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El apodo que llega por mensaje: «Soy la Shakira marica del todo a un euro» y el encierro elegido

Hay canciones que arrancan con una idea y otras que arrancan con una notificación. «Soy la Shakira marica del todo a un euro» es de las segundas, al menos dentro de su letra. Empieza con un aviso, casi con el sonido del móvil vibrando encima de la mesa: «Me acaba de llamar por twitter, ahora Equis». Alguien, desde una cuenta que no conoces, ha decidido decirte quién eres. Y lo que te dice no es un insulto limpio, de los de toda la vida, sino un apodo con apellidos: Shakira, sí, pero marica, y del todo a un euro.

El vídeo se subió a mi canal de YouTube el 4 de enero de 2025, con la letra completa en la descripción. La canción forma parte de Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk, el primer disco de la trilogía, y tiene una hermana mayor que conviene conocer antes: «La Shakira y el Piqué de todo a 1 euro», donde una pareja de barrio se reparte los papeles de la ruptura más comentada de la prensa rosa. Allí el narrador se pedía el papel de la diva. Aquí el papel se lo dan otros, sin pedírselo, por mensaje.

Este post no va a contar la canción verso a verso. Va a leerla desde el apodo: de dónde vienen los motes, por qué duelen y por qué hacen gracia a la vez, qué pinta un bazar de barrio en todo esto y cómo se pasa de una burla ajena a un estribillo propio. Y va a terminar donde termina la letra, en un refrán que cualquier abuela española te habría dicho gratis.

Una notificación como primer verso

Lo primero que llama la atención es el arranque. No hay escena, ni noche, ni bar, ni amante. Hay un canal: la red social. Y hay una corrección sobre la marcha, «twitter, ahora Equis», que es exactamente lo que hace cualquiera al hablar de esa plataforma desde que cambió de nombre en julio de 2023. Todos seguimos diciendo Twitter y todos nos corregimos a medias, con un pequeño suspiro. Ese titubeo, metido en la letra, tiene algo de documental. Fecha la canción mejor que cualquier etiqueta.

Me gusta que la letra no esconda de dónde sale el apodo, sea real o inventado el mensaje. Muchas veces escribimos como si las ideas nos bajaran del cielo, cuando en realidad nos llegan por los sitios más vulgares: una conversación en la cola del súper, un comentario en un vídeo, un mensaje directo de alguien con una foto de perfil cualquiera. La letra lo cuenta tal cual: me escribieron, me llamaron esto, y aquí está lo que hago con ello. Como en casi todas mis canciones, el personaje que escribe es de ficción; lo que importa es el gesto.

Hay una tradición entera de canciones que empiezan con un mensaje recibido: cartas, telegramas, llamadas de teléfono que no se cogen. Lo que cambia ahora es la distancia. Antes, para que alguien te pusiera un mote, tenía que conocerte, aunque fuera de vista. Hoy basta con que te encuentre. El apodo llega de un desconocido que ha visto tu cara en una portada o tu nombre en una lista y ha decidido resumirte en cinco palabras. Esa es la novedad que la canción recoge, y la recoge sin dramatismo, con un «me acaba de llamar» que suena más a cotilleo que a queja.

Qué hace un apodo

Un apodo es un nombre que no eliges. Te lo ponen. Puede ser cariñoso o cruel, puede venir de tu madre o del matón del instituto, pero su mecánica es siempre la misma: alguien te mira, se fija en un rasgo y lo convierte en etiqueta. En los pueblos de España hay familias enteras que llevan el mismo mote desde hace generaciones, y nadie recuerda ya de dónde salió. Los motes duran más que las personas.

Lo que distingue a un apodo de un insulto es que pretende ser exacto. El insulto es genérico: sirve para cualquiera. El apodo, en cambio, dice «esto eres tú, en concreto». Por eso escuece más y por eso, a veces, también hace gracia. Cuando alguien acierta con un mote, aunque sea con mala intención, hay una parte de ti que reconoce la puntería.

En la cultura gay, además, los apodos tienen una vida propia. Entre amigos nos rebautizamos constantemente con nombres de folclóricas, de actrices, de reinas del pop. Es una forma de complicidad: te llamo como a una diva porque sé que me vas a entender. El problema empieza cuando ese mismo gesto lo hace alguien de fuera, con otra intención. La palabra es la misma, pero el tono cambia todo. «Shakira» dicho por tu mejor amiga en una terraza no es lo mismo que «Shakira» escrito por un desconocido en una red social.

