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Hacer el muerto en una nube: «Float», los pijamas rosas y el arte de no pesar

En las piscinas de verano de media España, a los niños se les enseña muy pronto un truco con un nombre tremendo: hacer el muerto. Te tumbas boca arriba en el agua, abres los brazos, dejas caer la cabeza hacia atrás hasta que las orejas se mojan, sueltas el aire despacio y, si no te pones nervioso, el agua te sostiene. Es la primera vez que mucha gente descubre que no hacer nada, a veces, es exactamente lo que hay que hacer para no hundirse.

Me acordé de ese nombre tan dramático y tan tierno a la vez mirando la portada de «Float». Allí nadie está en el agua, sino en el cielo, pero la postura es la misma: abandonarse y dejar que algo te sostenga.

Dos pijamas y una nube

En la imagen estoy yo, sentado sobre una nube rosa como quien se sienta en el suelo del salón: las piernas abiertas y estiradas, los pies descalzos asomando por delante, una mano apoyada en la rodilla. Llevo un pijama de satén rosa brillante, de los de solapa y botones, con un pequeño bolsillo en el pecho donde se leen tres iniciales bordadas: MSL. La chaqueta va abierta, se ve la cruz que cuelga del cuello y los tatuajes del pecho. Tengo el pelo revuelto, como recién levantado, y la mirada perdida hacia un lado.

Detrás, de pie sobre la misma nube, hay otro chico. Su pijama es de rayas finas en rosa y blanco, más de algodón que de satén, y está de espaldas, con las manos en los bolsillos del pantalón y la cabeza girada hacia la cámara por encima del hombro. También va descalzo.

Alrededor, todo son nubes. Hinchadas, esponjosas, en tonos de rosa, melocotón y lila, como si el atardecer se hubiera quedado congelado. Arriba a la izquierda, el título, «FLOAT», pintado a brochazos en rosa fuerte, y debajo, en amarillo, mi nombre seguido de un pequeño corazón dibujado a mano.

Sin letra a la vista

Una aclaración que en estos posts siempre pongo por delante: de «Float» no he publicado la letra. Si la buscas en mi apartado de letras verás que está pendiente. Por eso aquí no aparece ni una frase de la canción, ni de memoria ni reconstruida a partir de lo que entienden los subtítulos de las plataformas.

Me apoyo en lo que es comprobable: la portada, el título en inglés, la fecha del videoclip, que colgué en YouTube el 12 de junio de 2026, el álbum al que pertenece y la ficha que escribí para mi web. En esa ficha preguntaba si los dos chicos estaban juntos, si acababan de conocerse o si todo era un sueño de domingo por la mañana. No pienso responder ahora lo que entonces dejé en el aire.

Lo que dice una sola palabra

Float, en inglés, es flotar. Una palabra corta para un estado muy concreto: no pesar. Que el agua, el aire o cualquier otra cosa te sostenga sin que tengas que hacer fuerza. En la ficha lo describí como ese estado en el que nada te ata al suelo.

En castellano tenemos varias expresiones que rondan la misma idea y que no significan lo mismo. Estar en las nubes es estar distraído, ausente, pensando en otra cosa; es lo que le dicen a los niños que miran por la ventana en clase. Estar en una nube, en cambio, suele ser estar feliz, embobado, normalmente por amor. Y andar flotando es una mezcla de las dos: ligero, contento, un poco fuera del mundo.

La portada juega con las tres a la vez. El chico sentado tiene la mirada perdida, que es estar en las nubes. Los dos están literalmente encima de una, que es estar en una nube. Y el título dice que flotan.

Arquímedes en la bañera

La física de flotar la explicó hace más de dos mil años Arquímedes de Siracusa. Cualquier cuerpo sumergido en un fluido recibe un empuje hacia arriba igual al peso del fluido que desplaza. Si ese empuje es mayor que tu peso, flotas; si es menor, te hundes. La leyenda dice que lo descubrió metiéndose en la bañera, viendo subir el agua, y que salió corriendo desnudo por la calle gritando «¡eureka!». Seguramente es más anécdota que historia, pero es una anécdota estupenda.

Fotogramas del videoclip oficial de «Float», de Mike Sain't Louis

Lo bonito del principio de Arquímedes es que el cuerpo humano está casi en el límite. Con los pulmones llenos de aire, la mayoría de la gente flota con poco esfuerzo; si suelta todo el aire, empieza a bajar. Por eso, cuando enseñan a hacer el muerto, lo primero que dicen es que respires tranquilo. Los nervios te hunden. La calma te sostiene.

Es una lección que sirve fuera del agua.

