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Sobrevivir al propio espectáculo: «Free Britney» y las jaulas con focos

«She was trapped behind the lights.»

Atrapada detrás de los focos. Es la primera frase del texto que acompaña a «Free Britney», y la escribí en inglés porque así se dicen estas cosas cuando el escenario es Las Vegas. Lo que me interesa de la frase es la preposición. No dice «bajo los focos», que es donde está cualquier estrella. Dice «detrás». Los focos no la iluminaban: la tapaban. Eran barrotes de luz.

«Free Britney» es un homenaje, y en la ficha de la canción está lo básico. Aquí quiero contar por qué una canción mía se titula como un hashtag, qué tiene que ver la historia de Britney Spears con el resto de Planeta Gayfolk y por qué la puse en el disco que se llama, precisamente, «El día de la liberación».

Un título que ya existía

«Free Britney» no me lo inventé yo. Era un lema. Un hashtag que miles de fans escribieron durante años en redes, en pancartas a la puerta de los juzgados de Los Ángeles, en camisetas, en comentarios de Instagram. #FreeBritney.

Usar como título algo que ya existe es raro en mi catálogo. Normalmente me invento títulos largos, absurdos, con nombres propios de la tele española. Aquí cogí un lema hecho y lo puse en la portada tal cual.

Lo hice porque el lema ya lo decía todo. No había forma de mejorarlo. Dos palabras, un imperativo y un nombre. Liberad a Britney. Cualquier otro título habría sido una paráfrasis peor. Y, además, poner el hashtag en la portada era una forma de sumarme a todos los que lo gritaron antes que yo. No soy el primero. Soy uno más.

La tutela

Para quien no lo siguiera, un resumen corto de lo que pasó, que es público y está en todas partes.

En 2008, después de unos años muy duros, con crisis delante de las cámaras y los paparazzi persiguiéndola día y noche, un juzgado de California puso a Britney Spears bajo una tutela legal. Su padre pasó a controlar su dinero, sus decisiones médicas, su carrera y buena parte de su vida personal. Ella siguió trabajando: discos, giras, una residencia de años en Las Vegas, un puesto de jurado en un concurso de la tele. Ganaba millones. Y no podía decidir casi nada.

Esa tutela duró trece años. En junio de 2021 ella habló ante el juez y contó, con sus propias palabras, lo que estaba viviendo. En noviembre de ese mismo año, la tutela terminó.

No soy periodista ni abogado, y no voy a entrar en detalles legales que no domino. Lo que me interesa es la imagen: una mujer que llenaba estadios y que, al mismo tiempo, no podía decidir si tomaba un café o no. La persona más vista del planeta, sin voz.

La jaula con focos

En mi catálogo hay mucha jaula. Hay gente atrapada en relaciones con narcisistas, en silencios que castigan, en casas de los mil cadáveres. Pero son jaulas privadas. Pasan en un piso de Madrid, en una playa de Benidorm, en un chat de WhatsApp. Nadie las ve.

La de Britney era al revés. Era una jaula pública. Con focos. Con público. Con entrada pagada. Millones de personas la miraban y no la veían.

Eso es lo que más me impresiona de su historia, y lo que quise poner en la canción. Que se puede estar atrapado delante de todo el mundo. Que el espectáculo puede ser la propia jaula. En el texto lo dije así: el homenaje es para «alguien que sobrevivió al propio espectáculo».

Sobrevivir al propio espectáculo. Me parece la frase más exacta que he escrito sobre la fama. El espectáculo, que se supone que es lo que te hace libre, rico, admirado, puede ser lo que te come. Y sobrevivirlo no es ganarlo. Es salir vivo.

Por qué Britney es nuestra

Britney Spears es un icono gay. No lo digo yo, lo dice cualquier pista de baile de Chueca un sábado a las tres de la mañana cuando suena «Toxic». Lo dice cualquier drag que la haya imitado con el uniforme de colegiala de «...Baby One More Time» o con la serpiente al cuello de los premios MTV.

Fotogramas del videoclip oficial de «Free Britney», de Mike Sain't Louis

¿Por qué los maricas nos hemos identificado tanto con ella? Hay muchas teorías y no voy a dar una tesis doctoral. Diré la mía, que es corta.

Porque la vimos caer. Y nos vimos a nosotros. Una chica a la que todo el mundo quería cuando era perfecta y que todo el mundo despreció cuando se rompió. Que fue un chiste en la tele cuando se rapó la cabeza en 2007. Que fue portada de revistas por estar mal. Eso, para mucha gente que ha sido el raro del colegio, el que se rompe, el que no encaja en lo que se espera, es muy reconocible.

