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Ángeles de todas las parejas: el videoclip de «Float» y los besos sobre las nubes

Hay vídeos que te ponen los pies en el suelo y vídeos que te los quitan. El de «Float» es de los segundos desde el primer plano: dos chicos vestidos de blanco, descalzos, colgados de una cuerda que baja de ninguna parte, entre nubes de color rosa. Encima, en letras redondas e hinchadas de color rosa chicle, la palabra «Float», y en arco, en azul claro, mi nombre.

El videoclip se estrenó en YouTube el 16 de septiembre de 2025 y dura tres minutos y siete segundos. La letra todavía no está publicada en la web, así que no voy a citar ningún verso. Ya escribí sobre la portada, sobre los dos pijamas rosas y la nube en la que se sientan. El vídeo cuenta otra cosa, y la cuenta sin una sola palabra: un cielo entero lleno de parejas de ángeles.

La cuerda

El primer plano es el que menos se parece al resto. No hay alas todavía. Hay una cuerda que cuelga del cielo, con una cinta rosa atada arriba, y dos chicos agarrados a ella. Uno, con barba corta, sostiene al otro, que está casi en horizontal, con las piernas estiradas hacia atrás y los pies descalzos en el aire. Sus caras están a punto de tocarse. Debajo no hay nada más que nubes.

En los segundos siguientes, los dos chicos ya están de pie sobre la cuerda, abrazados, y se besan. Siguen sin alas. Son dos chicos normales, en ropa blanca, suspendidos en el cielo gracias a una cuerda y a que se sujetan el uno al otro.

Me encanta que el vídeo empiece así. Antes de convertirse en ángeles, antes de tener alas, flotan porque se sostienen mutuamente. Flotar, la palabra del título, empieza siendo eso: no caer porque alguien te agarra. Nadie empuja a nadie. Se sujetan a la vez. Es la imagen más física del clip, la única en la que se nota el peso, y por eso me parece el punto de partida perfecto. Todo lo que viene después es lo que pasa cuando el peso desaparece.

Justo después, otra pareja de chicos, también sin alas, se besa de pie sobre un mar de nubes, con el sol del atardecer justo entre sus caras, de manera que el beso queda envuelto en un destello. Son los primeros planos al aire libre de verdad, con horizonte, y ya anuncian la luz que va a dominar el resto del vídeo.

Un cielo de algodón rosa

Después de la cuerda, el vídeo se instala en un único escenario que ya no abandona: un cielo lleno de nubes. Pero no son nubes cualesquiera. Son nubes de algodón, enormes, con tonos rosas, melocotón, lilas y blancos, a veces atravesadas por la luz dorada de un sol bajo. Hay planos con un mar de nubes hasta el horizonte, planos en los que solo se ve una nube rosa enorme, planos de un sol que asoma entre la bruma, de color naranja.

Es el decorado más dulce que tengo en un videoclip. No hay ciudad, no hay calle, no hay casa. No hay suelo. Todo lo que vemos flota. Y cada cierto tiempo, el vídeo hace una pausa y nos enseña solo nubes, sin nadie, como si quisiera que respiráramos antes de la siguiente pareja.

Esas pausas me parecen importantes. En un vídeo lleno de abrazos, dejar unos segundos de cielo vacío es una forma de decir que el sitio también es protagonista. No es solo un fondo bonito. Es el lugar al que todos estos ángeles han llegado.

Las parejas de ángeles

El resto del vídeo lo ocupan parejas. Todas vestidas de blanco, casi todas con alas enormes de plumas, y todas abrazadas, mirándose o besándose. Pero lo que hace especial al clip es que esas parejas no son iguales. Son todas las parejas posibles.

Fotogramas del videoclip oficial de «Float», de Mike Sain't Louis

Hay dos chicas rubias, con el pelo largo y ondulado, vestidas con trajes de tul blanco y corpiños brillantes, con unas alas de plumas irisadas, casi de cristal, que se besan de pie sobre las nubes con el sol justo detrás. Hay un chico y una chica sentados juntos sobre una nube, con batas blancas de satén y alas grandes, ella con la mano en el hombro de él, él mirándola a los ojos. Hay dos chicas morenas, con vestidos largos y vaporosos, que se besan suspendidas en el aire, con los pies descalzos colgando y unas alas abiertas de par en par que ocupan todo el plano.

Hay dos chicos con alas oscuras, de plumas marrones y negras, que emergen entre nubes rosas con los brazos abiertos, como si acabaran de llegar volando. Hay dos chicos de alas blancas, uno blanco y otro negro, que se besan abrazados con una nube rosa a la altura de la cintura y un cielo azul detrás. Hay una chica de rasgos asiáticos y un chico con batas de satén, sentados entre nubes, mirando a cámara. Hay dos chicas de piel oscura que se abrazan a contraluz, con el sol naranja detrás y unas alas inmensas que se funden con las nubes. Y hay muchas otras: parejas que se miran con las frentes juntas, parejas que se besan con los ojos cerrados, parejas que se abrazan con el sol en medio.

