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Un arcoíris entre rascacielos: el videoclip de «Dubai» y sus túneles de neón rosa

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Hay canciones cuyo vídeo explica la letra, y hay vídeos que tienen que contarlo todo porque la letra todavía no está a la vista. «Dubai» es de los segundos. Su letra aún no está publicada en la web, así que no voy a citar ni un verso. Lo que sí puedo hacer es contar lo que pasa en el videoclip, que se estrenó en YouTube el 29 de noviembre de 2025 y dura dos minutos y cincuenta y cuatro segundos. Y en esos dos minutos y pico hay un detalle que, cuando lo ves, ya no puedes dejar de ver: un arcoíris que se cuela entre los rascacielos.

La portada de la canción, de la que hablo en su ficha, es un chico con chaqueta metalizada entre cables de neón. El vídeo va por otro lado. No sale ese chico. Salen pasillos de luz rosa, grupos de hombres con túnicas blancas, mujeres con abayas negras, rascacielos al atardecer, un metro, dos pintores y, de vez en cuando, ese arcoíris.

El cartel rosa

El clip empieza con el título escrito en letra cursiva de neón rosa, «Dubai», y debajo mi nombre en la misma letra. Detrás, en un pasillo con paredes de espejo y tubos de luz rosa, varios hombres con kandura blanca y el pañuelo blanco en la cabeza miran a cámara. Están quietos, en grupo, como en una foto oficial.

Es una apertura muy elegante y, a la vez, muy rara para una canción mía. No hay humor, no hay personajes de barrio, no hay purpurina chillona. Hay una estética limpia, de anuncio de lujo, de vestíbulo de hotel de cinco estrellas. El rosa está, pero está domado, encerrado en tubos de luz perfectamente rectos. Desde el primer segundo, el vídeo te dice que va a jugar con la imagen de una ciudad que todo el mundo asocia con el brillo y el dinero.

Los túneles de luz

El escenario que más se repite en el clip es un túnel. A veces es un pasillo hexagonal formado por líneas de neón rosa y blanco que se pierden en el fondo, como si estuvieras dentro de un caleidoscopio. A veces es un tubo redondo, metálico, iluminado por aros de luz que se suceden uno detrás de otro. A veces es una pasarela con paredes de cristal y espejo.

Por esos túneles camina casi siempre una figura sola. Una mujer con abaya negra y niqab que avanza despacio hacia la cámara. Otra con un vestido largo de color rosa palo y bordados plateados, con el pelo suelto, que camina por un pasillo metálico entre reflejos rosas. Otra más con un pañuelo y una túnica clara. Al final del vídeo vuelve una figura vestida de rosa, de espaldas, alejándose por el túnel.

Me gusta mucho esa imagen del túnel porque es, literalmente, un lugar de paso. Nadie se queda en un túnel. Se entra por un lado y se sale por el otro. Y el vídeo vuelve una y otra vez a esa sensación de avanzar por un sitio estrecho y luminoso hacia algo que todavía no se ve. Para mí es la imagen central de «Dubai»: alguien que camina por un pasillo de luz hacia una salida que no sabemos cómo será.

Los hombres de blanco

Una parte importante del vídeo la ocupan grupos de hombres vestidos con la túnica blanca tradicional del Golfo y el pañuelo en la cabeza. Aparecen caminando en grupo por un vestíbulo con puertas de ascensor y espejos, avanzando hacia la cámara con paso seguro. Aparecen también por un paseo junto al mar, con yates amarrados y edificios altos al fondo. Y en una calle comercial de noche, con luces de tiendas y otros paseantes alrededor.

Fotogramas del videoclip oficial de «Dubai», de Mike Sain't Louis

En varios de esos planos, los grupos de hombres se mueven en bloque, como si fueran una sola figura. Van juntos, serios, a la misma velocidad. En otros, un hombre solo se queda quieto en el paseo marítimo, con la ciudad detrás, mirando a cámara. Y hay un plano a contraluz, al atardecer, en el que una fila de siluetas con túnica camina hacia el sol entre torres de cristal.

No quiero leer en esas imágenes más de lo que muestran. Son hombres paseando por su ciudad, vestidos como se viste mucha gente allí. Lo que me interesa es cómo el vídeo los coloca: dentro de los mismos pasillos rosas por los que caminan las mujeres, con la misma luz, en el mismo mundo de cristal. Nadie está fuera de ese decorado.

Las mujeres de la terraza

Hay una escena que rompe el ritmo de paseos y túneles. Tres mujeres con abaya negra y el pelo cubierto, sentadas en torno a una mesa redonda de mármol, en una terraza en lo alto de un edificio. Detrás se ven los rascacielos más famosos de la ciudad, con el sol bajando. Charlan, se ríen, una tiene un vaso de agua delante. Es la escena más cotidiana de todo el vídeo.

