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Del perfil de dios al banquete de bodas: el videoclip de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk» escena a escena

De todas mis canciones, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk» es la que tiene más responsabilidad. Le puso nombre al primer disco y, de paso, a todo el universo que vino después. Ya conté por qué ese disco se titula como un titular de periódico en «Por qué el primer disco de Gayfolk tiene título de noticia», y ya escribí sobre el verso que más me importa de la letra en «Las personas no son simples objetos».

Lo que nunca había hecho es sentarme a mirar el videoclip despacio. Dura dos minutos y cincuenta y cinco segundos. Lo he visto parándolo cada cinco segundos, como quien va pasando fotos en el móvil con el dedo, y me ha sorprendido lo bien que cuenta la canción sin necesidad de subtítulos: empieza en un escaparate de cuerpos y termina en un banquete de bodas. Describo solo lo que aparece en pantalla; lo que interpreto es cosa mía, y tú puedes ver otra cosa.

El primer fotograma: un logo y una palabra

El vídeo arranca con algo que casi parece un descuido y no lo es. Arriba a la izquierda, en un cuadrado amarillo, está el logo de la conocida aplicación de ligar que la canción nombra en el estribillo, con su máscara negra. Debajo, en letras rosas pequeñitas, pone «MAQUETA INICIAL». Y en el centro, un hombre con barba y esmoquin, con pajarita y pañuelo blanco en el bolsillo, posa delante de un cielo de galaxias de colores, con un planeta asomando por la esquina. Encima, en letras blancas, el título, y la palabra «GAYFOLK» en rosa.

Esas dos palabras, «maqueta inicial», me hacen mucha gracia ahora. Porque eso era exactamente la canción al principio: una maqueta, una primera idea que no sabía todavía que iba a convertirse en un planeta entero. Y me gusta que el vídeo lo deje escrito, como una etiqueta en una caja de mudanza.

El logo, por su parte, coloca al espectador en el sitio exacto. No estamos en el espacio. Estamos en una pantalla de móvil, mirando perfiles.

El hombre que posa

Durante el primer minuto y medio, el vídeo es casi una sola persona en muchas versiones. Un hombre musculoso, con barba frondosa, el pelo peinado hacia atrás y los brazos y el pecho cubiertos de tatuajes, posa delante de fondos espaciales cada vez más recargados. Primero con una camiseta de tirantes negra, con los brazos cruzados o apoyados en las caderas. Luego con camisa blanca, tirantes negros y los pulgares enganchados en ellos, como un modelo de calendario. Luego otra vez con esmoquin, la mirada fija en la cámara.

Los fondos cambian a cada pocos segundos: galaxias que giran en espiral, nebulosas rosas y turquesas, planetas con anillos, lunas, una ciudad de agujas negras en el horizonte, unos castillos de piedra que parecen de otro mundo, rocas de colores, y, detrás del hombre, unas figuras pequeñas que parecen robots o astronautas, mirándole desde lejos.

Ese hombre es, para mí, el narrador de las primeras estrofas. El que dice:

Si no contesto y te bloqueo, Es porque eres muy feo.

No tiene por qué ser él, claro, pero el vídeo lo presenta como la foto de perfil perfecta: el cuerpo, la barba, la pose, el fondo espectacular. Es el chico que en la canción se cree un dios y descarta a los demás por gordos, calvos, viejos o con pluma. Y el vídeo lo pone donde él cree que está: en el centro del universo, con las galaxias girando a su alrededor.

Lo que más me divierte es la repetición. Cambia la ropa, cambia el fondo, pero la pose es casi siempre la misma: los brazos marcando bíceps, la barbilla un poco levantada, la mirada a cámara. Exactamente como un perfil de app, donde todas las fotos son la misma foto con distinta camiseta. Ya me reí de ese mercado de cuerpos en «Buscando el polvo perfecto», que comparte estribillo con esta canción, y escribí sobre cómo aquel bloqueo creativo acabó dando a luz el planeta en «El planeta nació de un bloqueo».

Los robots del fondo

Hay un detalle que se ve mejor parando el vídeo. En varios planos, detrás del hombre de los tirantes, a izquierda y derecha, hay unas figuras plateadas de pie sobre el suelo del planeta, como robots o astronautas sin cara. No hacen nada. Solo están ahí, mirando.

Fotogramas del videoclip oficial de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», de Mike Sain't Louis

Yo los leo como el resto de usuarios. Los demás perfiles, que miran al chico perfecto desde la distancia, sin acercarse. O como los que él descarta: figuras sin cara, sin nombre, que no merecen ni una respuesta. En una app, cuando bloqueas a alguien, se convierte justo en eso, en una silueta que desaparece del fondo.

