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De la A a la Z: poner nombre al daño con «El abecedario de mi exnovio»

A, de abecedario. B, de bueno, de lo bueno que parecía al principio. C, de cuidado, que nadie te dijo que tuvieras.

Así se aprende a leer. Con una cartilla, una letra por página y un dibujo al lado. La A con su abeja, la B con su barco, la C con su casa. Todos los niños de España han pasado por eso, con la Micho o con la que tocara en cada colegio. El abecedario es lo primero que nos enseñan para ordenar el mundo.

«El abecedario de mi exnovio» usa esa misma forma para otra cosa. Para ordenar algo que no tiene orden. Para poner, letra a letra, nombre al daño.

En la ficha de la canción está lo básico. En este post no voy a recitar el abecedario de la canción, porque la canción ya lo dice y prefiero que se escuche entera. Voy a hablar de por qué elegí esa forma, de la frase con la que la presenté y de lo que significa ponerle nombre a un maltrato.

«No busca venganza, busca conciencia»

En la página de la canción, en su entrada de letras, dejé escrito un texto corto que empieza así:

Esta canción no busca venganza, busca conciencia.

Me lo pensé mucho antes de escribirlo, porque en mi catálogo la venganza es casi un género. Tengo cartas de recomendación para la siguiente víctima, escupitajos sobre tumbas, ventiladores esparciendo mierda. Me río de mis ex porque es la forma más honesta que tengo de contarlo, y lo expliqué en este texto. Venganza, en mi casa, hay para dar y tomar.

Así que decir que esta canción no busca venganza es decir que es distinta. Que aquí no hay chiste con nombre propio, ni insulto con barrio, ni carcajada. Aquí hay otra cosa: una lista.

Conciencia, en este caso, quiere decir algo muy concreto. Que quien escuche reconozca. Que alguien que está dentro de una relación así, y que todavía no sabe que lo está, oiga una palabra y piense: anda, esto me pasa a mí.

El abecedario como forma

¿Por qué un abecedario y no una carta, un diario, una lista sin más?

Por tres razones, y las cuento por orden, que para eso hablamos de abecedarios.

La primera es que el abecedario obliga. Si empiezas por la A, tienes que llegar a la Z. No puedes saltarte letras porque te dé pereza o porque te duela. Es una forma que te obliga a ser exhaustivo, a nombrarlo todo, también lo que preferirías callar. Las relaciones de maltrato tienen muchas cosas que uno prefiere callar. El abecedario no te deja.

La segunda es que el abecedario es infantil. Es lo primero que aprendemos. Usar una forma de niño para contar algo tan adulto y tan oscuro crea un choque. Es como encontrarse una cartilla escolar en la escena de un crimen. Ese choque es lo que quería.

La tercera es que el abecedario es un sistema. Y el maltrato también lo es. No es una suma de malos momentos sueltos, de días tontos, de discusiones normales de pareja. Es un sistema, con su lógica y su orden, aunque desde dentro parezca caos. Poner el daño en forma de abecedario es decir: esto tiene estructura. No te lo estás inventando. Se puede ordenar de la A a la Z.

Ordenar lo que uno ha escrito

Tengo cierta manía con el orden alfabético. Mis letras están ordenadas de la A a la Z en esta web, y escribí sobre ello en ordenar mis letras de la A a la Z. Ordenar lo que uno mismo ha escrito es una forma de entenderlo. Ves de golpe qué palabras se repiten, qué temas vuelven, cuántas veces has escrito la misma herida con otro título.

Fotogramas del videoclip oficial de «El abecedario de mi exnovio», de Mike Sain't Louis

Con esta canción hice algo parecido, pero con el daño. Lo ordené. Y al ordenarlo, lo vi.

Esa es, creo, la parte más útil de la forma. Quien vive un maltrato no lo ve entero. Ve un día malo, luego uno bueno, luego tres malos, luego una disculpa con flores. Desde dentro no se ve el dibujo. El abecedario saca el dibujo. Es como esas fotos de satélite donde, desde arriba, se ve que lo que parecía un campo normal es en realidad un laberinto.

Las palabras del daño

Para hablar de maltrato hacen falta palabras. Y muchas de esas palabras, hasta hace poco, no las conocía casi nadie.

Luz de gas. Love bombing. Castigo silencioso. Triangulación. Descarte. Narcisismo encubierto. Contacto cero. Palabras que hoy salen en TikTok y en los podcasts de psicología, pero que hace veinte años no se decían en la cola del Mercadona. Y si no tienes la palabra, no puedes nombrar lo que te pasa. Te quedas en «es que tiene mal carácter», «es que está estresado», «es que yo también le provoco».

