
Por Mike Sain't Louis ·
Sol y viento bajo el agua: «Sonne und Wind», la jaula, los tiburones y el corazón que flota
Hay títulos que describen la imagen que los acompaña y títulos que la contradicen. «Sonne und Wind» pertenece a la segunda familia. En alemán significa «sol y viento», dos cosas que solo existen en la superficie, al aire libre. Y sin embargo la portada de «Sonne und Wind» nos lleva justo al lugar donde no hay ni una cosa ni la otra: el fondo del mar, a oscuras, dentro de una jaula.
Una advertencia antes de seguir: la letra de este single aún no está publicada. En su ficha de gayfolkplanet.com aparece como pendiente, y no voy a rellenar ese vacío con frases de mi cosecha que no estén en la canción. Lo que sigue se apoya en datos que cualquiera puede comprobar: la carátula, el título, su lugar en el disco, lo que escribí sobre el tema en su página y versos reales de otras canciones mías.
Una jaula colgada de una cadena
En el centro de la imagen hay una jaula cilíndrica de barrotes metálicos oscuros, de las que se usan para bajar a observar tiburones. Cuelga de una cadena gruesa que sube recta hasta la superficie y se pierde en la luz que entra desde arriba. Alrededor de la cadena suben burbujas, muchas, en columna, como si alguien acabara de soltar el aire.
Dentro de la jaula hay un chico sentado. Lleva un traje de neopreno negro, un arnés con anillas metálicas y guantes. No lleva máscara ni botella a la vista. Tiene el pelo rizado y oscuro, barba corta, una cadena con una cruz sobre el pecho. Su postura es lo que más llama la atención: no está agarrado a los barrotes ni mirando con miedo hacia fuera. Está sentado, con las manos juntas sobre las rodillas, la cabeza ligeramente inclinada y los ojos entornados, casi como quien espera en una sala.
Alrededor nadan tiburones. Cinco o seis, de distintos tamaños, algunos muy cerca, otros lejos, recortados contra el azul. Uno, en primer plano a la izquierda, enseña los dientes. Ninguno parece atacar. Rondan.
Hay otro detalle que me interesa: el traje. El neopreno negro, el arnés, los guantes, todo eso es equipo de quien baja preparado. Nadie acaba en una jaula de tiburones por accidente. Hay que firmar papeles, ponerse el traje, meterse dentro y dejar que te bajen. Es decir, la situación de la portada es, al menos en parte, una decisión. Y eso cambia mucho cómo se mira. No es alguien atrapado sin más, es alguien que, por la razón que sea, ha aceptado bajar.
Un corazón que no es de este fondo
Por encima de la jaula, ocupando casi toda la parte superior de la imagen, flota un corazón rojo enorme. No es un dibujo limpio, sino una forma deshilachada, hecha de algo que se deshace en el agua: puede ser coral, pueden ser pétalos, pueden ser hilos de tinta o de sangre dispersándose. La cadena de la jaula pasa justo por el centro, por la hendidura de arriba, como si lo partiera en dos mitades.
Al presentar el tema lo comparé con coral o con pétalos, y esa duda me sigue pareciendo lo mejor del dibujo. Un corazón de coral sería algo vivo, frágil, que tarda siglos en crecer. Uno de pétalos sería algo bonito que se marchita. Uno de sangre sería una herida que se extiende. La portada no elige, y cada lectura cambia el sentido de la imagen.
El título va en la parte de abajo, en letras rojas de estilo gótico con remates afilados y adornos de filigrana a los lados. Debajo, mi nombre en el mismo rojo. La tipografía tiene algo de cartel de película de terror antigua o de portada de novela romántica oscura. Encaja con el alemán: es casi un guiño a la letra gótica que durante siglos se asoció a ese idioma.
Sol y viento, justo lo que falta
Vuelvo al título, porque ahí está la gracia. «Sonne» es sol. «Wind» es viento. «Und» es la conjunción, la «y» que los une. Dos elementos del exterior, del buen tiempo, del barco de vela, de la playa. En la imagen no hay ni rastro de ellos. Solo agua, oscuridad y una luz lejana que baja desde la superficie.

Cuando presenté el single señalé esa ironía: hablar de la intemperie desde lo más hondo, igual que alguien que, todavía atrapado en una historia que no deja de morderle, solo piensa en volver arriba. Creo que describe bien ciertos momentos de la vida: estás abajo, rodeado de cosas que te pueden hacer daño, y lo único que tienes en la cabeza es el sol que hay arriba.
El agua, además, se come la luz. En el mar, la luz del sol llega con fuerza solo a los primeros metros, y a partir de unos doscientos metros apenas queda nada. Más allá de los mil metros reina la oscuridad total. La jaula de la portada no está tan abajo, porque todavía se ve el resplandor de arriba. Pero ya está en ese territorio intermedio donde el sol es un recuerdo, no una presencia.
