
Por Mike Sain't Louis ·
Defensa de lo cursi
Voy a defender algo que tiene muy mala prensa. Los corazoncitos en los mensajes. Los apodos ridículos. El «te echo de menos» enviado a las tres horas de haberse visto. Los globos con forma de número. Las canciones de amor que dicen exactamente lo que quieren decir, sin ironía, sin guiño, sin protegerse.
Lo cursi.
Sé que es arriesgado. Llevo dos años escribiendo canciones con humor, con camp, con exnovios a los que se les pone en su sitio. Alguien podría pensar que lo mío es reírme de lo cursi. A veces lo hago. Pero cada vez me convence menos.
El miedo a parecer tonto
Lo cursi tiene mala fama por una razón muy concreta: deja al descubierto. Quien dice algo cursi se expone. No tiene dónde esconderse. Si alguien le contesta con una carcajada, se queda en ridículo, desnudo en mitad del salón.
Por eso lo evitamos. Por miedo. Preferimos la ironía, que es una forma muy elegante de llevar armadura. Si digo «te quiero» con un tono un poco burlón, y la otra persona no me corresponde, siempre puedo decir que era broma. La ironía es un seguro de vida emocional.
Y está bien tener seguros. Pero una vida entera de ironía es una vida en la que nunca dices nada del todo. Y eso, al final, también es triste.
Además, la ironía se gasta. Al principio parece inteligente, luego parece cansada y al final parece miedo. He visto parejas que llevan años hablándose con sorna y que no recuerdan la última vez que se dijeron algo bonito sin hacer una mueca detrás. No quiero eso para mis canciones. Tampoco para mí.
Cursi no es camp
Aquí conviene distinguir, porque se confunden. El camp, del que hablo a menudo, es exageración consciente. Sabe que está exagerando y juega con ello. Tiene un pie dentro y otro fuera. Lo cursi no. Lo cursi va en serio. Cuando alguien escribe «eres mi sol» en una tarjeta, no está jugando. Lo cree.
Me interesan los dos, pero por razones distintas. El camp me sirve para decir la verdad disfrazada. Lo cursi me sirve para decirla sin disfraz, aunque sepa que me van a mirar raro.
Lo curioso es que mucha gente que adora el camp desprecia lo cursi. Le parece de mal gusto, de gente que no ha leído suficiente. Yo creo que hay un poco de esnobismo ahí. Lo cursi es popular en el sentido más literal: lo usa todo el mundo, en todas partes, sin pedir permiso a los críticos. Está en las dedicatorias de las radios, en los tatuajes, en los mensajes de las abuelas. Despreciarlo es despreciar cómo se quiere la mayoría de la gente.
Lo cursi en el amor gay
Para los hombres que queremos a hombres, lo cursi tiene una carga especial. Durante mucho tiempo, nuestras historias de amor no tenían ni siquiera el derecho a ser cursis. Tenían que ser discretas, o trágicas, o sexuales, pero rara vez tiernas en público. Un chico regalándole flores a otro chico en un restaurante era una escena impensable en muchos sitios. En algunos lo sigue siendo.
Así que cuando escribo algo cursi entre dos hombres, me parece que estoy reclamando algo. El derecho a la tontería romántica. A los apodos que dan vergüenza. A los mensajes de buenos días. Si las parejas heterosexuales llevan siglos haciendo el ridículo de amor en canciones, nosotros también queremos nuestra parte de ridículo.
Cómo escribo lo cursi sin que empalague
Ahora la parte práctica, porque lo cursi tiene un peligro real: empalaga. Una canción entera de corazones y estrellas es difícil de tragar, incluso para mí.
Lo que hago es mezclar. Dejo que lo cursi aparezca en medio de algo cotidiano, casi prosaico. Un «te quiero» dicho mientras alguien busca las llaves. Una declaración en mitad de una discusión sobre quién saca la basura. El contraste hace que lo cursi respire. Sale del pedestal y entra en la cocina, y en la cocina se cree mejor.
También dejo que el humor acompañe sin burlarse. Hay una forma de reírse de lo cursi que lo destruye, y otra que lo abraza. La primera dice «mira qué ridículo». La segunda dice «mira qué ridículo, y qué bonito». Me quedo con la segunda.
Otra cosa que me ayuda es la precisión. Lo cursi empalaga sobre todo cuando es genérico: luna, estrellas, para siempre. En cuanto le pones un detalle concreto, cambia. No es lo mismo decir que alguien es tu sol que decir que te guarda la mitad del bocadillo aunque tenga hambre. Lo segundo sigue siendo cursi, pero tiene cuerpo, y el cuerpo lo salva.
Y a veces, simplemente, no hago nada. Escribo la frase cursi tal cual, sin protección, y la dejo ahí. Me da un poco de miedo cada vez. Esa es la señal de que vale la pena.
No soy inmune. Cuando leo mis propias letras más cursis, a veces me dan ganas de esconderme debajo de la mesa. Las tengo publicadas, con su letra completa en la web, y alguna vez he pensado en suavizarlas. No lo he hecho. Creo que la versión de mí que las escribió era más valiente que la que las relee.
Lo cursi tiene una dignidad rara. La de quien sabe que se van a reír de él y lo dice igual. Me parece una forma de coraje que nadie premia.
Así que sí, defiendo lo cursi. Los corazones, los globos, las canciones que dicen te quiero sin mirar de reojo. El mundo ya tiene suficiente gente que no se atreve.
Las letras, también las cursis, están en mikesaintlouis.com.