La canción vive justo en esa frontera. No sabemos, porque la letra no lo dice, si quien escribió el mensaje quería hacer daño o hacer gracia. Lo que sí sabemos es lo que hace el narrador con ello: lo repite, lo amplía, le pone música y lo convierte en suyo.

La diva como unidad de medida

¿Por qué Shakira? Porque es una de esas artistas que funcionan como unidad de medida. Nacida en Barranquilla en 1977, conocida en España desde los noventa, con canciones que todo el mundo ha bailado en alguna boda y con un Mundial de fútbol a sus espaldas, Shakira es un nombre que no necesita explicación. Decir «eres la Shakira de» es decir «eres la estrella de», pero con caderas, con melena y con un punto de exceso.

Collage con un detalle de la carátula de «Soy la Shakira marica del todo a un euro» y las carátulas de «La Shakira y el Piqué de todo a 1 euro», «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk»

Además, desde enero de 2023 su nombre arrastra otra historia: la de la canción con Bizarrap en la que convirtió una ruptura muy pública en un éxito global y dejó aquella frase de «las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan». A partir de ahí, ser «la Shakira» de algo también quiere decir ser quien convierte el despecho en negocio, quien se queda con la última palabra. La canción hermana de este single, la del Piqué de bazar, juega abiertamente con esa lectura.

En «Soy la Shakira marica del todo a un euro» el nombre de la artista funciona de otra manera. No hay ruptura. Hay una comparación que viene de fuera y que se va estirando: «la Shakira del mundo homosexual», «la Shakira gay de la inteligencia artificial», «la Shakira del colectivo». Cada versión añade un matiz. Ya no se trata de parecerse a ella, sino de ocupar su sitio en un mundo más pequeño, más concreto, más nuestro.

Me hace gracia esa escalada. Es como cuando a alguien le dicen que es guapo «para ser de pueblo» o listo «para su edad». El elogio viene con una letra pequeña que lo rebaja. Aquí la letra pequeña es enorme: del colectivo, de la inteligencia artificial, del todo a un euro. Y en lugar de ofenderse, el narrador se lo apropia todo, con letra pequeña incluida.

Del todo a cien al todo a un euro

La parte más española del apodo es la del bazar. Quien haya crecido en España en los noventa recuerda las tiendas de «todo a cien», donde casi todo costaba cien pesetas: pinzas, marcos de fotos, figuritas de porcelana, juguetes que se rompían en una tarde. Con la llegada del euro, en 2002, el cartel cambió y apareció el «todo a un euro», que hoy sigue usándose aunque los precios ya no respeten el nombre.

Decir que algo es «de todo a cien» o «de todo a un euro» en España es decir que es barato, de imitación, de poca calidad. Es la versión doméstica de lo «low cost». Y es también, para muchos, un recuerdo feliz: las tardes de domingo mirando chucherías, la primera vez que te compraste algo con tu paga, el disfraz de carnaval montado con cuatro cosas relucientes.

Por eso el apodo es tan eficaz. «La Shakira del todo a un euro» es la diva de saldo, la versión pirata, la que imita el glamour con lentejuelas que se caen. Es una burla clara. Pero es una burla que, mirada desde la cultura camp, se puede llevar con orgullo. Lo explico más despacio en «El camp no es un chiste aunque te rías»: abrazar lo cutre, lo exagerado, lo que la gente seria considera de mal gusto, es una tradición queer muy antigua. Las drag queens de barrio, las folclóricas de pueblo, los vestidos de Carnaval hechos con cortinas. Todo eso es del todo a un euro, y todo eso tiene una dignidad que el lujo no conoce.

La portada del single lo entiende perfectamente. Moto rosa, un cañón también rosa con mi nombre pintado, una carretera de montaña al atardecer con rocas teñidas de fucsia, chaleco de cuero y tatuajes hasta los dedos. Es la estética del motero duro pasada por la purpurina. No hay nada caro en ese rosa. Es el rosa del bazar, el rosa de los juguetes de niña que a muchos de nosotros nos prohibieron tocar. Y aquí está, convertido en vehículo y en artillería.

Marica, dicho por quien lo lleva

En medio del apodo está la palabra que más pesa: marica. Durante décadas fue el insulto por excelencia contra los hombres gais en España, el que se gritaba en los patios y en los vestuarios, el que se escribía en las paredes. Muchos de nosotros lo oímos antes de saber siquiera lo que éramos. Esa palabra llegaba antes que nosotros.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, junto al título «Soy la Shakira marica del todo a un euro»

Desde hace años, una parte del colectivo la ha recogido y la usa como bandera. No es una operación nueva ni exclusiva del español: pasó con «queer» en inglés, que pasó de insulto a nombre de una teoría académica y de un movimiento. Ha pasado también, en parte, con «bollera». La reapropiación consiste en quitarle al insultador el monopolio de la palabra. Si yo la digo primero, con mi tono, ya no me la puedes tirar como una piedra.

