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Cómo armar una playlist queer en español sin que parezca la de siempre

Hay una playlist queer en español que todos conocemos. La que suena en cada cumpleaños, en cada previa y en cada bar de ambiente desde hace años. Tiene sus himnos de siempre, sus dos o tres canciones del verano y alguna balada para el final. Funciona, nadie lo discute. Pero si la escuchas tres veces en un mes, empiezas a notar que se ha convertido en mobiliario.

Hacer listas tiene algo de vicio. Y como alguien que también produce canciones para que acaben en las listas de otras personas, he ido apuntando algunas ideas sobre cómo armar una que tenga algo que decir. No son reglas. Son manías que me funcionan.

Empieza por una pregunta, no por un género

El error más común es partir de una etiqueta: «música gay», «pop LGTB», «Orgullo». Son etiquetas tan grandes que la lista acaba siendo un cajón de sastre. Yo prefiero empezar por una pregunta concreta. Para quién es. Para qué momento. Qué quieres que sienta esa persona al terminar.

Una lista para cocinar con tu novio un domingo no se parece a una lista para el coche camino de la playa. Una lista para el día después de una ruptura no es la misma que una para el día en que por fin dejas de echarle de menos. Cuanto más pequeña sea la pregunta, mejor sale la lista.

También ayuda ponerle nombre antes de añadir la primera canción. Un buen nombre te obliga. Si la titulas «Para olvidar a Javi», ya sabes que ahí no cabe una canción de amor feliz, por mucho que te guste.

Mezcla épocas sin pedir perdón

El pop queer en español no empezó ayer. Hay copla, hay canción ligera de los sesenta y setenta, hay pop de los ochenta y noventa que la comunidad adoptó aunque nadie lo hubiera escrito pensando en ella. Y hay todo lo que se está haciendo ahora, mucho de ello fuera de las radios grandes.

Una buena lista queer en español, para mí, salta entre todo eso sin complejos. Una copla dramática seguida de algo electrónico de este año. Una canción de verbena después de un tema alternativo que casi nadie conoce. El contraste hace que escuches mejor las dos cosas. Y, además, cuenta una historia: la de cómo hemos ido apropiándonos de canciones durante décadas hasta empezar a tener las nuestras.

No hace falta que todo lo que metas lo hayan escrito personas LGTB. Parte de la tradición queer consiste precisamente en leer entre líneas canciones que no eran para nosotros. Pero sí te recomiendo que, al menos, la mitad de la lista sea de gente que habla desde dentro.

Cruza el Atlántico

Si solo pones canciones de España, o solo de un país de América, la lista se queda coja. El español queer se habla con muchos acentos y cada sitio tiene su forma de reírse, de llorar y de ligar. Mezclar acentos le da a una lista una textura que no consigues de otra manera.

Un truco que uso: alternar. Una de aquí, una de allá. No como norma rígida, porque a veces dos canciones del mismo país se llaman entre sí, pero sí como hábito. Al final, la lista suena a un bar donde se ha juntado gente de muchos sitios, que es lo más parecido que conozco a una comunidad.

El orden lo es casi todo

La gente subestima el orden. Una lista con las mejores canciones del mundo puestas al azar es peor que una lista correcta bien ordenada. Piensa en la primera canción como en una puerta: tiene que invitar a entrar sin gritar. La segunda ya puede subir. Hacia la mitad, algo inesperado. Y el final, con cuidado, porque es lo que se recuerda.

Fíjate también en las transiciones. Dos canciones en tonos muy distintos, una detrás de otra, pueden chirriar. Dos canciones con la misma energía durante veinte minutos aburren. Hay que subir y bajar, como en una conversación larga.

Y no te pases de largo. Una lista de cuatrocientas canciones ya es un almacén. Entre veinte y cuarenta, para mí, es donde una lista todavía tiene personalidad.

Ahora, como sería raro escribir esto sin hablar de lo mío, te cuento dónde metería yo algunas canciones de PLANETA GAYFOLK. Con la advertencia de que es mi lista, no la tuya.

«La dieta del cucurucho» la pondría en una lista de verano, aunque solo sea por el título, que ya huele a helado y a terraza. «No quiero otro novio cojín» y «La vecina cotilla» funcionan en una lista para reírse con amigos antes de salir, en ese momento en que todo el mundo se está arreglando y nadie encuentra las llaves. «Mi novio de Albacete» y «Mitad Venezuela, mitad Pakistán» tienen nombres que juegan con el origen de la gente, y me gustaría verlas en una lista sobre amores que vienen de lejos. «La primera drag» la imagino en una lista de Orgullo, junto a canciones que hablan de subirse a un escenario. Y «Tan Cateto», con la que mucha gente me conoció en TikTok, la pondría donde haga falta un poco de descaro.

Si quieres algo más largo, la trilogía GAYFOLK funciona como una lista ya ordenada. Los tres discos, «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK» y «El día de la liberación», cuentan una sola historia en tres actos. Ahí el orden lo puse yo, y te pediría que no lo barajaras.

Una última manía. Comparte la lista. Una playlist queer guardada solo para ti está bien, pero una que mandas a alguien que lo está pasando mal, o a un amigo que acaba de salir del armario, se convierte en otra cosa. En un regalo pequeño que dice «no estás solo» sin tener que decirlo.

Mis canciones están en Spotify, Deezer y YouTube, y todas las letras en mikesaintlouis.com.

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