Mi catálogo está lleno de esas palabras, convertidas en títulos: «Gaslighting», «No contact», «El descarte del narcisista», «Not your supply», «Usted es un puto narci psico encubierto». Cada título es una palabra del abecedario del daño. Si las juntas todas, tienes un diccionario.

En «Ni con un palo» hay una frase que es probablemente la definición más seca que he escrito: «No es rechazo, es cálculo. / Es saber que el otro sufre y quedarse quieto». Esa es una entrada del diccionario. «El abecedario de mi exnovio» intenta ser el índice.

Poner nombre al daño

La segunda frase del texto que acompaña a la canción dice que es «una forma de poner nombre al daño y convertirlo en arte».

Poner nombre. Es lo que hacen los médicos con las enfermedades, los biólogos con los bichos, los padres con los hijos. Nombrar es empezar a controlar. Lo que tiene nombre se puede buscar en Google, se puede contar a una amiga, se puede llevar a terapia, se puede denunciar.

Lo que no tiene nombre se queda dentro, dando vueltas. Como una lavadora sin programa, centrifugando a lo loco a las tres de la mañana, sin que nadie sepa cómo pararla. Le das a todos los botones y nada. Hasta que alguien te dice cómo se llama el programa, y por fin puedes elegirlo, o apagarla.

Por eso creo que las canciones de maltrato con palabras concretas sirven más que las canciones de maltrato con metáforas bonitas. Una metáfora te emociona. Una palabra te da una herramienta. Si alguien escucha «luz de gas» y luego lo busca y lee lo que significa, ha ganado algo que antes no tenía.

Y lo de «convertirlo en arte» no lo digo con pompa. Lo digo con la modestia de quien hace canciones con lo que tiene. Convertir el daño en una canción es sacarlo de dentro y ponerlo fuera, en un objeto que se puede mirar, que se puede compartir, que ya no está solo en tu cabeza.

Por todas las que no pueden hablar

El texto termina con dos frases que me importan mucho:

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «Por todas las que no pueden hablar. Por todas las que siguen aquí.» de «El abecedario de mi exnovio»
Por todas las que no pueden hablar. Por todas las que siguen aquí.

En femenino. «Todas las que.»

Ya lo he dicho en otros posts: en el habla marica el femenino, más que gramatical, es de confianza. Pero aquí hay algo más. El maltrato en pareja se asocia casi siempre a mujeres maltratadas por hombres, y con razón, porque son la inmensa mayoría de los casos y de las víctimas. Pero también existe en parejas de dos hombres. Y de eso se habla muchísimo menos.

Al escribir «todas» en femenino, la frase abraza a las dos. A las mujeres que lo sufren y a los maricas que lo sufren y que, muchas veces, no tienen ni siquiera la palabra para contarlo, porque el discurso público sobre maltrato no se ha pensado para ellos. No hay campañas institucionales con dos chicos. No hay anuncios en la parada del autobús. Hay un silencio enorme.

«Por todas las que no pueden hablar.» Porque están dentro todavía. Porque tienen miedo. Porque no tienen la palabra.

«Por todas las que siguen aquí.» Porque salieron. Porque sobrevivieron. Porque están vivas y pueden escuchar esto.

Un texto sin humor

Lo que más sorprende a quien conoce el resto del catálogo es el tono del texto con el que presenté la canción. No tiene gracia. Ninguna. Ni un famoso, ni una marca, ni un «¡Patán!», ni un «maricón» de los cariñosos. Cuatro frases serias, y ya.

No es que crea que del maltrato no se puede hacer humor. Se puede, y lo hago en otras canciones, con mucha mala leche contra el maltratador. Pero hay un momento, antes del humor, en que hace falta nombrar. Y nombrar exige seriedad. Primero se dice lo que es. Luego, si quieres, te ríes.

El humor viene después. Cuando ya tienes la palabra y la distancia. Esa presentación es de antes.

Exnovio: la palabra del título

El título dice «exnovio». No «maltratador», no «agresor», no «narcisista». Exnovio.

Elegí la palabra más normal posible. Exnovio es lo que tiene todo el mundo. Es una palabra de conversación de bar, de «¿y tu exnovio qué tal?», de «me he cruzado con mi exnovio en el Carrefour». No tiene nada de dramático.

