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Una verbena entera bailando: el videoclip de «Tan paleto», de los farolillos a la boda en el jardín

«Tan paleto» tiene una hermana gemela. Comparte la letra, palabra por palabra, con «Tan cateto»: las dos le preguntan a alguien, con la ceja levantada, cómo puede ser así de cerrado. Pero cada una tiene su propio videoclip, y no se parecen en nada. El de «Tan paleto» se publicó en YouTube el 17 de septiembre de 2025 y dura tres minutos y treinta y tres segundos. En la descripción del vídeo aparecen los dos títulos juntos, «Tan cateto y tan paleto», como si fueran el anverso y el reverso de la misma moneda.

La letra la he comentado en otro sitio, en «Les tapas los ojos como un buen dictador», donde hablo del beso que molesta y de esa figura del espectador que opina sin que nadie le pregunte. Aquí me quiero quedar con lo que se ve. Porque el vídeo de «Tan paleto» hace algo que me parece una respuesta perfecta a la letra: en lugar de enseñar a la persona que señala, enseña la fiesta que esa persona se está perdiendo.

El título entre farolillos

El vídeo abre de noche, en una plaza de piedra iluminada con guirnaldas de bombillas. Hay gente bailando, mujeres con trajes de volantes rojos, y al fondo una pareja abrazada. Sobre la imagen aparecen los títulos en letras de colores: «TAN CATETO» a un lado, en rosa y amarillo, «Y TAN PALETO» al otro, y arriba mi nombre en verde neón.

Desde el primer plano el tono está claro. No es un vídeo de denuncia gris, con gente triste mirando por la ventana. Es una fiesta. Una de esas noches de verano en las que el pueblo entero baja a la plaza. Y el título, con sus letras de feria, parece colgado de una caseta.

Las primeras parejas

Enseguida aparecen las primeras parejas bailando en la plaza. Una de chicos, con camisa clara y vaqueros, se abraza y se mueve despacio entre mujeres que giran con faldas enormes de volantes: una amarilla, una azul turquesa, una roja. Las faldas forman un círculo de color alrededor de ellos.

Lo que más me gusta de este plano es que nadie mira raro. Las mujeres siguen bailando, los guitarristas siguen tocando. La pareja es una más. Y eso, en una canción que empieza reprochando a alguien que le molesta ver a dos personas ir de la mano, es toda una declaración. El vídeo no discute con el que señala. Lo deja fuera de plano.

Un pueblo que baila

Durante los primeros segundos el clip va saltando entre calles estrechas de casas de colores, plazas con soportales y escalinatas de piedra. Siempre hay gente: grupos de mujeres con vestidos de colores que levantan los brazos y se ríen, hombres con camisa blanca tocando la guitarra, niños asomados, mesas largas con manteles.

Hay un momento en que una fila entera de chicas, con vestidos de tirantes en tonos pastel, salta a la vez con los brazos en alto, como en el estribillo de una canción del verano. Otro en el que un grupo baila en una calle en cuesta, de día, con la ropa tendida en los balcones.

Me gusta que sea un pueblo. La letra habla de alguien de mente pequeña, y es muy fácil, demasiado fácil, asociar esa estrechez con el pueblo. Yo no quería eso. En «Qué tiene de folk el gayfolk» ya conté que la verbena, la copla y la plaza son parte de mi universo, no su enemigo. El vídeo lo dice con imágenes: el pueblo que sale aquí no es el que señala. Es el que baila.

Los guitarristas de la calle

Los músicos aparecen una y otra vez. Hombres jóvenes con guitarra española, a veces con chaleco, a veces con camisa abierta, tocando de pie en mitad de la calle mientras la gente baila alrededor. En algunos planos son tres o cuatro, en fila. En otros, uno solo, sentado junto a una mesa.

Cuatro fotogramas del clip de «Tan paleto»: dos chicos bailando abrazados entre faldas de volantes, dos chicas besándose junto a una mesa llena de comida, una bailaora girando en una calle de piedra y una boda bajo los árboles

No son una banda sobre un escenario: están en el suelo, a la altura del resto. Me parece un detalle importante. En esta verbena la música no viene de arriba. Sale de la misma calle que los que bailan.

La cueva de las guitarras

De repente el vídeo entra en un espacio distinto: una cueva encalada, blanca, con el techo de roca y el suelo de tierra. En la pared cuelgan guitarras en fila, de todos los colores, una detrás de otra, como en un taller de luthier. También hay abanicos grandes, abiertos, colgados entre las guitarras.

Delante, varias mujeres con vestidos de lunares azul marino y blancos posan con las manos en la cintura. En el centro, una pareja se abraza: una mujer con vestido claro y un hombre con camisa oscura. Al lado, otra mujer de lunares le apoya la mano en el hombro a una tercera.