Y luego porque volvió. Una y otra vez. Con discos, con giras, con coreografías. Rota y en pie. Esa mezcla de fragilidad y resistencia es la que más nos toca. No queremos iconos invencibles. Queremos iconos que se caen y se levantan con tacones.

La risa ajena

En 2007 España entera se rió de Britney. Los programas de la tele, las revistas, los chistes en el bar. La maquinilla, el paraguas contra el coche de los paparazzi. Se hicieron disfraces de carnaval con ella. Casi nadie se libró de reírse alguna vez, sin pensar.

Ahora sabemos algo más de lo que había detrás. Y la risa ha cambiado de lado.

Escribí sobre eso en de la risa ajena a la risa propia. Hay una risa que se ríe de alguien que está en el suelo, y hay otra que se ríe con alguien que se ha levantado. La primera es crueldad. La segunda es complicidad. La cultura marica sabe mucho de las dos, porque ha sido víctima de la primera durante siglos y ha inventado la segunda para defenderse.

«Free Britney» quiere ser de la segunda. No me río de ella. Me río, si acaso, de todos los que se rieron.

Silenciada por ser demasiado humana

En el texto hay otra frase en inglés que me gusta: «A girl who just wanted to dance, who became the voice of an entire generation, and was silenced for being too human».

Silenciada por ser demasiado humana.

Lo que se castigó en Britney no fue un delito. Fue romperse. Fue llorar en público, tener una crisis, raparse el pelo, equivocarse con un marido, comer en una gasolinera con los pies descalzos. Cosas que hace mucha gente. Cosas humanas. Y el castigo fue quitarle el control de su vida.

Esto conecta con todo lo que escribo sobre el narcisismo. Una de las cosas que hace un narcisista es convencerte de que tus emociones son un problema. Que lloras demasiado. Que exageras. Que estás loco. En «No puedo desenchufar este ventilador que está esparciendo mierda» hay un verso donde el otro está dispuesto a dejarte «por esquizofrénico desquiciado» para tapar lo que ha hecho. Es el mismo mecanismo, en pequeño: convertir tu dolor en prueba de que no puedes decidir.

A Britney se lo hicieron en grande, con jueces y abogados. A mucha gente se lo hacen en casa, sin juez.

Las Britneys de aquí

Cuando pienso en Britney, pienso enseguida en las Britneys de aquí. Las mujeres de la tele española a las que el país entero convirtió en chiste, y que en mi catálogo tienen su canción.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «Este homenaje nace desde el respeto, desde el dolor y desde la admiración» de «Free Britney»

Ylenia Padilla, a la que dediqué «Yo apoyo públicamente a Ylenia Padilla», con un verso que podría firmar Britney: «Yo también he sentido alguna vez / que todo el mundo me ha fallado». Yurena, que en «I Am Yurena» dice aquello de «Yo no soy Tamara la mala, / tira de hemeroteca», reclamando su nombre frente al que le pusieron. Malena Gracia, a la que convertí en candidata de unas elecciones galácticas en «Vota Malena Gracia».

Son mujeres muy distintas, con historias muy distintas. Pero tienen algo en común con Britney: el país se rió de ellas, mucho, en horario de máxima audiencia. Las sacaron en programas de sobremesa para burlarse. Hicieron de ellas un personaje y se olvidaron de que había una persona debajo.

No digo que sus historias sean iguales que la de Britney, que no lo son, ni de lejos. Ninguna estuvo trece años bajo tutela. Digo que la mecánica de la risa es la misma. Primero se convierte a una mujer en espectáculo. Luego se la castiga por no comportarse como el espectáculo esperaba. Y luego, años después, alguien pide perdón en un documental.

Mis canciones sobre ellas son, en el fondo, canciones de «Free Britney» a la española. Más cutres, más de plató, más de Telecinco. Pero con la misma idea: liberad a la mujer que hay debajo del chiste.

Que te quiten la palabra

Hay un detalle de la historia de Britney que me parece el más terrible de todos. Durante años, cuando hablaba en público, lo que decía pasaba por otros. Las entrevistas, las redes, las declaraciones. Su nombre estaba en todas partes y su palabra en ninguna.

En junio de 2021, cuando por fin habló ante el juez, muchos la escucharon de verdad por primera vez en más de una década. Y lo que contó no se parecía nada a lo que se había dicho de ella.

