Saltar al contenido
← Canción a canciónCine negro con chubasquero rosa: «Dans la nuit», la lluvia de película y el camino de vuelta a casa

Por ·

Cine negro con chubasquero rosa: «Dans la nuit», la lluvia de película y el camino de vuelta a casa

Hay una escena que el cine ha repetido mil veces y que nunca me canso de ver. Es de noche, llueve, una figura camina sola por una calle mojada y las luces de las farolas se reflejan en el asfalto como si el suelo fuera un espejo roto. No hace falta diálogo. Con el sonido de la lluvia y los pasos ya sabes que algo ha pasado o que está a punto de pasar.

La portada de «Dans la nuit» es exactamente eso, con una diferencia: la figura soy yo y llevo un chubasquero fucsia. Esa mancha rosa en mitad de una escena de cine negro es lo que me hace querer tanto esta imagen. En este post no voy a contar la letra, que no está publicada, ni voy a desvelar lo que ocurre en esa noche, porque ya dije en su ficha que prefería guardármelo. Lo que sí voy a hacer es pasear por todo lo que rodea a esa foto: el cine, la lluvia, el impermeable, las farolas y el camino de vuelta a casa.

Un fotograma con lluvia

La imagen está tomada de frente. Tengo el pelo mojado, la mirada seria fija en el objetivo y un impermeable de un rosa intensísimo. La lluvia cae en líneas finas, casi como arañazos sobre la película. Detrás, una fila de farolas de luz azul se pierde en la profundidad de la calle, y sus reflejos tiemblan en el suelo encharcado.

No hay nadie más. No hay coches, no hay escaparates abiertos, no hay ruido de bares. Solo la calle, el agua, la luz fría y una prenda que parece un cartel luminoso.

Cuando la miro pienso en los carteles de las películas policiacas de los años cuarenta, solo que alguien ha cambiado la gabardina beis del detective por algo mucho más atrevido. Es cine negro, pero rosa.

Las reglas de este post

Lo primero, las normas. La letra de «Dans la nuit» no figura en la sección de letras de esta web, y por eso aquí no aparece ni un verso suyo. Tampoco tomo nada de los subtítulos automáticos de las plataformas, que cuando hay música se inventan frases con mucho aplomo.

Mis fuentes son la portada, el título en francés, el disco al que pertenece y lo que escribí en la ficha de «Dans la nuit», donde dejé claro que no iba a contar qué pasa esa noche y que la recomendaba para volver a casa un día de lluvia con la capucha puesta. A partir de ahí, todo lo demás son datos que cualquiera puede comprobar.

Tres palabras en francés

Dans la nuit significa, literalmente, «en la noche». Es una expresión sencilla, de las que se aprenden en la primera semana de clase de francés, pero tiene algo que en castellano se pierde un poco: suena a título de novela, a canción de cabaret, a algo que se dice en un andén.

El francés tiene esa fama desde hace siglos. Durante mucho tiempo fue la lengua de la diplomacia, de la moda y de buena parte del cine de autor. Poner un título en francés no es lo mismo que ponerlo en inglés: el inglés suena a pista de baile y el francés suena a película de las que se ven en versión original con subtítulos.

Por eso me gustó para esta portada. La imagen ya tiene algo de fotograma, y el título termina de convertirla en el cartel de una película que no existe.

Cuando el cine se volvió negro

La expresión «cine negro» viene del francés film noir, y tiene una historia curiosa. Durante la Segunda Guerra Mundial, las películas de Hollywood no llegaban a Francia. Cuando terminó la guerra, en 1946, los críticos franceses vieron de golpe una tanda de películas estadounidenses rodadas en esos años y notaron algo en común: eran oscuras, pesimistas, llenas de calles nocturnas, sombras alargadas y personajes atrapados. El crítico Nino Frank las llamó films noirs, y el nombre se quedó.

Collage con un detalle de la carátula de «Dans la nuit» y las carátulas de «Mi novio de Albacete», «El impostor», «La noche no es para mí», «Paris Restera Gris»

Esas películas tenían una estética muy reconocible: luces duras que dejaban media cara en sombra, persianas que dibujaban rayas en las paredes, cigarrillos y, sobre todo, mucha lluvia sobre el asfalto. La lluvia del cine negro casi nunca era natural: los equipos regaban las calles antes de rodar para que brillaran bajo los focos.

En esas películas había, además, muchos personajes en clave. La censura de Hollywood de la época, el llamado Código Hays, prohibía mostrar abiertamente la homosexualidad, así que los guionistas la insinuaban a través de villanos refinados, secretarias con aire andrógino o amistades demasiado intensas. El cine negro está lleno de personajes LGTBI escondidos entre las sombras.

