Saltar al contenido
← Canción a canciónRodeo viene de rodear: «Boys from the Village», las palabras que el vaquero se llevó al Oeste y el rodeo gay de Reno

Por ·

Rodeo viene de rodear: «Boys from the Village», las palabras que el vaquero se llevó al Oeste y el rodeo gay de Reno

Hay palabras que los angloparlantes usan todos los días sin saber que las tomaron prestadas de un pastor andaluz o extremeño. Rodeo es una. Rancho, otra. Corral, lazo, estampida. El cowboy de las películas, el que galopa por Texas con su sombrero y su cuerda enrollada, habla sin darse cuenta un inglés lleno de castellano de campo.

Me acordé de todo eso mirando la portada de «Boys from the Village». Un chico con camisa vaquera abierta, tirantes, cinturón de hebilla grande y gafas de aviador posa delante de un granero de madera con un molino detrás. Es una estampa del Oeste americano de manual. Y, sin embargo, buena parte de lo que lleva encima tiene raíces mucho más cerca de casa de lo que parece.

«Boys from the Village» es la pista 29 de las 273 de mi catálogo. Va entre «Sunshine» y «Verde», pertenece a «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk» y su videoclip oficial se publicó en YouTube el 3 de julio de 2026.

Lo que no voy a contar

La letra de esta canción todavía no está publicada. No voy a citar versos que nadie puede leer ni a resumir de qué habla, porque eso sería inventar. Lo que tengo es el título, la portada y todo lo que despiertan. Ese es el material de este texto.

En la ficha de «Boys from the Village» ya conté la portada con detalle y el guiño evidente a cierto grupo de los setenta que se disfrazaba de iconos masculinos. Aquí no quiero repetir esa lectura. Prefiero preguntarme de dónde viene ese vaquero, cómo llegó a ser un símbolo de masculinidad y qué ha pasado cuando los hombres gais se lo han apropiado.

El chico de la portada mira de frente, con las manos en los bolsillos. Detrás, el sol se pone sobre el campo. No hay caballos ni ganado a la vista, solo el decorado. Y en un decorado se puede contar casi cualquier historia.

El vaquero que cruzó el mar

En su segundo viaje, en 1493, Colón llevó ganado a la isla de La Española. En las décadas siguientes las vacas, los caballos y las técnicas para manejarlos llegaron a México con los colonizadores castellanos, y desde allí se extendieron hacia el norte, por los territorios que hoy son Texas, Nuevo México, Arizona o California.

Con el ganado viajaron las personas que sabían cuidarlo. El vaquero novohispano, heredero de las tradiciones ganaderas de la península, desarrolló durante tres siglos una forma de trabajar a caballo, de enlazar reses y de organizar el ganado en grandes extensiones abiertas. Cuando en el siglo XIX llegaron los colonos angloamericanos a esas tierras, aprendieron el oficio de quienes ya estaban allí.

El cowboy de Hollywood, por tanto, no salió de la nada. Es la versión en inglés de un trabajo que se hacía antes en castellano. Me resulta muy divertido que el símbolo por excelencia de la masculinidad estadounidense tenga un acento tan nuestro.

Un diccionario en las alforjas

Las palabras son la mejor prueba de ese viaje. «Rodeo» viene de rodear, de la tarea de juntar el ganado disperso en un círculo para contarlo o marcarlo. «Ranch» es rancho. «Corral» es corral, sin cambiar una letra. «Lasso» es lazo y «lariat» viene de «la reata», la cuerda con la que se ataban los animales.

Hay más, y algunas están tan disfrazadas que cuesta reconocerlas. «Mustang», el caballo salvaje del Oeste, viene de mesteño, el animal que no tenía dueño conocido. «Chaps», los zahones de cuero que protegen las piernas, viene de chaparreras. «Stampede» es estampida. «Bronco», el caballo sin domar, es exactamente eso en castellano.