Me gusta que esté. En un clip lleno de figuras solitarias que caminan por túneles, de repente hay tres amigas tomando algo en una terraza. Es un respiro. Es la ciudad vista desde la vida normal, no desde el folleto de lujo. Y es también una de esas escenas que en mi universo siempre tienen peso: la complicidad, la conversación, el grupo de amigas que se cuentan cosas. En otras canciones mías ese grupo está en un bar de Madrid. Aquí está en una terraza del Golfo, pero el gesto es el mismo.

Más adelante aparecen otras dos mujeres, con el pelo cubierto por un pañuelo color arena, mirando a cámara delante de un edificio de cristal. Y una pareja de chicas paseando de noche por un bulevar con una fuente y luces doradas, una con vestido verde y otra con un vestido rojo oscuro. Todas tienen la misma serenidad. Ninguna parece tener prisa.

La mujer que abre las alas

De todas las imágenes del vídeo, hay una que me parece la más poderosa. Una mujer con abaya y niqab, vista desde abajo, entre dos rascacielos de cristal que se juntan en lo alto. El cielo, detrás, es rosa y naranja. Ella abre los brazos y la tela de la abaya se despliega a los lados, como unas alas enormes. Parece a punto de echar a volar.

Ese plano aparece dos veces, con pequeñas variaciones, y cada vez me provoca lo mismo. Es una imagen de liberación hecha con muy poco: una mujer, una tela, un cielo. No necesita explicación. Y conecta con algo que se repite mucho en mi universo, la idea de desplegarse, de ocupar espacio, de no encogerse. En mi universo eso suele contarse con plumas, tacones o capas. Aquí se cuenta con una abaya abierta al viento entre torres de cristal.

Los pintores de luz

Hay dos personajes en el vídeo que no caminan ni posan. Pintan. El primero es un chico joven con una túnica gris, sentado delante de un lienzo blanco en el que está pintando círculos de colores con un pincel fino. El segundo es un hombre con jersey negro de cuello alto que dibuja sobre una pantalla oscura líneas de luz blanca y morada, como si trazara corrientes de humo o de agua con un lápiz luminoso.

Esos dos pintores son, para mí, los personajes más cercanos a quien hace canciones. Son la parte del vídeo que habla de crear. En medio de una ciudad de cristal y de grupos que caminan, alguien se sienta y dibuja. Uno con pintura, otro con luz. Me reconozco en ellos más que en cualquier otro personaje del clip, porque yo también me siento delante de algo en blanco para sacar lo que llevo dentro.

Y lo que pintan no es figurativo. No es un retrato ni un paisaje. Son círculos, líneas, corrientes. Es como si estuvieran dibujando el propio vídeo: los aros de luz de los túneles, el humo, el movimiento. El clip se mira a sí mismo en esos dos pintores.

El arcoíris

Y ahora, el detalle que mencionaba al principio. En tres momentos del vídeo aparece un arcoíris.

Collage con un detalle de la carátula de «Dubai» y las carátulas de «Madrid to Benidorm», «El día de la liberación»

La primera vez es muy al principio. Una fila de siluetas negras, cinco personas, de pie en el borde de una azotea, recortadas contra el cielo azul. Debajo se ve la ciudad al anochecer, con sus luces. Y a un lado, cayendo en vertical desde el cielo hasta los edificios, un arcoíris brillante. Las siluetas no lo miran. Está ahí, junto a ellas, como si nadie se diera cuenta.

La segunda vez es en el paseo marítimo. Un hombre con túnica blanca de pie, y detrás, sobre las torres que se alzan junto al agua, un arcoíris enorme que cruza el cielo. Él está de espaldas a él. Tampoco lo mira.

La tercera vez es la más sutil y la que más me emociona. Un primer plano del rostro de una mujer: ojos oscuros, maquillados con sombra dorada, cejas perfectas, la piel brillante. Y bajo uno de sus ojos, cruzándole la mejilla y la nariz, un reflejo de luz con todos los colores del arcoíris. Es como una lágrima de colores. Como si el arcoíris, después de colarse entre los rascacielos, hubiera llegado hasta una cara.

Por qué ese arcoíris importa

No voy a inventar lo que dice la letra, porque todavía no está publicada. Pero sí puedo contar lo que dice el propio vídeo en su descripción de YouTube. Junto al título hay etiquetas como #FreedomSong, y una larga lista en árabe con palabras que significan libertad, identidad, esperanza, paz, sueño, luz, «mundo rosa» y «sin límites». Esas palabras no están puestas al azar.

Un párrafo de contexto, el único que voy a dar: en los Emiratos Árabes Unidos las relaciones entre personas del mismo sexo siguen estando castigadas por la ley, y la bandera del arcoíris no es algo que se vea ondear por la calle. Sabiendo eso, que un vídeo titulado «Dubai» y etiquetado como canción de la libertad esconda un arcoíris tres veces entre los rascacielos tiene un significado claro. No es un arcoíris de cartel ni de pancarta. Es un arcoíris que está ahí, al lado de la gente, aunque nadie lo mire.