El olor de la tierra mojada

Hay algo que la portada no puede transmitir, pero que cualquiera que haya caminado bajo la lluvia reconoce: el olor. Ese aroma a tierra húmeda que aparece con las primeras gotas, sobre todo después de días secos, tiene nombre. En 1964 dos investigadores australianos, Isabel Bear y Richard Thomas, publicaron un artículo en la revista Nature donde lo bautizaron como petricor, a partir de las palabras griegas para piedra y para el fluido que corría por las venas de los dioses.

Ese olor se debe en parte a aceites que liberan las plantas durante la sequía y a una sustancia llamada geosmina, producida por bacterias del suelo. El olfato humano es tan sensible a la geosmina que la detecta en concentraciones minúsculas.

Me fascina que algo tan cotidiano tenga una explicación tan precisa. Y me gusta pensar que en esa calle de la portada, aunque solo veamos luz y agua, huele a ese petricor de las noches en las que alguien vuelve a casa más despacio de lo necesario.

El chubasquero de Macintosh

El impermeable que llevo en la portada tiene una historia muy británica. A principios del siglo XIX, en Escocia, el químico Charles Macintosh patentó un tejido impermeable que consistía en dos capas de tela unidas con caucho disuelto. Las primeras prendas olían fatal y se ponían rígidas con el frío, pero funcionaban. Con el tiempo el apellido del inventor se convirtió en el nombre de la prenda en inglés: mackintosh, o simplemente mac.

En castellano decimos impermeable, gabardina, chubasquero. Este último viene de chubasco, el aguacero repentino que llega y se va. Un chubasquero es, literalmente, la prenda para los chaparrones.

Durante décadas el impermeable fue cosa seria: beis, gris o azul marino, para ir a la oficina o para el detective de turno. Ponerse uno fucsia es casi una broma sobre todo eso. Es decir: vale, está lloviendo, vale, la escena es oscura, pero yo no pienso pasar desapercibido.

Paraguas de colores en Cherburgo

Si hay una película que demostró que la lluvia también podía ser de colores, es «Los paraguas de Cherburgo», de Jacques Demy, estrenada en 1964. Catherine Deneuve, muy jovencita, trabaja en la tienda de paraguas de su madre en una ciudad portuaria del norte de Francia. Todos los diálogos de la película son musicales, y las paredes, la ropa y los paraguas están pintados en rosas, verdes y azules imposibles.

Es una historia triste, de amor separado por una guerra, pero contada con una paleta de caramelo. Esa mezcla de melancolía y color me parece muy cercana a la portada de «Dans la nuit»: la calle es negra y azul, pero hay un rosa que se niega a apagarse.

Demy, por cierto, mantuvo siempre muy en privado su vida sentimental. Su obra, en cambio, está llena de personajes que no encajan, de marineros y de amores imposibles, y hoy mucha gente la lee con ojos queer.

Ciudades donde siempre llueve

El cine ha inventado ciudades en las que nunca deja de llover. La más famosa es la Los Ángeles de «Blade Runner», la película de Ridley Scott de 1982, ambientada en un futuro 2019 donde cae agua sin parar sobre calles llenas de neón, anuncios gigantes y gente con paraguas de mango luminoso. Esa lluvia perpetua se convirtió en el modelo de casi toda la ciencia ficción urbana posterior.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, junto al título «Dans la nuit»

En Hong Kong, el director Wong Kar-wai rodó a lo largo de los noventa y principios de los dos mil historias de amores a destiempo con mucha lluvia, mucho neón y mucha cámara lenta. En «Deseando amar», del año 2000, los dos protagonistas se cruzan una y otra vez bajo la lluvia en callejones estrechos, sin decirse casi nada. Y en «Happy Together», de 1997, contó la historia de una pareja de hombres de Hong Kong que se pierde y se reencuentra en Buenos Aires, una de las películas LGTBI más queridas de esa década.

En el cine, la lluvia rara vez es solo tiempo atmosférico. Es un estado de ánimo. Sirve para lavar, para esconder lágrimas, para justificar que dos personas se refugien en el mismo portal. Muchas veces se fabrica con camiones cisterna y aspersores, porque la lluvia de verdad casi nunca se ve bien delante de la cámara.

Me hace gracia pensar que la portada de «Dans la nuit» es heredera de todo eso sin necesidad de camiones ni aspersores. Una calle, unas farolas, agua cayendo y un personaje solo. El resto lo pone quien mira.

También me gusta que, en todas esas películas, la lluvia acabe en algún momento. Llega una escena de sol, una mañana limpia, una ventana abierta. Las noches de lluvia del cine son intensas precisamente porque sabemos que no duran para siempre.

Farolas azules

Las farolas del fondo de la portada tienen luz azul, y eso me hizo buscar si existían de verdad. Existen. A principios de los años 2000, en Glasgow, se instalaron farolas azules en una calle comercial por motivos estéticos, y algunos medios atribuyeron después a esa luz un descenso de la delincuencia en la zona. En Japón, la ciudad de Nara probó algo parecido a mediados de esa década.