Ciudades de otro mundo

Hacia el minuto, el hombre aparece de pie en un paisaje de rocas negras y charcos que reflejan el cielo, con unos edificios enormes detrás, como catedrales o palacios de piedra clara, y una Tierra azul flotando en el aire. En otro plano está de espaldas a una ciudad de agujas y torres oscuras, bajo un remolino de nubes blancas y azules que parece un agujero en el cielo.

Son las imágenes más grandiosas del vídeo, y por eso mismo las más irónicas. Todo ese decorado de ciencia ficción para un señor que, en la letra, se dedica a mandar a la gente «a hacer deporte» o «a llorar al cirujano». Me gusta ese contraste. Cuanto más épico es el fondo, más pequeño parece el personaje. Hay mucho humor en dejar que un chulito de gimnasio pose delante de una galaxia.

Con tirantes naranjas

En otra serie de planos, el hombre lleva una camiseta de tirantes negra y unos tirantes naranjas, con las manos en los bolsillos, de pie sobre el borde de un planeta, mientras detrás pasa una nave espacial blanca y brillan nebulosas moradas y rosas. Es casi una postal de viaje interestelar.

Hay algo que cambia sutilmente aquí. En los primeros planos, el hombre miraba a cámara como quien posa. En estos, a veces mira de lado, como si buscara algo fuera del encuadre. Puede que sea solo una pose más. Pero yo quiero leer ahí el principio de la duda, el momento en que el dios del gimnasio se da cuenta de que lleva mucho tiempo solo en un planeta lleno de robots.

El consejo y las caras de espanto

Y de pronto, el vídeo sale del espacio y aterriza en la Tierra con un golpe. Un primer plano de un hombre con barba y una chica rubia, cara con cara, con la boca abierta de par en par, gritando, con los ojos como platos. Luego los mismos dos, de cuerpo entero, en una calle de una ciudad con edificios clásicos, un coche aparcado detrás y una acera ancha. Él con camiseta de tirantes negra; ella con camiseta blanca y el pelo rubio suelto. Él sigue gritando. Ella pasa del espanto a una sonrisa.

Es el momento de la canción en el que entra el amigo de Toledo con su consejo:

Si buscas casarte esta no es la aplicación,

No sé si la pareja que grita está reaccionando a ese consejo o a todo lo anterior, pero el efecto es perfecto. Es la cara que pone cualquiera cuando alguien le suelta al oído una verdad incómoda a las tres de la mañana. O la cara que se le queda a una cuando por fin ve con claridad lo absurdo del juego en el que llevaba metida años. El grito rompe el hechizo de las galaxias. Se acabó la foto de perfil. Ahora estamos en la calle, con gente de verdad.

Me gusta también que el vídeo meta a una chica. Las apps de ligar gays tienen fama de ser un mundo solo de hombres, pero los consejos sinceros, las caras de espanto y las sonrisas de «te lo dije» suelen venir de las amigas. Ella es, para mí, esa amiga que te mira el móvil por encima del hombro y no puede creerse lo que lee.

Las fuentes rosas

Después del grito llega la fiesta. Una vista aérea de una ciudad de noche, con edificios de fachadas antiguas, y en medio de una avenida o de un canal, decenas de chorros de agua que suben hacia el cielo iluminados de rosa fucsia. Luego, un plano más cercano: las fuentes rosas bailan entre nubes de vapor verde y rosa. Y otro más: una fuente enorme, con chorros a diferentes alturas, todos rosas, frente a la ciudad iluminada.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «Si buscas casarte esta no es la aplicación,» de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk»

Son, para mí, las imágenes del descubrimiento. El planeta Gayfolk no aparece aquí todavía como planeta, sino como un cambio de color. La ciudad sigue siendo la ciudad, con sus edificios de siempre. Pero por un momento todo el agua se ha vuelto rosa, como si alguien hubiera echado purpurina en la red de abastecimiento. Es lo que pasa cuando dejas de mirar el móvil y levantas la vista: el mundo sigue siendo el mismo, pero de pronto lo ves de otro color.

El salón de bodas

Y entonces el giro final, que es el que más me gusta. El vídeo nos lleva a un salón de banquetes, con cortinas de terciopelo color caramelo recogidas a los lados, centros de flores moradas y rosas sobre las mesas, sillas tapizadas de blanco y ventanales altos. En primer plano, un hombre con barba y esmoquin de solapas brocadas, pajarita negra y una flor blanca en el ojal, mira a cámara con los ojos claros. Por encima, el techo del salón está abierto, y por la abertura se ve un cielo de estrellas, con una luna llena y una luna creciente.

En el plano siguiente, la cámara sube y lo que aparece en el hueco del techo es un planeta enorme de color rosa intenso, con manchas blancas como nubes, rodeado de guirnaldas de lucecitas y de las telas blancas del techo, que caen en curva. Es el plano que he elegido para la portada.