Las caras también cambian. Pieles claras y pieles oscuras, pelo rubio, castaño y negro, barbas y caras lampiñas. El vídeo no se conforma con mezclar géneros: mezcla a gente. Es un cielo en el que nadie se parece del todo al de al lado, y en el que eso no importa nada.

Un cielo donde caben todos

En el cielo de «Float» no hay una pareja «normal» y otras «diferentes». Todas tienen el mismo vestuario blanco, las mismas alas, la misma luz. Ninguna sale más veces que las otras. La cámara no se detiene más en unas que en otras. Dos chicos, dos chicas, un chico y una chica: todos son ángeles, todos se besan, todos flotan.

Para mí ese es el mensaje del vídeo, aunque no lo diga con palabras. Hay una tradición muy larga, en la pintura, en el cine, en las estampitas, de imaginar el cielo como un sitio con unas normas muy claras sobre quién puede querer a quién. Y este vídeo coge esa imagen, la de los ángeles con alas blancas sobre nubes doradas, y la llena de parejas de todo tipo. Es un cielo que no pide el carné.

En las etiquetas de la descripción de YouTube aparecen #AngelLove, #QueerArt y #IndieQueer, junto a otras como #DreamPop, #CloudsAndSmoke o #VisualPoetry. Es lo poco que dice el propio vídeo sobre sí mismo, y encaja con lo que se ve: amor de ángeles, arte queer, nubes y humo, poesía visual.

Las alas

Si hay un objeto que se repite en todo el vídeo son las alas. Y no son todas iguales. La mayoría son blancas, enormes, con plumas largas y bien peinadas, como las de los ángeles de las iglesias. Algunas tienen tonos dorados o crema. Las de las dos chicas rubias son irisadas, casi transparentes, con reflejos de colores como un pompa de jabón. Y las de los dos chicos del final son oscuras, marrones y negras, más salvajes.

Me gustan esas alas oscuras. En la iconografía tradicional, las alas negras son las de los ángeles caídos, los que fueron expulsados del cielo. Y aquí están, en el mismo cielo rosa que los demás, con los brazos abiertos, sin ningún tipo de castigo. No hay ángeles caídos en este vídeo. Hay ángeles de todos los colores.

Ese juego con lo sagrado no es nuevo en mi universo. Tengo canciones con curas, rosarios y ángeles, y lo conté en el artículo sobre lo sagrado en mis letras. Pero en «Float» no hay ironía ni pulla. Hay ternura. Los ángeles no son una burla de nada. Son un deseo.

Los besos

Muchos de los planos de «Float» son besos. Besos de pie, besos sentados, besos en el aire. Y lo que más me gusta de ellos es que son besos tranquilos. No hay pasión de película, no hay prisas, no hay nadie que se esconda. Son besos de los que se dan cuando no hay nadie mirando y no tienes que demostrar nada.

Collage con un detalle de la carátula de «Float» y las carátulas de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», «Drift Away»

Hay un beso que me emociona especialmente: el de los dos chicos de alas blancas, uno blanco y otro negro, abrazados de pie, con las alas desplegadas detrás como un abanico y una nube rosa que les tapa de la cintura para abajo. Se besan con los ojos cerrados. El cielo detrás es azul, con alguna nube blanca. Es el plano más sencillo del vídeo y, para mí, el más bonito.

Muy cerca de ese momento hay otro que me parece casi una estampa religiosa: dos chicos con túnicas largas de color crema, de pie, con unas alas enormes abiertas a los lados, que se besan con las manos entrelazadas a la altura del pecho. El sol queda justo detrás de sus caras, así que el beso es el punto más luminoso del encuadre, y las plumas se encienden en tonos dorados por el borde. La cámara se acerca un poco en cada plano y esa luz sigue ahí, en el sitio exacto donde se juntan. Es la imagen de un corazón compartido, dibujada con luz en lugar de con palabras.

Pienso en cuántos chicos gais han crecido sin ver nunca un beso así en una imagen de cielo, de ángeles, de algo que se asocia con lo puro y con lo bueno. Y pienso que, si un chaval que todavía no ha salido del armario ve este vídeo, quizá entienda algo que a muchos nos costó años entender: que lo que sentimos también puede ser luz.

Humo rosa

Las nubes no son el único material del cielo de «Float». En muchos planos hay también humo: trazos de rosa fucsia, más intenso que el de las nubes, que atraviesan el encuadre por un lado o se enroscan detrás de las parejas. Al principio casi no se notan. Hacia el final, con las dos chicas rubias, el humo se vuelve protagonista y pinta manchas de color fuerte sobre el cielo pálido.

