
Por Mike Sain't Louis ·
«Yo a diferencia de usted»: tú, usted y la distancia en mis letras
Hay un momento en «Montaña rusa» que me sigue pareciendo lo más cruel que he escrito, y no lleva ni un insulto. El narrador cuenta que no puede parar de llorar «tanto porque / yo a diferencia de usted / Si le quería». (La letra completa está en gayfolkplanet.com.)
Lo cruel no es lo que dice, sino cómo lo dice. A esa persona se la ha querido. Se ha dormido con ella, se le han contado cosas, se le ha dicho te quiero con tú y con todas las letras. Y de repente, en mitad de un estribillo que sube y baja como la atracción del título, aparece un usted. Frío, educado, de ventanilla. Como si el que se va hubiera pasado en tres días de la cama al mostrador.
Ese cambio de pronombre es una forma de decir mucho sin explicarlo. Y me ha hecho pensar en todas las veces que en mis letras elijo entre tú y usted, entre os y ustedes, entre acercarme y apartarme. Este texto va de eso: de los pronombres como una regla para medir la distancia entre dos personas.
Ya escribí sobre a quién le hablo cuando digo tú en «A quién le hablo: el tú de mis canciones», y sobre la musa que se muere en esta misma canción en otro texto. Aquí no quiero repetir ninguno de los dos. Quiero mirar la gramática por dentro: de dónde viene el usted, qué hace en la boca de alguien enfadado y por qué el español se pelea tanto por el plural.
Yo a diferencia de usted
Empiezo por la frase entera, porque está muy bien armada aunque parezca dicha de corrido. «Yo a diferencia de usted» enfrenta dos pronombres que no podrían estar más lejos. Yo es lo más cercano que existe, lo que soy. Usted es una persona a la que hablo directamente pero a la que trato como si fuera una tercera persona. Por eso el verbo con usted va en tercera: usted quiere, usted sabe, usted se fue.
Esa es la trampa del usted. Te miro a los ojos y, a la vez, te hablo como si no estuvieras. Es una segunda persona disfrazada de tercera. Y cuando lo usas con alguien que hasta hace poco era tú, el disfraz se nota muchísimo.
Luego viene el «a diferencia de», que es una fórmula de informe, de acta, casi de sentencia judicial. No digo yo sí te quería y tú no. Digo yo, a diferencia de usted. Pongo los dos casos uno al lado del otro como en una tabla comparativa, y dejo que el que escucha saque la conclusión. Es una manera de acusar sin levantar la mano.
Y al final, la confesión: «Si le quería». Con ese si enfático, que no es condicional sino afirmación con fuerza, como cuando decimos «¡si te lo dije!». Yo sí le quería. Usted no. Fin del expediente.
Me gusta que un verso tan corto mezcle tres registros. El llanto, que es lo más íntimo. El usted, que es lo más protocolario. Y el «a diferencia de», que es lenguaje de oficina. Así funciona muchas veces el desamor: lloras como un niño y hablas como un funcionario.
Tú, vos y vuestra merced: de dónde sale el usted
Para entender por qué el usted pesa tanto hay que mirar de dónde viene, y su historia es bastante más rara de lo que parece.
En el castellano medieval había dos pronombres para hablarle a una persona: tú y vos. Vos, que en latín era el plural, se usaba también para dirigirse con respeto a una sola persona. En el «Poema de mio Cid» los personajes se tratan de vos cuando quieren mostrar cortesía, y de tú cuando hay confianza o cuando se habla desde arriba.
Con el tiempo, vos se gastó. Se usó tanto que dejó de sonar respetuoso y empezó a sonar familiar, incluso brusco. Así que la gente que quería mostrar respeto de verdad necesitó algo nuevo, y lo encontró en una fórmula larguísima: vuestra merced. Merced significaba gracia, favor. Decirle a alguien vuestra merced era algo así como dirigirse a su bondad, no a la persona. Por eso el verbo iba en tercera persona: vuestra merced quiere, como quien dice su excelencia quiere.
Una fórmula tan larga no aguanta mucho en la boca. Se fue comiendo sílabas en el habla: vuesarced, vusted, usted. Todavía hoy lo escribimos abreviado como Ud. o Vd., y esa uve de Vd. es el último rastro de aquella vuestra merced.
Lo que más me fascina es que el usted nació siendo un rodeo. No es un pronombre de verdad, en origen, sino un sustantivo con un posesivo. Una forma de no hablarle a alguien directamente. Y eso es justo lo que sigue haciendo cuando lo usamos con alguien que nos ha hecho daño: dar un rodeo para no tocarle.