El mar donde no te hundes

Hay un sitio en la Tierra donde flotar no cuesta nada: el Mar Muerto, entre Jordania, Israel y Cisjordania. Su orilla está a más de cuatrocientos metros por debajo del nivel del mar, el punto de tierra firme más bajo del planeta, y su agua es tan salada, en torno a un treinta y cuatro por ciento, que el cuerpo se queda arriba sin esfuerzo. Las fotos típicas son de turistas leyendo el periódico tumbados en el agua, como en un sofá.

También hay quien busca esa sensación sin viajar. En 1954, el médico y neurocientífico estadounidense John C. Lilly empezó a experimentar con tanques de aislamiento: cámaras a oscuras y en silencio, con agua a la temperatura de la piel, donde una persona flota sin ver ni oír nada. Décadas después, esa idea se convirtió en los centros de flotación que hoy ofrecen sesiones de relajación con agua muy salada.

El chico de mi portada no necesita ni sal ni tanque. Tiene una nube.

Lo que pesa una nube

Aquí viene el dato que más me gusta de todo este post. Las nubes parecen lo más ligero del mundo, y por eso las usamos como metáfora de lo que no pesa. Pero una nube de tipo cúmulo, de esas de algodón como las de la portada, de un kilómetro cúbico, puede contener alrededor de quinientas toneladas de agua repartida en gotitas diminutas. Flotan porque esas gotas son tan pequeñas y están tan separadas que el aire caliente que sube las mantiene en suspensión.

Es decir: las nubes pesan muchísimo y aun así flotan. Me parece una imagen preciosa para cualquiera que se sienta cargado. Se puede llevar mucho dentro y seguir arriba.

Quien puso nombre a las nubes fue un farmacéutico inglés aficionado a mirar el cielo, Luke Howard. En una conferencia en Londres, a finales de 1802, propuso clasificarlas con palabras latinas: cumulus, montón; stratus, capa; cirrus, rizo; y nimbus, la que trae lluvia. Se publicó al año siguiente y todavía hoy la meteorología usa esos nombres. Las nubes de «Float» son cúmulos de manual, teñidos de rosa.

Algodón de azúcar en San Luis

El cielo de la portada parece algodón de azúcar. Lo dije en la ficha y lo repito aquí porque esa golosina tiene una historia que me hace una gracia especial.

Collage con un detalle de la carátula de «Float» y las carátulas de «Autopsia del Insomnio», «In the Quiet Room», «Amsterdam», «El día de la liberación»

El algodón de azúcar a máquina lo inventaron en 1897 un dentista y un confitero de Nashville, William Morrison y John C. Wharton. Lo dieron a conocer al gran público en la Exposición Universal de 1904, que se celebró en la ciudad de San Luis, en Misuri, con el nombre de fairy floss, algo así como pelusa de hada. Vendieron decenas de miles de cajitas.

Que una nube rosa de azúcar se presentara al mundo precisamente en San Luis no lo puedo dejar pasar. No tiene nada que ver con mi nombre artístico, pero cuando las coincidencias son tan dulces hay que contarlas. Y que el invento fuera de un dentista, el oficio que más se queja del azúcar, es una de esas ironías que me encantan.

Breve historia del pijama

La palabra pijama viene de la India: pāy-jāma, de raíz persa, quería decir algo así como prenda para las piernas, y era un pantalón holgado que se ataba a la cintura. Los británicos lo adoptaron durante su dominio colonial y, a finales del siglo XIX, lo llevaron a Europa como ropa para dormir, con su chaqueta a juego. Poco a poco sustituyó al camisón largo que hasta entonces llevaban también los hombres.

En los años veinte y treinta del siglo XX el pijama salió de la cama. Coco Chanel popularizó los pijamas de playa, anchos y cómodos, para mujeres que querían moverse con libertad. Y Hollywood convirtió el pijama de satén en sinónimo de glamour: estrellas recostadas en sofás de seda con batas y pijamas brillantes que no habían visto una sábana en su vida.

El pijama de mi portada viene de esa segunda tradición. Satén rosa, solapas, iniciales bordadas en el bolsillo. No es para dormir. Es para posar sobre una nube.

Comedias de pijama y un actor escondido

Hay una película que no puedo dejar de mencionar cuando veo a dos personas en pijama compartiendo escena: «Confidencias a medianoche», cuyo título original es «Pillow Talk», de 1959. Una comedia en la que Doris Day y Rock Hudson comparten una línea telefónica y se pasan media película en la cama, cada uno en su casa, con la pantalla partida en dos. Ganó el Óscar al mejor guion original.