En la descripción de YouTube hay etiquetas como #SmokeAndDreams y #CloudsAndSmoke, y tiene sentido: el vídeo juega todo el rato con la frontera entre la nube, que es algo natural, y el humo, que tiene algo de escenario, de máquina de efectos de discoteca. Es un cielo de verdad y es también una pista de baile. A mí me gusta pensar que esos ángeles han salido de una fiesta y se han quedado flotando al amanecer, todavía con la purpurina del humo rosa alrededor.

Atravesar las nubes

Hay un recurso que el vídeo repite varias veces y que conviene mirar con atención. De vez en cuando, la cámara se mete dentro de una nube. La pareja que estábamos viendo desaparece detrás de la bruma, el encuadre se llena de rosa y naranja, a veces asoma un trozo de ala o el disco del sol, y cuando la nube se abre ya estamos con otra pareja distinta.

Es una transición sencilla, pero funciona como un parpadeo. No hay cortes secos entre una historia y otra: hay niebla. Y esa niebla hace que todas las parejas parezcan vivir en el mismo cielo, unas al lado de otras, separadas solo por una nube. Como vecinos de un barrio que no tiene calles, solo algodón.

Me gusta pensar que, si siguieras volando entre esas nubes, irías encontrando más y más parejas, sin final. El vídeo dura tres minutos, pero el cielo que sugiere no tiene bordes.

Planos abiertos y planos cerrados

El montaje alterna dos maneras de mirar. En los planos abiertos, las parejas son pequeñas, suspendidas sobre un mar de nubes, con el horizonte al fondo y las alas como dos manchas blancas sobre el paisaje. Ahí lo que importa es el lugar: lo grande que es ese cielo y lo poco que pesan los que están en él.

Collage con un detalle de la carátula de «Float» y las carátulas de «Hipnótico Robótico», «Roar Roar», «Madrid», «Amigos y Weed»

En los planos cerrados, en cambio, solo vemos caras. Frentes que se tocan, narices que se rozan, ojos cerrados, alguna sonrisa. Las alas salen cortadas en los bordes del encuadre. Ahí lo que importa es la intimidad. El vídeo va y viene entre esas dos escalas, como quien mira un paisaje y luego baja la vista hacia la persona que tiene al lado.

Ese ir y venir es lo que le da ritmo a un clip que, en realidad, tiene muy poca acción. No hay coreografía, no hay historia con principio y final, no hay giros. Hay un cielo y hay parejas. El ritmo lo pone la cámara, acercándose y alejándose, y las pausas de nubes vacías que separan una pareja de la siguiente.

Volar hacia el otro

Hay unos planos que rompen la quietud del resto. En ellos, dos chicos con alas vuelan el uno hacia el otro con los brazos estirados, en horizontal, como nadadores que se lanzan desde dos orillas para encontrarse en medio. Sus manos casi se tocan. Las túnicas ondean hacia atrás. Es la única vez en el vídeo que alguien se mueve de verdad por el aire en lugar de estar quieto sobre una nube.

Ese gesto aparece dos veces, con fondos distintos, y para mí resume el vídeo: no se trata solo de estar juntos, sino de ir a buscar al otro. De cruzar el cielo para llegar a alguien. En un vídeo lleno de parejas ya formadas, esos planos recuerdan que antes de cada abrazo hubo un viaje.

El sol entre las nubes

La luz es otro personaje del vídeo. Casi todo pasa a la hora dorada, con un sol bajo que tiñe las nubes de naranja y rosa. En muchos planos el sol está justo detrás de las parejas, de modo que se ven a contraluz, con un halo alrededor de las alas y del pelo. En otros, el sol aparece solo, una bola anaranjada entre la bruma, sin nadie delante.

Esa luz tiene algo de final de día, de momento en que todo se calma. No es la luz fuerte del mediodía ni la oscuridad de la noche. Es esa media hora en la que el mundo parece más amable. Y el vídeo se queda ahí todo el rato, como si el tiempo se hubiera parado justo en el instante más bonito de la tarde.

La paleta

Si tuviera que resumir el vídeo en colores, serían cuatro. El blanco de las túnicas, los vestidos y las alas, que se repite en todos los personajes sin excepción. El rosa de las nubes y del humo, que va del rosa palo casi blanco al fucsia más intenso. El naranja y el dorado del sol bajo, que tiñen los bordes de todo. Y el azul del cielo limpio, que aparece solo en algunos planos, sobre todo en los de los chicos, como una ventana al mediodía dentro de un atardecer interminable.

