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Doce frases para una playa pequeña: «La Playa del Mal Pas»

«La Playa del Mal Pas siempre ha sido mi refugio secreto en Benidorm.»

Así empieza. Sin rima, sin estribillo, sin una sola palabra de las que me hacen reír cuando escribo. En un catálogo donde hay un «marrano de El Médano», una Shakira marica del Todo a 1 euro y un crucero que parece un tanatorio de alta mar, esta letra se queda quieta. Mira el agua. Habla bajito.

Me han preguntado alguna vez si la escribí otro día, otro Mike. No. La escribí yo, el mismo que firma las burradas. Lo que pasa es que hay cosas que, si les pones un chiste encima, se rompen. Y esta playa no la quería romper.

Este texto no repite lo que ya está en la ficha de la canción. Aquí hago otra cosa: cojo las doce frases de la letra, una por una, y cuento qué hace cada una ahí. Como quien vacía la toalla al volver a casa y va sacando la arena que se ha traído sin querer.

Una playa entre el puerto y el casco antiguo

La segunda frase es casi un plano de situación: «Una playa pequeña, escondida entre el puerto y el casco antiguo, donde crecí sin darme cuenta».

Cuando alguien dice Benidorm, piensa en otra cosa. En los rascacielos, en Levante y Poniente con sus kilómetros de sombrillas, en los guiris quemados como gambas a la plancha, en el chiste fácil de los jubilados que bailan pasodobles a las cuatro de la tarde. Yo también he hecho ese Benidorm en otras canciones. En «Madrid to Benidorm» es destino de fiesta y de orgullo, y en «La primera drag de Benidorm» es escenario de tacones rotos y semáforos.

Aquí no. Aquí elegí lo contrario de la postal: una playa pequeña y escondida. La palabra «escondida» hace mucho trabajo. Dice que no es la playa que sale en los folletos. Dice que hay que saber llegar. Y dice, sin decirlo, que quien la cuenta también ha tenido que esconderse alguna vez.

Luego está «crecí sin darme cuenta». Me gusta esa frase porque es exactamente así como se crece: sin darse cuenta. Nadie apunta en un cuaderno el verano en que dejó de ser niño. Un día miras atrás y la playa está ahí, y tú ya eres otro.

Sin darme cuenta. Así crece todo el mundo.

Mirar el horizonte, soñar con escapar

La tercera frase es la más larga de la letra: «Allí pasé la mayoría de los veranos que recuerdo: mirando el horizonte, soñando con escapar y sintiendo que, por un instante, todo encajaba».

Fíjate en los dos puntos. Primero el dato, los veranos. Luego la lista de lo que se hacía allí. Mirar. Soñar. Sentir. Son verbos de alguien que está quieto. En toda la frase no se nada, no se juega a las palas, no se come un bocadillo de calamares. Se mira.

Y hay una contradicción que dejé a propósito: el refugio es el sitio desde el que se sueña con escapar. Uno se esconde en la playa para imaginar que se va de allí. Eso le pasa a mucha gente que crece en un lugar pequeño o en una vida pequeña. El sitio que te protege es el mismo que se te queda corto.

Lo de «por un instante, todo encajaba» lo escribí con mucho cuidado. Podría haber puesto «era feliz». Habría sido más bonito y más falso. «Encajar» es más modesto. Es una pieza de puzle que por fin entra. Dura un instante. Y luego vuelves a casa.

El giro que no lleva chiste

Cuarta frase: «Pero el tiempo y el dolor cambian la mirada».

Fotogramas del videoclip oficial de «La Playa del Mal Pas», de Mike Sain't Louis

En mis canciones de humor el giro suele ser una burrada. Empiezo solemne y acabo en verbena, como en el falso réquiem de «¡Eso es lefa!». Aquí el giro va en la otra dirección. Empiezo con un recuerdo amable y, de golpe, aparece el dolor.

Es la frase más corta de la primera mitad y está ahí para partir el texto en dos. Antes, la playa de los veranos. Después, la playa de lo que se descubrió.

Lo que cambia, según la frase, no es la playa. Es la mirada. Eso volverá al final, cuando diga que la playa «sigue siendo la misma». Lo dejé sembrado aquí para que la última línea tuviera dónde apoyarse.

Narcisismo y doble narcisismo

Quinta frase: «En esa misma playa descubrí lo que era el narcisismo, y más tarde, el doble narcisismo».