Conviene decir que esos efectos nunca se han demostrado con estudios sólidos. Se repiten mucho en reportajes y en internet, pero la ciencia no ha confirmado que la luz azul por sí sola reduzca nada. Lo que sí sabemos es que una calle bien iluminada da más sensación de seguridad que una a oscuras.

En la portada, las farolas azules no están para tranquilizar a nadie. Están para dar a la escena ese aire frío de película nocturna, en el que el único calor es el del chubasquero.

La capucha y la cara al descubierto

En la ficha de la canción recomendaba escucharla con la capucha puesta. En la portada, curiosamente, la cara está al descubierto, con el pelo empapado. Me gusta esa contradicción.

La capucha tiene dos lecturas. Por un lado, protege de la lluvia y del frío, te mete en tu propio espacio, te aísla del mundo durante un trayecto. Por otro, durante mucho tiempo fue también un modo de pasar desapercibido, de que no te reconocieran, de no llamar la atención. Muchas personas LGTBI conocen bien la sensación de bajar la cabeza al cruzarse con según qué grupos de noche.

En la imagen no hay capucha que esconda nada. La mirada va directa a cámara. Es una forma de decir que esa noche, pase lo que pase, la cara se da.

Volver de noche

Y aquí está la parte que más me importa del post. Volver a casa de noche es, para muchas personas LGTBI, un pequeño cálculo constante. Por qué calle voy, si me suelto de la mano de mi pareja, si me quito los pendientes, si me pongo los cascos o mejor no. El Ministerio del Interior publica cada año un informe sobre delitos de odio en España, y la orientación sexual y la identidad de género aparecen año tras año entre los motivos más denunciados.

Collage con un detalle de la carátula de «Dans la nuit» y las carátulas de «Voy a Olvidarme De Ti», «María Teresa De Calcuta», «Karma», «Toxina Coreana»

No lo cuento para meter miedo, sino porque es real. Por eso hay costumbres que conviene mantener: avisar cuando llegas, compartir la ubicación con alguien de confianza si el trayecto es largo, ir por calles con luz y movimiento, y no dudar en entrar en un bar o en una farmacia abierta si algo te da mala espina.

Y si te pasa algo, denunciarlo. En España, ante una emergencia o una agresión en curso, el número es el 112. Las agresiones por odio se pueden denunciar en cualquier comisaría, y muchas comunidades autónomas y ayuntamientos tienen servicios específicos de atención a víctimas de LGTBIfobia.

El paseante sin rumbo

Los franceses tienen una palabra para quien camina por la ciudad sin destino, mirándolo todo: flâneur. El poeta Charles Baudelaire la convirtió en una figura literaria a mediados del siglo XIX, en el París que se estaba transformando con grandes bulevares nuevos. El flâneur pasea, observa a la gente, se deja llevar por las calles y convierte ese vagabundeo en una forma de pensar.

Durante mucho tiempo se dio por hecho que el paseante era un hombre acomodado, con tiempo y sin miedo. Pasear de noche sin rumbo era un privilegio que no todo el mundo podía permitirse. Las mujeres solas, las personas pobres o quienes llamaban la atención por su forma de vestir o de moverse lo tenían bastante más difícil.

Me gusta pensar que la portada de «Dans la nuit» reclama ese derecho. Un chico con un chubasquero fucsia que pasea bajo la lluvia, mirando de frente, sin prisa aparente. No sabemos si va a algún sitio o si simplemente está caminando para pensar. Las dos cosas valen.

Caminar ayuda a ordenar la cabeza. Hay quien lo hace con música, hay quien lo hace en silencio, y hay noches en que el ruido de la lluvia es la mejor banda sonora posible.

Una noche que no cuento

He dicho que no voy a contar lo que pasa en «Dans la nuit», y lo mantengo. No por hacerme el interesante, sino porque una canción sin letra publicada es una puerta que cada oyente puede abrir a su manera.

Lo que sí puedo decir es que la portada deja varias posibilidades abiertas. Puede ser alguien que vuelve de una cita, que sale de una discusión, que va hacia algo o que huye de algo. En la ficha hablé de alguien que parece tener algo que decir o de qué escapar, y sigo sin querer elegir por ti.

Me gusta que haya canciones así en mi catálogo, al lado de otras donde lo cuento todo con pelos y señales. No todas las historias necesitan explicarse.

Entre Albacete y el impostor

En el listado de singles de gayfolkplanet.com, «Dans la nuit» es la número 152 de 273, y dentro del primer disco ocupa la pista 83. Llega justo después de «Mi novio de Albacete», una canción con letra publicada y llena de humor amargo, donde hay un verso que se repite como un estribillo de diapositivas antiguas:

Éramos la pareja gay del año

Y justo después de «Dans la nuit» llega «El impostor», otra historia de desengaño con la letra también publicada.