Y justo por eso funciona. Porque el maltrato no lo hacen monstruos con cuernos. Lo hacen novios. Gente normal, con la que te vas de cañas, a la que tus amigos invitan a los cumpleaños, que cae bien a tu madre. El título dice: esto lo hizo alguien a quien llamabas novio. No un villano de película. Tu novio.

Si el título fuera «El abecedario del maltratador», la canción sería para otra gente. Gente que ya sabe que ha sido maltratada. Con «exnovio», la canción se dirige también a quien todavía no lo sabe. A quien piensa que lo suyo era solo un novio difícil.

La tipología y el abecedario

Tengo un post que se llama pequeña tipología cómica de exnovios. Es un texto de humor, una clasificación de los ex que aparecen en mis canciones, con sus manías y sus defectos. Me lo pasé muy bien escribiéndolo.

«El abecedario de mi exnovio» es la tipología seria. Si la otra es una lista de personajes, esta es una lista de daños. Las dos son listas. Las dos ordenan. Pero una te hace reír y la otra te hace callar.

Me gusta que convivan en la misma web. Porque los ex son las dos cosas. Te ríes de ellos y, a la vez, te hicieron daño. No hay que elegir. Se puede tener una tipología cómica y un abecedario serio del mismo hombre.

En el disco de la liberación

La canción está en «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía. Y tiene todo el sentido del mundo.

Collage con un detalle de la carátula de «El abecedario de mi exnovio» y las carátulas de «Ay Chavoro», «Bob Marley»

El primer disco, «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», está lleno de rabia fresca, de insulto, de herida abierta. El segundo, «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK», es el de las ganas de irse. El tercero es el de haber llegado. Y cuando llegas, puedes mirar atrás y ordenar.

Un abecedario no se escribe con la herida abierta. Con la herida abierta se grita, se insulta, se escupe. El abecedario es de después. Es de cuando ya puedes sentarte, coger un papel y empezar por la A sin que te tiemble el pulso.

Lo conté en «El día de la liberación» y el día siguiente: la liberación no es una fiesta, es el día en que por fin puedes ver lo que te pasó. Esta canción es ese día. Con cartilla.

Lo que la canción pide

Si «El abecedario de mi exnovio» pide algo, no es que odies a nadie. Es que aprendas las letras.

Que sepas qué es la luz de gas, para reconocerla. Que sepas qué es el castigo silencioso, para no confundirlo con un mal día. Que sepas qué es el love bombing, para desconfiar un poco de quien te lo da todo en dos semanas. No es paranoia. Es alfabetización.

Hay gente que no aprendió a leer de pequeña y lo pasó fatal de mayor, porque el mundo está lleno de letreros. Con el daño pasa igual. Si no sabes leerlo, el mundo está lleno de letreros que no entiendes. Y alguien los usa contra ti.

Epi, Blas y la letra del día

Quien creció en España con la tele de los ochenta y noventa recordará «Barrio Sésamo». Epi y Blas, la Gallina Caponata, el Monstruo de las Galletas. Y la letra del día: una letra, una palabra, un dibujo, una canción para aprenderla. «Hoy, la letra M.» Así aprendimos muchos.

Pienso mucho en esa forma de enseñar, una letra cada vez, con calma, con repetición, con una palabra que la ejemplifica. Es pedagogía de la más básica y de la más eficaz. Nadie se aprende el abecedario de golpe. Se aprende letra a letra.

Con las palabras del daño pasa lo mismo. No se aprenden todas de golpe. Un día alguien te habla de la luz de gas, y la entiendes. Meses después lees sobre el castigo silencioso, y lo reconoces. Luego oyes «descarte» y te das cuenta de que te pasó. Es una alfabetización lenta, de una palabra cada vez.

Si una canción puede ser la letra del día de alguien, me doy por contento. No necesita ser la canción que más suene. Basta con que, a una persona concreta, un martes cualquiera, le enseñe una letra que no sabía.

Conciencia, no concienciación

Escribí «conciencia» y no «concienciación», y la diferencia me importa.

«Concienciación» es palabra de campaña institucional. De folleto del ayuntamiento, de cartel en la marquesina, de semana temática con lazo de color. Es algo que alguien hace a otros: te concienciamos. Viene de arriba.

«Conciencia» es otra cosa. Es lo que uno tiene, o no tiene, dentro. Darse cuenta. Tomar conciencia es algo que haces tú, no algo que te hacen. Nadie te puede tomar conciencia por ti.

Por eso la frase dice que la canción busca conciencia. No pretende concienciar a nadie desde un púlpito. Pretende que alguien, escuchándola, se dé cuenta de algo. Por sí mismo. Con su propia cabeza.