Mientras tanto, el vos no desapareció del todo. En buena parte de América sobrevivió y se quedó con el sitio del tú: en Argentina, en Uruguay, en Paraguay, en buena parte de Centroamérica se dice vos sabés, vos tenés. Es lo que llamamos voseo. Lo que en Madrid sonaría a obra de teatro del Siglo de Oro, en Buenos Aires es lo más cotidiano del mundo.
El poder y la solidaridad: Brown y Gilman
En 1960, dos psicólogos sociales, Roger Brown y Albert Gilman, publicaron un artículo que se convirtió en un clásico: «The Pronouns of Power and Solidarity», los pronombres del poder y de la solidaridad. Estudiaban precisamente esto: cómo las lenguas europeas eligen entre una forma de confianza y una forma de respeto. Para no liarse con tantos idiomas, llamaron T a la forma de confianza, por el tu latino, y V a la de respeto, por el vos.

Su idea era sencilla y muy potente. El pronombre puede funcionar con dos lógicas distintas. Una es la del poder: el de arriba trata de T al de abajo y recibe V. El amo tutea al criado y el criado le habla de usted. Es un trato asimétrico, que va en una sola dirección. La otra es la de la solidaridad: dos personas que se sienten iguales y cercanas se tratan de T las dos, y dos que se sienten iguales pero lejanas se tratan de V las dos. Es un trato simétrico.
Según Brown y Gilman, en muchas sociedades europeas la lógica del poder había ido perdiendo terreno frente a la de la solidaridad. Cada vez importaba menos quién mandaba y más quién era cercano. En España se ve muy claro: el tuteo se ha extendido muchísimo en las últimas décadas, y hoy hay gente joven que no trata de usted casi a nadie.
Cuando leí esto, entendí mejor el usted de «Montaña rusa». No es un usted de poder: el narrador no se coloca por encima ni por debajo. Es un usted de solidaridad rota. Era tú porque éramos cercanos. Ahora es usted porque hemos dejado de serlo. El pronombre no mide quién manda, mide cuánto queda.
El usted del despecho
El usted tiene un uso que no sale en las gramáticas escolares pero que todo el mundo reconoce: el usted del enfado. Ese que aparece cuando una conversación entre dos personas que se tutean se tuerce y, de repente, uno de los dos dice «mire usted».
Es un usted que no muestra respeto, sino que lo retira. Funciona como un muro. Te hablo de usted para que sepas que ya no tienes acceso a mí. Para que notes que has bajado de categoría: de amigo a desconocido, de pareja a cliente.
En mis letras aparece mucho este usted de despecho, y casi siempre en el mismo sitio: justo cuando la herida está más fresca. En «Montaña rusa» llega tres días después. No ha habido tiempo para olvidar, pero sí para poner distancia, y la distancia se pone primero en la gramática y luego, si se puede, en la vida.
Hay quien piensa que el insulto es lo más duro que se le puede decir a un ex. Yo creo que a veces duele más un usted bien colocado. El insulto todavía es una forma de relación: te insulto porque me importas. El usted es la retirada. Es decir: ya no te voy a dar ni el enfado de un tú.
Hay otra cosa que me gusta del usted del despecho, y es que protege a quien lo usa. Cuando hablas de tú estás expuesto. Cuando hablas de usted te pones una chaqueta. Llorar con el usted puesto es llorar sin dejar que el otro vea del todo las lágrimas. Es dignidad de emergencia.
Si le quería: el le de cortesía
Hay un detalle gramatical en «Si le quería» que me hizo buscar en el diccionario. Con usted, el complemento directo debería ser lo o la, como con cualquier tercera persona: lo quería, la quería. Pero el verso dice le quería. ¿Es un error?

No exactamente. Las gramáticas del español llaman a esto leísmo de cortesía. Cuando nos dirigimos a alguien de usted, es muy frecuente usar le como complemento directo aunque en otros casos no seamos leístas. Le saludo atentamente, le acompaño a la puerta, le esperamos el lunes. La Real Academia lo considera admisible precisamente por eso, porque el le parece más respetuoso, menos de cosa, más de persona.
Lo curioso es que ese le de cortesía, en un verso de despecho, se vuelve ambiguo. Por un lado es el le de la carta formal, del atentamente. Por otro, es el le que en Madrid se usa sin pensar para hablar de un hombre: le vi, le quise, le llamé. Así que el «Si le quería» suena a la vez a fórmula de oficina y a confesión de barrio. Exactamente lo que es el narrador en ese momento: alguien que intenta mantener las formas mientras se le cae todo.