Lo que el público de entonces no sabía es que Rock Hudson, el galán más deseado de Hollywood, era gay y vivía escondido por exigencia de los estudios. En julio de 1985 se hizo público que tenía sida, y murió el 2 de octubre de ese año. Fue la primera gran estrella en reconocerlo, y su caso cambió la forma en que mucha gente miraba la enfermedad. Doris Day lo acompañó públicamente en sus últimos meses.

Cuando miro a los dos chicos de «Float», cada uno con su pijama, en la misma nube y sin mirarse del todo, pienso en aquellas pantallas partidas. En todo lo que el cine contaba sin poder contarlo. Mi portada no tiene pantalla partida ni necesita esconder nada. Los dos pijamas comparten encuadre.

Dos que no se miran

Hay un detalle en la composición que me parece lo más interesante de la imagen, y que ya señalé en la ficha: los dos comparten pijama, comparten nube, pero no se miran. El que está sentado tiene la vista perdida hacia un lado. El que está de pie gira la cabeza hacia la cámara, como si alguien le hubiera llamado desde fuera del cuadro.

Esa distancia es lo que hace que la portada no sea una postal empalagosa. Podría ser una pareja de domingo, cada uno en lo suyo, cómoda en el silencio. Podría ser el principio de algo, ese momento de dos desconocidos que todavía no saben qué decirse. O podría ser un sueño, de los que tienen a otra persona dentro sin que esté del todo.

No elijo. Me gusta que las tres lecturas convivan. Ya defendí en otro texto que hacen falta canciones de amor entre hombres que salgan bien, y una portada así, tranquila y sin drama, también suma a esa causa aunque no aclare qué son esos dos.

El derecho a no hacer nada

En la ficha recomendé ponerla cuando apetezca desconectar del ruido y quedarse un rato arriba, en la nube, sin dar explicaciones a nadie. Esa última parte me parece casi política.

Más fotogramas del videoclip oficial de «Float», de Mike Sain't Louis

Vivimos rodeados de mensajes que convierten el descanso en otra tarea: duerme bien para rendir más, desconecta para volver con energía, medita para ser más productivo. Como si tumbarse un domingo en pijama necesitara una justificación. El escritor francés Paul Lafargue, yerno de Karl Marx, publicó en 1880 un panfleto con un título que todavía hoy provoca: «El derecho a la pereza». Hablaba de jornadas de trabajo agotadoras y defendía que trabajar menos era una conquista, no un vicio.

No hace falta estar de acuerdo con todo lo que dijo para quedarse con la idea. Flotar, a veces, no es escaparse. Es recuperar algo que te pertenece.

Del insomnio, la otra cara de las noches, hablé en una autopsia bastante seria. Y del derecho a que alguien te arrope, en el post de «Holy Stillness». «Float» es otra cosa: no es dormir ni que te cuiden. Es quedarte despierto, ligero, sin que nadie te pida nada.

Un rosa que fue de niños

Toda la portada es rosa: el satén, las rayas, las nubes, el título. Y conviene recordar que ese color no siempre fue lo que hoy decimos que es. Durante buena parte del siglo XIX, a los bebés de cualquier sexo se les vestía de blanco, porque se lavaba mejor. Cuando empezaron a asignarse colores, no había acuerdo. En junio de 1918, una revista comercial estadounidense para tiendas de ropa infantil recomendaba el rosa para los niños, por ser un color más decidido y fuerte, y el azul para las niñas, por delicado y bonito. La regla actual, rosa para ellas y azul para ellos, no se asentó del todo hasta mediados del siglo XX.

Después vino una historia mucho más oscura. En los campos de concentración nazis, a los hombres detenidos por homosexuales se les cosía en el uniforme un triángulo rosa invertido. Miles de ellos murieron allí, y tras la guerra muchos supervivientes ni siquiera fueron reconocidos como víctimas. En los años setenta, el movimiento de liberación gay recuperó aquel triángulo como emblema de orgullo y memoria, y en los ochenta el colectivo ACT UP lo puso, ya con la punta hacia arriba, en sus carteles contra el silencio ante el sida.

Así que cuando un hombre se viste entero de rosa, aunque sea en pijama y sobre una nube, está tocando sin querer todas esas capas. La de los niños de 1918, la de los triángulos cosidos a la fuerza y la de quienes decidieron convertir el insulto en bandera. En mi portada el rosa no pide permiso ni se explica. Simplemente está, de arriba abajo.

Hay quien todavía se ríe de un chico con camisa rosa en una oficina o en un colegio. Me gustaría que «Float» fuera una pequeña respuesta a eso: un rosa tan exagerado y tan tranquilo a la vez que no deje sitio a la burla.