A mí esa manera de contarlo me parece muy delicada. El vídeo no acusa a nadie ni pone a nadie en evidencia. No muestra parejas del mismo sexo, no hace una protesta. Muestra una ciudad, su gente, su luz, y un fenómeno natural que no se puede prohibir. El arcoíris, en el cielo, no le pide permiso a nadie. Sale cuando hay sol y lluvia, y punto.

El metro

Hay un par de planos que vuelven varias veces: un andén de metro moderno, con paredes de cristal, un tren blanco con ventanas rosadas y luces en el techo que se pierden en perspectiva. En una de las versiones, el andén está vacío; en otra, el tren espera con las puertas abiertas.

Es otra imagen de paso, como los túneles. El metro lleva a la gente de un sitio a otro, por debajo o por encima de la ciudad, sin que la ciudad cambie. Y como en los túneles, la luz es rosa. Cuando ves el vídeo seguido, el rosa del metro, el rosa de los túneles y el rosa del cielo al atardecer acaban formando una sola cosa: una ciudad teñida del color del orgullo sin nombrarlo ni una sola vez.

Las caras

Además de los paseos y los túneles, el vídeo tiene una serie de primeros planos de rostros. Una mujer con el pelo largo y oscuro, iluminada de lado por una luz rosa y azul, con los ojos cerrados y la cabeza ligeramente inclinada, como si escuchara algo muy bonito. Otra, la de los ojos con sombra dorada y el reflejo de colores. Y otra con un maquillaje muy marcado, con una joya en la frente, que mira a cámara con una calma total.

Collage con un detalle de la carátula de «Dubai» y las carátulas de «Primer Aniversario», «Hipnótico Robótico», «El Abecedario de Mi Exnovio», «La Playa del Mal Pas»

Son planos muy cercanos, casi íntimos, en un vídeo que por lo demás está lleno de arquitectura y de espacios enormes. Y funcionan como contrapunto: después de tanto cristal y tanto rascacielos, el clip vuelve a la piel, a los ojos, a la persona. Es su forma de recordarte que una ciudad no son sus torres, sino quien vive en ellas.

Una ciudad de escaparate

Algo que el vídeo hace muy bien es jugar con la imagen de postal. Los rascacielos con forma de vela, las torres retorcidas junto al puerto deportivo, los yates, los bulevares con fuentes, las terrazas en lo más alto. Es la ciudad que sale en los anuncios de viajes y en las fotos de quien quiere enseñar que le va bien. Todo brilla, todo está limpio, todo es nuevo.

Pero el clip no se queda en la postal. La usa como decorado y luego mete dentro cosas que no salen en los folletos: una mujer que abre los brazos como si quisiera salir volando, dos pintores concentrados en un rincón oscuro, figuras que caminan solas por pasillos interminables, un arcoíris que nadie mira. Es como si el vídeo te dijera: esto es lo que se ve, y esto otro es lo que pasa por dentro.

Esa doble lectura me interesa mucho. En mi universo hay muchas canciones sobre la diferencia entre la fachada y lo que hay detrás. Sobre gente que parece estar perfecta y no lo está, sobre parejas que de puertas afuera son ideales. «Dubai» lleva esa idea a una ciudad entera. La fachada es espectacular. Lo que hay detrás, el vídeo solo lo insinúa.

El rosa como hilo

Si tuviera que resumir el vídeo con un color, sería el rosa. No el rosa chicle de otras canciones mías, sino un rosa más frío, de neón, de luz artificial reflejada en metal y en cristal. Está en los túneles, en los aros de luz, en las ventanas del metro, en el vestido bordado de una de las mujeres, en el cielo al atardecer detrás de los rascacielos.

Ese rosa hace de hilo conductor. Une a los hombres de blanco del vestíbulo con la mujer de abaya del túnel, al pintor con las amigas de la terraza. Todos están bañados en la misma luz. Y entre las etiquetas en árabe de la descripción hay una que se traduce como «mundo rosa». Me parece una pista bonita: el vídeo construye ese mundo rosa con luces, y deja que cada uno decida quién cabe dentro.

También hay un contraste muy marcado entre ese rosa y el blanco y negro de la ropa. Las túnicas blancas y las abayas negras son casi los únicos tonos que no cambian de un plano a otro. Todo lo demás se tiñe. Es como si la ropa fuera lo que se mantiene firme, lo que marca las normas, y la luz fuera lo que se cuela por todas partes sin pedir permiso. Igual que el arcoíris.

