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Cohetes, estrellas y un planeta nuevo: el espacio exterior en la trilogía GAYFOLK

«Yo ya me he apuntado ¿Te vienes conmigo?»

Lo pregunta un tío que se despierta solo, con miradas vacías, en una calle sin nombre, con un trabajo insípido y un café amargo. Todo se repite. Nada le sorprende. Y de repente, en las noticias, sale Elon Musk anunciando el primer vuelo tripulado a un planeta recién descubierto. Un planeta que se llama GayFolk.

Y el tío no se lo piensa. Se apunta. Y te pregunta si vienes.

Esa es «Elon Musk ha anunciado», del segundo disco de la trilogía. Y la pongo en la portada porque es la canción donde mi planeta deja de ser una metáfora y se convierte en un destino con billete. Con cohete. Con riesgo de no volver.

PLANETA GAYFOLK es el nombre del proyecto. La trilogía GAYFOLK son tres discos pensados como una sola historia, en este orden: «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK» y «El día de la liberación». Ya expliqué en otro sitio cómo escuchar la trilogía de principio a fin. Aquí quiero hacer otra cosa. Quiero mirar hacia arriba. Contar los cohetes, las estrellas, las galaxias y las órbitas que hay en mis letras, y ver qué dicen de ese planeta que me inventé.

Spoiler: el espacio exterior de mis canciones es bastante cutre. Y eso es lo mejor que tiene.

Descubierto, como en las noticias

El primer disco tiene título de telediario. «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK.» Lo conté en por qué el primer disco tiene título de noticia: suena a titular de periódico, a última hora, a astrónomos con bata señalando un punto en una pantalla.

Pero ¿qué tiene ese planeta? ¿Cómo es?

La primera descripción que doy está en «Buscando el polvo perfecto», y no podría ser más terrenal. La canción se pasa casi todo el rato en Grindr, entre insultos de aplicación: eres gordo, eres calvo, eres viejo, tienes pluma, te bloqueo. Un catálogo de crueldad de perfil con foto de torso. Y al final, cuando ya no se puede más, aparece el planeta: «Descubierto un nuevo planeta llamado GayFolk / No hay grinder ni aplicaciones, tampoco hay complejos».

Fíjate en cómo está definido. Por lo que no hay. No hay Grindr. No hay complejos. No hay que preocuparse por ir de discreto. Y la frase que más me importa: «Y las personas allí no son simples objetos».

Ese es el planeta, de entrada. Un sitio sin aplicaciones. No tiene mares de colores ni ciudades de cristal. Tiene una cosa mucho más rara y mucho más difícil de encontrar en 2026: gente que no te mira como un trozo de carne en una pantalla.

Si alguien piensa que la ciencia ficción tiene que tener naves y rayos láser, lo siento. Mi ciencia ficción empieza borrando una app del móvil.

Ojalá se pudiera

El segundo disco cambia de tiempo verbal. Del descubrimiento pasamos al deseo. «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK.» Ojalá. Que es la palabra más española que existe para decir que algo no va a pasar pero que lo quieres igual.

De ese «ojalá» escribí en la gramática de las ganas. Aquí solo recojo cómo describo el planeta en el texto de la canción que da título al disco, «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK»: «Hay días en los que uno desearía poder escapar a otro planeta… uno donde no hiciera falta explicarse, defenderse ni fingir».

Otra vez por ausencia. No hace falta explicarse. No hace falta defenderse. No hace falta fingir. Tres cosas que cualquier marica de este planeta ha hecho mil veces antes de cumplir los quince.

Y luego el texto añade lo que sí hay: un planeta «donde las emociones fueran arte, donde la tristeza tuviera banda sonora y donde los raros no tuviéramos que pedir perdón por serlo».

La tristeza con banda sonora. Me parece una definición muy exacta de lo que intento hacer con las canciones. No quitar la tristeza. Ponerle música.