En el plano siguiente, la cueva se abre en un arco. Al fondo hay un cuadro con una guitarra pintada, dos medallones dorados y más guitarras apoyadas en el suelo. Cuatro bailaoras con faldas moradas de volantes levantan los brazos, y a la derecha, una pareja se besa junto a la pared.

Este es el plano que he elegido para la portada. Las guitarras colgadas, la cal, la roca, el cuadro del fondo: es un tablao que parece de toda la vida, un sitio con historia. Y dentro de ese sitio tan tradicional, el vídeo coloca sus parejas como si siempre hubieran estado ahí. Porque siempre han estado ahí.

Las chicas que se besan

Hay varios momentos en los que las parejas son de chicas. En una calle con mesas llenas de comida, dos mujeres con vestidos de volantes, una rosa y otra turquesa, se besan rodeadas de gente que aplaude. En otro plano, ya al final, dos mujeres vestidas de negro y rojo se abrazan en mitad de una calle llena de farolillos.

Me importa mucho que estén. Muchas de mis canciones hablan desde un chico que quiere a otro chico, porque es mi vida, pero la letra de «Tan paleto» habla de algo más amplio: de cualquier pareja a la que alguien señala con el dedo. El vídeo lo entiende así y reparte el beso. Chicos con chicos, chicas con chicas, chicos con chicas. Todos en la misma calle, bajo los mismos farolillos.

La mesa larga

Una de las imágenes que más se repiten es la de la mesa larga. Calles enteras ocupadas por mesas con manteles blancos, cubiertas de bandejas de comida, paellas, botellas y vasos. En un plano, la mesa se pierde en la distancia, bajo un techo de farolillos rojos que cuelgan de lado a lado de la calle. En medio, una pareja baila entre los comensales.

La mesa larga es la imagen de la fiesta de pueblo por excelencia: todo el mundo come junto, los de siempre y los que han llegado. Nadie tiene sitio reservado. Y cuando una canción va de alguien que no quiere compartir el espacio con quien no se le parece, una mesa infinita donde cabe todo el mundo es la mejor respuesta que se me ocurre.

El patio de la noche

Más adelante, el clip se mete en un patio interior, de noche, con galerías de madera alrededor y bombillas encendidas. Hay gente bailando en corro. En el centro, dos chicos con camisa oscura bailan juntos, muy cerca, y en otro momento se besan. Alrededor, mujeres con vestidos verdes y negros dan palmas. Al fondo, más guitarristas.

Recorte de Mike Sain't Louis sobre papeles de cuaderno, con los dos versos de «Tan paleto» sobre ir de la mano y el dedo del juez

En otro plano del mismo tipo, en un salón con columnas, un chico con traje oscuro avanza de espaldas hacia el centro de la pista, mientras dos mujeres con vestidos de colores bailan a su lado. Más tarde vemos a dos hombres trajeados abrazados en el centro de la plaza, mirándose, mientras las parejas de alrededor siguen bailando.

Son los planos más íntimos del vídeo. La luz es cálida, de bombilla, y los cuerpos están muy juntos. Si la letra le pregunta a alguien por qué le molesta ver a dos personas de la mano, estas imágenes van un paso más allá: no solo van de la mano, bailan pegados, y la fiesta sigue.

La calle de los volantes

Hay una secuencia que transcurre en una calle estrecha, de día, entre edificios altos de piedra clara. Una bailaora con un traje rojo y turquesa de volantes enormes gira en el centro, y alrededor, en las aceras, la gente mira y toca palmas. Hombres con guitarra, mujeres con vestidos de colores, alguno con camiseta de tirantes.

En otro plano parecido, varias mujeres con trajes de flamenca de colores fuertes, fucsia, naranja, verde lima, giran a la vez, y las faldas se abren como flores. Delante de ellas, una fila de músicos.

El vídeo usa mucho el traje de volantes, y no como disfraz. Es parte del paisaje de la fiesta, igual que las guitarras y los farolillos. Y me hace gracia pensar que la estética que más se asocia con la tradición, con lo de siempre, es justo la que acompaña aquí a las parejas que a algunos les parecen una novedad escandalosa.

Los farolillos de colores

Si hubiera que quedarse con un solo objeto del clip, serían los farolillos. Aparecen en casi todas las escenas de calle: redondos, de papel, rojos, blancos, naranjas, amarillos. Cuelgan de cuerdas que cruzan la calle de balcón a balcón. A veces forman un techo tan denso que casi no se ve el cielo.

Junto a ellos, banderines de colores, guirnaldas de bombillas, tiras de papel picado. La calle entera está decorada. Y esa decoración, para mí, tiene un sentido muy claro: la fiesta no se esconde. No es una reunión discreta en un local con la persiana bajada. Es una celebración en mitad de la calle, con todas las luces encendidas.