Aquí es donde el vídeo dice lo que la letra solo insinúa. El amigo de Toledo avisaba de que esa no era la aplicación para casarse. Y el vídeo, al final, nos mete en una boda. El planeta Gayfolk aparece, literalmente, encima de un banquete nupcial. Como si el planeta fuera justo eso: el sitio donde sí se puede buscar algo más que un polvo perfecto, donde un chico con flor en el ojal espera a alguien sin necesidad de bloquear a nadie.

La letra lo dice así, en su último tramo:

Y las personas allí no son simples objetos.

En el salón de bodas no hay galaxias de fondo ni robots sin cara. Hay flores, sillas para invitados y un planeta rosa asomando por el techo. Es el decorado más terrestre de todo el vídeo y, a la vez, el más de otro mundo.

El cartel final

El último plano es el cartel de la canción. Tres hombres con esmoquin, uno de ellos con chaqueta de flores, juntos, con las caras muy cerca, casi rozándose, delante de un planeta rosa enorme. Arriba, mi nombre. Abajo, «DESCUBIERTO UN NUEVO PLANETA LLAMADO» y, en letras gigantes de color rosa, «GAYFOLK».

Collage con un detalle de la carátula de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk» y las carátulas de «Buscando el polvo perfecto», «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», «Soy marica sideral»

Después de casi tres minutos de un hombre solo posando, el vídeo termina con tres juntos. No posan para nadie: se miran entre ellos. Si el primer plano era una foto de perfil, el último es una foto de grupo. Y no hay mejor resumen de lo que quise decir con esta canción: el planeta empieza cuando dejas de ser un perfil y empiezas a ser alguien que está con otros.

Me fijo también en la ropa. Al principio, el esmoquin era el disfraz del dios de la app: negro, impecable, con pañuelo en el bolsillo, el traje de quien quiere parecer el mejor partido del catálogo. Al final, el esmoquin vuelve, pero ya no es un uniforme de conquista. Uno de los tres lleva una chaqueta estampada de flores, que en el mundo de los perfiles perfectos sería casi una provocación, algo demasiado vistoso, demasiado «con pluma». Y ahí está, en el centro del cartel, sin pedir permiso. Ese detalle me hace feliz. El mismo traje que servía para presumir sirve ahora para ir de boda, y entre los invitados cabe también el que se viste de flores.

No hay explicación de quiénes son los tres ni de qué relación tienen. No hace falta. Pueden ser una pareja y su mejor amigo, tres amigos, tres novios o tres invitados que acaban de conocerse. En el planeta Gayfolk nadie tiene que rellenar un formulario para estar en la foto.

Lo que el vídeo no enseña

Hay una ausencia que me parece de las decisiones más acertadas del clip. La letra está llena de gente despreciada: el gordo, el calvo, el viejo, el poco dotado, el que tiene pluma, el que no está marcado, el «abuelo». Ninguno de ellos aparece en el vídeo. No hay ni un solo plano de un cuerpo que el narrador rechaza.

Podría haberlo hecho. Habría sido fácil y hasta habría tenido gracia, un desfile de cuerpos «no aptos» delante de las galaxias. Pero entonces el vídeo habría repetido exactamente lo que critica la canción: poner cuerpos en un escaparate para que alguien los juzgue. Prefería que el único cuerpo expuesto fuera el del juez. El chulito del gimnasio es el único que posa, y por eso es el único del que nos reímos.

Tampoco hay pantallas. Salvo el logo de la primera imagen, nadie desliza el dedo, no hay chats, ni fotos borrosas, ni mensajes de «hola» sin respuesta. Todo eso ocurre en la letra, y el vídeo lo traduce a otra cosa: a pose, a decorado, a soledad. Es una manera de decir que el problema no es la aplicación en sí, sino lo que hacemos con ella cuando nos creemos el centro del universo.

El estribillo que se alarga

Cualquiera que haya escuchado la canción recuerda cómo se estira el nombre de la app en el estribillo, con todas esas «e» que no acaban nunca. Ese alargamiento es casi un lamento, una queja de madrugada. Y el vídeo lo acompaña con los fondos que giran: galaxias en espiral, remolinos de nubes, nebulosas que se enroscan sobre sí mismas. Es como si la imagen también diera vueltas sin llegar a ningún sitio, igual que quien abre y cierra la misma app cuarenta veces en una noche.

Luego viene el «¡Hoy lloras!», que en la letra es medio burla, medio profecía. Lo curioso es que en el vídeo nadie llora. Gritan, se espantan, sonríen, posan. Las lágrimas se quedan en la letra. Y eso también me gusta, porque el vídeo no es tan cruel como el narrador: no le concede a nadie el gusto de verle llorar.

El arco del vídeo

Visto entero, el clip tiene una estructura muy sencilla, casi de cuento en tres actos.