Eso es lo que más me toca como letrista. Porque lo mío es la palabra. Las canciones las produzco con inteligencia artificial como herramienta, pero las letras son mías, siempre. Es la única cosa que no negocio, la regla número dos de la casa: la letra manda. Si alguien me quitara eso, si alguien escribiera mis letras por mí y las firmara con mi nombre, me habría quitado todo.

A Britney le quitaron la palabra durante trece años. Y la recuperó delante de un juez. No hay disco suyo que me impresione más que esa declaración.

Que te quiten la palabra es la peor jaula. Peor que la de los focos.

En inglés y en español

El texto de la canción mezcla los dos idiomas. Empieza en inglés y sigue en español. Hago lo mismo en otras canciones, como «The Queen of Pop», mi homenaje a Madonna, que tiene su presentación en los dos idiomas. Tienes su ficha en el blog.

Con Britney tenía sentido. Es una historia americana, con jueces de Los Ángeles y residencias en Las Vegas, y el inglés es el idioma en el que se gritó el hashtag. Pero yo soy de Madrid, y escribo sobre todo en español, y lo que quiero decir lo digo mejor en mi idioma. Así que la canción va de un idioma a otro, como quien cruza el Atlántico.

De por qué escribo en varios idiomas hablé en escribo en español: por qué mi web también está en inglés.

«La libertad también puede ser pop»

La última frase del texto es la que más me gusta: «Porque la libertad también puede ser pop».

Collage con un detalle de la carátula de «Free Britney» y las carátulas de «The Queen of Pop», «Cara De Asco»

Hay mucha gente que piensa que el pop es lo contrario de la libertad. Que es la música de la industria, de los productores millonarios, de las coreografías calculadas, de los contratos que te atan durante diez años. Y algo de razón tienen: la historia de Britney lo demuestra. El pop puede ser una jaula de oro.

Pero también puede ser lo contrario. El pop es la música que bailamos los raros en las discotecas donde por fin podemos ser nosotros. Es «Toxic» a las tres de la mañana con tu mejor amiga. Es el estribillo que te sabes de memoria y que gritas cuando has tenido un día horrible. Es la canción que te pone de buen humor en el autobús.

El pop es una jaula y una llave a la vez. Lo que decide si es una cosa o la otra es quién lo controla. Cuando lo controla la industria, o un juez, o un padre, puede ser jaula. Cuando lo controlas tú, es libertad.

Por eso tengo mi propio sello. Por eso nadie decide por mí qué publico. Lo digo con modestia, porque yo no soy Britney ni de lejos, ni tengo su público ni su dinero. Pero sí sé lo que es decidir. Y eso no lo cambio por nada.

Liberar no es rescatar

Hay una diferencia que me importa entre liberar y rescatar.

Rescatar es lo que hace el príncipe en los cuentos: llega, saca a la princesa de la torre y se la lleva en su caballo. La princesa no hace nada. Es un paquete que cambia de dueño. Muchos relatos sobre mujeres famosas en apuros funcionan así, con un salvador que aparece y resuelve.

Liberar es otra cosa. Liberar es quitar el obstáculo para que la otra persona pueda salir por su propio pie. El hashtag decía «free», no «save». Liberad, no salvad. Los fans no podían sacar a Britney de ningún sitio. Lo que podían hacer era gritar, hacer ruido, poner el foco en lo que estaba pasando, para que ella pudiera hablar. Y cuando habló, fue ella. Nadie habló por ella.

Me gusta que mi canción se titule con ese verbo y no con el otro. Porque en mi catálogo nadie rescata a nadie. Nadie llega en un caballo. En las canciones de narcisismo, el que sale, sale solo, a veces arrastrándose, como la drag de Benidorm. Lo más que puede hacer alguien de fuera es abrir una puerta, o dejar de cerrarla.

Liberar, no rescatar. Es una diferencia de una palabra que lo cambia todo.

En «El día de la liberación»

La canción está en el tercer disco de la trilogía, «El día de la liberación». No podía estar en otro.

El primer disco anuncia el planeta. El segundo desea viajar a él. El tercero es el de llegar y ser libre. Y la historia de Britney, al menos la parte pública que conocemos, termina con una liberación: la tutela se acabó en noviembre de 2021.

No digo que su vida sea ahora perfecta, que no lo sé y no me corresponde saberlo. Digo que hubo un día de la liberación. Un día en que un juez dijo que ya está. Y ese día, millones de personas que no la conocían de nada lo celebraron como si fuera suyo.

