
Por Mike Sain't Louis ·
Paris restera gris, la escapada que se quedó en el armario
París siempre iba a ser el año que viene. «Paris restera gris» habla del final de una relación gay de muchos años y de esa escapada a París que se planeó mil veces y nunca llegó a hacerse.
Lo que me interesa de esta historia es todo lo que no pasó. Las maletas que nunca salieron del armario. Los hoteles que la pareja miraba en el mapa del móvil y que acabaron convertidos en ruinas imaginarias. Los planes que se quedaron flotando, como un billete sin fecha. A veces el amor se apaga sin portazo ni escena, poco a poco, y te das cuenta cuando ya no queda nada que recoger.
Aquí París deja de ser la ciudad del amor para convertirse en el escenario de una ausencia. Un símbolo de lo que pudo ser y no fue, de un sitio que sigue oliendo a los dos aunque ya no existan como pareja. El título, en francés, lo dice con una melancolía muy chic: París se quedará gris.
Para mí es ese punto exacto en el que el amor deja de doler pero sigue pesando. Se mira atrás sin rencor, con una tristeza elegante. Nada de venganza ni de odio. Es más bien una carta que nunca se envió, un paseo por una ciudad que se quedó esperando, una forma de decir adiós sin terminar de pronunciarlo.
La portada está en blanco y negro. Un hombre arrodillado en el suelo mojado de una explanada, con sudadera y las manos tatuadas apoyadas en los muslos, llora frente a la Torre Eiffel bajo un cielo cargado de nubes. Las farolas encendidas y el reflejo del agua acentúan la soledad. Es la postal turística al revés: la foto que nadie se hace en París.
Se la dedicaría a quien haya cerrado una historia larga y todavía guarde en el móvil capturas de planes que nunca hizo. Y a quien haya aprendido, por fin, a pasear sin compañía.
Un día de lluvia, mirando por la ventana. O, si algún día vas a París por tu cuenta, en la primera mañana, para hacer las paces con la ciudad.