Otros arcoíris de mi mundo

El arcoíris aparece en más vídeos míos, y casi siempre de forma más descarada. En el clip de «Honolulu Sand», por ejemplo, hay pelo arcoíris en una isla de postal. En otras canciones va en la letra o en la portada. Lo distinto de «Dubai» es la discreción. Aquí el arcoíris no se pone, se encuentra. No lo lleva nadie encima. Lo trae la luz.

Ficha de la canción «Dubai» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

Para quien conozca la trilogía, ese cambio de tono tiene sentido. Las primeras canciones del planeta tienen mucha fiesta y mucho descaro; las que llegan después, con «El día de la liberación», hablan más de salir de lo que te hacía daño y de lo que viene al día siguiente. «Dubai» tiene ese mismo tono: menos carcajada y más mirada. Si quieres ordenar todo ese recorrido, tienes la guía para escuchar la trilogía.

Lo que «Dubai» tiene de gayfolk

A primera vista, esta canción parece muy lejos de mi universo. No hay copla, no hay humor de barrio, no hay ex narcisistas ni folclóricas. Y sin embargo, el vídeo tiene mucho de lo que me importa. La idea de un planeta propio donde la gente pueda ser quien es está en el centro del mundo gayfolk, y «Dubai» la lleva a un sitio donde ese planeta no es fácil.

He escrito sobre el orgullo desde muchos ángulos, por ejemplo en «El arcoíris no se alquila», sobre el uso comercial de la bandera, o en lo que pide una pista de baile en el Orgullo. En «Madrid to Benidorm» el arcoíris va en coche por la autovía y hacia la playa. En «Dubai» el arcoíris es lo contrario: no se exhibe, se cuela. No va en una carroza, va en el cielo. Son dos maneras de estar, y las dos me parecen necesarias.

También me hace pensar en «El día de la liberación», una canción en la que la palabra libertad está en el mismo título. Allí la liberación es personal, salir de una relación que hacía daño. En «Dubai», por lo que deja ver el vídeo, la libertad es algo que todavía se busca en un pasillo de luz.

Lo que no voy a contar

Me apetece mucho hablar de la letra, pero no puedo hacerlo con honestidad mientras no esté publicada. Cuando lo esté, la tendrás en la sección de letras y quizá le dedique otro artículo. Hasta entonces, el vídeo es lo que hay, y creo que basta. Es uno de esos clips que se pueden ver sin sonido y entender casi todo: un lugar de lujo, una gente seria y elegante, unos pasillos que llevan a alguna parte y un arcoíris que nadie mira.

Si te interesa cómo trabajo con canciones que no riman o que funcionan casi como un texto en prosa, lo conté en este artículo sobre las letras que no riman. Y la letra, como el resto de mis canciones, es mía, igual que la producción; la música e interpretación vocal se hicieron con IA.

Mi plano favorito

Si tuviera que quedarme con un solo plano del vídeo, me quedaría con el de las siluetas en la azotea. Cinco personas negras contra un cielo azul, al borde de un edificio, con la ciudad iluminada debajo y un arcoíris cayendo a su lado. No sabemos quiénes son. No sabemos qué miran. Pero el arcoíris está con ellas.

Es una imagen que me consuela. Pienso en toda la gente LGTBI que vive en sitios donde no puede decirlo, que pasa por los mismos pasillos que todo el mundo, trabaja en los mismos rascacielos y toma algo en las mismas terrazas, sin que nadie sepa nada. Ese arcoíris es para ellos. No les obliga a nada, no les pone en peligro. Solo les acompaña.

El vídeo lo tienes con todos los demás en mi página de videoclips. Míralo con calma y busca los tres arcoíris. Cuando los encuentres, ya no verás la ciudad de la misma manera.

Preguntas frecuentes

¿Qué se ve en el videoclip de «Dubai»? Túneles y pasillos de neón rosa por los que caminan figuras solas, grupos de hombres con túnica blanca, mujeres con abaya en una terraza frente a los rascacielos, una mujer que abre su abaya como unas alas entre torres de cristal, un metro, dos pintores que dibujan con pincel y con luz, y un arcoíris que aparece tres veces.

¿Cuándo se estrenó? El 29 de noviembre de 2025 en YouTube. Dura dos minutos y cincuenta y cuatro segundos.

¿Dónde aparece el arcoíris? Junto a cinco siluetas en el borde de una azotea, sobre las torres del paseo marítimo detrás de un hombre con túnica blanca y, por último, como un reflejo de colores bajo el ojo de una mujer.

¿Está publicada la letra? Todavía no. Por eso este artículo no cita ningún verso y solo describe lo que se ve en el vídeo y lo que dice su descripción de YouTube.

¿Qué dice la descripción del vídeo? Incluye la etiqueta #FreedomSong y una lista de etiquetas en árabe con palabras como libertad, identidad, esperanza, paz, sueño, luz y «mundo rosa».