Es la diferencia entre un sermón y un espejo. Esta canción quiere ser espejo.

Dónde ponerla

Me preguntan a veces en qué momento se escucha una canción así. Porque no es para la fiesta del sábado, ni para el gimnasio, ni para la carroza del Orgullo.

Ficha de la canción «El abecedario de mi exnovio» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

No tengo una respuesta, y desconfío de quien la tenga. Hay canciones que se escuchan solas, con los cascos, en el autobús de vuelta a casa. Hay canciones que se mandan a una amiga sin decir nada, solo el enlace, porque el enlace ya lo dice todo. Hay canciones que se ponen una vez y no se vuelven a poner, pero esa vez cuenta.

Sospecho que esta es de las que se mandan. De las que alguien comparte con otra persona a la que ve mal, sin atreverse a decirle «creo que tu novio te maltrata». La canción lo dice por ti. Es una forma muy torpe y muy humana de ayudar, y me parece bien que las canciones sirvan para eso.

Si es así, si alguien la ha mandado con esa intención, ojalá haya servido.

Para quien todavía no lo ha contado

Escribí hace tiempo una carta a quien todavía no se lo ha dicho a nadie. Iba de salir del armario, pero el título vale también para esto. Hay mucha gente que no ha contado a nadie lo que le pasó, o lo que le está pasando.

A esa gente no le voy a decir lo que tiene que hacer. No soy psicólogo, ni abogado, ni trabajador social, y sería muy irresponsable que un señor que hace canciones se pusiera a dar instrucciones. Lo que sí puedo decir es que hay profesionales para esto. Que en España el 016 atiende a víctimas de violencia de género y no deja rastro en la factura del teléfono. Que hay asociaciones LGTBI con servicios de atención. Que pedir ayuda no es exagerar.

Y que, si te sirve, puedes empezar por la A.

Sin nombres

En este post no hay ningún nombre propio de ninguna persona real relacionada con la historia, y lo he hecho a propósito. Hay canciones mías con nombres, y cada una tiene su historia. Aquí no los quiero.

Primero, porque un abecedario del daño tiene que servirle a cualquiera. Si pongo un nombre, el texto se vuelve mío y de él. Sin nombre, se vuelve de quien lo lea.

Segundo, porque un texto sobre conciencia no puede convertirse en un texto sobre una persona concreta. Sería otra vez venganza, y la frase de la presentación dice lo contrario.

Y tercero, porque el daño, cuando lo ordenas, se parece mucho de una historia a otra. Las letras del abecedario son casi las mismas para todos. Lo que cambia es la caligrafía.

El cuaderno

Muchas de mis letras salen de un cuaderno, y conté lo que he aprendido escribiendo en él en mi cuaderno de letras. Un abecedario es, en cierto modo, la forma más básica de cuaderno: una página por letra.

Si alguien quiere hacer su propio abecedario, no para publicarlo sino para entenderse, le diría que lo intente. Una página por letra. La A, la B, la C. Qué palabra va en cada una. No hace falta que rime ni que sea bonito. Hace falta que sea verdad.

A veces, al llegar a la Z, ya sabes algo que no sabías en la A.

Y si te atascas en alguna letra, no pasa nada. La X es difícil para todo el mundo, en las cartillas y en la vida. Se deja en blanco y se sigue. Lo importante del abecedario no es completarlo perfecto, sino recorrerlo. Llegar al final, aunque sea con huecos, ya es haber mirado todo de frente una vez. Para las dudas que tengas sobre cómo trabajo, cómo se publican las canciones o qué es Planeta Gayfolk, tienes las preguntas frecuentes de la web.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «El abecedario de mi exnovio»? De un maltrato en pareja contado con la forma de un abecedario. Según el texto que la acompaña, la canción «no busca venganza, busca conciencia» y es «una forma de poner nombre al daño y convertirlo en arte».

¿En qué disco está? En «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía GAYFOLK de Planeta Gayfolk.

¿Este artículo nombra a alguien real? No. Mike Sain't Louis prefiere no poner nombres para que el abecedario del daño le sirva a cualquiera.

¿Por qué el texto habla de «todas» en femenino? Porque abraza tanto a las mujeres que sufren maltrato como a los hombres gais que lo sufren y a menudo no encuentran palabras ni campañas que hablen de ellos.

¿Quién escribió la canción? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor de Madrid. La música y las voces se producen con inteligencia artificial como herramienta; la letra es suya.

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