Esta es la línea que más preguntas me trae. Y entiendo por qué: en toda la letra es la única palabra técnica. Narcisismo. Es la palabra que recorre medio catálogo de Planeta Gayfolk, de «Ni con un palo» a «El descarte del narcisista», de «Gaslighting» a «No contact». En esas canciones la palabra va acompañada de insultos, de nombres, de bloques de cemento y de lanzallamas.

Aquí va sola.

No explico en la letra qué fue ese «doble narcisismo» y tampoco lo voy a hacer en este post. No por misterio, sino por respeto a lo que la canción decidió callar. La letra dice dónde se descubrió y en qué orden: primero uno, «más tarde» el otro. Con eso basta. Lo demás está en otras canciones, con su rabia correspondiente. Esta letra no es un juicio. Es un sitio.

Lo que sí puedo contar es por qué la puse en la playa del refugio. Porque es lo que más duele: que el daño llegue al lugar donde te escondías del daño. Si el narcisismo hubiera aparecido en una discoteca de Madrid, la letra sería otra y probablemente tendría chistes. Apareció en el sitio donde todo encajaba. Y ya no encajó.

A los 40 años

Sexta frase: «A los 40 años uno entiende que la mitad de su vida fue mentira y la otra mitad soledad».

Es la frase más dura que he escrito sin un solo taco.

Está construida como una cuenta. Una vida partida en dos mitades, y ninguna se salva. Mentira y soledad. No hay una tercera mitad para la felicidad porque las cuentas no salen así, y porque si la hubiera metido habría sonado a tarjeta de cumpleaños.

Uso «uno» en vez de «yo». Es un truco viejo y lo uso a conciencia. «Uno entiende» suena a algo que le pasa a cualquiera. Abre la puerta a quien escucha. El que tiene cuarenta, o treinta y nueve, o cincuenta y tres, puede meterse dentro de la frase sin pedir permiso.

Mucha gente me ha escrito por esa línea. No voy a citar a nadie, porque no publico mensajes privados. Solo diré que la frase funciona como un espejo de feria, de esos que deforman: cada cual se ve con su propia cifra.

Volver con la memoria

Séptima frase: «Y sin embargo, sigo volviendo allí, aunque sea con la memoria».

«Y sin embargo.» Dos palabras que llevan media letra a cuestas. Después de la mentira y la soledad, después del narcisismo doble, la frase se niega a cerrar la puerta.

Me gusta que el regreso sea «con la memoria». No digo que coja el coche, ni el Alsa, ni el tren a Alicante. No hace falta. Hay sitios a los que se vuelve sin moverse del sofá de Madrid. Lo escribo desde una ciudad que tampoco tiene mar, que es la mía, y de la que hablo mucho en canciones y también en este texto sobre Madrid sin postal.

Cada ola

Octava frase: «Cada ola me recuerda algo que ya no soy, pero también lo que he sobrevivido».

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «La Playa del Mal Pas siempre ha sido mi refugio secreto en Benidorm.» de «La Playa del Mal Pas»

Aquí está el mecanismo de toda la canción. Una ola llega y se va. Cada vez que llega trae dos cosas a la vez: la pérdida y la supervivencia. «Algo que ya no soy» es lo que se perdió. «Lo que he sobrevivido» es lo que queda en pie.

Podría haber escrito «lo que he superado». No lo hice. Superar es de manual de autoayuda, de esos que venden en la caja del aeropuerto. Sobrevivir es más bruto y más honesto. Uno no siempre supera; a veces solo sigue vivo. Y ya es bastante.

Las olas, además, son lo único que se mueve en toda la letra. La playa está quieta, el que mira está quieto, el horizonte está quieto. Solo el agua va y viene. Es lo más parecido a un estribillo que tiene esta canción: algo que vuelve.

Lo vio todo

Novena frase: «Esa playa pequeña lo vio todo: mis veranos, mis heridas y mis ganas de seguir vivo».

Otra vez los dos puntos para dictar la lista. Y otra vez el adjetivo «pequeña», que ya salió en la segunda frase. Lo repetí a propósito. Una playa grande no ve nada, está demasiado ocupada con la gente. Una pequeña lo ve todo.

La playa se convierte aquí en testigo. Es la única que estuvo siempre. No hay en esta letra ni amigos, ni familia, ni pareja. Solo el sitio. A veces el único que puede contar tu historia es un lugar.

Y la lista acaba en «ganas de seguir vivo». Si alguien se pregunta si esta canción es triste, la respuesta está en esas cuatro palabras. Es triste. Pero termina la frase vivo.

Desde lejos

Décima frase: «Hoy la miro desde lejos».