El alemán y sus parejas
No es la primera vez que un título mío juega con parejas de elementos en otro idioma. En «Sol e Lua», del mismo disco, eran el sol y la luna en portugués. Aquí son el sol y el viento en alemán. Y en ese post comenté una curiosidad que vuelve a servir: en alemán el sol es femenino, «die Sonne», mientras que el viento es masculino, «der Wind». Una pareja de chica y chico, si queremos jugar con la gramática.
El alemán tiene además una tradición de títulos con «und» que suenan a manifiesto. El más famoso quizá sea «Sturm und Drang», «tormenta e ímpetu», el nombre del movimiento literario alemán de la década de 1770 que reivindicó la pasión y la emoción frente a la razón ilustrada. Su obra más conocida es «Las desventuras del joven Werther», de Goethe, publicada en 1774.
«Sonne und Wind» suena casi como una versión amable de aquel lema. Donde el «Sturm und Drang» pedía tormenta, aquí se pide sol y viento: buen tiempo, aire, libertad. Y, sin embargo, la imagen nos deja abajo, sin ninguna de las dos cosas.
La mala fama del tiburón
Pocas criaturas cargan con una reputación tan injusta como el tiburón. Buena parte de ella se la debemos a «Tiburón», la película de Steven Spielberg de 1975, basada en la novela de Peter Benchley. Fue un éxito descomunal y convirtió al tiburón blanco en el monstruo por excelencia del verano. Años después, Benchley contó que se arrepentía de la imagen que había ayudado a crear y dedicó buena parte de su vida a la conservación de los océanos.
Los datos ponen las cosas en su sitio. Cada año se registran en todo el mundo unas pocas decenas de mordeduras no provocadas de tiburón, y las muertes suelen contarse con los dedos de las manos. En sentido contrario, un estudio publicado en 2013 en la revista Marine Policy estimó que los seres humanos matamos alrededor de cien millones de tiburones al año, sobre todo por la pesca. El tiburón blanco, de hecho, está considerado una especie vulnerable.
Me parece interesante tenerlo en cuenta delante de esta portada. Los tiburones que rodean la jaula dan miedo, claro. Pero el miedo que nos dan no se corresponde con el peligro real que suponen. Muchas veces, lo que más tememos no es lo que más daño nos hace.
La jaula que inventó un superviviente
Las jaulas para observar tiburones tienen una historia curiosa. Uno de sus pioneros fue el australiano Rodney Fox, que en 1963 sobrevivió al ataque de un tiburón blanco mientras participaba en un campeonato de pesca submarina en el sur de Australia. Necesitó cientos de puntos de sutura. Lejos de odiar al animal, acabó dedicándose a estudiarlo, diseñó jaulas para poder observarlo de cerca sin riesgo y colaboró en el rodaje de documentales y películas.

Me gusta mucho esa historia porque le da a la jaula un sentido distinto. No es una cárcel ni un castigo: es una herramienta que alguien que había sido herido inventó para poder mirar de frente lo que le hirió, sin volver a exponerse del mismo modo. Una protección que permite acercarse.
Hoy el buceo en jaula con tiburones es una actividad turística en lugares como Sudáfrica, Australia o México, y también es objeto de debate entre quienes defienden que ayuda a conocer y proteger a los animales y quienes temen que el uso de cebo altere su comportamiento. Lo dejo apuntado, sin entrar más, porque no es el tema de la canción.
¿Protege o encierra?
En el texto que acompaña al single propuse dos maneras de entender la imagen. Una: un amor que resguarda y, al mismo tiempo, deja sin salida. Otra: un encierro que cada cual se construye por miedo a que vuelvan a herirle. También dije que la carátula no resuelve el dilema, y sigo prefiriéndolo así.
Las dos lecturas me interesan. La primera habla de relaciones en las que la protección se confunde con el control. Al principio parece que alguien te cuida, te resguarda, te aparta de los peligros. Con el tiempo descubres que esos barrotes también te impiden salir. Es una dinámica que he tratado en otras canciones, y en «La última carta» hay una frase que la resume muy bien:
Me quisiste tener siempre ahí: disponible, dudando, esperando.
La segunda lectura es más íntima. Hay jaulas que nadie te pone: las construyes tú, barrote a barrote, después de que te hayan hecho daño. Dejas de confiar, dejas de abrirte, decides que es más seguro mirar el mundo desde dentro. En la misma carta aparece la otra cara de esa decisión, cuando el encierro es elegido y trae calma:
Hoy sé que la paz que tengo viene del corte. Del bloqueo. Del silencio.