Puesta entre esas dos, la portada de la lluvia funciona casi como un interludio. Una noche sola, sin explicaciones, entre dos canciones que sí explican mucho. Como ese paseo bajo el agua que uno da entre una ruptura y la siguiente conversación difícil.

Las dos de la madrugada

La noche ha aparecido muchas veces en mis letras. En «La noche no es para mí», que está en el mismo primer disco, escribí estos versos sobre esa hora en la que todo cambia de color:

Ficha de la canción «Dans la nuit» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis
Todo a mi alrededor Se vuelve diferente Aunque en el fondo sea igual

Me parece una descripción exacta de lo que hace la lluvia de noche en una ciudad. Las mismas calles de siempre, con los charcos y las farolas, se convierten en otro sitio. Ya dediqué un post entero a esa hora en la hora del lobo, sobre las dos de la madrugada y lo que pesa.

«Dans la nuit», en cambio, parece una noche distinta: no la de dar vueltas en la cama, sino la de salir a la calle y dejar que el agua haga su trabajo.

París de fondo, Madrid en los pies

El título en francés hace pensar en París, y es inevitable que esa ciudad aparezca en el imaginario de la canción. Pero yo escribo desde Madrid, y las noches de lluvia que conozco son las de aquí: el brillo de la Gran Vía mojada, los taxis con la luz verde reflejada en los charcos, el olor de las bocas de metro.

En otra canción del catálogo, «París restera gris», París es justo lo contrario de una postal: el viaje que nunca se hizo. Aquí el francés no promete ningún viaje. Es solo el idioma con el que se nombra una noche cualquiera.

Ya escribí sobre lo que una máquina no puede saber de mi ciudad en lo que la IA no sabe de Madrid. Las noches de lluvia madrileñas entrarían de cabeza en esa lista.

Para quien todavía no lo ha dicho

Hay paseos bajo la lluvia que sirven para ordenar la cabeza antes de una conversación importante. A veces esa conversación es contarle a alguien quién eres. Escribí una vez una carta a quien todavía no se lo ha dicho a nadie, y la portada de «Dans la nuit» me recuerda a esas noches previas en las que uno ensaya frases entre charcos.

No digo que la canción trate de eso. Digo que la imagen de alguien caminando solo, serio, con un color que se ve desde lejos, me hace pensar en ese momento en que uno decide dejar de esconderse aunque todavía no se lo haya dicho a nadie.

Si la noche se pone cuesta arriba

Hay noches que se alargan demasiado por dentro. Si llevas tiempo sintiéndote solo, con ganas de huir o con una tristeza que no se va, merece la pena hablarlo con tu médico o con alguien de salud mental antes de que se haga más grande.

Si en algún momento aparecen pensamientos de quitarte de en medio o de hacerte daño, en España puedes marcar el 024, una línea gratuita y confidencial que atiende a cualquier hora a personas con ideas de suicidio y a quienes se preocupan por ellas. En una urgencia, el 112. Si no estás en España, tu número local de emergencias o el directorio de findahelpline.com te pondrán en contacto con ayuda cerca de ti.

Hay más teléfonos y textos en mi serie de salud mental sin tabú.

Con la capucha, de vuelta a casa

La imagino para quien sale del trabajo cuando ya es de noche y llueve. Para quien no tiene paraguas y decide que da igual. Para quien lleva en el armario una prenda de un color que su madre nunca entendió.

Para volver a casa andando aunque haya metro. Para mirar los reflejos de las farolas en el suelo y pensar que una calle de siempre puede parecer el plató de una película francesa. Y para llegar, quitarse la ropa mojada y mandar ese mensaje que dice simplemente: ya estoy en casa.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Dans la nuit»? La letra no está publicada y en su ficha dejé dicho que no iba a contar qué pasa esa noche. La portada me muestra de frente con un chubasquero fucsia bajo la lluvia, entre farolas azules. Este post habla de lo que rodea esa imagen: el cine negro, la lluvia y volver a casa de noche.

¿Qué significa «Dans la nuit»? Es francés y significa «en la noche».

¿En qué disco está? En «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer disco de la trilogía, entre «Mi novio de Albacete» y «El impostor».

¿Qué hago si me agreden por ser LGTBI? Si la agresión está ocurriendo o hay peligro, llama al 112. Después, puedes denunciarla en cualquier comisaría como posible delito de odio y pedir apoyo a los servicios de atención a víctimas de LGTBIfobia de tu comunidad o tu ayuntamiento.

¿Quién hace la música y las voces? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño y «el primer cantautor IA». Escribe, compone y produce; las voces están hechas con inteligencia artificial.

Compartir