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«Les tapas los ojos como un buen dictador»: el beso que molesta en «Tan paleto»

Una mano grande se pone delante de dos ojos pequeños. Eso es todo. No hay grito, no hay insulto, no hay piedra. Solo una mano.

Ese gesto, el de un padre o una madre que tapa los ojos a su hijo porque en el banco de enfrente dos hombres se están dando un beso, es para mí una de las imágenes más violentas que conozco. Y la escribí así, sin adornos, en «Tan paleto»:

«Que te molesta que tus hijos vean un beso / Y les tapas los ojos como un buen dictador»

«Tan paleto» es la hermana de «Tan cateto», la que corrió por TikTok y por la que entró mucha gente a mi catálogo. Comparten letra, comparten estribillo y comparten la misma pregunta indignada. Sobre la palabra «cateto» ya escribí un texto entero, «Cateto»: de insulto a bandera, y la ficha de «Tan paleto» ya habla del espectador y del trato de usted.

Aquí quiero quedarme en dos versos que siempre pasan un poco de largo. El de los hijos con los ojos tapados. Y el del novio africano. Porque en esos dos versos hay dos violencias distintas que vienen de la mano, como la pareja de la canción, y que no se suelen contar juntas.

La mano delante de los ojos

Empecemos por la mano.

Cuando alguien tapa los ojos a un niño, le está enseñando algo. No le está protegiendo de nada, porque un beso no hace daño a nadie. Le está enseñando que lo que pasa en el banco de enfrente es algo que no se debe ver. Algo sucio. Algo que da vergüenza. Algo que hay que esconder.

Y el niño aprende. Los niños aprenden rapidísimo. No entienden por qué, pero entienden el gesto. Entienden la tensión en la mano de su padre. Entienden que hay algo ahí fuera que es malo. Y se lo guardan.

Ahora piensa en esto: alguno de esos niños, dentro de diez años, va a descubrir que le gustan los chicos. O que no es un chico. O que no es lo que sus padres esperaban. Y cuando eso pase, va a recordar, aunque no lo recuerde con palabras, aquella mano delante de sus ojos. Y va a saber, sin que nadie se lo diga, que lo que él es pertenece a la categoría de las cosas que hay que tapar.

Por eso escribí «como un buen dictador». No es una exageración, aunque lo parezca. Es una descripción. Los dictadores hacen exactamente eso: deciden qué se puede ver y qué no. Tapan. Censuran. Y lo hacen siempre con la misma excusa: es por vuestro bien. Es para proteger a los niños.

Piensa en los niños

Esa excusa la conozco de memoria. Toda mi comunidad la conoce. «Piensa en los niños».

Se ha usado para todo. Para que no saliéramos en la tele. Para que no se hablara de nosotros en los colegios. Para que no pudiéramos casarnos ni adoptar. Para que los libros con dos papás o dos mamás no estuvieran en las bibliotecas. Para que no hubiera besos en las series de las nueve de la noche. Siempre los niños, siempre la inocencia, siempre la protección.

Y lo que me hace gracia, con una gracia muy amarga, es que nadie pregunta nunca por los niños que somos nosotros. Por los niños que fuimos. Por el niño que, sentado en el banco de al lado, vio cómo un padre le tapaba los ojos a otro niño y entendió que él mismo era lo que había que tapar.

¿Quién protegía a ese niño?

Nadie. Por eso escribo canciones.

Y no lo digo para ponerme medallas, que bastante tengo con las lentejuelas. Lo digo porque una canción tiene una ventaja que no tiene casi nada más: entra en casa sin pedir permiso. Se cuela en los cascos de un chaval en su cuarto, con la puerta cerrada, sin que el padre de la mano se entere. Y ahí, en ese cuarto, el chaval oye a alguien que le pregunta al señor del banco cómo puede ser tan paleto. Y a lo mejor, por primera vez, se ríe del señor en lugar de tenerle miedo.

Un novio africano

El otro verso es este: que te molesta que mi novio sea africano.

Fotogramas del videoclip oficial de «Tan paleto», de Mike Sain't Louis

Lo pongo en la misma estrofa que el «vayamos de la mano» a propósito. Porque, muchas veces, lo que molesta no es una cosa. Son dos. Y se suman.