Eso es lo que me interesa. Que la liberación de una persona puede ser la de muchas. Que cuando alguien sale de una jaula, todos los que estamos en alguna sentimos que la puerta se ha abierto un poco.

Lo conté en «El día de la liberación» y el día siguiente. La liberación no es el final de la historia. Es el principio de otra. Y el día siguiente hay que aprender a vivir sin barrotes, que cuesta más de lo que parece.

Un homenaje sin imitar

El texto lo dice claramente: «Este homenaje nace desde el respeto, desde el dolor y desde la admiración».

Ficha de la canción «Free Britney» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

Respeto. No quería hacer una parodia de Britney, ni una imitación, ni una canción que sonara a ella. Eso sería fácil y un poco feo. Coger su estilo, sus gritos de «oh baby baby», sus coreografías, y hacer un pastiche. Hay mil canciones así en internet.

Lo que quería era otra cosa. Hablar de lo que le pasó desde mi planeta. Con mis palabras. Desde fuera, como fan, pero sin disfrazarme de ella.

Es lo mismo que hago con otros homenajes del catálogo. Con Madonna en «The Queen of Pop». Con Paco León en «¡Qué polvo tiene Paco León!». Con Ylenia Padilla, a la que apoyo públicamente en una canción entera. Con Malena Gracia, candidata en unas elecciones galácticas. Mis homenajes son cartas de un fan desde otro planeta, no copias.

Las cifras no lo cuentan

Hay una cosa que me hace gracia de la historia de Britney, si es que algo de esa historia hace gracia. Durante los años de la tutela, sus números eran espectaculares. Discos vendidos, entradas agotadas, reproducciones. Si mirabas solo las cifras, todo iba perfecto.

Y no iba perfecto.

Me acuerdo de esto cada vez que alguien me pregunta cuántas reproducciones tengo, como si eso dijera algo de mí. Escribí sobre ello en lo que Spotify no cuenta de un artista. Las cifras cuentan cuánta gente te escucha. No cuentan si eres libre. No cuentan si estás bien. No cuentan si quien firma tus contratos eres tú.

Britney tenía cifras de récord y no tenía libertad. Prefiero mil veces lo contrario. Pocas escuchas y las llaves de casa en mi bolsillo. Que el día que quiera sacar una canción el martes a las tres de la tarde, la saque, sin pedir permiso a nadie.

Para la pista y para casa

«Free Britney» se puede poner en una fiesta, en una playlist del Orgullo, en una sesión de pop queer. Si quieres ideas para eso, tengo un post sobre qué pide una pista de baile en el Orgullo y otro sobre cómo armar una playlist queer en español sin que parezca la de siempre.

Pero también se puede escuchar en casa, sola, pensando en las jaulas propias. Porque todos tenemos alguna. No con jueces, quizá. Pero con alguien que decide por nosotros, o con una versión de nosotros mismos que no nos deja salir.

Liberad a Britney. Y, de paso, liberaos un poco vosotros.

Lo que no hay en este post

No hay datos que no sean públicos. No hay especulaciones sobre su salud, sobre su familia, sobre su vida privada. Ya se especuló bastante durante años, y gran parte de lo que se dijo fue cruel y falso. No voy a sumar más.

Tampoco hay juicio sobre su padre ni sobre nadie concreto. Los tribunales ya hicieron su trabajo, y yo hago canciones, no sentencias.

Lo que hay es lo que dice el texto de la canción: respeto, dolor y admiración. Y una frase que firmo entera: la libertad también puede ser pop.

Para medios que quieran hablar de este u otros homenajes del catálogo, el material de prensa está en la sección de prensa.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Free Britney»? Es un homenaje a Britney Spears desde el Planeta Gayfolk. Habla de una estrella «trapped behind the lights», silenciada «for being too human», que «sobrevivió al propio espectáculo».

¿Por qué se llama como el hashtag? Porque el lema #FreeBritney ya lo decía todo y Mike Sain't Louis quiso sumarse a quienes lo gritaron durante los años de la tutela.

¿En qué disco está? En «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía GAYFOLK de Planeta Gayfolk.

¿Es una imitación del estilo de Britney? No. El texto de la canción la presenta como un homenaje que «nace desde el respeto, desde el dolor y desde la admiración», no como una parodia ni un pastiche.

¿Quién escribió la canción? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor de Madrid. La música y las voces se producen con inteligencia artificial como herramienta; la letra es suya.

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