Jaulas de oro y pájaros que no se van
El castellano tiene una expresión muy gráfica para esto: la jaula de oro. Se dice de quien vive rodeado de comodidades, pero sin libertad. Una casa preciosa de la que no se puede salir, una relación que lo da todo menos aire, un trabajo bien pagado que te come la vida. El refrán popular lo resume así: aunque la jaula sea de oro, no deja de ser jaula.
La imagen del pájaro enjaulado ha servido durante siglos para hablar de la falta de libertad, y en especial de la de quienes no podían vivir como eran. Para muchas personas LGTBI, el armario fue exactamente eso: un espacio cerrado que protegía de la violencia de fuera, pero que obligaba a quedarse quieto, callado, sin poder enseñar lo que uno sentía. Protegía y encerraba a la vez, igual que la jaula de la portada.
Lo interesante es que, cuando alguien sale de una jaula así, a menudo no se va volando de inmediato. Necesita tiempo para acostumbrarse al aire, a la luz, al espacio. Por eso conviene tratar con paciencia a quien acaba de salir de un sitio cerrado, sea un armario, una relación o una mala época. El sol y el viento, después de tanto tiempo abajo, también pueden marear un poco.
Un castillo, una jaula
La idea de un refugio que protege y aísla a la vez aparece también en «Antisocial», una de mis canciones más claras sobre la soledad elegida. Hay un verso que podría ser el pie de foto de esta portada:

mi silencio es un castillo, yo una armadura sin llave.
Y otro, un poco más adelante, que defiende ese espacio pequeño como algo propio:
mi mundo es pequeño, pero es inquebrantable.
El castillo de «Antisocial» y la jaula de «Sonne und Wind» se parecen bastante. Los dos son espacios reducidos, cerrados, que dejan fuera a los demás. La diferencia es el entorno: el castillo está en tierra firme y la jaula, rodeada de tiburones. Lo desarrollé más en «Un castillo sin llave».
No creo que haya una respuesta única sobre si estos refugios son buenos o malos. Depende de cuánto tiempo pases dentro, de si puedes salir cuando quieras y de si la puerta la controlas tú.
¿Están fuera o dentro?
Terminé la presentación del single dejando una pregunta en manos de quien escucha: dónde nadan los tiburones, al otro lado de los barrotes o junto al chico. Para mí ahí está la clave de la imagen.
Si los tiburones están fuera, la jaula protege. El chico de la portada puede estar tranquilo, sentado, con las manos juntas, porque los barrotes le separan de lo que da miedo. Es la lectura del buceador, la de Rodney Fox.
Pero si los tiburones están dentro, en la cabeza, la jaula no sirve de nada. Puedes rodearte de barrotes y seguir sintiendo que algo te muerde por todos lados. Los pensamientos que dan vueltas, las preocupaciones que no se van, el miedo que te acompaña aunque fuera no pase nada. Esa es otra clase de jaula, y para esa los barrotes no son la solución.
Lo que dice el rojo
En una imagen dominada por los azules oscuros y los grises del agua, el único color cálido es el rojo: el del corazón y el de las letras. Eso dirige la mirada de una manera muy clara. Primero ves el corazón, luego bajas por la cadena hasta la jaula y, por último, llegas al título. Es un recorrido de arriba abajo, como el de la propia jaula al descender.
El rojo sobre el azul del mar tiene también una lectura inquietante, porque en las imágenes de tiburones casi siempre se asocia a la sangre. La portada juega con esa asociación sin confirmarla. El corazón se deshace en hilos que podrían ser una herida, pero tiene forma de símbolo amoroso, de dibujo de carta o de tatuaje. Amor y peligro en el mismo trazo.
Y hay algo más: el corazón está fuera de la jaula. Flota libre en el agua, por encima de todo, mientras el chico está encerrado. Como si lo que más importa se hubiera quedado al otro lado de los barrotes. O como si el corazón fuera justo lo que el chico protege al quedarse dentro, manteniéndolo lejos de los dientes.
Miedo a lo que hay abajo
Hay nombres para estos miedos. La galeofobia es el miedo intenso a los tiburones; la talasofobia, el miedo a las aguas profundas, a no saber qué hay debajo. Mucha gente siente un escalofrío al ver imágenes del océano profundo, y no es raro: estamos hechos para vivir en tierra y respirar aire.
Cuando un miedo así se vuelve tan fuerte que limita la vida, se habla de fobia específica, y hay tratamientos que funcionan bien, sobre todo la terapia de exposición: acercarse poco a poco, con ayuda profesional, a lo que da miedo, hasta que el cuerpo aprende que puede soportarlo. Curiosamente, es una idea muy parecida a la de la jaula de observación: mirar lo que asusta desde un sitio seguro, cada vez un poco más cerca.