Mi favorita es «buckaroo». Se usa en el oeste de Estados Unidos para referirse a un tipo de vaquero, y es una adaptación fonética de la palabra vaquero, pronunciada a la inglesa. Y luego está «hoosegow», que en argot significa cárcel y viene de juzgado. Hasta el calabozo, en forma de «calaboose», cruzó la frontera.

La doma vaquera

En Andalucía, Extremadura y Salamanca sigue viva una forma de montar que viene directamente de aquel trabajo con el ganado bravo: la doma vaquera. El jinete viste traje corto, sombrero de ala ancha y zahones, y en las faenas de campo se ayuda de la garrocha, una vara larga de madera para separar y conducir a las reses.

Fotogramas del videoclip oficial de «Boys from the Village», de Mike Sain't Louis

Hoy la doma vaquera es también una disciplina de competición, con pruebas en las que se valora la precisión, la calma del caballo y la elegancia del conjunto. Verla en directo es entender de golpe la relación entre el campo andaluz y las películas del Oeste.

Me hace gracia imaginar al chico de la portada en un tentadero de Sevilla en lugar de en un rancho de Texas. Cambiaría las gafas de aviador por un sombrero cordobés y la camisa vaquera por una chaquetilla corta. El fondo, la puesta de sol sobre el campo, podría quedarse tal cual.

La tela que vino de Nîmes

La camisa del chico de la portada es de tela vaquera, y eso también tiene historia. La palabra «denim» viene del francés «de Nîmes», la ciudad donde se fabricaba una sarga resistente. La palabra «jeans», por su parte, se asocia a Génova, cuyos marineros usaban pantalones de un tejido parecido.

El pantalón vaquero tal como lo conocemos nació en Estados Unidos. El 20 de mayo de 1873, el sastre Jacob Davis y el comerciante Levi Strauss obtuvieron una patente para reforzar los bolsillos de los pantalones de trabajo con remaches de cobre. La idea era que aguantaran el trato duro de mineros, leñadores y vaqueros.

Un siglo después, esa misma prenda de trabajo se había convertido en uniforme de rebeldía juvenil, de rock y, en los setenta, del estilo que adoptaron muchos hombres gais en las grandes ciudades: vaqueros ajustados, camisa de cuadros o de tela vaquera, botas. Ropa de obrero llevada con intención.

Los tirantes de Mark Twain

Los tirantes de la portada son otro detalle que me encanta. Durante el siglo XIX eran la forma normal de sujetar los pantalones, que solían ir altos y sin trabillas para cinturón. Después el cinturón los desplazó, y quedaron como prenda de gala, de trabajo pesado o de pura estética.

Hay una anécdota que no puedo no contar. En 1871, el escritor Mark Twain registró en Estados Unidos una patente para unas tiras ajustables y separables para prendas de ropa, pensadas, entre otras cosas, para sustituir a los tirantes. El invento no le hizo rico, pero acabó usándose en los cierres de algunos sujetadores.

En la portada los tirantes van sobre una camisa abierta hasta el ombligo, lo que les quita cualquier aire de seriedad. Sujetan el pantalón, sí, pero sobre todo enmarcan el pecho. No están ahí por utilidad. Están ahí para que se mire.

El molino que bombea agua

Detrás del granero se ve un molino. No es el molino de Don Quijote ni el de Ámsterdam: es el típico molino de bombeo del campo estadounidense, con su rueda de aspas metálicas y su cola para orientarse al viento.

Ese modelo se popularizó a partir de 1854, cuando un mecánico de Connecticut llamado Daniel Halladay diseñó un molino capaz de girar solo hacia el viento y de regular su velocidad para no romperse con las ráfagas. Durante décadas, miles de ellos sacaron agua del subsuelo para el ganado en las grandes llanuras.

Sin esos molinos, buena parte de la ganadería del Oeste no habría sido posible. Es curioso que en las películas siempre estén al fondo, como decorado, cuando fueron una de las piezas más importantes de ese mundo.

