
Por Mike Sain't Louis ·
Hacen falta canciones de amor gay que salen bien
Durante mucho tiempo, si eras un chico gay y buscabas historias de amor parecidas a la tuya, tenías dos opciones. O la historia acababa mal, o no existía. Muerte, enfermedad, una familia que no acepta, un amante que se casa con una mujer, un final en un andén con alguien llorando. Las películas lo sabían. Las novelas lo sabían. Las canciones, cuando se atrevían a decir algo, también.
No digo que esas historias no tuvieran razón de ser. Muchas contaban la verdad de una época, y algunas son obras maestras. Pero si eso es todo lo que te llega, aprendes una lección peligrosa: que lo tuyo, por definición, termina en tragedia.
El final feliz como gesto político
Suena exagerado decir que un final feliz es político. Pero piénsalo. Las canciones de amor heterosexuales pueden permitirse acabar bien sin que nadie las acuse de ingenuas. Hay miles de canciones en las que chico conoce a chica, se gustan y punto. Nadie les pide que justifiquen su felicidad.
Cuando dos hombres se quieren en una canción, en cambio, parece que la historia tiene que pagar un peaje. Algo tiene que torcerse. Como si el oyente no fuera a creérselo si todo va bien.
Y ese peaje tiene consecuencias. Un chico que solo ha visto historias como la suya acabar en un hospital o en una despedida aprende a desconfiar de su propia felicidad. Cuando por fin se enamora y todo va bien, espera el golpe. No lo disfruta del todo porque cree que está viviendo el primer acto de una tragedia. Me parece una herencia muy pesada para algo tan sencillo como querer a alguien.
Yo quiero canciones que no paguen ese peaje. Dos chicos que se gustan, que se lían, que discuten por quién friega, que se van a vivir juntos, que se aburren un domingo en el sofá. Y que siguen. Eso, que parece tan poco, es casi revolucionario en un repertorio que durante décadas solo supo contarnos con lágrimas.
Lo difícil de escribir la felicidad
Ahora la parte honesta. Escribir el amor que sale bien es mucho más difícil que escribir el que sale mal. El drama tiene motor propio. El conflicto empuja la letra, y cada verso tiene algo que resolver. La felicidad, en cambio, no tiene conflicto. Si todo va bien, ¿qué cuentas?
He perdido la cuenta de las veces que he empezado una canción de amor feliz y se me ha quedado en tarjeta de cumpleaños. Bonita, sí, pero sin nada dentro. Me cuesta. Lo reconozco.
Lo que he aprendido es que el amor que sale bien también tiene conflictos, solo que son pequeños. El calcetín en el suelo. El que ronca. La suegra que pregunta cuándo os casáis con un entusiasmo sospechoso. El humor ayuda muchísimo aquí. Una pareja feliz contada con humor deja de ser una postal y se convierte en una casa con gente dentro. Y el humor de PLANETA GAYFOLK, que tantas veces apunta a los exnovios, también sirve para esto: para reírse con cariño de lo que funciona.
Hay otro truco que me sirve: poner el conflicto fuera de la pareja. Que los dos estén bien y que lo que se tuerza sea el mundo, el vecino, el camarero que pregunta si queréis la cuenta separada. La pareja queda como un equipo frente a lo de fuera, y eso también es una historia que sale bien. Quizá la más bonita.
La trilogía acaba en liberación
Cuando pensé la trilogía GAYFOLK, tuve muy claro cómo tenía que terminar. Los tres discos se escuchan como una sola historia en tres actos. El primero, «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», es el descubrimiento de un lugar donde uno puede ser quien es. El segundo, «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK», son las ganas de llegar. Y el tercero se llama «El día de la liberación».
No es un título triste. Lo elegí a propósito. Podría haber cerrado con una pérdida, con una nostalgia, con un «casi». Habría sido más elegante en cierto sentido, más de cine de autor. Pero no quería que quien escuchara los tres discos seguidos acabara con el mismo nudo en la garganta de siempre. Quería que acabara con la sensación de haber llegado.
Esa es mi pequeña respuesta a la tradición del final triste. Una historia larga, contada en tres discos, que termina bien.
Para quien escucha a solas
Pienso mucho en el chico que escucha mis canciones con los cascos puestos, en una habitación donde nadie sabe todavía lo que siente. Para él, una canción de amor gay que sale bien funciona como información. Le está diciendo que es posible. Que hay gente que se quiere, que se queda, que envejece junta y sigue discutiendo por la temperatura del aire acondicionado.
Seguro que a mucha gente le habría venido bien oír eso antes y más a menudo. No lo digo con amargura, lo digo como quien constata que faltaba algo en la estantería. Ahora intento ponerlo yo.
Tampoco quiero caer en lo contrario y hacer solo canciones felices. Eso sería otra mentira. Las rupturas existen, los exnovios existen y algunos se merecen una canción entera. Escribo de todo eso. Pero quiero que en el conjunto haya equilibrio, que quien busque una historia que sale bien la encuentre sin tener que rebuscar mucho.
Mi sueño, si tengo que poner uno, es que un día una canción de amor gay feliz sea tan corriente que nadie se fije. Que no haga falta escribir un artículo como este. Que suene en la radio entre otras canciones de amor y nadie piense que es especial.
Todavía no estamos ahí. Por eso sigo escribiéndolas.
La trilogía GAYFOLK se descarga gratis, sin registro, en mikesaintlouis.com/descargas.