Y el texto se despide así: «Nos vemos al otro lado del espejo». Que no es una frase de astronauta. Es una frase de Alicia. El planeta, en el segundo disco, ya no está solo arriba. Está también detrás del espejo del baño.

Mi refugio, mi venganza

Hay una frase en el texto de «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK» que no he citado todavía y que explica para qué sirve el planeta mejor que cualquier cohete: «Mi universo musical. Mi refugio. Mi venganza poética y mi salvación emocional».

Fotogramas del videoclip oficial de «Elon Musk ha anunciado», de Mike Sain't Louis

Refugio y venganza en la misma línea. Parecen cosas opuestas. Un refugio es donde te escondes. Una venganza es donde sales a dar la cara. Pero en mi catálogo funcionan juntas todo el rato. El planeta es el sitio al que me voy cuando aquí abajo duele demasiado. Y es también el sitio desde el que escribo las canciones que le devuelven el golpe al que me hizo daño. Los narcisistas, los exnovios, los haters, el chico de Grindr que llama viejo a cualquiera que pase de los cuarenta. Todos salen en mis letras. Y todos salen vistos desde arriba, desde el planeta, donde ya no pueden hacer nada.

Eso es lo que tiene inventarse un planeta. Que puedes mirar la Tierra desde lejos. Y desde lejos, casi todo lo que te hacía llorar se ve pequeño. Una mota azul con un bloqueo en una aplicación. Un café amargo en una calle sin nombre. Un jefe gritando en una oficina que, vista desde una órbita gravitacional, ni siquiera se distingue.

La venganza poética es esa: no gritarle al otro. Subir tan alto que el otro ya no se oye.

Yo ya me he apuntado

Y entonces llega Elon Musk.

Me hace mucha gracia haber metido a Elon Musk en una canción de este planeta. Uno de los hombres más ricos del mundo, el de los cohetes, el de Twitter, convertido en agente de viajes de una utopía marica. Es lo más camp que se me ha ocurrido nunca: que la salida de la rutina gris te la ofrezca justo el tío menos sospechoso de querer llevarte a ningún sitio bonito.

La canción es muy sencilla. Primero la rutina, contada en frases de dos palabras que suenan a tictac: despierto solo, miradas vacías, olvido el tiempo, rutina fría. Y luego el anuncio. Y luego la decisión.

«Dejemos en la Tierra / Todo lo material.»

Lo que se deja en la Tierra no es la familia, ni el novio, ni los amigos. Es lo material. El trabajo insípido. El café amargo. La calle sin nombre. Eso es lo que pesa. Y el narrador quiere soltarlo para dejar de ser un simple mortal.

Lo bonito es que no lo vende como algo seguro. La letra sabe que puede salir mal: «Aunque nos juguemos la vida / Y haya esa posibilidad / De quedarnos enganchados en otra / Órbita gravitacional». Y aunque puede que nunca podamos regresar.

Esa es la parte que me emociona. El planeta no es un plan sin riesgos. Ir hacia una vida donde no tienes que fingir tiene un coste. A lo mejor te quedas a medio camino, dando vueltas en una órbita rara, sin ser de aquí ni de allí. A lo mejor no vuelves. Y aun así, el tío se apunta. Y te pregunta si vienes.

Hay un verso en medio que lo resume todo: «Hagamos la locura, / Volvamos a los veinte años». La locura y los veinte años. Las dos cosas que necesitas para subirte a un cohete de Elon Musk.

Elecciones galácticas

En el primer disco ya había pasado algo parecido. El planeta corre peligro.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «Hagamos la locura, Volvamos a los veinte años» de «Elon Musk ha anunciado»

En el texto de «Vota Malena Gracia» lo cuento así: «En el universo GayFolk ha surgido una crisis inesperada: Donald Trump y Elon Musk quieren comprar este planeta de libertad y arte queer».