Ya hablé del leísmo madrileño y de otros pronombres traviesos en el texto «Se me ha cruzado un cable», así que no me extiendo. Solo quiero señalar que un solo pronombre átono, de dos letras, puede llevar a la vez la cortesía y la intimidad.
Tan cateto: cuando el tú y el usted se mezclan
Si «Montaña rusa» pasa del tú al usted con una persona, «Tan cateto» hace algo todavía más raro: usa los dos con la misma persona en la misma canción. Las estrofas van de tú, «Que te molesta que vayamos de la mano», y el estribillo salta al usted: «Pero ¿cómo puede ser usted tan cateto?».
En el texto sobre las preguntas retóricas ya comenté el usted de ese estribillo como insulto con guantes. Lo que quiero añadir aquí es la mezcla. Una gramática estricta diría que hay que elegir: o tú o usted. Pero el habla real no funciona así cuando uno está enfadado. Primero te describo lo que haces, y para eso te tuteo, porque te estoy mirando de cerca, casi encima. Luego me alejo un paso para juzgarte, y para eso te hablo de usted.
Es como un plano de cine. Las estrofas son un primer plano: veo tu dedo acusador, tus ojos, tu molestia. El estribillo es un plano general: te veo entero, desde lejos, como a un personaje de un programa de los que se ríen del público. El cambio de pronombre es el cambio de cámara.
Esa mezcla, que en un examen de lengua tendría un círculo rojo, en una canción funciona porque reproduce cómo discutimos de verdad. Nadie mantiene el registro cuando le insultan por ir de la mano de su novio. Uno se acerca, se aparta, se vuelve a acercar. Y los pronombres van detrás.
Os, vosotros y ustedes: el plural que divide el mapa
Hasta ahora he hablado de una sola persona. Pero el lío de verdad del español está en el plural, y mis letras tienen bastante de eso.
En la mayor parte de España, cuando hablamos con varias personas de confianza usamos vosotros y os: os quiero, os vais, vosotros sabéis. Y cuando queremos ser formales, ustedes. Vosotros, por cierto, sale de juntar vos y otros, igual que nosotros sale de nos y otros. En origen era una forma enfática, como decir vos, los otros, vos y no los demás. Con el tiempo se pegó y se convirtió en el pronombre normal.
Pero en Canarias y en toda América no hay vosotros en el habla de cada día. Allí ustedes sirve para todo: para los amigos, para la familia, para el público de un teatro. Y en partes de Andalucía occidental se oye ustedes con el verbo de vosotros, ustedes sois, ustedes vais, una mezcla que a un madrileño le suena rarísima y que tiene siglos de historia.
En mis letras, el os aparece casi siempre en despedidas y en acusaciones colectivas. En «La ley de la exageración», después de repasar a dos personas que me hicieron daño, la canción se despide así: «Que dios os tenga en su gloria / ¡Adiós!». El os junta a los dos en un mismo saco. Ya no son dos historias separadas, son un plural que despido de una vez.
En «Me rindo» el os es todavía más amplio. Hay un momento en que la canción le habla a todo un grupo: «¿En serio, a las personas narcisistas no os duele la sangre ni un tres por ciento?». Aquí el os no es de cariño ni de confianza. Es un plural de categoría. No le hablo a nadie concreto, le hablo a un tipo de persona, como quien escribe una carta abierta.
Y en «El señor Garrison» aparece el os en imperfecto, un plural de sospecha: «y estoy seguro de que no os ibais a reunir». Os ibais, con ese tono de quien ya sabía lo que iba a pasar. El vosotros sirve aquí para dibujar un grupo del que yo no formo parte.
Meteros por el culo: el imperativo que se oye en la calle
Hay un plural en mis letras que siempre me hace gracia cuando lo releo, porque es gramaticalmente discutible y a la vez exacto. En «Mentes diabólicas» el estribillo dice: «Hipócritas, meteros por el culo / ¡Vuestras críticas!».

Según la norma, el imperativo de vosotros con el pronombre os pierde la de final: sentaos, callaos, meteos. Así que lo correcto en un examen sería meteos por donde os quepa. Pero en la calle casi nadie dice meteos. Se dice meteros, sentaros, callaros, con la erre del infinitivo. Es una de esas formas que las gramáticas desaconsejan y que todo el mundo usa.
