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Pequeña tipología cómica de exnovios

Advertencia antes de empezar: ninguno de los exnovios que aparecen aquí es real. O todos lo son, depende de quién lea. Si alguien se reconoce, que sepa que es pura coincidencia y que además le queda bien.

Escribo mucho sobre exnovios. Es uno de los grandes temas de PLANETA GAYFOLK, al lado del amor, el orgullo y la autoestima. Y de tanto darle vueltas he acabado haciendo algo que hacen los naturalistas con los escarabajos: clasificarlos. No con rigor científico, sino con el de una sobremesa larga. Aquí va mi pequeño catálogo, incompleto y parcial, como todo catálogo que se precie.

Los que vuelven

El primer gran grupo es el de los que vuelven. Y dentro de este grupo hay especies.

Está el ex estacional, que reaparece siempre en las mismas fechas. Diciembre es su hábitat natural. Le entra la nostalgia con las luces de Navidad y te escribe un «¿qué tal estás?» como quien no quiere la cosa. En enero desaparece. Puedes poner el calendario en hora con él.

Lo más curioso del estacional es que nunca menciona por qué escribe. No dice que se acuerda de ti, ni que le ha dado la nostalgia. Pregunta qué tal estás como si fuera una encuesta. Y tú, que lo conoces, sabes leer entre líneas: está solo, se ha tomado dos copas de más y ha llegado a tu nombre bajando por la lista de contactos.

Está el ex de madrugada, pariente cercano del anterior, que solo existe entre las dos y las cuatro. Durante el día no sabe ni cómo te llamas. Por la noche te recuerda con una precisión que asusta.

Y está el más sofisticado, el ex que no escribe pero mira. Ve todas tus historias. Todas. Las de la comida, las del perro de tu amiga, las de un atardecer cualquiera. No reacciona nunca. Solo aparece en la lista, el primero, como un fantasma con buena conexión a internet. Este me fascina, porque ha encontrado la manera de estar sin estar, y eso es casi un arte.

Los que se explican

El segundo grupo es el de los que necesitan explicarse. Son peligrosos porque hablan bien.

El primero es el ex que no estaba preparado. Te lo dijo con mucha madurez, con frases que parecían sacadas de un libro de autoayuda. No estaba preparado para una relación. A los tres meses lo ves con otro, muy preparado, en una boda.

El segundo es el ex filósofo, que convirtió la ruptura en un seminario. Te dejó, sí, pero te dejó con un análisis tan completo de vuestra relación que casi te dieron ganas de pedirle la bibliografía. Te fuiste de esa conversación con el corazón roto y la sensación de haber suspendido un examen.

Y luego está el que pide perdón por todo, que es la versión más difícil de odiar. Te pidió perdón tantas veces que acabaste consolándolo tú. Saliste de la ruptura con la autoestima en el suelo y encima con la sensación de haberte portado mal.

Los que dejan cosas

Hay un grupo entero definido por los objetos. El ex que se dejó una sudadera y nunca vino a por ella, y ahora la sudadera tiene más presencia en tu armario que él en tu memoria. El ex que se llevó algo tuyo, un libro, una sartén buena, y cada vez que haces una tortilla en la mala te acuerdas de él con un rencor muy específico.

En mis canciones hay un título que muchos ya conocen, «No quiero otro novio cojín», y no lo voy a volver a explicar aquí porque ya lo he hecho en otro sitio. Solo diré que cabe en este grupo: novios que son, en el fondo, un objeto más de la casa. Cómodos y mudos.

Y luego está su primo hermano, el ex mueble, que estuvo años en tu casa sin que llegaras a saber muy bien qué pensaba de nada. Cuando se fue, notaste el hueco como se nota el hueco de un sofá: por la marca en el suelo.

Y ahora la especie rara, la que menos aparece en las canciones porque da menos juego. El ex que fue bueno. Que te quiso bien, que se fue bien, que de vez en cuando te escribe por tu cumpleaños y no quiere nada más. Con este no hay chiste posible, y eso me fastidia un poco como escritor. Pero me alegra como persona.

Lo pongo al final porque es el que más me cuesta. El humor de los exnovios funciona por el agravio: alguien hizo algo mal y yo me río de ello. Cuando nadie hizo nada mal, solo queda una cierta pena dulce, y la pena dulce es más difícil de escribir que la rabia. Algún día lo conseguiré. O no, y lo dejaré como prueba de que no todo cabe en un estribillo.

Para qué sirve clasificar

Te preguntarás qué sentido tiene todo esto. Supongo que el mismo que tiene hacer listas de cualquier cosa: poner orden en algo que dolió desordenado. Cuando a un ex le pones etiqueta, deja de ser una persona enorme que te arruinó un otoño y pasa a ser un ejemplar de una especie. Es más pequeño. Cabe en una ficha.

Y además, compartir la tipología con amigos tiene algo de terapia barata. Uno dice «el mío era de los de diciembre» y otro contesta «el mío de los que miran historias», y de repente la ruptura, que parecía única y trágica, se vuelve algo común, casi de club. No estás solo. Hay un museo entero de exnovios y tú solo tienes un par de piezas.

En dos años he publicado 273 singles y una buena parte habla de exnovios. A veces me preguntan si no me canso del tema. La respuesta es que no, porque los exnovios no se acaban. Cada uno trae una especie nueva. Sigo clasificando.

Las canciones, con sus letras y sus videoclips, están en mikesaintlouis.com.

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