Tierno y camp a la vez

Escribí que la imagen me parecía muy tierna y muy camp a la vez, y quiero explicar por qué esas dos palabras no se pelean. Lo camp es el exceso consciente: el rosa que es demasiado rosa, el satén que brilla de más, la nube que parece de pastelería. La ternura es lo contrario del cinismo. Y en esta portada conviven porque el exceso no está puesto para reírse de nadie, sino para celebrar algo pequeño: quedarse en pijama.

Sobre por qué me tomo tan en serio el camp, aunque haga reír, hay un ensayo entero. Aquí solo añado que pocas cosas son tan camp como un hombre tatuado con pijama de satén rosa sentado en una nube con cara de no haber dormido.

Tocar el suelo con los pies

Los dos van descalzos. En la portada de «Float», esos pies desnudos son lo único que todavía recuerda que existe el suelo, aunque estén apoyados en algo que no lo es. Las plantas de los pies del chico sentado miran directamente a quien observa la imagen, sucias de nube, si eso existe.

Ficha de la canción «Float» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

Es un detalle que se repite en varias portadas del mismo verano. En «Fly Away» el chico de alas negras se iba volando con los ojos cerrados. Allí había esfuerzo, alas, impulso. En «Float» no hay alas ni motor: solo una nube que sostiene. Una es la forma activa de dejar el suelo; la otra, la pasiva. Las dos tienen su momento.

Entre una vitrina y una ciudad de canales

En la lista de singles de gayfolkplanet.com, «Float» ocupa el puesto 149 de 273. Justo antes está «In the Quiet Room», con su chico encerrado en un cubo de cristal, del que escribí en un post sobre el silencio que se mira. Justo después llega «Amsterdam».

Visto en orden, me gusta mucho el paso. Primero, una habitación cerrada y sin ruido. Después, el cielo abierto y la ligereza. Y luego una ciudad. Como si alguien saliera de la vitrina, flotara un rato para recuperarse y aterrizara en otro sitio.

El álbum que la contiene

«Float» pertenece a «El día de la liberación», el disco que cierra la trilogía Gayfolk. Es un álbum de soltar amarras, y pocas imágenes lo dicen mejor que la de alguien que ya no toca el suelo.

En el mismo disco hay una rumba, «Verde», con letra publicada, donde aparece una línea que podría servir de subtítulo a esta portada: «con un ritmo suave que invita a volar». No es de «Float», y lo aclaro para que nadie se confunda. Pero el álbum entero tiene esa tendencia a levantarse del suelo.

Cuando flotar no es tan ligero

Hay una forma de flotar que no es agradable. Algunas personas describen la ansiedad intensa, el agotamiento o ciertos momentos de mucho estrés como una sensación de estar fuera de sí mismas, de mirarse desde lejos, como si no tocaran tierra. Si te reconoces en eso y te dura, coméntaselo a tu médico o a un profesional de salud mental: tiene nombre, se entiende y se puede trabajar.

Y si en algún momento la cabeza te lleva a pensar en hacerte daño o en desaparecer, llama al 024. Es el teléfono de prevención del suicidio en España, gratuito, confidencial y abierto día y noche. Si la situación es de peligro inmediato, el 112. Desde fuera de España, tu número local de emergencias o las líneas que recoge findahelpline.com te pueden orientar.

Junté más recursos en mi serie de salud mental sin tabú.

Para un domingo sin planes

Me la imagino para la mañana en que no suena el despertador. Para quien se queda en pijama hasta la hora de comer y no siente ninguna culpa. Para quien comparte sofá con alguien sin necesidad de hablar.

Para quien aprendió a hacer el muerto en una piscina municipal y todavía se acuerda de la sensación. Para quien lleva mucho peso encima y quiere comprobar, como las nubes, que se puede seguir arriba. Y para quien sueña con alguien que no está del todo, en un cielo rosa que se parece demasiado al algodón de azúcar.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Float»? La letra no está publicada, así que no la cuento ni la imagino. La portada muestra a dos chicos en pijama rosa sobre una nube, uno sentado con la mirada perdida y otro de pie mirando hacia atrás, y el título significa flotar. En mi ficha dejé abiertas varias lecturas.

¿Quiénes son los dos chicos de la portada? El que está sentado soy yo. El otro es un personaje de la imagen; la portada no dice quién es ni qué relación tienen, y prefiero mantenerlo así.

¿En qué disco está? En «El día de la liberación», el tercer álbum de la trilogía Gayfolk. El videoclip está en YouTube desde el 12 de junio de 2026.

¿Qué otras canciones tiene cerca? En la lista de singles va entre «In the Quiet Room» y «Amsterdam», las dos sin letra publicada todavía.

¿Quién hace la música y las voces? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño y «el primer cantautor IA». Escribe, compone y produce; las voces están hechas con inteligencia artificial.

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