Saltar al contenido
← Canción a canciónMás de 280 videoclips después: los criterios con los que pienso un vídeo

Por ·

Más de 280 videoclips después: los criterios con los que pienso un vídeo

Si haces la cuenta, sale algo curioso. Tengo 273 singles y más de 280 videoclips. Hay más vídeos que canciones. Eso significa que algunas canciones tienen más de un vídeo, y que en algún momento decidí que una sola versión visual no bastaba. No es lo habitual. Lo normal es que una canción tenga su videoclip y ya, si tiene suerte.

Dirijo todos esos vídeos yo. No voy a contar aquí cómo se hacen, paso a paso, porque eso cambia y además no creo que sea lo interesante. Lo que sí puedo contar son los criterios. Las preguntas que me hago antes de empezar y las que me hago cuando algo no funciona. Son pocas y me acompañan desde hace tiempo.

El vídeo no tiene que explicar la canción

Esta es la primera regla y la que más me cuesta cumplir. Cuando tienes una letra con una historia, la tentación es contarla con imágenes, plano por plano. El vídeo se convierte entonces en una traducción de la letra, y una traducción literal casi siempre sobra. La persona ya está oyendo la historia. Si además la ve contada igual, se aburre o, peor, siente que la tratas como si no hubiera entendido.

Me interesa más que el vídeo añada algo. Un tono, un contraste, un detalle que la letra no dice. A veces lo consigo. Otras veces me doy cuenta a mitad de camino de que estoy ilustrando y paro.

Ahora en mi web cada canción tiene su página, con el videoclip y la letra completa una al lado de la otra. Eso me ha liberado un poco. Quien quiera la letra la tiene ahí, entera, para leerla. El vídeo puede permitirse ir por otro lado.

El tono es lo primero que decido

Mis canciones mezclan humor y herida, con bastante de camp y algo de copla. Un título como «La vecina cotilla» pide una cosa, y una canción sobre un exnovio que todavía duele pide otra, aunque las dos tengan chistes. Antes de pensar en ninguna imagen me pregunto en qué temperatura está la canción. Si es para reírse, para reírse un poco y luego quedarse callado, o para quedarse callado del todo.

Si me equivoco en eso, nada de lo demás lo salva. He visto vídeos míos que tenían imágenes bonitas y se sentían raros, y casi siempre era por esto: el vídeo iba en una dirección y la canción en otra. Como si los dos estuvieran en la misma habitación sin hablarse.

Mucha gente me encontró en TikTok, con «Tan Cateto», y eso me enseñó que el principio de un vídeo pesa muchísimo. No es que haya que empezar con un golpe de efecto siempre, eso cansa. Pero sí que los primeros segundos tienen que dejar claro de qué va la cosa, aunque sea por el ambiente. Quien está pasando vídeos con el pulgar decide muy rápido.

Al mismo tiempo, no quiero que todo el vídeo sea solo ese principio. Un videoclip completo tiene que aguantar hasta el final, y eso pide otra cosa: que algo cambie, que haya un pequeño movimiento de principio a fin. Tengo esa doble exigencia y no siempre sé conciliarla. Los Shorts, que hago a cientos, me resuelven parte del problema, porque ahí sí puedo quedarme con el golpe y olvidarme del resto.

Cuándo hago más de un vídeo

Lo de tener más vídeos que canciones no fue un plan. Pasó. Hay canciones que, una vez terminado el primer vídeo, me dejaban la sensación de que había otra lectura posible. Otra forma de verla. No mejor ni peor, distinta.

Me pregunto a veces si esto es generosidad o indecisión. Probablemente un poco de las dos. Hacer un segundo vídeo es una manera de no elegir, y elegir es justo la parte del oficio que más se nota. Lo tengo apuntado como duda.

Con más de 280 vídeos, el riesgo es el mismo que con cualquier serie larga: que todo se parezca demasiado o que nada se parezca a nada. Me interesa que alguien que vea tres vídeos míos seguidos sienta que vienen del mismo sitio, del mismo universo. Ese universo tiene nombre, PLANETA GAYFOLK, y la idea de un planeta ayuda: un lugar con sus reglas, su clima, su gente.

Pero dentro de ese planeta caben barrios muy distintos. «La primera drag» y «Mi novio de Albacete» no tienen por qué vivir en la misma calle. Lo que tienen que compartir es una mirada, una manera de tratar a sus personajes con cariño aunque me ría de ellos.

Lo que descarto

Dirigir es sobre todo descartar. Tengo esa costumbre en todo mi trabajo: decido, descarto y elijo, también cuando produzco la música con herramientas de inteligencia artificial. En los vídeos es igual. La mayoría de lo que se me ocurre no llega al final. Y está bien. Un vídeo con todas mis ideas sería un desastre.

Mi criterio para descartar es bastante simple. Si una imagen me gusta pero no sé decir por qué está en esta canción y no en otra, fuera. Si algo es gracioso pero tapa el momento serio de la letra, fuera. Si dudo mucho, normalmente es que no.

Lo que sobrevive a ese filtro, con sus aciertos y sus errores, es lo que ves. A veces sobrevive muy poco, y el vídeo queda sencillo, casi desnudo. He aprendido a no asustarme por eso. Un vídeo sencillo que encaja con la canción me gusta más que uno cargado que la tapa.

Los videoclips, cada uno en la página de su canción, están en mikesaintlouis.com.

Compartir