Un rodeo en Reno

En 1976, en Reno, en el estado de Nevada, se celebró un rodeo distinto a todos los demás. Lo organizó un grupo de hombres gais, con Phil Ragsdale a la cabeza, como evento benéfico. Hubo monta de toros, pruebas con caballos y algunas competiciones más festivas, y lo que empezó casi como una broma se convirtió en una tradición.

Collage con un detalle de la carátula de «Boys from the Village» y las carátulas de «Sunshine», «Verde»

En los años siguientes surgieron asociaciones de rodeo gay en varios estados, y en 1985 se fundó la International Gay Rodeo Association, que agrupa a clubes de Estados Unidos y Canadá. En esos rodeos compiten hombres y mujeres LGTBI, hay pruebas clásicas y otras propias, y el ambiente mezcla deporte, comunidad y fiesta.

Para mucha gente que creció en zonas rurales, esos rodeos fueron la prueba de que no había que elegir entre el campo y la propia identidad. Se podía ser vaquero de verdad y ser gay. Se podía montar a caballo, entender de ganado, escuchar country y querer a otro hombre sin renunciar a nada.

El country también es queer

Durante mucho tiempo la música country se asoció a valores conservadores, y en muchos sentidos sigue siendo así. Pero en los últimos años han pasado cosas interesantes. En 2010, Chely Wright se convirtió en una de las primeras estrellas del country de primera línea en salir del armario públicamente.

En 2019, «Old Town Road», de Lil Nas X, fue retirada de una lista de country por no ser «suficientemente country», salió una versión con Billy Ray Cyrus y acabó pasando diecinueve semanas en el número uno de la lista general estadounidense, un récord en su momento. Ese mismo verano, durante el mes del Orgullo, Lil Nas X habló públicamente de que era gay.

Ese mismo año, el músico Orville Peck, que actúa siempre con una máscara con flecos, publicó su primer disco, «Pony», con una estética de western clásico y una mirada abiertamente gay. Verlo en el escenario con su sombrero y sus flecos es ver al cowboy de siempre contando otra historia.

El otro Village

El título de la canción tiene un doble sentido que me gusta mucho. «Village» significa pueblo, y la portada juega con eso: campo, granero, puesta de sol. Pero en Nueva York, cuando alguien dice «the Village», casi siempre se refiere a Greenwich Village, el barrio del sur de Manhattan donde está el Stonewall Inn.

En la madrugada del 28 de junio de 1969, una redada policial en ese bar desató varios días de protestas que hoy se consideran el punto de partida del movimiento LGTBI moderno. El aniversario de esa noche es el origen de las fechas del Orgullo en medio mundo.

Así que los chicos del pueblo pueden ser dos cosas: los del campo, con su granero y su molino, y los del barrio neoyorquino que se plantaron delante de la policía. Me gusta que la canción no tenga que elegir entre las dos.

El hombre de los anuncios

Si hay una imagen que fijó la idea del vaquero como hombre de verdad fue la de un anuncio de tabaco. En 1954, la agencia de publicidad de Leo Burnett creó para Marlboro la figura de un cowboy curtido, de mirada lejana, fumando a caballo en un paisaje inmenso. La marca, curiosamente, se había vendido antes como un cigarrillo con filtro pensado para mujeres.

Más fotogramas del videoclip oficial de «Boys from the Village», de Mike Sain't Louis

El cambio funcionó de forma espectacular y el vaquero de Marlboro se convirtió durante décadas en uno de los iconos publicitarios más reconocibles del mundo. Lo que pocos recuerdan es el final de la historia: varios de los modelos y actores que lo encarnaron murieron de enfermedades relacionadas con el tabaco, y alguno dedicó sus últimos años a hacer campaña contra el hábito que había ayudado a vender.