No hay negros fuertes, no hay sombras duras, no hay ningún color que rompa la calma. Hasta las alas oscuras de la pareja de chicos están bañadas de luz rosa. Es una paleta pensada para que nada moleste a la vista, como un caramelo que se deshace despacio.

Lo que significa flotar

La palabra del título se puede leer de muchas maneras. Flotar en el agua, flotar en el aire, flotar de felicidad. En la portada, como conté en el otro artículo, flotar era sentarse en una nube en pijama y no hacer nada. En el vídeo, flotar es otra cosa: es estar en brazos de alguien a quien quieres, sin suelo debajo, sin miedo a caer.

Ficha de la canción «Float» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

Hay una idea que se repite en muchas de mis canciones: la de un sitio donde por fin puedes estar tranquilo. Planeta Gayfolk es, en parte, eso. Un planeta inventado al que me habría gustado poder viajar cuando lo pasaba mal, y lo dice el título de uno de los discos, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk». El cielo de «Float» es otra versión de ese sitio. No es un planeta, es un cielo. Pero la función es la misma: un lugar donde nadie te juzga por a quién quieres.

He escrito también sobre ese planeta como un sitio que todavía no existe, al estilo de Oz o de otros refugios imaginados. El vídeo de «Float» es una postal de ese refugio. Si alguien me preguntara cómo es Planeta Gayfolk por dentro, le enseñaría este clip.

Otras canciones que flotan

En mi catálogo hay más canciones que tienen que ver con dejarse llevar. «Drift Away», por ejemplo, tiene su propio artículo sobre la tabla de surf y el arte de soltar los remos. También hay canciones de cohetes, estrellas y planetas, de las que hablé en el espacio en la trilogía gayfolk. El cielo, el mar y el espacio son tres versiones del mismo deseo: salir del suelo donde las cosas pesan.

Lo que distingue a «Float» es que no va solo. En «Drift Away» la tabla es para uno. En «Float» todo el mundo flota en pareja. Es la canción de soltar el peso, pero con alguien de la mano.

Un vídeo sin chiste

Quien conozca mi universo sabe que casi siempre hay humor. Folclóricas engañadas, vecinas cotillas, ex narcisistas, pastillas gigantes. «Float» no tiene ni un solo chiste. Es uno de mis vídeos más serios y más tiernos, y eso también dice algo.

No todo lo queer tiene que ser descaro y carcajada. A veces también es esto: dos personas que se quieren y se abrazan en un sitio bonito. Me parece importante que esa imagen exista en mi mundo, junto a todas las demás. La purpurina y la ternura no se pelean. Se turnan.

Y la canción, como todas las mías, tiene letra y producción mías, con música e interpretación vocal hechas con IA. Cuando la letra se publique, estará en la sección de letras. Hasta entonces, las imágenes hablan por ella.

El final

En la recta final vuelven las alas irisadas del principio. Dos chicas rubias con vestidos de tul blanco se besan sobre las nubes con trazos de humo rosa intenso a su alrededor, y luego se separan un poco para mirarse, de pie una frente a la otra, como si fuera la primera vez. El último plano es una chica rubia y un chico abrazados, mejilla con mejilla, con esas mismas alas de cristal detrás y el mar de nubes al fondo.

No hay un gran gesto final, ni una escena que lo resuma todo. Las parejas siguen apareciendo, una detrás de otra, hasta que el vídeo se acaba. Me gusta que no haya cierre. Es como si el cielo siguiera ahí cuando apagas la pantalla, lleno de gente que se quiere. Como si el vídeo fuera solo una ventana a algo que no termina.

Si quieres verlo, está en mis vídeos, con todos los demás. Y si es la primera vez que te asomas a mi mundo, te sugiero este recorrido por la trilogía para entender de dónde vienen tantos cielos y tantos planetas.

Preguntas frecuentes

¿Qué se ve en el videoclip de «Float»? Empieza con dos chicos de blanco colgados de una cuerda entre nubes rosas y sigue con parejas de ángeles de todo tipo, con alas grandes, abrazándose y besándose sobre un cielo de nubes al atardecer: dos chicas, dos chicos, chico y chica.

¿Cuándo se estrenó? El 16 de septiembre de 2025 en YouTube. Dura tres minutos y siete segundos.

¿Por qué hay parejas de todo tipo? Porque el vídeo imagina un cielo donde caben todas las parejas. Todas visten igual, todas tienen alas y todas reciben la misma luz.

¿Está publicada la letra? Todavía no. Por eso este artículo solo describe lo que se ve en el vídeo y lo que dice su descripción de YouTube, que incluye etiquetas como #AngelLove y #QueerArt.

¿En qué se diferencia de la portada? En la portada hay dos chicos en pijama rosa sentados en una nube. En el vídeo no salen esos pijamas: salen ángeles vestidos de blanco y, al principio, una cuerda que cuelga del cielo.

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