Hay gente a la que le molesta ver a dos hombres de la mano. Y hay gente a la que le molesta ver a un hombre negro de la mano de uno blanco. Y luego está la gente a la que le molestan las dos cosas a la vez, y que, al ver a esa pareja, no sabe muy bien por dónde empezar a escandalizarse. ¿Por los maricones? ¿Por el africano? ¿Por las dos cosas? Se le cortocircuita el prejuicio.

Me pareció importante meter ese detalle en la letra porque dentro de mi propia comunidad a veces se nos olvida. El mundo gay no está libre de racismo. Hay perfiles en las aplicaciones que dicen cosas que no me atrevo a copiar aquí. Hay miradas en los bares de ambiente que no son muy distintas de las del señor del banco. Hay chistes que se cuentan entre maricas sobre los cuerpos de los hombres negros que son exactamente lo mismo que los chistes que otros cuentan sobre nosotros.

La canción no lo dice todo eso. La canción solo dice «que te molesta que mi novio sea africano». Pero al ponerlo al lado de la mano, al lado del beso, dice una cosa muy simple: es la misma molestia. El mismo dedo de juez acusador. La misma mirada desde la grada.

El dedo de juez acusador

Hay una imagen en la primera estrofa que me gusta mucho por lo teatral: el dedo de juez acusador.

Me imagino un dedo enorme, como el de los carteles antiguos del Tío Sam, apuntándote desde la otra acera. Un dedo con toga. Un dedo con mazo. Un dedo que ya ha dictado sentencia antes de que tú abras la boca.

La gente que señala tiene una cosa curiosa, y es que siempre se cree con derecho. No se pregunta si le corresponde opinar. No se pregunta si alguien le ha pedido su opinión. Simplemente se sienta en el banquillo del juez, que nadie le ha ofrecido, y empieza a juzgar.

Y la canción le contesta con una frase que es casi una sentencia de vuelta: no voy a aceptar consejos de ningún espectador. Tú no estás en el juicio. Estás en la grada. Eres público. Y el público, como mucho, aplaude o se va.

No le voy a dar más explicaciones

Ya que estamos con los versos que se quedan, aquí va el estribillo entero, que es el que todo el mundo se lleva puesto:

«Pero ¿cómo puede ser usted tan cateto? / No le voy a dar más explicaciones»

Dos versos. Una pregunta y una negativa. Y entre los dos, todo un programa de vida.

Usted

Ya lo ha contado la ficha, pero insisto, porque me encanta: el estribillo trata al señor de usted.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «Pero ¿cómo puede ser usted tan cateto? No le voy a dar más explicaciones» de «Tan paleto»

¿Cómo puede ser usted tan cateto? ¿Cómo puede ser usted tan paleto?

En España, el usted es una herramienta muy fina. Se usa con los mayores, con los desconocidos, con el médico, con el señor del banco que te niega la hipoteca. Y también se usa para poner distancia. Para decirle a alguien: tú y yo no somos de la misma familia. No tengo confianza contigo. Y no la voy a tener.

Llamar a alguien «tan paleto» tratándole de usted es como darle una bofetada con guante blanco. La forma es impecable. El contenido, demoledor. Es la técnica de las señoras de toda la vida cuando discuten en la cola de la pescadería: «Mire usted, señora, no me haga hablar».

Hay un desequilibrio buscado en el estribillo, además. En las estrofas, se le habla de tú: «te molesta», «me señalas», «les tapas los ojos». En el estribillo, de repente, se le habla de usted. Como si la canción, después de enumerar sus agravios, se pusiera de pie, se colocara la chaqueta y le dijera desde arriba: mire usted, se acabó la confianza.

Paleto, cateto y la geografía del insulto

«Paleto» y «cateto» son primos hermanos. Los dos vienen del mismo sitio: del pueblo. De la idea de que el de pueblo es ignorante, cerrado, atrasado. En el texto sobre «cateto» me preguntaba si tenía derecho a usar esa palabra viviendo en Madrid.

En «Tan paleto» la palabra hace una cosa distinta. No se la aplico a mí mismo. Se la aplico al que me señala. Y lo interesante es que el que me señala puede ser de pueblo o de ciudad. Puede vivir en un chalet de La Moraleja o en un piso de Lavapiés. Puede tener tres másteres. Puede ser el concejal de cultura. El paleto de la canción no es un paleto de geografía. Es un paleto de cabeza.

Ya sé que su mente tiene limitaciones, dice el estribillo. Ahí está la clave. El paleto es el que tiene la mente pequeña, viva donde viva. Y seguro que hay paletos de cabeza en la calle Serrano que harían sonrojar a cualquier pastor de las Hurdes.