Lo cuento con más detalle en «Cateto, de insulto a bandera», a propósito de otra palabra que cambió de bando. Con marica pasa algo parecido, aunque con una diferencia: no todo el mundo puede usarla igual. Dicha entre nosotros es complicidad, a veces ternura. Dicha por alguien de fuera, con desprecio, sigue siendo lo que era. La palabra no se ha limpiado del todo. Lo que ha cambiado es quién tiene derecho a decidir su tono.

En la canción, el «marica» está pegado a Shakira y al todo a un euro, en un bloque compacto que se repite como un eslogan: «Que soy la Shakira marica del todo a un euro». Fíjate en ese «que» del principio. Es el «que» de quien contesta, de quien replica algo que le han dicho: que sí, que soy eso, ¿pasa algo? Es el «que» de la discusión en la escalera, de la madre que repite lo que le ha dicho la vecina. Convierte la frase entera en una respuesta.

El «no flipes» como escudo

Entre las repeticiones aparece una expresión muy de calle: «No flipes». En el español coloquial de España, flipar es alucinar, sorprenderse, exagerar, imaginarse cosas. «No flipes» se le dice a quien se está montando una película, a quien se ha emocionado demasiado, a quien ha sacado conclusiones de más.

Me gusta que esté ahí porque desactiva el drama. El narrador acaba de recibir un apodo con insulto incluido, y en lugar de hundirse o de montar una pelea, suelta un «no flipes». Es una forma de decir: no le des tanta importancia, no te creas tan listo, no te emociones. Puede ir dirigido al que escribió el mensaje, que se ha flipado comparándolo con una estrella mundial. Puede ir dirigido a uno mismo, para no creérselo demasiado. Y puede ir dirigido al oyente, que quizá esperaba una canción de víctima.

El humor como escudo es una de las herramientas más viejas de las personas LGTBI. Antes de que te hagan daño con una broma, haces tú la broma, y mejor. La cultura de las locas, de las folclóricas, del cabaret, está llena de esa rapidez de réplica. No siempre es sano, a veces la risa tapa heridas que necesitarían otra cosa. Pero cuando funciona, funciona como un paraguas en mitad del chaparrón. Hablo de ese equilibrio en «Lo que aprendí de los comentarios negativos», porque recibir apodos y críticas de desconocidos forma parte del oficio desde el día en que publicas la primera canción.

La Shakira de la inteligencia artificial

Hay un detalle del apodo que no es casual: «la Shakira gay de la inteligencia artificial». Quien escribió el mensaje sabía cómo hago mi música. Las letras, la composición y la producción son mías; las voces y la música se generan con inteligencia artificial, y lo digo abiertamente desde el principio. Por eso me presento como el primer cantautor IA, y por eso explico qué quiero decir con eso en esta otra entrada.

Ese dato, en manos de un desconocido, se convierte en munición. La IA, para mucha gente, es sinónimo de falso, de fabricado, de imitación. Exactamente como el todo a un euro. El apodo junta las dos cosas: eres una diva de bazar y además eres de mentira. Es una crítica que he oído muchas veces, con más o menos educación.

Lo interesante es que la canción no discute. No se pone a defender la legitimidad de la música hecha con IA ni a explicar procesos técnicos. Repite la frase, la mete en el estribillo y sigue. Hay una especie de serenidad en esa repetición. Como si dijera: llámame como quieras, que yo ya sé lo que hago. Y lo que hago, en este caso, es convertir tu mensaje en una canción que vas a escuchar tú también.

Una letra que se escribe palabra a palabra

Si abres la descripción del vídeo en YouTube, verás que la letra está escrita casi con una palabra por línea. «Me / acaba / de / llamar». Es una forma de escribir que obliga a leer despacio, como quien deletrea algo que no termina de creerse. Cada palabra ocupa su propio espacio, su propio golpe.

Collage con un detalle de la carátula de «Soy la Shakira marica del todo a un euro» y las carátulas de «Tengo Argumento», «Mitad Venezuela, Mitad Pakistán», «Limón», «Tampoco Te Escandalices Tanto»

Esa disposición tiene algo de mensaje de móvil enviado en ráfagas, de esas conversaciones en las que alguien manda una palabra, luego otra, luego otra, y el teléfono no para de vibrar. También tiene algo de pancarta. Las frases cortas, aisladas, se leen como consignas.