Cinco palabras. Es el remate del párrafo largo que fue toda la vida anterior. Ya no estoy en la arena, ya no estoy dentro. Estoy lejos, en el tiempo y en el espacio.

Mirar desde lejos tiene algo de alivio. Desde lejos las cosas no hacen daño. También tiene algo de pérdida, porque desde lejos no te mojas los pies. La frase deja las dos cosas a la vez y no elige.

Sigue siendo la misma

Undécima: «Sigue siendo la misma, aunque yo ya no lo sea».

Aquí se cierra lo que abrí en la cuarta frase. «El tiempo y el dolor cambian la mirada.» Pues eso: la playa no cambió. Cambié yo.

Me parece la idea más justa de toda la letra. Es muy tentador culpar al lugar. Decir que Benidorm ya no es lo que era, que la playa se ha estropeado, que todo era mejor antes. Esa nostalgia de quejica la tengo muy vista y no me interesa, ya lo conté en este texto contra la nostalgia. El sitio está igual. Las mismas piedras. El mismo puerto a un lado y el mismo casco antiguo al otro. El que ha cambiado es el que mira.

Y eso, quizás, también es amor

La última frase es la que más tardé en dejar como está: «Y eso, quizás, también es amor».

Collage con un detalle de la carátula de «La Playa del Mal Pas» y las carátulas de «Madrid to Benidorm», «La primera drag de Benidorm»

Tres palabras la sostienen. «Eso», que señala todo lo anterior sin nombrarlo. «Quizás», que no se atreve a afirmar. «También», que admite que hay otros amores y que este es uno más, no el más importante.

El «quizás» es lo que hace que la frase no sea una moraleja. Si hubiera escrito «y eso es amor», habría sido un final de anuncio de colonia. Con el «quizás» la frase duda. Y dudar, al final de una letra sobre mentiras y soledad, me parece lo más honesto que podía hacer.

Hay gente que piensa que el amor solo se le tiene a una persona. Yo creo que también se le puede tener a un sitio que te vio pasar de niño a hombre, aunque en ese sitio te pasara lo peor. No es un amor que se celebre. Es un amor que se mira desde lejos.

Sin chistes, por una vez

Ahora salgo de la letra.

Soy de los que creen que con humor también se dice la verdad. Está escrito en las reglas de la casa de mi página «Sobre»: lo camp, lo exagerado y lo cotidiano son formas serias de hablar de la vida. Y lo cumplo casi siempre. Me río de mis ex porque es la forma más honesta que tengo de contarlo, y lo expliqué entero en este otro texto.

Pero el humor tiene un límite, y el límite no es moral. Es de oficio. Hay materiales que no aguantan una broma. Si en esta letra hubiera metido una sola, aunque fuera pequeña, aunque fuera sobre las sombrillas de Levante, el lector habría pensado que todo lo demás también era una pose. Y no lo es.

Así que me puse unas normas. Ni un taco. Ni una marca comercial. Ni un famoso. Ni un insulto. Ni una exclamación. Frases enteras, con sujeto y verbo, como si las fuera a leer alguien que no me conoce de nada.

Me costó. Soy un letrista de listas y golpes, de «¡Patán!» y de «¡pringado!». Escribir doce frases sin un golpe es como andar con los tacones en la mano por la arena. Se puede. Pero te fijas en cada paso.

Por qué en prosa

«La Playa del Mal Pas» no tiene versos medidos ni rima. Es prosa. Doce frases que podrían estar en una carta o en un diario.

La decisión vino de la propia materia. Una playa no rima. Un recuerdo tampoco. Si hubiera forzado una rima para «Benidorm» me habría salido algo ridículo, y aquí lo ridículo no tenía sitio. La prosa me dejaba ir despacio, poner comas donde se respira y puntos donde se para.

En el catálogo hay otras canciones que nacieron como textos y no como letras al uso. «Ni con un palo» es una de ellas. Pero aquella es un diagnóstico seco, casi clínico. Esta es un recuerdo. Las dos son prosa y no se parecen en nada. Eso me gusta: que la prosa no sea un género sino una herramienta.

Luego, en el estudio, la música se construye alrededor de las frases, con la inteligencia artificial como herramienta de producción y arreglos. La letra no se toca para que encaje en la música. Es al revés. La letra manda, que es la regla número dos de la casa.

Dentro de «El día de la liberación»

La canción forma parte de «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía GAYFOLK. El primero anuncia un planeta como si fuera una noticia. El segundo desea viajar a él. El tercero, el de la liberación, es el disco de llegar y mirar atrás.

