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El día de la liberación, y el día siguiente

El tercer disco de la trilogía GAYFOLK se llama «El día de la liberación». Los otros dos títulos son frases largas, casi oraciones completas. Este es corto. Cinco palabras, con un artículo determinado delante que pesa más de lo que parece.

Porque no es «una liberación». Es «el día». Uno concreto. Con fecha, aunque yo no diga cuál.

Por qué un día y no una época

Me lo planteé mucho. La liberación, en la vida real, casi nunca ocurre en un día. Es un proceso lento, con pasos atrás, con conversaciones que salen mal y luego se arreglan, o no. Cualquiera que haya pasado por algo así sabe que no hay un martes en el que todo cambia.

Y sin embargo todos recordamos días. El día que dijiste algo en voz alta por primera vez. El día que fuiste a tu primera manifestación del orgullo. El día que te diste cuenta de que ya no te importaba lo que pensara el del quinto. Esos días funcionan como marcas en el calendario de la memoria, aunque lo que señalan haya tardado años en llegar.

El tercer acto es uno de esos días. Le puse artículo determinado porque así es como los recordamos: como si hubieran sido únicos, aunque no lo fueran.

En la historia de la trilogía, el primer disco encuentra un lugar donde uno puede ser quien es. El segundo tiene las ganas de llegar. El tercero es la llegada. Hasta aquí todo claro.

Lo que no tenía tan claro, cuando empecé, es de qué se libera uno al llegar. Al principio pensé en cosas grandes: leyes, prejuicios, miedos. Luego me di cuenta de que lo que más pesa suele ser pequeño. Bajar la voz cuando hablas de tu novio en un restaurante. Cambiar un pronombre en una anécdota. Medir cuánta pluma enseñas según quién esté delante. Son gestos tan automáticos que ni los notas hasta que un día no tienes que hacerlos.

Para mí la liberación es eso. Dejar de hacer cálculos. Hablar a volumen normal.

Dicho así parece poco, y en cierto modo lo es. Nadie va a hacer una estatua al día en que alguien pidió dos cafés en voz alta, uno para él y otro para su novio, sin mirar alrededor. Pero quien lo ha vivido sabe que ese gesto mínimo pesa más que muchos discursos. Quise que el tercer acto tuviera la escala de esos gestos y no la de un desfile. Aunque luego, claro, también haya desfile.

El disco más fácil de escuchar y el más difícil de hacer

Es el más festivo de los tres, eso ya lo sabe quien lo ha escuchado. Pero esa alegría tenía un peligro que me preocupó durante todo el proceso: que sonara a anuncio. A camiseta de rebajas con un arcoíris estampado. La celebración queer se ha vendido tanto en los últimos años que a veces cuesta hacerla sin parecer el patrocinador de algo.

Mi manera de evitarlo fue no olvidar los dos discos anteriores. La fiesta del tercer acto tiene detrás un descubrimiento y una espera. No es alegría de fábrica. Es alegría de alguien que sabe lo que le ha costado. Eso cambia el tono, aunque las canciones se puedan bailar.

El día siguiente

Ahora una idea que no está en el disco, o no del todo, pero que me vino al terminarlo.

Toda historia de liberación tiene un problema: ¿qué pasa al día siguiente? Las películas terminan con la gente abrazándose en la calle y los créditos subiendo. Nadie enseña la mañana después, con resaca, con los platos sin fregar y con la vida que sigue siendo la vida. Las facturas no se liberan. El vecino cotilla sigue siendo cotilla.

Un cuarto disco sobre eso sería tentador. No me convence. Primero porque las trilogías tienen tres partes y punto. Y segundo porque creo que el día siguiente ya lo cuentan mis singles. Los exnovios, la autoestima, el orgullo, la vida de cada día: todo eso es lo que pasa en el planeta cuando ya has llegado. Los 273 singles que he publicado en dos años son, de algún modo, la vida cotidiana de GAYFOLK. La trilogía cuenta cómo se llega. Las canciones sueltas cuentan qué se hace allí un miércoles cualquiera.

Me gusta pensarlo así, aunque no lo planeé desde el principio. Lo entendí después, que es como entiendo casi todo.

Una duda que no resuelvo

Hay una cosa que me incomoda del título y no la quiero esconder. «Liberación» es una palabra muy grande. Tiene historia, tiene peso político, ha costado sangre en muchos sitios. Usarla para un disco de pop con humor y aire de copla puede parecer un atrevimiento, o directamente una frivolidad.

Lo pensé. Y la dejé. Porque creo que las palabras grandes también se viven en pequeño, y que la liberación de una persona que por fin habla de su novio sin bajar la voz no es menos real por no salir en los libros de historia. Pero entiendo a quien piense que me he pasado. A lo mejor me he pasado. Prefiero eso a haberle puesto un título pequeño a algo que para mucha gente no lo es.

Cerrar una trilogía, en el fondo, se parece poco a una fiesta y mucho a terminar de ordenar un armario: alivio, un poco de cansancio y ganas de no tocarlo en una temporada.

Los tres discos, en orden, se descargan gratis y sin registro en mikesaintlouis.com/descargas y en gayfolkplanet.com. Si llegas directamente a este, no pasa nada. Pero cuando termine, vuelve al principio. La fiesta se entiende mejor sabiendo de dónde viene.

El resto de mi música está en mikesaintlouis.com.

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