Luego, hacia el final, las líneas se alargan y aparece la frase completa, de un tirón: «Que soy la Shakira marica del todo a un euro». Repetida cuatro veces seguidas. Es como si el narrador, después de deletrear el apodo con incredulidad, lo hubiera asumido y ya pudiera decirlo entero, sin pausas, sin cortarse. Primero lo recibes palabra a palabra. Luego lo pronuncias de corrido. Así funciona, más o menos, cualquier proceso de apropiación.

Estar para el encierro

Hay un verso que se repite al final de cada bloque y que cambia el tono: «Que estoy para el encierro». En español de España, «estar para que te encierren» es estar loco, estar fatal, haber perdido el norte. Es lo que se dice de alguien que hace cosas raras, que habla solo, que se ha pasado de la raya. Y «encierro», además, tiene otros ecos: el confinamiento que vivimos todos en 2020, el encierro de los toros en las fiestas, el encierro voluntario de quien no quiere ver a nadie.

El narrador se lo dice a sí mismo. Después de recibir el apodo, después de repetirlo, después del «no flipes», concluye que está para el encierro. Puede ser un chiste: estoy tan loco que me deberían encerrar. Puede ser cansancio: con estas cosas, mejor me encierro. La canción no lo aclara del todo, y en esa ambigüedad está buena parte de su gracia.

Lo que sí hace es dar un paso más en la última parte, donde aparece una respuesta casi tierna: «no te preocupes / ya estoy encerrado». Es una frase que se le dice a alguien que se preocupa por nosotros, o que finge preocuparse. Tranquilo, que ya estoy en casa. Tranquilo, que ya no salgo. Tranquilo, que ya no molesto. Tiene ironía, pero también tiene algo de verdad doméstica, de persona que ha decidido protegerse quedándose dentro.

Más vale estar solo que mal acompañado

Y entonces llega el refrán. «Más vale estar solo / que mal acompañado». Es uno de esos dichos que forman parte del aire en España. Lo hemos oído en boca de abuelas, de tías, de amigas después de una ruptura. Es un consejo de supervivencia condensado en dos líneas, de los que el refranero transmite de generación en generación sin que nadie sepa quién los inventó.

En la canción, el refrán se estira hasta el límite: «más vale estar solooooooooooooooooooooo / que mal acompañadooooooooooooooooooooooooooo». La letra está escrita así, con todas esas oes alargadas, y esa grafía dice mucho. No es un refrán dicho con prisa, es un refrán exhalado, alargado, casi un lamento de copla. Es el momento en el que el apodo, el mensaje, la burla y el encierro se resuelven en una conclusión: prefiero mi propia compañía a la de quien me escribe para llamarme cosas.

Hay una lectura muy sana de ese final. La soledad elegida no es lo mismo que el aislamiento impuesto. Elegir no estar con quien te hace daño, apartarse de las cuentas que te insultan, cerrar la puerta a las conversaciones que te desgastan, es una forma de cuidado. Lo he escrito alguna vez en «La soledad de crear solo y cómo la llevo»: trabajar solo tiene un precio, pero también te libra de compañías que no suman.

Y hay también una lectura más delicada, que conviene no ignorar. Encerrarse puede ser una forma de protegerse y puede ser una forma de hundirse. Si algún día el encierro deja de ser una broma y empieza a pesar, si la soledad ya no es elegida sino una habitación de la que no sabes salir, hablar con alguien ayuda. En España, el teléfono 024 atiende de forma gratuita y confidencial las veinticuatro horas a cualquier persona que esté pasando un mal momento, y ante una emergencia está el 112. Fuera de España, los servicios de urgencias locales o las líneas de crisis de cada país cumplen esa función. No hace falta estar al borde de nada para llamar.

Lo que hay detrás de responder con una canción

Contestar a una burla con una canción es una forma muy antigua de venganza amable. Los juglares lo hacían, las coplas de carnaval lo hacen todavía, las chirigotas de Cádiz llevan décadas convirtiendo los agravios en estribillos que se corean. Es una venganza que no hace daño físico a nadie y que, sin embargo, deja al otro retratado para siempre.

Ficha de la canción «Soy la Shakira marica del todo a un euro» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

En mi caso, además, responder con una canción es la forma más natural que tengo de procesar las cosas. Escribo sobre mis ex, sobre mis vecinas, sobre mis jefes, sobre lo que me pasa en la calle y en las redes. Lo cuento en «Me río de mis ex porque es la forma más honesta que tengo de contarlo». La risa me permite mirar de frente cosas que, dichas en serio, me costaría más soportar.