En la canción, el meteros funciona porque es así como habla alguien que está harto. Nadie que está mandando a la mierda a un grupo de hipócritas se para a pensar si la forma correcta es con de o con erre. Sale lo que sale. Y lo que sale es la versión de la calle, la del bar, la de quien grita desde la ventana.
Me interesa también el vuestras de «¡Vuestras críticas!». Es un posesivo plural de confianza, el de vosotros. No dice sus críticas, que sería el de ustedes. Y eso significa algo: a esos hipócritas los conozco. No son un público lejano al que trato de ustedes, son gente cercana a la que puedo mandar donde quiera con toda la confianza del mundo. El vosotros, aquí, es la confianza de quien ha visto a alguien de cerca y no le ha gustado lo que ha visto.
El tuteo de las marcas y el usted de la ventanilla
Fuera de las canciones, la elección entre tú y usted está en todas partes, y cada vez la deciden menos las personas y más las empresas.
Hoy casi todas las marcas tutean. La aplicación del banco te tutea, el anuncio de champú te tutea, el correo que te avisa de un pedido te tutea. Es una estrategia: el tú suena joven, cercano, de colega. Una marca que te tutea quiere que la sientas como una amiga y no como una empresa. A veces funciona y a veces chirría, sobre todo cuando quien te tutea es la misma compañía que te está cobrando una comisión que no entiendes.
En cambio, la Administración sigue tratando mucho de usted. Las cartas oficiales, los formularios, la ventanilla de cualquier organismo. Ese usted administrativo es neutro, impersonal, y tiene una ventaja: no presupone nada. No te pide confianza. Te deja estar a tu aire, a la distancia que tú quieras.
Lo que me hace gracia es que, en mis letras, el usted tiene casi siempre ese tono de ventanilla. Cuando digo usted a alguien en una canción, lo pongo de alguna manera detrás de un mostrador. Le hablo como le hablaría un funcionario a un ciudadano que viene a reclamar algo que no le corresponde. Es un usted de expediente, de «vuelva usted mañana», aquella frase de Larra que se quedó en el idioma para siempre.
Y quizá por eso funciona tan bien en el desamor. Porque el que se va siempre acaba viniendo a reclamar algo: una explicación, una disculpa, una segunda oportunidad. Y el usted es la forma de decirle que la ventanilla está cerrada.
¿Desde cuándo nos tuteamos?: pedir permiso para acercarse
El paso contrario, del usted al tú, también tiene su liturgia. En muchas culturas no se tutea a alguien sin permiso. En alemán existe incluso una pequeña ceremonia para pasar del Sie al du, el trato formal y el de confianza, y en francés se distingue entre tutoyer y vouvoyer, tutear y tratar de usted, con verbos propios. En español tenemos tutear, que viene de tú, y alguna vez se ha dicho ustedear para lo contrario.

Todos hemos vivido ese momento incómodo en que no sabemos qué pronombre usar con alguien. El médico nuevo, la madre de una amiga, el jefe de alguien. Y todos conocemos a la persona que, cuando la tutean sin permiso, responde con esa réplica antigua: «¿y desde cuándo hemos comido en el mismo plato?». Es decir: ¿quién te ha dado a ti la confianza?
Esa pregunta, que suena a abuela, dice algo muy cierto. El tú no es gratis. Es un acceso. Tutear a alguien es entrar en su casa sin llamar. Por eso, cuando alguien a quien has dado ese acceso te traiciona, retirarle el tú es como cambiar la cerradura.
Y aquí vuelvo a «Montaña rusa». El usted de esa canción es una cerradura cambiada. No borra lo que hubo, pero deja claro que ya no hay llave.
En inglés, por cierto, esta guerra ya no existe. El inglés tenía thou para la confianza y you para el respeto y el plural, pero thou se fue perdiendo y hoy solo queda en la Biblia antigua y en algunas variedades. Ahora todo el mundo es you. Hay quien dice que eso hace el inglés más igualitario. Yo creo que le quita una herramienta preciosa para hacer daño con educación.
Un día montaña rusa: la distancia cuando duele
Lo que no quiero es que este texto se quede en la gramática, porque «Montaña rusa» no es una canción sobre pronombres. Es una canción sobre un día de esos en que el ánimo sube y baja sin avisar. Eso dice el título y lo repite el estribillo: «Hoy es el día montaña rusa». Lloras, te contienes, vuelves a llorar, te ríes de lo absurdo de llorar por alguien a quien ya hablas de usted.