Tengo un texto sobre todo esto, sobre el pueblo, la capital y los tópicos: mi novio de Albacete. Ahí cuento por qué los tópicos me hacen gracia cuando se dan la vuelta, y por qué el que se cree moderno suele ser el más antiguo de la sala.

Me quieres preso

Hay un verso en la segunda estrofa que es el más oscuro de la canción, y que no quiero pasar por alto: que te molesta mi cara y me quieres preso.

Preso. No dice «me quieres lejos» ni «me quieres callado». Dice preso.

Y no es una exageración poética, por desgracia. Hay todavía decenas de países en el mundo donde ser como soy está penado con cárcel. Y en algunos, con algo peor. En España tuvimos durante el franquismo una ley que mandaba a los homosexuales a cárceles y a centros de «rehabilitación», y la generación de nuestros abuelos lo vivió. No es historia antigua. Es la memoria de gente que todavía está viva.

Cuando alguien me mira mal en la calle por ir de la mano con otro hombre, no pienso que vaya a meterme en la cárcel. Pero sé de dónde viene esa mirada. Sé que es la misma mirada que, en otro tiempo y en otro sitio, sí te metía en la cárcel. Y por eso el verso dice «preso». Porque la mirada es la semilla. Y todos sabemos lo que crece de esa semilla cuando se le echa agua.

Del chiste a la cola del autobús

Me pongo serio un momento más, sin chistes, que este tema se lo merece.

Collage con un detalle de la carátula de «Tan paleto» y las carátulas de «Tan cateto», «Malena», «The Queen of Pop»

Ir de la mano por la calle es algo que la mayoría de la gente hace sin pensar. Sales del cine, coges a tu pareja de la mano y caminas. Ya está. Para muchos de nosotros, en cambio, ese gesto sigue siendo una decisión. Miras alrededor antes. Calculas la calle, la hora, quién hay en la parada del autobús. A veces la sueltas cuando pasa un grupo de chavales. A veces no la coges.

Esa decisión diaria, minúscula, invisible para los demás, cansa. Cansa muchísimo. Y la canción existe, entre otras cosas, para que un día dejemos de tomarla.

Lo que no voy a explicar

Hay otro verso del estribillo que es casi un manifiesto: no le voy a dar más explicaciones.

Me encanta esa frase porque va en contra de todo lo que nos enseñaron. Durante años, a los maricas se nos pidió que explicáramos. Que explicáramos por qué éramos así. Que explicáramos que no éramos enfermos, que no éramos peligrosos, que no íbamos a convertir a nadie. Que explicáramos que el amor entre dos hombres es igual que cualquier otro. Hemos dado tantas explicaciones que podríamos llenar una biblioteca.

Y llega un momento en que dices: basta. No voy a explicar más. Si con todo lo que se ha dicho, con todo lo que se ha escrito, con todas las leyes que se han aprobado, usted sigue sin entenderlo, el problema no es mi explicación. Es su cabeza.

Esa es una de las razones por las que la canción no discute. No intenta convencer al señor. No le da datos ni argumentos. Le hace una pregunta retórica y se va. Que es lo que se hace con quien no quiere escuchar.

Un tirante blanco y un arcoíris

Mira la portada. Un fondo de papel viejo, color crema, como un cartel de los años setenta pegado en una pared. Cruzándolo en diagonal, una franja con los colores del arcoíris. Y delante, un chico de pelo rizado y barba, con camiseta de tirantes blanca, cadenas al cuello y los brazos y el pecho llenos de tatuajes, mirando a cámara con cara de pocos amigos. Al lado, en letras rojas y gastadas, TAN PALETO.

Lo que me gusta de esa imagen es que el chico no sonríe. No pide permiso. No hace pose de anuncio de campaña institucional del Orgullo, con todo el mundo feliz y de colores. Está serio. Te está mirando a ti, el que señala. Y su cara dice exactamente lo mismo que el estribillo: ¿cómo puede ser usted tan paleto?

Una hermana en el tercer disco

«Tan paleto» está en el tercer disco de la trilogía, El día de la liberación. Su hermana «Tan cateto» está en el segundo, Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK. En el catálogo completo de gayfolkplanet.com, «Tan paleto» es la pista 82 de 273, entre «Malena» y «The Queen of Pop».