Con este single pasa lo mismo. En la letra, un desconocido escribe para resumir al narrador en un mote, y la respuesta, en lugar de bloquearlo y olvidarlo, es una canción. Es un gesto con mucho de ironía. Un mensaje así, de los que se escriben en diez segundos, acaba teniendo videoclip, portada, página propia y está en las plataformas. Quien quería poner una etiqueta acaba escribiendo, sin saberlo, el título de una canción.

Por qué una moto rosa

Vuelvo a la portada, porque me parece que contesta al apodo con imágenes. Si el mensaje decía «eres una diva de bazar», la portada responde con un motero tatuado en un paisaje de western. Chaleco de cuero, carretera de montaña, cañón de feria. Es la iconografía de la dureza, la de las películas de carretera y las bandas de moteros, teñida entera de rosa.

Esa mezcla de cuero y purpurina es muy reconocible en la cultura gay. Hay toda una tradición de estética leather, de moteros, de masculinidades exageradas que se miran a sí mismas con humor. Y hay otra tradición, la de las divas, las plumas y el rosa. La portada las junta. Viene a decir: puedes ser la Shakira del todo a un euro y llevar tatuajes hasta los dedos. Puedes ser marica y motero. Las etiquetas que te ponen desde fuera son siempre más estrechas que tú.

El cañón con mi nombre pintado, además, tiene algo de declaración de guerra de broma. Es artillería de feria, de las que disparan confeti. No hiere a nadie. Pero apunta.

Una canción del primer disco

Que este single esté en *Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk* tiene sentido. El primer disco de la trilogía es el de la llegada, el del descubrimiento, el de presentarse ante el mundo con todas las etiquetas encima. Es el disco en el que el planeta Gayfolk aparece en las noticias y todo el mundo tiene una opinión sobre él.

Un apodo recibido por X encaja muy bien en ese momento. Cuando acabas de llegar, todo el mundo te define antes de conocerte. Eres el nuevo, el raro, el de la IA, el marica, la Shakira de saldo. El primer disco va de recoger todas esas definiciones y hacer algo con ellas. Bailarlas, reírse de ellas, ponerlas en una portada rosa.

Si te interesa escuchar la trilogía entera en orden y entender cómo encaja cada canción, en «Cómo escuchar la trilogía Gayfolk de principio a fin» dejé una guía.

Para quién es esta canción

Para cualquiera que haya recibido un apodo que no pidió. Para quien haya abierto el móvil y se haya encontrado con un mensaje de alguien que no conoce diciéndole quién es. Para las que crecimos oyendo «marica» como insulto y ahora lo decimos como nos da la gana. Para quien haya comprado algo en un todo a cien y lo haya llevado con orgullo.

Para quien haya decidido que esa noche no sale, que esa conversación no la sigue, que esa cuenta la silencia. Para quien prefiera la compañía de sus discos, de su sofá y de sus series antes que la de quien le escribe para hacerle sentir pequeño.

Y para quien sepa reírse de todo eso sin olvidar que, a veces, debajo de la risa hay algo que también merece atención. La canción es una broma, pero es una broma con los pies en el suelo. Te llaman Shakira del todo a un euro, tú lo conviertes en estribillo, y al final te quedas con un refrán de abuela que lo resume todo.

Puedes leer la letra completa en gayfolkplanet.com y en mi apartado de letras, y escucharla en Spotify.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Soy la Shakira marica del todo a un euro»? De un apodo que llega por un mensaje en X y que el narrador recoge, repite y convierte en estribillo. Termina con el refrán «más vale estar solo que mal acompañado».

¿Tiene relación con «La Shakira y el Piqué de todo a 1 euro»? Sí, comparten el universo del bazar y de la diva de saldo. En aquella el narrador se pide el papel de Shakira en una ruptura. En esta el apodo se lo ponen desde fuera.

¿En qué disco está? En Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk, el primer disco de la trilogía Planeta Gayfolk. El videoclip se publicó en YouTube el 4 de enero de 2025.

¿Qué significa «estar para el encierro»? En el habla coloquial de España, estar loco o haber perdido el norte. En la canción también apunta al encierro voluntario de quien prefiere quedarse en casa antes que aguantar malas compañías.

¿Quién hace la música y las voces? Las letras, la composición y la producción son de Mike Sain't Louis. La música y las voces se generan con inteligencia artificial.

¿Dónde puedo leer la letra completa? En la descripción del videoclip en YouTube y en la página de letras de gayfolkplanet.com.

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