Y el detalle de «Como quién dice / Hasta hace tres días» lo resume todo. Tres días. Ese es el tiempo que ha pasado entre el tú y el usted. Un tiempo ridículo, demasiado corto para que el corazón haya entendido lo que la gramática ya ha decidido. Por eso hay montaña rusa: porque la cabeza ya pone distancia y el cuerpo todavía no.
Creo que mucha gente ha vivido eso. Cambiar de pronombre es fácil, cambiar de sentimiento no. Uno puede decidir el lunes que la otra persona ya es usted, y el martes ponerse a llorar en el metro por una canción. No hay contradicción, es así como se procesa una pérdida. Por capas. Primero las palabras, luego lo demás.
Si estás en uno de esos días, o en una racha de ellos, y sientes que no remonta, pedir ayuda no es exagerar. En España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, que es gratuita, confidencial y atiende las veinticuatro horas también a quien simplemente necesita hablar con alguien en un mal momento. Si hay un peligro inmediato, el número es el 112. Si vives fuera de España, busca la línea de crisis de tu país o llama a tu número de emergencias. Y si quieres leer más sobre todo esto, en la serie de salud mental del blog hay más textos y más sitios donde pedir apoyo.
Elegir el pronombre es elegir la distancia
Después de repasar todo esto, me doy cuenta de que en mis canciones el pronombre casi nunca está elegido al azar. O mejor dicho: no lo pienso al escribir, pero cuando lo releo veo que cada uno cae donde tiene que caer.
El tú está donde hay cercanía, aunque sea la cercanía de una pelea. «No te vuelvo a mirar más» es una canción entera de tú, incluso en la despedida: «No recojo lo que tiras, / no devuelvo lo que das». Ahí no hay usted porque la despedida todavía se hace cara a cara. Es una ruptura de tú a tú, de igual a igual.
El usted está donde quiero poner un mostrador, como en «Montaña rusa» o en el estribillo de «Tan cateto». El os está donde junto a varios en un saco para despedirlos o acusarlos. Y el ustedes, que apenas uso, es el del público, el de la gente a la que no conozco.
Lo bonito de todo esto es que el español te obliga a decidir. No puedes hablarle a alguien sin decirle, a la vez, a qué distancia está de ti. Cada frase dirigida a otra persona lleva un pequeño metro dentro. Otras lenguas se lo ahorran; nosotros no. Y para alguien que escribe canciones sobre gente que se acerca y se aleja, esa obligación es un regalo.
Si quieres ver cómo cambian estos pronombres en el resto de mis canciones, todas las letras están en el archivo. Y si alguna vez te ves pasando a alguien del tú al usted en tu cabeza, fíjate bien. Esa persona acaba de mudarse un poco más lejos.
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra usted? De la fórmula de respeto vuestra merced, que con el uso se fue acortando en formas como vuesarced o vusted hasta quedarse en usted. Por eso el verbo con usted va en tercera persona y por eso se abrevia Vd. o Ud.
¿Qué es la teoría de Brown y Gilman sobre los pronombres? En 1960, Roger Brown y Albert Gilman describieron dos lógicas en el uso de tú y usted: la del poder, asimétrica, en la que el de arriba tutea y recibe usted, y la de la solidaridad, simétrica, en la que la cercanía o la distancia se reparten por igual.
¿Es correcto decir le quería hablándole a alguien de usted? Sí. Es lo que se llama leísmo de cortesía: con usted es frecuente usar le como complemento directo, y la Real Academia lo considera admisible.
¿Se dice meteos o meteros? La norma recomienda meteos, sin la erre, en el imperativo de vosotros con os. La forma meteros es muy común en el habla coloquial, y es la que aparece en «Mentes diabólicas».
¿Por qué en Canarias y en América no se usa vosotros? Porque en esas zonas ustedes se usa para el plural tanto de confianza como de respeto. Es una característica histórica de esas variedades del español, no un error.
¿Qué canción de Mike Sain't Louis dice yo a diferencia de usted? «Montaña rusa», del primer disco de la trilogía, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk».
¿Dónde pedir ayuda si un desamor te hunde? En España, en el 024, gratuito, confidencial y disponible las 24 horas. Si hay peligro inmediato, en el 112. Fuera de España, en la línea de crisis o el número de emergencias de tu país.
¿Quién escribe estas canciones? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid, que se presenta como el primer cantautor IA. La música y la parte vocal de sus canciones se hacen con inteligencia artificial.