Por eso esta letra está ahí y no en los otros dos. En el primer disco habría sido demasiado pronto: allí todavía estaba la rabia fresca. En el segundo, el de las ganas, habría sido un deseo. En el tercero ya se puede mirar el sitio desde lejos. Sin perdonar nada, pero sin necesidad de gritar.

Si quieres entender cómo leo yo ese tercer disco, lo conté en «El día de la liberación» y el día siguiente. La liberación no es una fiesta con confeti. Es un día normal en el que, por fin, puedes mirar una playa sin que te tiemblen las piernas.

Cómo leerla si nunca has estado allí

No hace falta conocer Benidorm para entender esta letra. Basta con tener un sitio así. Todo el mundo tiene uno, aunque no sea una playa. Un banco de un parque de Móstoles, la azotea de un edificio de Lavapiés, el patio de la casa de una abuela en un pueblo de Cuenca, una esquina de un instituto.

Ficha de la canción «La Playa del Mal Pas» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

Mi consejo, si te apetece, es este: lee la letra completa en su página de letras y cambia mentalmente «La Playa del Mal Pas» por el nombre de tu sitio. Si la frase de los 40 años te pilla con otra edad, cámbiala también. La letra lo aguanta, porque está escrita con «uno» y no con «yo» en el momento más duro.

Y si lo que te interesa es ver cómo se lee una letra mientras suena, tengo una guía para eso. Con esta canción funciona especialmente bien, porque no hay estribillo que te distraiga.

Lo que no cuenta la letra

Hay cosas que la canción no dice y que yo tampoco voy a añadir aquí.

No dice con quién iba a esa playa. No dice el año exacto en que se descubrió el narcisismo. No dice quién fue el primero ni quién el segundo. No dice si he vuelto en persona o solo con la memoria; dice que vuelvo «aunque sea con la memoria», y deja la puerta abierta.

Me parece importante respetar esos huecos. Un post sobre una canción tiene la tentación de rellenarlos, de contar la historia de verdad, con detalles y nombres. Yo no lo hago. Primero, porque la canción ya decidió lo que contaba. Segundo, porque en una letra confesional los huecos también son parte de la confesión. Lo que se calla dice cuánto pesa.

Hueco a hueco. Así se escribe esto.

La playa y el resto del catálogo

Si escuchas esta canción al lado de las otras de Benidorm, ves tres caras del mismo sitio. La fiesta de «Madrid to Benidorm», en inglés y con banderas. El drag desesperado de «La primera drag de Benidorm», que se arrastra y escupe y al final baila. Y la playa quieta de esta letra.

Ninguna de las tres miente. Benidorm es las tres cosas. Y yo también.

Si escuchas esta canción al lado de las de narcisismo, ves otra cosa: lo que hay después de la rabia. Las canciones de insulto son necesarias, me salvaron y me siguen salvando. Pero un día te cansas de gritar y te sientas en la arena. Esta letra es ese día.

Y si quieres el contexto completo, todas mis letras están ordenadas en la página de letras de esta web, de la A a la Z.

Una nota sobre lo cursi

Alguien me dijo que la última frase era cursi. «Y eso, quizás, también es amor.» Puede ser. No me molesta.

Ya escribí una defensa de lo cursi y la mantengo. Lo cursi es lo que se atreve a decir la frase bonita sin protegerse con una ironía. En un catálogo donde casi todo va protegido por la ironía, una frase cursi al final de una letra sin chistes es lo más arriesgado que podía hacer.

Si me equivoqué, me equivoqué con una frase que pienso de verdad. Prefiero eso a acertar con una que no me creo.

Preguntas frecuentes

¿Dónde está la Playa del Mal Pas? En Benidorm. La letra la sitúa «escondida entre el puerto y el casco antiguo» y la describe como una playa pequeña.

¿En qué disco está «La Playa del Mal Pas»? En «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía GAYFOLK de Planeta Gayfolk.

¿Quién escribió la letra? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid. La música y las voces se producen con inteligencia artificial como herramienta; la letra es suya.

¿Por qué la letra no tiene rima ni estribillo? Porque está escrita en prosa: doce frases seguidas, como un diario. Es una decisión de oficio para una letra confesional que no lleva chistes.

¿Qué significa «doble narcisismo» en la canción? La letra no lo explica. Solo dice que primero descubrió el narcisismo en esa playa y «más tarde, el doble narcisismo». Mike prefiere no añadir detalles que la canción no cuenta.

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