Ficha de la canción «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

En el primero, el escaparate: un hombre perfecto, solo, posando ante el universo, con el logo de la app en la esquina. Es la parte de la canción en la que el narrador reparte desprecios.

En el segundo, el golpe: dos personas que gritan en una calle normal. Es el consejo de Toledo, la verdad incómoda, el «¡Hoy lloras!» que acaba dándose la vuelta.

En el tercero, el descubrimiento: fuentes rosas, un salón de bodas, un planeta en el techo y tres hombres juntos. Es el estribillo final, el de un planeta donde no hay aplicaciones ni complejos.

Ese paso del perfil a la boda resume en pequeño lo que luego harían los tres discos. Esta canción es el aviso de que el planeta existe. Después vino «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», que es el deseo de ir, con su maleta y su nave arcoíris. Si alguien quiere escuchar los discos en orden y ver cómo crece esa idea, dejé una guía en «Cómo escuchar la trilogía Gayfolk de principio a fin».

El espacio como broma y como refugio

Me preguntan a veces por qué tanto espacio exterior en mis canciones. Lo conté en «Cohetes, estrellas y un planeta nuevo». Pero este vídeo me da otra respuesta. Aquí el espacio tiene dos usos que se oponen. Al principio es el decorado del ego: el fondo de galaxias para el chico que se cree un dios. Al final es el refugio: el planeta rosa que asoma sobre una boda.

Es la misma galaxia usada de dos maneras. Y creo que eso dice algo importante de la cultura queer que retratan mis canciones: los mismos símbolos que usamos para presumir pueden servirnos para encontrarnos. La purpurina, el brillo, la exageración, la pluma. En «Soy marica sideral» el espacio es puro orgullo de pluma, y ya escribí en «Exagerada me llamaron a mí» sobre el volumen de esa pluma. En esta canción, el espacio empieza siendo lo contrario, la vanidad del macho de gimnasio que desprecia a los afeminados. Y acaba siendo lo mismo que en «Soy marica sideral»: un lugar para todos.

Por qué me gusta tanto este vídeo

Como letrista, compositor y productor musical, siempre pienso en el videoclip como una segunda lectura de la letra. En «Más de 380 videoclips después» conté que para mí un vídeo no debe repetir la canción, sino contestarla. En este caso, la letra está llena de insultos, bloqueos y prisas, y el vídeo responde con una historia que va hacia la calma.

La canción tiene música e interpretación vocal hechas con IA; la idea, el humor, los personajes y la letra salieron de mi cabeza, y de muchas horas perdidas mirando perfiles en una pantalla. Y si este vídeo tiene una moraleja, es la del cartel final: los perfiles posan solos; las personas, juntas.

Esa es, al fin y al cabo, la regla principal del planeta. Lo resumí en «Explicarse, defenderse, fingir»: en Gayfolk no hace falta ninguna de las tres cosas. Y tampoco hace falta posar con el bíceps marcado delante de una galaxia.

Una lista para tu próxima vez

La próxima vez que lo pongas, intenta encontrar estas cosas: las letras rosas de «maqueta inicial» junto al logo; los tirantes negros enganchados con los pulgares; los robots plateados al fondo, a izquierda y derecha; los palacios de piedra bajo la Tierra azul; los tirantes naranjas y la nave blanca; la chica rubia que pasa del grito a la sonrisa; las fuentes rosas entre el vapor verde; la flor blanca en el ojal del novio; y el planeta rosa asomando por el techo del salón.

Y un último detalle, para nota: el logo de la app solo aparece en el primer fotograma. Después, en todo lo que he revisado, no vuelve a salir. Nadie en el vídeo mira un móvil. Ese olvido, para mí, es el descubrimiento.

Preguntas frecuentes

¿Qué pasa en el videoclip de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk»? Un hombre tatuado y con barba posa como en una foto de perfil delante de galaxias, planetas y ciudades de otro mundo; luego una pareja grita de espanto en una calle; después aparecen unas fuentes rosas en una ciudad de noche y, al final, un salón de bodas con un planeta rosa asomando por el techo y un cartel con tres hombres juntos.

¿Por qué aparece un salón de bodas? Porque la letra incluye el consejo de un amigo: si buscas casarte, esa no es la aplicación. El vídeo termina justo en una boda, con el planeta Gayfolk encima, como el sitio donde sí se puede buscar algo más.

¿Qué significa «maqueta inicial» al principio del vídeo? Es una etiqueta que aparece en el primer fotograma, junto al logo de la app. Para mí recuerda que la canción empezó como una primera idea que acabó dando nombre a todo un universo.

¿Quién hizo la canción? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical. La canción tiene música e interpretación vocal hechas con IA.

¿Hay más posts sobre esta canción? Sí: en la ficha de la canción está la letra completa, y en este blog hay otro post sobre el verso de las personas que no son simples objetos.

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