Me parece una parábola perfecta sobre la masculinidad de anuncio. El hombre duro, solitario y silencioso era un producto. Y como tantos productos, tenía letra pequeña. Cuando en la portada de «Boys from the Village» el vaquero aparece con la camisa abierta y una pose casi de calendario, lo que se hace es darle la vuelta a esa imagen: el cuerpo ya no está ahí para vender tabaco, sino para ser mirado con gusto.

Ya jugué con el western nocturno y sus símbolos en «Green Fire», la hoguera verde y el clavel de Wilde. Aquella era una noche de fuego en el campo. Esta es una tarde de sol, con menos misterio y más descaro.

Del cuero a la nana

Las prendas de trabajo tienen una segunda vida cuando cambian de contexto. La camisa vaquera, los tirantes y el cinturón de hebilla son ropa de faena en un rancho y otra cosa muy distinta en un bar de ambiente. Lo mismo pasa con el cuero, que fue de motoristas y de mecánicos antes de convertirse en una estética con códigos propios.

Escribí sobre esa dureza aparente que esconde ternura en la nana del chico de cuero de «Holy Stillness». Allí el chico de la portada pedía, en el fondo, que lo arroparan. Me gusta pensar que el vaquero de «Boys from the Village» también tiene algo de eso bajo la pose: alguien que se ha puesto el traje del hombre duro y espera que alguien vea lo que hay debajo.

No lo digo por la letra, que no está publicada, sino por la imagen. Las manos en los bolsillos son un gesto de seguridad, pero también de quien no sabe muy bien qué hacer con ellas.

Crecer lejos de todo

En España, el escritor Sergio del Molino publicó en 2016 «La España vacía», un ensayo que puso nombre a algo que mucha gente sentía: el enorme territorio del interior que se ha ido quedando sin habitantes. Desde entonces se habla de la España vaciada, de pueblos sin escuela, sin médico fijo y sin jóvenes.

Para las personas LGTBI, crecer en esos lugares tiene una dificultad añadida. No hay referentes cerca, no hay asociaciones, a veces no hay ni conexión a internet decente. Ya escribí sobre ello en el qué dirán y crecer LGTBI en un pueblo, y también sobre los tópicos de pueblo y capital en «Mi novio de Albacete».

Pero el campo no es únicamente un lugar del que huir. Hay mucha gente LGTBI que ha vuelto, o que nunca se fue, y que vive su vida en pueblos pequeños. Cada vez más ayuntamientos rurales cuelgan la bandera del arcoíris en junio, y no siempre sin polémica. La imagen del chico vaquero delante de su granero, mirando a cámara sin pedir permiso, me hace pensar en ellos.

El Oeste como disfraz

En la ficha de la canción hablé del guiño a los disfraces de iconos masculinos. Quiero añadir algo: la ropa de vaquero siempre ha tenido algo de disfraz, incluso para quienes la llevaban en serio. El cine, la publicidad y la música la convirtieron en un uniforme de masculinidad que muy pocos hombres reales vestían como en las películas.

Los hombres gais de los setenta entendieron eso perfectamente. Se pusieron la ropa de vaquero, de obrero o de motero no para parecer heterosexuales, sino para jugar con la idea misma de lo masculino. Lo que en la publicidad de tabaco era un hombre duro y solitario, en un bar de Castro o del Village era un guiño entre iguales.

La portada de «Boys from the Village» bebe de esa tradición. Hay exageración, hay pose, hay humor. Y también hay deseo. No me parece que esas cosas estén reñidas.

Los chicos, en plural

El título habla de chicos, en plural, aunque en la portada solo aparezca uno. Me gusta esa diferencia. Sugiere que detrás de ese vaquero hay más, una pandilla que no sale en la foto pero existe: los amigos del pueblo, los que se juntaban en las fiestas, los que se cubrían unos a otros.