Comprar el planeta. Claro. Era cuestión de tiempo. Descubres un sitio donde la gente vive a gusto y lo primero que aparece es un millonario con la cartera abierta. Y la respuesta del planeta no es una guerra. Es una campaña electoral. Se convocan «elecciones galácticas», y la resistencia se presenta con una candidata que es puro icono camp español: Malena Gracia.

El texto lo dice con una imagen que me gusta mucho: «La belleza aquí se convierte en un acto político, una flor frente al acero».

Una flor frente al acero. Los cohetes son de acero. Las naves de los millonarios son de acero. El planeta se defiende con flores, con plumas y con una vedette de la tele. Y no es una broma. O sí lo es, pero es una broma que sabe muy bien quién tiene el dinero y quién tiene la gracia.

Elon Musk, por cierto, sale por lo menos dos veces en la trilogía. En el primer disco quiere comprar el planeta. En el segundo organiza el primer vuelo. Si alguien me pregunta por qué, le digo que en el espacio exterior también hay que contar con el casero.

Soy marica sideral

Hasta ahora he hablado del planeta como sitio. Pero hay una canción en la que el espacio no está fuera, está en el cuerpo.

«Soy marica sideral» es de las más mías del segundo disco. Mezcla español e inglés, camina con tacones y no pide permiso. Y tiene un estribillo que es casi una tarjeta de visita: «Soy silencio con tacones, / soy marica sideral».

Sideral. Que viene de las estrellas. Que está más allá. Una marica que no es de aquí del todo, que brilla desde otra galaxia, que camina sin ruido y brilla sin estrés. «Yo no grito pa' brillar.»

Me gusta porque da la vuelta a lo que siempre nos han dicho. Que somos demasiado. Demasiado ruidosas, demasiado teatrales, demasiado de todo. La canción lo recoge tal cual: «Me han llamado exagerada, / teatral y emocional». Y la respuesta no es bajar el volumen. Es irse más lejos. Hasta las estrellas. Desde allí, el que se ve pequeño es el otro.

Una marica sideral es eso: alguien que ya vive en el planeta aunque siga teniendo la dirección en la Tierra.

Canguros en la luna

No todo el espacio de mis letras es épico. A veces es casi infantil.

En «Canguros», del segundo disco, hay una lista de cosas que «dicen». Dicen que hay un límite en el mundo. Dicen que hay un faro en la bahía. Dicen que hay sirenas y sirenos. Y dicen esto: «Y dicen que en la luna hay canguros / Saltando entre galaxias».

Canguros en la luna. Me encanta esa imagen porque es completamente absurda y completamente seria a la vez. Es lo que te contaría alguien de pequeño para que te durmieras. Y está en una canción de despedida, de alguien que se tiene que ir y no sabe decir adiós.

El espacio aquí funciona como el mar o como los cuentos: un sitio donde cabe todo lo que no te crees pero te gustaría creer. Sirenos. Canguros que saltan entre galaxias. Que te encontraré de nuevo. Que vuelvas, que lo prometiste.

La luna con canguros es otra forma del planeta GAYFOLK. Un sitio imposible donde, por una vez, las cosas que dicen son verdad.

Entre tantas constelaciones

Y luego está el espacio que te hace pequeño.

Collage con un detalle de la carátula de «Elon Musk ha anunciado» y las carátulas de «Buscando el polvo perfecto», «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK», «Vota Malena Gracia», «Soy marica sideral»

«Punto muerto» empieza mirando al cielo: «Entre tantas constelaciones, galaxias y estrellas / Como voy a ser yo la que de un brillo especial». Y sigue bajando: entre tantos falsos amores, amigos y parejas, cómo voy a ser yo el que solo suelte la verdad.

Aquí no hay cohete ni planeta. Hay un cielo lleno de cosas que brillan más que tú. Y la sensación de estar en un punto muerto, de molestar, de hacer perder el tiempo a todos con tu lamento.

