
Por Mike Sain't Louis ·
Me río de mis ex porque es la forma más honesta que tengo de contar lo que duele
Cada vez que alguien escucha por primera vez una canción de PLANETA GAYFOLK, espero que pase una cosa muy concreta. Primero, que se ría. Luego, que se quede un poco callado. Y al rato, que esa frase graciosa le haya tocado algo que no esperaba.
Eso es lo que busco. No sabría hacerlo de otra manera.
Escribo sobre desamor, sobre exnovios y sobre autoestima. Son temas que la canción romántica lleva siglos tratando con la cara muy seria, con violines y con lágrimas que caen en cámara lenta. Los respeto. Pero cuando intento escribir así, me sale falso. Me sale un señor con gabardina mirando la lluvia por la ventana, y ese señor no soy yo.
La solemnidad miente un poco
Te lo digo como lo pienso: cuando una ruptura te duele de verdad, no te comportas como en un bolero. Te comportas como un idiota. Miras a qué hora se conectó. Te compras algo que no necesitas. Le cuentas a una amiga la misma historia cuatro veces y en la cuarta ya le pones un final mejor. Hay mucho de ridículo en el dolor, y quitarle ese ridículo para que quede bonito es, para mí, una pequeña mentira.
El humor me deja contar la parte que la solemnidad esconde. La parte en la que haces el tonto. La parte en la que sabes que no deberías volver a escribirle y le escribes igual.
Pienso en un título como «No quiero otro novio cojín». Solo con leerlo ya te imaginas a alguien que está para abrazar y poco más, alguien cómodo que no te sostiene. Podría haber escrito algo triste sobre relaciones que no te llenan. Prefiero un título que te haga sonreír y que, dos segundos después, te obligue a pensar quién ha sido tu cojín. O de quién lo has sido tú.
Reírse de algo no es quitarle importancia. Hay quien confunde el humor con la frivolidad, como si al hacer una broma dijeras que nada importa. Entiendo la objeción y no la comparto.
Para hacer un chiste sobre un exnovio primero tienes que haberlo mirado de frente, y con bastante detalle. El chiste es la prueba de que ya lo has visto entero. Por eso una broma bien puesta a veces duele más que un lamento. El lamento te deja llorar y pasar página. La broma te pilla con la guardia baja.
También tengo mis dudas. Hay días en que me pregunto si me escondo detrás de la gracia. Si hago reír para no tener que decir las cosas a pelo. Probablemente sí, alguna vez. No creo que eso sea malo siempre. Mucha gente sobrevive así, con ironía, con una frase rápida en la cena que corta la tensión. Es una forma de cuidarse. Y de cuidar a los demás, que no tienen por qué cargar con tu drama completo a las once de la noche.
Autoestima con cachondeo
La autoestima es el tema que más me cuesta. Con los ex es fácil reírse, porque el ex está fuera y lo puedes señalar. Con la autoestima el blanco eres tú.
Un título como «La dieta del cucurucho» me hace gracia porque junta dos cosas que a mucha gente le pesan: la obsesión por el cuerpo y el antojo que no te vas a negar. No te voy a contar la canción, prefiero que la escuches. Pero el título ya dice lo que pienso. La relación con tu propio cuerpo puede ser una guerra o puede ser una comedia, y la comedia sale bastante más barata.
Entre hombres gais hay una presión muy concreta con la imagen. Muchos la conocemos de cerca. Frente a eso, una canción seria sobre aceptarse a uno mismo me parece un poco de folleto de centro de salud. Hacerla con humor, con camp, con un punto de exageración, se parece más a cómo hablamos entre nosotros cuando nadie nos escucha.
Porque el camp es eso, al final. Tomarse en serio las cosas tomándoselas a broma. Exagerar hasta que la verdad salta a la vista sola.
Mucha gente me encontró por «Tan Cateto», en TikTok. Es un título que no pide permiso. No sé qué imaginó cada persona al verlo, pero funcionó como una puerta: entras por la risa y luego te quedas por otra cosa.
Eso es lo que más me importa de escribir así. Que la risa no sea el final. Que sea la entrada.
Escribo todas las letras de PLANETA GAYFOLK y la música la produzco con herramientas de inteligencia artificial que dirijo yo. En ese proceso descarto mucho. Lo que descarto casi siempre es lo que suena demasiado grave para lo que dice la letra. Si la letra guiña un ojo, la música tiene que guiñarlo también. Si se pone trascendente, el chiste muere, y con el chiste muere la verdad que llevaba dentro.
Una contradicción que no voy a resolver
Te confieso algo. A veces me gustaría escribir una canción totalmente triste, sin ninguna gracia, sin un solo guiño. Lo he pensado más de una vez. Luego me siento a escribir y en la tercera línea ya se me escapa algo. Un adjetivo exagerado. Una vecina metiéndose donde no la llaman. Un novio de Albacete.
Ya no lucho contra eso. He aceptado que mi forma de ser honesto pasa por el humor, igual que otra gente es honesta llorando o dando un portazo. No creo que una sea mejor que otra. Solo sé que la mía es esta, y que cuando la fuerzo para parecer más profundo, se me nota muchísimo. Me sale el señor de la gabardina otra vez.
Si alguna vez te has reído contándole a alguien lo peor de tu semana, sabes de qué hablo. No te estabas burlando de tu dolor. Lo estabas poniendo a una distancia desde la que por fin se podía mirar sin apartar la vista.
Eso intento en cada canción. Poner el desamor a esa distancia, con una sonrisa torcida, y dejar que desde ahí se vea claro lo que de cerca solo era un nudo en el estómago.
Las canciones, con sus letras completas, están en mikesaintlouis.com.