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Portada del single Hetero

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Hetero, o la noche del vino, el queso y la dignidad

Quedamos. Llego. Y ya tiene a otro en la cama. Hetero empieza así, con tres frases cortas que caen como tres portazos, y lo que viene después es una de las escenas más humillantes y más reconocibles que he puesto en una canción.

No hay disimulo. Al otro le da igual. Y el narrador está ahí, en la puerta, con el vino, el queso y la dignidad envuelta en papel de plata. Esa imagen me parece de lo más tragicómico del planeta GAYFOLK. Has ido preparado para una cita, con tu detalle bajo el brazo, y te encuentras con que nadie te esperaba. El papel de plata le da un toque casero, de táper, que hace la escena todavía más triste y más graciosa.

Y entonces llega la pregunta que da título a la canción. ¿Sería más fácil ser hetero, o simplemente más fácil no ser yo? Es una duda que muchos nos hemos hecho alguna noche, no porque queramos de verdad cambiar, sino porque el cansancio de ciertas dinámicas del ambiente te lleva a preguntártelo. La segunda parte de la frase es la que más pesa: no tanto la orientación como la sensación de que el problema eres tú.

La propia canción se define sin rodeos: la escena es absurda, cutre, honesta y jodidamente real. Es la clase de noche que no se explica, se traga. Me gusta mucho ese verbo, tragar, porque describe muy bien lo que haces en esos momentos: aguantar el golpe y volver a casa con tu queso.

Es GAYFOLK sin maquillaje, sin poesía y sin vergüenza. Ahí está su valor. No todas las historias maricas son de orgullo y purpurina; algunas son de plantón y vuelta a casa en metro.

Se la dedico a quien alguna vez se haya quedado con el detalle en la mano y la cara de tonto en el rellano. No eres tú. Ponla, ábrete ese vino tú solo y cómete el queso, que bastante te ha costado.

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