Lo meto en este texto porque es la otra cara del espacio. El cielo estrellado no siempre es una promesa. A veces es una comparación. Y en esa comparación sales perdiendo. Me parece importante que la trilogía tenga también esto, ese momento en el que miras arriba y no ves un destino, sino una multitud que no te necesita.

Fíjate, además, en el cambio de género en dos versos. «La que» dé un brillo especial. «El que» suelte la verdad. Las estrellas en femenino, la verdad en masculino. No es un error. Es lo que pasa cuando hablas de ti mismo con la boca de una diva y con la boca de un tío a la vez.

La casa con vistas a la Supernova

Hay una línea perdida en «La dieta del cucurucho» que siempre me hace sonreír: «éramos tan felices con la casa con vistas a la Supernova».

La Supernova. Con mayúscula, como si fuera un barrio. Como si las inmobiliarias del planeta anunciaran pisos con vistas a una estrella explotando. Exterior, luminoso, dos dormitorios, vistas a la Supernova.

Es el espacio exterior convertido en decorado doméstico. Una pareja feliz, en su casa, con su terraza, mirando cómo revienta una estrella como quien mira el atardecer en la playa. Y la felicidad se rompe, claro, porque en esa canción el narrador menciona a Paco León y a Eduardo Casanova y se lía.

Me gusta mucho que en mi planeta las supernovas sean paisaje. Que lo cósmico y lo cotidiano estén a la misma altura. Que un ataque de celos pase en una casa con vistas a la explosión de una estrella. Así es la vida aquí abajo también: tragedias enormes que pasan mientras alguien friega los platos.

Aterrizar en Benidorm

Y entonces llega el tercer disco. «El día de la liberación.»

Esperarías que el último disco fuera el del aterrizaje en el planeta. Naves llegando, banderas plantadas, alienígenas recibiendo a los recién llegados con purpurina. Y no.

En la canción que da título al disco, el narrador grita que hoy es el día de la liberación, que ya hay un vencedor y no es el manipulador perdedor, que ya no sale sangre de las heridas. Y luego dice dónde está: «Yo feliz en Benidorm».

En Benidorm. No en una galaxia lejana. En Benidorm, con sus rascacielos, su playa de Levante, sus jubilados ingleses y sus despedidas de soltero. Después de dos discos mirando al cielo, la liberación aterriza en la Costa Blanca.

Y en ese mismo disco está «Madrid to Benidorm», que es una canción de orgullo con una línea recta que baja de la capital a la playa. El planeta, al final, tiene coordenadas en un mapa de carreteras.

Esto para mí es lo más importante de toda la trilogía. El planeta GAYFOLK no estaba en el espacio. O sí, pero solo mientras hacía falta soñarlo. Cuando llega la liberación, llega aquí. En la Tierra. En un sitio cutre y concreto donde uno puede estar feliz sin pedir permiso. Ya lo conté en el día de la liberación, y el día siguiente: liberarse no es irse a otro mundo, es poder vivir en este.

Los cohetes eran para llegar a Benidorm. Y no me parece una decepción. Me parece el mejor final posible.

Piénsalo así. Si la trilogía terminara en otra galaxia, el mensaje sería triste: que la vida libre solo es posible lejos, en un sitio al que nunca vas a llegar. Que esto de aquí no tiene arreglo. Y yo no creo eso. Creo que el planeta se puede montar en una playa, en un bar, en una pista de baile, en una cocina con dos personas que se quieren. Que se monta cada vez que alguien deja de fingir delante de otro. Por eso el tercer disco baja del cielo. Porque el sueño ya ha hecho su trabajo: te ha enseñado cómo se vive allí. Ahora toca vivir así aquí. Con sombrilla, con crema solar y con el manipulador perdedor buscando otra fuente de alimentación muy lejos de tu toalla.

Por qué un planeta

Se puede preguntar por qué un planeta. Por qué no una ciudad, un barrio, un club, una isla.