La boda en el jardín

Hacia el final, el clip cambia a un jardín, de día, con mesas bajo los árboles y guirnaldas de flores. Hay una boda. Vemos a una novia con vestido blanco y velo largo, y a su alrededor gente que levanta los brazos y baila. En el plano siguiente, en medio de los invitados, los novios se besan mientras un guitarrista toca a su lado.

Me parece precioso que el vídeo meta una boda. Es la fiesta en la que todo el mundo celebra el amor de dos personas. Y la mete justo en un vídeo que responde a alguien a quien le molesta ver ciertas parejas. La boda dice: aquí se celebra querer a alguien. Sea quien sea. En «El anillo y el exmarido» hablé de las bodas que salen en mis letras, que no siempre son felices. Esta sí lo es.

El salón del banquete

Hay también un salón grande, con vigas de madera en el techo y luz entrando por las ventanas, lleno de mesas largas con gente sentada. En el centro de la pista, dos personas bailan abrazadas, vestidas con ropa de fiesta, mientras los invitados de las mesas aplauden.

Es el banquete después de la boda. La gente come, bebe, se levanta a bailar. Y la pareja del centro es el foco de todas las miradas, pero en el buen sentido: la miran porque es su noche.

Me gusta pensar en este plano como el contrario exacto del verso que da título a la canción. El paleto de la letra mira a la pareja para juzgarla. Los invitados de este salón la miran para celebrarla. La mirada es la misma; lo que cambia es lo que hay detrás.

Los bailarines de carnaval

En los últimos segundos aparece algo inesperado: un grupo de bailarines con trajes de carnaval, con plumas enormes en la cabeza, cuerpos brillantes de lentejuelas doradas y amarillas, bailando en mitad de la calle entre los farolillos. Alrededor, la fiesta de siempre, con los músicos y las mesas.

Detalle de la portada de «Tan paleto» junto a las portadas de «Tan cateto» y «Mi novio de Albacete»

Es un salto de estética, de la verbena andaluza al carnaval, y me encanta que el vídeo se lo permita. El carnaval es la fiesta de la desmesura, de vestirse como uno quiere, de la pluma literal y figurada. Que aparezca al final es como si la verbena se fuera soltando hasta convertirse en algo todavía más libre.

Las dos chicas del final

El último plano de la fiesta es una calle llena de farolillos rojos, naranjas y blancos. En primer plano, dos mujeres se abrazan: una con vestido negro, otra con falda roja de volantes. Alrededor, bailaoras con trajes negros y rojos, y la gente de la calle.

Es una imagen de cierre muy bonita, porque resume todo lo anterior: una pareja, una calle, una fiesta. Sin explicaciones. Que es precisamente lo que dice uno de los versos del estribillo: no le voy a dar más explicaciones a nadie. El vídeo tampoco las da.

Del día a la noche

Otra cosa que el clip hace muy bien es mezclar horas. Hay escenas a pleno sol, en calles de piedra clara con la ropa tendida y la luz dura del mediodía. Hay escenas al atardecer, con el cielo naranja detrás de los tejados. Y hay escenas de noche cerrada, iluminadas solo por bombillas y farolillos.

No hay un orden estricto: el montaje salta de la mañana a la madrugada y vuelve. Eso da la sensación de una fiesta que dura días, como las fiestas patronales de verdad, las que empiezan un viernes y acaban un lunes con la gente sin dormir. Y también dice otra cosa: que estas parejas no solo existen de noche, cuando nadie las ve. Están en la calle a mediodía, bajo el sol, con los vecinos asomados.

Para mí eso es importante. Durante mucho tiempo, lo nuestro se ha contado como algo nocturno, escondido, de local con la puerta cerrada. El vídeo de «Tan paleto» lo saca a la luz del día, literalmente.

Lo que el vídeo no enseña

Hay algo que el clip de «Tan paleto» deja fuera a propósito, y me parece la decisión más inteligente de todas: no enseña al espectador. No hay ningún plano de un vecino frunciendo el ceño, de un padre tapando los ojos a sus hijos, de alguien señalando con el dedo. Todas esas figuras están en la letra, pero no en la imagen.

El vídeo de «Tan cateto», en cambio, sí pone al público que juzga en pantalla, con sus brazos cruzados. Por eso me gusta tener los dos. Uno enseña a los que miran mal. El otro los borra del todo y deja solo lo que les molesta, multiplicado por cien: parejas, besos, música, fiesta. Si la letra es la discusión, el vídeo de «Tan paleto» es la respuesta sin palabras.

