe» en Argentina, una «guagua» en Canarias y en el Caribe, un «piso» que en otros sitios es «departamento» o «apartamento».
Cuando escribo, tengo una especie de lista mental de palabras en cuarentena. No están prohibidas. Simplemente, antes de usarlas me pregunto si la frase sigue funcionando para alguien que la entienda de otra manera. A veces el doble sentido me conviene, porque en una canción con humor un malentendido puede ser el mejor chiste. Otras veces me estropea un verso que quería que fuera tierno.
Con la jerga gay pasa algo parecido. Cada país tiene su vocabulario, a veces cariñoso, a veces insultante, a veces las dos cosas según quién lo diga. Lo que en Madrid es una broma entre amigos puede sonar duro en Bogotá. Y al revés. Ahí prefiero quedarme con palabras que se entiendan en todas partes, aunque pierda algo de color local.
La rima que cambia según dónde vivas
Esto es lo que más me ha costado entender, y me sigue pillando. En buena parte de España se distingue la «s» de la «z» y la «c»: «casa» y «caza» suenan distinto. En América y en Canarias, y en zonas de Andalucía, no. Para la mayoría de los hispanohablantes, «cerveza» rima perfectamente con «mesa». Para mí, en mi cabeza madrileña, no del todo.
Parece un detalle técnico. A mí me parece casi político. Si solo rimo como se habla en el centro de la península, estoy escribiendo para una minoría y tratando al resto como si pronunciaran mal. Y no pronuncian mal. Pronuncian como pronuncian cientos de millones de personas.
Así que he dejado de tenerle miedo a esas rimas. Si en mi oído no casan del todo, pero en el oído de casi todo el mundo sí, la rima vale.
Cuando produzco con herramientas de inteligencia artificial, escucho cómo queda cada palabra en la versión que estoy probando. Hay veces que una pronunciación me sorprende y la acabo eligiendo, porque le da al verso una melodía que yo no había previsto. Otras veces descarto la versión entera porque una sola palabra se oye rara. Es parte de dirigir: decidir qué acento quiero que tenga una canción, o si quiero que no se note ninguno.
Vosotros, ustedes y el tuteo
Otra decisión que parece pequeña. En España decimos «vosotros»; en América, «ustedes». Si una canción le habla a un grupo, tengo que elegir. Y elija lo que elija, la mitad de los oyentes notará que no es su forma natural de hablar.
Mi solución, casi siempre, es hablarle a una sola persona. El tuteo funciona en todas partes, con matices, pero se entiende. Una canción que le dice «tú» a un exnovio la entiende igual una chica de Valencia que un chico de Guayaquil. El voseo argentino o centroamericano es precioso y a veces me dan ganas de usarlo, pero sería impostado en mi boca. Prefiero no fingir un acento que no tengo en la escritura.
Hay un título de mi catálogo que me gusta mucho para pensar en todo esto: «Mitad Venezuela, mitad Pakistán». Solo leyéndolo ya cruza dos continentes y, de paso, recuerda que el español también se vive mezclado con otras lenguas y otras familias. No te voy a contar de qué va. Pero ese título dice algo que intento hacer siempre: que el mapa de quien escucha sea más grande que el mío.
Luego está el caso contrario. «Mi novio de Albacete» es lo más local que tengo en el título. Una ciudad de la Mancha que mucha gente en América no sabría situar. Y, sin embargo, creo que funciona, porque todo el mundo tiene su Albacete: esa ciudad de provincias que en tu país suena un poco a chiste y un poco a ternura. Lo concreto, si está bien elegido, viaja mejor que lo genérico. Esa es otra de mis contradicciones: intento escribir en un español que valga para todos, y a la vez sé que las canciones que más se recuerdan suelen ser las más concretas.
También pasa con «Tan Cateto». «Cateto» es una palabra muy de España. En otros países tienen sus propias palabras para lo mismo, y aun así es la canción con la que mucha gente me conoció en TikTok. Sospecho que a veces el contexto explica la palabra sin necesidad de diccionario.
Para quién escribo
Mi público está sobre todo en Europa y en América Latina. Eso me obliga a pensar en un oyente que no veo, que no conozco y que habla mi idioma de otra manera. No me parece una limitación. Me parece una suerte. Escribir para muchos acentos me hace más cuidadoso, y también más humilde: el español no es de nadie en particular.
La web la hice en español y en inglés, y cada canción tiene su página con la letra completa. Eso ayuda, porque si una palabra no se entiende a la primera, puedes leerla con calma y buscarla.
Todas las letras están en mikesaintlouis.com.