Me gusta que la versión que cambia el título esté en el disco de la liberación. Porque el día de la liberación no es el día en que te dejan de señalar. Eso no pasa nunca del todo. Es el día en que te da igual que te señalen. El día en que miras el dedo de juez acusador y, en lugar de bajar la cabeza, preguntas en voz alta, con el usted bien puesto: ¿pero cómo puede ser usted tan paleto?

Al niño de los ojos tapados

Y ahora, si me lo permites, le quiero hablar a alguien que no va a leer esto. O que lo leerá dentro de muchos años, sin saber que es para él.

Ficha de la canción «Tan paleto» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

Al niño del banco. Al que le taparon los ojos.

Lo que había detrás de la mano no era nada malo. Eran dos hombres que se querían, dándose un beso en una tarde cualquiera, a lo mejor después de comprar el pan o antes de entrar al cine. No había nada que esconder. No había nada sucio. Lo único raro de aquella escena era la mano de tu padre, temblando de nervios delante de tu cara.

Si algún día descubres que tú también quieres dar un beso así, en un banco así, acuérdate de que la mano no era tuya. Que el miedo no era tuyo. Que la vergüenza era prestada y la puedes devolver cuando quieras, sin pagar intereses.

Y si nunca lo descubres, porque no es tu caso, también te digo una cosa: la próxima vez que veas a dos hombres de la mano, no hace falta que mires hacia otro lado. Ni que mires fijamente. Basta con que sigas andando. Con eso ya serás mejor que la mano.

El orgullo de los martes

Hay un texto en este blog que se llama el Orgullo de un martes de noviembre, y tiene mucho que ver con esta canción. El Orgullo con mayúscula es una semana al año, con carrozas, música y la plaza de Chueca a reventar. Pero el orgullo con minúscula es todos los días. Es ir de la mano un martes de noviembre por una calle de Usera, sin carroza y sin música, con la bolsa del Lidl en la otra mano.

«Tan paleto» es una canción de ese orgullo pequeño. Del cotidiano. Del que no sale en las noticias. Nadie te va a hacer una foto por ir de la mano un martes. Pero alguien te va a mirar. Y la canción está para ese momento, para el segundo exacto en que notas la mirada y decides no soltar la mano.

En diez segundos cabe entera la pregunta del estribillo, y por eso funciona tan bien en los vídeos cortos. Si tienes curiosidad, en la sección de Shorts verás cómo se mueven mis canciones cuando se cortan a la medida de un móvil.

Una canción que salga bien

Para terminar, una idea que me ronda desde hace tiempo y que escribí en hacen falta canciones de amor gay que salen bien.

Fíjate en que «Tan paleto» de desamor no tiene nada. Es raro en mi catálogo, que está lleno de exnovios. Aquí la pareja está bien. Van de la mano. Se besan en público. El novio es africano y al protagonista le parece estupendo. El único problema de la canción no está dentro de la pareja. Está fuera. Es el señor del banco.

Y eso, en sí mismo, es un pequeño gesto político. Contar una pareja que funciona, que se quiere, que no tiene ningún drama, y poner todo el drama en quien la mira. Darle la vuelta a la cámara. Que el raro, el problemático, el que necesita explicaciones, sea él.

La letra es mía. La música y las voces de Planeta Gayfolk se hacen con herramientas de inteligencia artificial, como el resto del catálogo, y lo cuento siempre. Pero el beso, la mano, el novio, el usted y la mano delante de los ojos de los niños, eso no lo ha decidido ninguna máquina.

Eso lo ha visto cualquiera que haya ido de la mano por la calle con quien no debía, según el señor del banco.

Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia hay entre «Tan paleto» y «Tan cateto»? Son canciones hermanas con la misma letra y la misma pregunta en el estribillo. «Tan cateto» está en el segundo disco de la trilogía GAYFOLK y corrió por TikTok; «Tan paleto» está en el tercero, El día de la liberación.

¿De qué trata la canción? De una pareja de dos hombres, uno de ellos africano, que va de la mano y se besa en público, y de quien les mira y les juzga, hasta el punto de tapar los ojos a sus hijos. El estribillo le pregunta, tratándole de usted, cómo puede ser tan cateto y tan paleto.

¿En qué lugar del catálogo está? En el catálogo de gayfolkplanet.com es la pista 82 de 273, entre «Malena» y «The Queen of Pop».

¿Quién la escribió? La letra es de Mike Sain't Louis. La música y las voces se hicieron con herramientas de inteligencia artificial, y el single sale con el sello MIKE SAIN'T LOUIS.

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