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«Mi novio de Albacete»: el pueblo, la capital y por qué los tópicos me hacen gracia

En Madrid hay una broma que no falla. Alguien dice de dónde es su pareja, y si es de una ciudad que no sea Madrid, Barcelona o alguna capital con playa, alguien en la mesa sonríe un poco de lado. No dice nada. Solo sonríe. Esa sonrisa contiene siglos de tópicos sobre la capital y la provincia, y yo la conozco muy bien porque a veces la he puesto yo.

Por eso me gusta tanto el título «Mi novio de Albacete». Tiene esa sonrisa dentro.

Lo que hace un nombre de ciudad

Si dijera «mi novio de provincias», sonaría a novela del siglo XIX. Si dijera «mi novio del pueblo», sonaría a anuncio de embutidos. Albacete es otra cosa. Es una ciudad real, con su feria, con su fama de navajas, con gente que vive allí y que probablemente esté harta de que en Madrid la usen como chiste. Ese es el riesgo y también la gracia. El nombre propio te compromete. Ya no hablas de una idea, hablas de un sitio con calles.

No voy a contarte lo que pasa en la canción. Te diré lo que me sugiere el título a mí, que es lo que sugiere a casi todo el mundo: alguien que vive en la capital presume, o se excusa, o simplemente informa de que su novio viene de fuera. Y en esa frase cabe todo un teatro. El orgullo de quien lo dice. La mirada de los amigos. El novio, que a lo mejor está delante y pone los ojos en blanco.

Aquí va mi teoría, que no es muy científica. Los tópicos sobre los pueblos y las ciudades pequeñas hablan menos de esos sitios que de quien los repite. El madrileño que se ríe de Albacete está diciendo, sobre todo, que necesita sentirse en el centro de algo. Y eso tiene mucha gracia, porque en Madrid casi nadie es de Madrid. Media ciudad llegó de otra parte, o sus padres, o sus abuelos. La capital es un gran pueblo de pueblos que ha olvidado de dónde salió.

Cuando escribo desde ese tópico, no me río del novio. Me río del que lo presenta. Del que dice «de Albacete» con un tono especial, como quien enseña un mueble antiguo que ha comprado en un mercadillo. Ese personaje sí que me interesa. Es esnob y es tierno a la vez, porque si lo menciona tanto es que está orgulloso.

Fuera de España también existe Albacete

Escribo pensando en España y en América Latina, y me ha hecho gracia comprobar que el chiste viaja bien. Cada país tiene su Albacete. Esa ciudad intermedia que no es la capital ni es exótica, que todo el mundo conoce de oídas y nadie visita a propósito. Cambias el nombre y la sonrisa de lado es exactamente la misma.

Eso me dice que el tópico no va de geografía. Va de jerarquías. Del centro y la periferia. Del que se cree moderno porque tiene tres líneas de metro cerca de casa. Y de la persona que llega desde fuera y, en cuanto abre la boca, se nota que no es de aquí.

Para un chico gay, esa historia tiene una capa más. Durante mucho tiempo, el relato era que en el pueblo no se podía ser y en la capital sí. Que había que hacer la maleta. Esa idea tuvo mucho de verdad y todavía la tiene en muchos sitios. Pero también ha dado lugar a un pequeño desprecio, el del que ya se fue hacia el que se quedó. Como si quedarse fuera una derrota. No lo es. Hay gente que se quedó, que es libre y que encima tiene una casa con patio que en Madrid costaría lo que un riñón.

Por qué el humor y no el ensayo

Podría haber escrito un texto serio sobre la España vacía o sobre la migración interior. Hay gente que lo hace muy bien. A mí me sale otra cosa. Me sale el novio. Me sale la cena con amigos. Me sale el detalle de que alguien diga «de Albacete» y todos se rían, y después de reírse, si estás atento, notes que la broma tenía un fondo un poco triste.

El humor de PLANETA GAYFOLK funciona así casi siempre. Pongo un tópico encima de la mesa, lo inflo hasta que se ve lo que tiene de ridículo y luego lo dejo ahí para que cada cual decida. No me gusta explicar el chiste. Si lo explicas, ya no tiene gracia, y además te conviertes en el señor que explica chistes en las cenas, que es peor que el señor que se ríe de Albacete.

Una carta de amor torcida

Lo que más me gusta del título es que, debajo de la broma, hay una declaración. «Mi novio». Con posesivo. Dicho en voz alta, delante de otros. Para mucha gente decir eso en público todavía cuesta. Que lo digas con naturalidad, añadiendo encima su ciudad como quien añade un apellido, me parece casi más importante que el chiste.

Así que sí, me hacen gracia los tópicos. Me hacen gracia porque son una manera muy rápida de dibujar un personaje y porque, si los miras de cerca, se desmontan solos. El madrileño presumido. El novio que viene en tren. La ciudad que aguanta el chiste con paciencia. Todos salen un poco despeinados y nadie sale herido. O eso intento.

Si alguien de Albacete lee esto, que sepa que la broma va contra nosotros, los de la capital. A vosotros os toca reíros.

La canción está en mikesaintlouis.com, con su letra completa y su videoclip.

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