
Por Mike Sain't Louis ·
Lo que Spotify no cuenta de un artista
Me gusta Spotify. Lo digo antes de nada para que no parezca un ajuste de cuentas. Mi música está ahí, igual que en Deezer y YouTube, y cada canción de mi web enlaza directamente a Spotify. Mucha gente me escucha por ahí y me parece estupendo. Pero de tanto mirar mi propio perfil he llegado a una conclusión: lo que una plataforma enseña de un artista es una versión muy reducida, casi una ficha policial. Y la ficha no es la persona.
Quiero contar qué se queda fuera, porque creo que pasa con casi todos los artistas, no solo conmigo.
Cinco canciones de 273
Cuando entras en el perfil de un artista, lo primero que ves son sus canciones más escuchadas. Cinco, normalmente. En mi caso, eso significa cinco canciones de 273. Menos del dos por ciento de lo que he publicado.
Esas cinco no las elijo yo. Las elige el uso. Y el uso tiene sus propias leyes: una canción que funcionó en un vídeo corto sube, y una vez arriba se queda, porque la gente que entra la escucha primero y así sigue arriba. «Tan Cateto», con la que mucha gente me encontró en TikTok, tiene ventaja sobre canciones que yo considero mejores, o más representativas, o simplemente distintas.
No me quejo de «Tan Cateto». Le debo mucho. Fue la puerta por la que entró mucha gente, y ojalá algunas de esas personas se quedaran después a oír otras cosas. Pero si alguien me juzga solo por esas cinco, se lleva una idea parcial. Y casi todo el mundo juzga por esas cinco.
No sabes quién escribe
En una plataforma de música ves un nombre, una foto, unas canciones. No ves quién hace qué. Y en mi caso eso importa mucho, porque mi trabajo tiene varias capas: escribo todas las letras, produzco la música con herramientas de inteligencia artificial que dirijo, dirijo los videoclips, llevo el sello. Me presento como el primer cantautor IA. Nada de eso aparece en el perfil de forma clara.
El resultado es que cada oyente rellena el hueco con su suposición. Unos imaginan a un intérprete delante de un micrófono, y no es mi caso. Otros creen que la máquina lo hace todo sola, y tampoco. La plataforma no tiene la culpa, su formato no está pensado para matices. Pero el hueco existe.
La historia completa no cabe
Hay otra cosa que se pierde: el orden. Mi trilogía GAYFOLK está pensada como una sola historia en tres actos. «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», luego «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK» y al final «El día de la liberación». El descubrimiento de un lugar donde uno puede ser quien es, las ganas de llegar y el día en que llegas.
En una plataforma, esos discos aparecen como tres elementos más en una lista, y nada te dice que van en ese orden, ni que juntos cuentan algo. La gente salta de una canción a otra, en aleatorio o siguiendo recomendaciones. Lo entiendo, es como escucho yo muchas veces. Pero la historia se deshace.
Por eso la trilogía también está en mi web para descargarla gratis y sin registro, en orden.
Escribo todas mis letras con cuidado, y para mí son la mitad de la canción, o más. En una aplicación de música, con suerte, aparecen línea a línea mientras suena. Sirve para seguir el ritmo, pero la letra se ve a trozos, nunca entera. Mis canciones juegan mucho con el humor y con el giro, y un chiste que se entiende al ver la estrofa completa se pierde si solo ves la línea que suena.
Me pasa algo parecido con los títulos. «Mitad Venezuela, mitad Pakistán» o «No quiero otro novio cojín» ya son media canción, y en una lista de reproducción aparecen cortados por los puntos suspensivos si la pantalla es pequeña. El chiste se queda a medias antes de empezar.
No es una crítica, es una limitación del formato. Una plataforma de escucha está hecha para escuchar. Leer es otra actividad.
Y luego están los números. Reproducciones, oyentes, seguidores. Son lo más visible de un perfil y lo que menos me dice sobre lo que importa. Un número alto no te dice si alguien lloró con una canción o la dejó sonar de fondo mientras fregaba. Un número bajo no te dice si esa canción es la favorita de diez personas que la escuchan cada día.
Confieso que miro los números. Todos lo hacemos, quien diga que no miente. Hay días en que me afectan más de lo que debería. Pero intento recordar que son la parte medible, no la parte que cuenta. Y que con 273 singles, cualquier comparación entre canciones es injusta: unas llevan mucho tiempo fuera y otras acaban de salir, unas tuvieron un vídeo que circuló y otras no. El número mezcla todo eso y lo presenta como si fuera una nota.
Lo que hago al respecto
No puedo cambiar cómo funciona una plataforma. Lo que sí puedo hacer es tener un sitio donde lo que se queda fuera esté dentro. Por eso abrí mikesaintlouis.com en octubre de 2026. Cada canción tiene su página con el videoclip, la letra completa y el enlace a Spotify. Hay un buscador, una sección de letras de la A a la Z, prensa y preguntas frecuentes. Está en español y en inglés.
Competir con Spotify sería absurdo. La web lo completa, y con eso me basta. Quien quiera escuchar, que escuche donde quiera. Quien quiera saber algo más, que tenga dónde mirar.
Al final, un artista es lo que hace, y también cómo lo hace y por qué. Las plataformas cuentan muy bien lo primero. Lo demás tenemos que contarlo nosotros.
Lo que no cabe en un perfil está en mikesaintlouis.com.