Entre «Fly Away» y «Hetero»
En «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo disco de la trilogía, «Sonne und Wind» es la pista 73. Justo antes va «Fly Away», que todavía no tiene letra publicada y cuya portada muestra unas alas negras. Pasar de una imagen de vuelo a una de inmersión tiene su lógica: del aire al fondo, de escapar hacia arriba a quedarse quieto abajo.

Justo después viene «Hetero». En la descripción de su vídeo escribí una pregunta que encaja de forma inesperada con la jaula: «¿sería más fácil ser hetero o simplemente más fácil no ser yo?». También es una pregunta de alguien que, por un momento, se siente atrapado en sí mismo.
En la lista completa de singles, «Sonne und Wind» es el número 110 de 273. Musicalmente se mueve en el mismo territorio del resto del disco, entre el indie pop, el pop alternativo y el queer pop.
Subir a la superficie
Volvamos a la cadena. Es lo único de la imagen que conecta el fondo con la superficie. Por ella, en algún momento, la jaula volverá a subir. Y arriba, entonces sí, estará el sol, y quizá también el viento. El título no describe dónde está el chico. Describe adónde va a volver.
Esa lectura me parece la más esperanzadora. A veces uno pasa una temporada abajo, en un sitio oscuro, rodeado de cosas que dan miedo, y lo único que puede hacer es esperar sentado. Pero las temporadas pasan, y la cadena sigue ahí.
Me hace pensar en otra portada del mismo disco, la de «Drift Away», donde el mar es rosa, hay sol a raudales y un chico surfea dentro de la ola. Las dos imágenes son casi opuestas: arriba y abajo, luz y oscuridad, movimiento y quietud. Juntas recuerdan que el mismo mar puede ser fiesta o encierro según dónde te pille.
Si en algún momento sientes que estás en esa jaula, y que los tiburones están dentro, no tienes por qué esperar solo a que suba. Contarlo ayuda: a alguien cercano, a tu médico, a un psicólogo. En España, el 024 es un teléfono gratuito y confidencial que atiende las veinticuatro horas a personas que lo están pasando muy mal o que tienen pensamientos de hacerse daño, y también a quien se preocupa por otra persona. Si hay un riesgo inmediato, llama al 112.
Desde cualquier otro país, busca la línea de crisis o de prevención del suicidio de allí, o llama al número local de emergencias. En «Salud mental sin tabú» junté más recursos, por si te sirven a ti o a alguien que quieres.
Para quien espera en el fondo
Para quien está sentado en su propia jaula mirando cómo pasan los tiburones. Para quien levantó barrotes después de que le hicieran daño y ahora no sabe cómo abrir la puerta. Para quien confundió protección con control y está aprendiendo a distinguirlos.
Para quien sueña con el sol y el viento desde un sitio donde no llega ninguno de los dos. Para quien tiene más miedo a los tiburones que a lo que de verdad le hace daño. Para quien sabe que la cadena sigue ahí, aunque no la vea.
Y para quien aún no sabe de qué lado de los barrotes nadan sus tiburones. Hasta que la letra esté publicada, puedes escuchar el tema en cualquier plataforma o descargarlo gratis, sin dar tus datos, desde la página de descargas. Cuando los versos salgan, los subiré íntegros y sin cambiar nada.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «Sonne und Wind»? La letra aún no se ha publicado, así que este post no cita ningún verso de la canción. La portada muestra a un chico sentado dentro de una jaula en el fondo del mar, rodeado de tiburones y bajo un gran corazón rojo. El post lee el single desde el miedo, la mala fama de los tiburones y las jaulas que protegen y encierran a la vez.
¿Qué significa «Sonne und Wind»? En alemán significa «sol y viento». La ironía es que la portada muestra justo un lugar sin sol ni viento: el fondo del mar.
¿En qué disco está? En «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo disco de la trilogía Gayfolk, donde es la pista 73, entre «Fly Away» y «Hetero». En la lista de singles es el número 110 de 273.
¿Son tan peligrosos los tiburones? Mucho menos de lo que sugiere su fama. Cada año hay en el mundo pocas decenas de mordeduras no provocadas, mientras que los humanos matamos decenas de millones de tiburones, según un estudio de 2013.
¿Dónde pido ayuda si me siento atrapado? En España, el 024 atiende gratis y a cualquier hora, y el 112 en caso de peligro inmediato. Fuera de España, busca la línea de crisis de tu país o llama a emergencias.
¿Quién hace esta canción? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid, que se presenta como el primer cantautor IA. Escribe las letras y dirige la producción; la música y las interpretaciones se crean con inteligencia artificial.