Ficha de la canción «Boys from the Village» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

En mi catálogo hay otra canción donde el plural lo es todo. Lo conté en la pandilla de la Polaroid de «Boys Like Us»: a veces lo que salva a alguien no es una persona concreta, sino saber que forma parte de un grupo. En el campo, donde todo está más lejos, ese grupo puede ser lo único que hay.

Y en el fondo esto conecta con la idea misma de Gayfolk. Folk es gente, pueblo, lo que se transmite de boca en boca. Lo expliqué en qué tiene de folk el Gayfolk: pueblo, verbena y coplas en mis letras. Los chicos del pueblo no son una excepción dentro del proyecto. Son, en cierto modo, su origen.

Lo que significa el disco

«Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk» es un disco sobre las ganas. Ya expliqué en el texto sobre el segundo disco de Gayfolk y la gramática de las ganas que ese «ojalá» lo tiñe todo: deseos, viajes imaginados, vidas que podrían haber sido.

«Boys from the Village» encaja en ese mapa como una postal de un lugar que mezcla dos mundos. El campo y la ciudad, el pueblo y el barrio, el trabajo y el disfraz. No sé si existe ese sitio, pero me gustaría que existiera.

En el catálogo está rodeada de canciones con un ánimo muy distinto: «Sunshine», luminosa, y «Verde», con su ritmo de rumba y sus guitarras. Escuchadas juntas forman un pequeño tríptico de luz, campo y fiesta.

Cuando el pueblo pesa

No todas las historias de pueblo son bonitas. Hay jóvenes LGTBI que lo pasan muy mal en entornos pequeños, donde todo el mundo se conoce y cualquier diferencia se nota. A veces el aislamiento, los comentarios y la falta de apoyo se acumulan hasta hacerse insoportables.

Si te reconoces ahí, no estás solo. Hablarlo con alguien de confianza, con el centro de salud o con una asociación LGTBI, aunque esté lejos y sea por teléfono o por internet, puede cambiar mucho. Si en algún momento piensas en quitarte la vida o en hacerte daño, en España puedes llamar al 024, gratuito, confidencial y disponible a cualquier hora. Si hay peligro inmediato, el 112. Fuera de España, el número de emergencias local o el directorio findahelpline.com te pondrán en contacto con ayuda.

En mi serie de salud mental sin tabú hay más teléfonos y textos para quien los necesite.

Para quién la imagino

Para el chico que conduce el tractor por la mañana y por la noche se mira al espejo con unos tirantes que ha comprado por internet. Para la pareja que vive en una masía y cada junio cuelga una bandera en el balcón aunque los vecinos murmuren.

Para quien se fue del pueblo a la ciudad y ahora vuelve en verano a las fiestas, con el pelo de otro color y menos miedo. Y para quien nunca ha pisado un granero, pero sabe lo que es sentirse forastero en su propia calle.

Para todos ellos, una canción con nombre de pueblo y de barrio a la vez. Que cada uno elija cuál es el suyo.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Boys from the Village»? La letra no está publicada todavía, así que no puedo citarla ni resumirla. La portada muestra a un chico con camisa vaquera abierta, tirantes y gafas de aviador delante de un granero y un molino al atardecer. Este post habla de lo que rodea esa imagen: el vaquero, el rodeo gay y la vida LGTBI en el campo.

¿Qué significa «Boys from the Village»? En inglés significa «los chicos del pueblo». En Nueva York, «the Village» también es Greenwich Village, el barrio donde está el Stonewall Inn.

¿Es verdad que «rodeo» viene del castellano? Sí. Rodeo, rancho, corral, lazo o estampida pasaron al inglés desde el castellano de los vaqueros de México y del suroeste de Estados Unidos.

¿En qué disco está? En «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo disco de la trilogía. Es la pista 29 de 273 del catálogo, entre «Sunshine» y «Verde».

¿Quién hace la música y la interpretación vocal? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. Escribe, compone y produce; la interpretación vocal está hecha con inteligencia artificial.

Compartir