La pregunta sin respuesta

La letra de la canción le hace una pregunta a alguien: cómo puede ser así. No espera respuesta. Es una pregunta retórica, de esas que se hacen con media sonrisa. Y el estribillo termina con una frase sobre las limitaciones de la mente de esa persona, que es a la vez un desplante y una manera de dejar el tema.

Ficha de «Tan paleto» con su portada enmarcada, su número en el catálogo y los créditos de letra y producción

El vídeo funciona igual. No intenta convencer a nadie. No explica por qué dos chicos pueden bailar juntos en una verbena. Simplemente lo enseña, una y otra vez, hasta que deja de ser una noticia. Y creo que eso es lo que más molesta a quien se molesta: no que le discutan, sino que nadie le pida permiso.

El novio del verso

La letra menciona a un novio africano, y es un verso que me importa porque habla de dos prejuicios a la vez. En «Doble mirada» escribí sobre las parejas mixtas en mis canciones y sobre esa mirada que pesa el doble. El vídeo no ilustra ese verso con un personaje concreto, y no voy a decir que lo hace. Lo que sí hace es llenar la fiesta de gente distinta, con pieles, edades y ropas muy diferentes, bailando en la misma calle.

Por qué una verbena

Me han preguntado alguna vez por qué tantas de mis canciones y de mis vídeos acaban en una plaza, con farolillos y guitarras. La respuesta tiene que ver con quién soy. Me gusta la fiesta popular, la que no cobra entrada, la de las sillas de plástico y la orquesta. Y me parece injusto que ese mundo se le regale siempre a la gente que piensa como el protagonista de la letra.

En «Mi novio de Albacete» juego con los tópicos del pueblo y la capital. En «Tan paleto» el vídeo los da la vuelta: la verbena es nuestra también. Las guitarras, los volantes, la mesa larga y el baile en la plaza no tienen dueño. Planeta Gayfolk es, en parte, eso: la verbena de siempre, con todas las parejas dentro.

Dos clips, una letra

Que una misma letra tenga dos videoclips tan distintos me parece una de las cosas más divertidas del catálogo. «Tan cateto» y «Tan paleto» son como dos tomas de la misma escena rodadas desde ángulos opuestos. En una, la cámara mira al que juzga. En la otra, mira a lo que juzga.

Si las ves seguidas, la sensación es la de un plano y contraplano. Primero, el tribunal con los brazos cruzados. Después, la fiesta que ese tribunal no puede parar. Te recomiendo verlas así, en ese orden.

El ritmo del montaje

El montaje del vídeo es rápido y alegre. Cambia de calle, de patio o de salón cada pocos segundos, y casi siempre corta en el momento en que alguien gira o levanta los brazos. Los planos de parejas se intercalan con planos de grupo, como si la cámara fuera saltando de un rincón a otro de la misma fiesta.

Eso crea una sensación de abundancia: hay tanta gente bailando que no da tiempo a fijarse en todos. Y es justo lo contrario de la sensación que describe la letra, la de estar bajo la lupa de alguien. En el vídeo, nadie está bajo la lupa. Todo el mundo se pierde en la multitud.

Cómo verlo

El videoclip completo está en mi canal de YouTube y, junto a todos los demás, en la página de vídeos. Si quieres seguir la letra mientras lo miras, está en las letras; y si te quedas con ganas de más, hay fragmentos cortos de muchos clips en los shorts. Escribo, compongo y produzco mis canciones; la música e interpretación vocal están hechas con IA. En la página sobre mí cuento más sobre cómo trabajo, y Planeta Gayfolk es el universo donde viven esta verbena y todas las demás.

Un juego para quien lo vea: cuenta los farolillos. Yo lo intenté y lo dejé por imposible; no hay una sola escena de calle sin ellos.

Preguntas frecuentes

¿Qué se ve en el videoclip de «Tan paleto»? Una verbena enorme: calles con farolillos, mesas largas, guitarristas, mujeres con trajes de volantes, una cueva encalada con guitarras colgadas, un patio nocturno, una boda en un jardín y parejas de chicos, de chicas y mixtas bailando y besándose sin que nadie las señale.

¿Cuándo se estrenó el vídeo? Se publicó en YouTube el 17 de septiembre de 2025 y dura tres minutos y treinta y tres segundos.

¿«Tan paleto» y «Tan cateto» son la misma canción? Comparten la misma letra, pero son dos temas distintos con dos videoclips distintos. El de «Tan cateto» enseña a un público que juzga; el de «Tan paleto», la fiesta que ese público no puede parar.

¿Aparece en el vídeo la persona que juzga? No. A diferencia de la letra, el clip no enseña a nadie señalando ni tapando ojos. Solo enseña la fiesta.

¿Dónde puedo leer la letra? En la sección de letras de la web y en la página de la canción en Planeta Gayfolk.

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