Ficha de la canción «Elon Musk ha anunciado» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

No tengo una respuesta de manual. Pero mirando las letras se ve algo. Un barrio o un club ya existen, y ya sabemos que tienen porteras, normas y gente que te mira raro. Una isla está demasiado cerca. Un planeta, en cambio, está lo bastante lejos para que nadie de aquí tenga jurisdicción. Ni tu madre, ni tu jefe, ni el chico que te bloqueó en Grindr. Allí las reglas las pones tú.

Y hay otra razón, más sencilla. Un planeta se encuentra. Una ciudad no. A una ciudad llegas, te mudas, te empadronas. Un planeta es algo que ya estaba ahí y nadie había visto. Y eso es exactamente lo que se siente cuando encuentras, por fin, un sitio o una gente donde puedes ser como eres: que no lo has inventado tú, que ya existía, que solo hacía falta que alguien apuntara el telescopio en la dirección correcta. El titular del primer disco no anuncia una creación. Anuncia un hallazgo.

Y además el espacio exterior tiene algo de serie B, de película de ciencia ficción barata de sábado por la tarde, que encaja perfecto con mi forma de escribir. Mis cohetes no son de la NASA. Son de cartón piedra, de videoclip, de efecto especial que se nota. Como los vampiros, los ataúdes y las matanzas de mis canciones de terror. Es el espacio visto desde el sofá, con la tele puesta, no desde un telescopio.

Lo escribo yo, ese planeta. Las letras, los textos, los títulos de los tres discos, el orden en que van. La música la produzco con inteligencia artificial, como una herramienta más del estudio. Me hace gracia pensar que uso una tecnología muy moderna para contar una historia de cohetes de cartón. Pero tiene sentido. Cada generación ha soñado el futuro con lo que tenía a mano.

Te vienes conmigo

Vuelvo al principio. Al tío de la rutina fría que se apunta al primer vuelo tripulado y te pregunta si vienes.

La trilogía entera es esa pregunta. El primer disco te dice que el planeta existe. El segundo te dice que ojalá pudieras ir, y te enseña el cohete, el riesgo, la órbita en la que te puedes quedar enganchado. El tercero te dice que has llegado, y que el sitio se parece sospechosamente a una playa de Alicante.

Entre medias, hay elecciones galácticas contra dos millonarios, una marica sideral con tacones, canguros saltando entre galaxias, un cielo de constelaciones que te hace pequeño y una casa con vistas a la Supernova.

La letra completa de la canción de la portada está en gayfolkplanet.com/letras/elon-musk-ha-anunciado. Tiene sus frases de dos palabras, su café amargo y su órbita gravitacional.

Yo ya me he apuntado. ¿Te vienes conmigo?

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son los tres discos de la trilogía GAYFOLK? Por este orden: «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK» y «El día de la liberación». Son tres discos de Mike Sain't Louis pensados como una sola historia.

¿Qué pasa en «Elon Musk ha anunciado»? Un hombre atrapado en una rutina gris oye en las noticias que Elon Musk ha anunciado el primer vuelo tripulado al planeta GayFolk, decide apuntarse aunque quizá no pueda volver y pregunta «¿Te vienes conmigo?». La letra completa está en gayfolkplanet.com/letras/elon-musk-ha-anunciado.

¿Cómo es el planeta GAYFOLK según las letras? Se describe sobre todo por lo que no tiene: «No hay grinder ni aplicaciones, tampoco hay complejos», y en él «las personas allí no son simples objetos». En el texto de «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK» es un lugar donde no hace falta explicarse, defenderse ni fingir.

¿Dónde acaba la trilogía? En la Tierra. En la canción «El día de la liberación», del tercer disco, el narrador está «feliz en Benidorm», y en el mismo disco está «Madrid to Benidorm».

¿Quién hace estas canciones? Mike Sain't Louis escribe las letras, compone, produce y dirige el proyecto con su sello, MIKE SAIN'T LOUIS. La música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial.

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