
By Mike Sain't Louis ·
Un túnel de manos, una pared de ojos y un tablero de ajedrez: el videoclip de «Otra pandemia», escena a escena
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En la carátula de «Otra pandemia» todo arde en fucsia y rojo: edificios derrumbados, humaredas, un sol gigantesco y un superviviente punk de flecos que se gira hacia atrás. Para el videoclip quise quitarle todo ese color. Me apetecía que el vídeo fuera el interior de esa cabeza que ha sobrevivido a algo y que, al oír el título, resopla. Y el interior de una cabeza agotada, para mí, no es fucsia. Es gris.
Salió en mi canal el 18 de septiembre de 2025 y se queda en 2:53. La canción forma parte del tercer volumen de la trilogía, «El día de la liberación». En la descripción dejé muchas etiquetas, de esas que intentan explicar un vídeo sin explicarlo: arte conceptual, arte visual, canción oscura, música poética, cine queer, outsider, vanguardia. Todas apuntan a lo mismo: no es un clip para contar una historia, es un clip para meterse dentro de un estado de ánimo.
Sigo el orden del montaje y anoto el segundo aproximado de cada plano, sin pretender precisión de cronómetro.
La salida del túnel
El clip empieza dentro de un túnel redondo, de paredes rugosas como de hormigón o de roca, en tonos grises. Al fondo, en un círculo de luz blanca con focos de estadio, aparece un hombre caminando hacia la cámara. Lleva chaqueta negra de cuero, camiseta negra, vaqueros oscuros y el pelo peinado hacia arriba, con las puntas aclaradas. Sobre la imagen aparece el título, «Otra pandemia», en letras moradas, y encima mi nombre en naranja.
Durante los primeros ocho segundos el hombre sale del túnel despacio, mirando al frente. No tiene prisa ni miedo. Es la manera de entrar de alguien que ya ha estado aquí antes.
El túnel es redondo, y por eso a veces parece también un ojo, una tubería o la boca de algo. Me gustaba esa ambigüedad desde el primer plano: no se sabe si el hombre sale de un sitio o si entra en otro.
Un blanco que ciega
Hacia el segundo 12 la imagen se llena de blanco. El hombre aparece de frente, con un fondo nevado y brumoso, como si estuviera en mitad de una ventisca o detrás de un cristal empañado. Sobre el 16 lo vemos de espaldas, con la nuca y la chaqueta en primer plano, mirando hacia una pared blanca.
Esta parte es casi una pausa. Después del túnel oscuro, el blanco total produce una sensación rara, de habitación sin muebles o de hospital, de sitio donde todo está limpio y no hay nada a lo que agarrarse.
Números gigantes
Entre el segundo 20 y el 32 aparecen los números. Son cifras negras enormes, en tres dimensiones, que flotan alrededor del hombre en todas direcciones: doses, nueves, treses, algunos vueltos del revés y otros cortados por el borde del encuadre. Él está en el centro, mirando a cámara, y los números giran a su alrededor como una nube.
De todas las imágenes del clip, esta es la que más tiene que ver con el título. Cualquiera que haya vivido una época de malas noticias recuerda los números: los partes diarios, las gráficas, los porcentajes. Las cifras que se repiten hasta que dejan de significar nada y se convierten en ruido. Aquí los números no dicen nada concreto. Solo están ahí, enormes, ocupando el aire.
Caras que gritan
Hacia el segundo 24, y otra vez entre el 36 y el 40, alrededor del hombre aparecen cabezas grises, como esculpidas en ceniza o en papel maché, con la boca abierta en un grito y los ojos desorbitados. Salen de una niebla blanca y se quedan flotando a los lados. Él no las mira. Sigue de frente, con un gesto tranquilo, incluso con media sonrisa en algún momento, y en el 0:40 levanta la mano como quien explica algo mientras las caras siguen gritando detrás.
Me gusta mucho ese contraste. Las caras son el pánico de los demás, el de las tertulias, el de los grupos de mensajes, el de las conversaciones de ascensor. El hombre no grita con ellas. Tampoco las desprecia. Simplemente no se deja arrastrar.
Manos que salen de las paredes
Sobre el segundo 40 la pared blanca de detrás se llena de manos negras. Salen del muro con los dedos abiertos, como si quisieran agarrar algo. Hacia el 44 y el 48 la escena se convierte en un túnel giratorio de nieve, de paredes blancas en espiral, con manos negras que salen desde todos los lados apuntando al centro. El hombre está de pie en medio, pequeño, y el remolino gira alrededor de él.
Es uno de los planos más inquietantes del vídeo y también uno de los que más me gustan. Las manos no lo tocan. Se acercan, se estiran, pero se quedan a un palmo. El hombre aguanta quieto en el ojo del remolino.
Nubes y nieve
Entre el 0:52 y el 0:56 la imagen se calma. El hombre camina entre nubes grises y blancas, densas, con copos que caen despacio. La luz es suave, de invierno. Es un plano que deja respirar después del túnel de manos, como cuando sales a la calle después de mucho tiempo encerrado y el aire frío te despierta.
La pared de ojos
Hacia el minuto, el decorado se llena de globos oculares. Primero son unos pocos, enormes, blancos con el iris negro, flotando alrededor del hombre como pelotas. En el 1:04 y el 1:08 ya son cientos, pequeños, apretados unos contra otros, formando una pared entera que mira en todas direcciones. El hombre gira la cabeza y vuelve a mirar a cámara.

Esta es, para mí, la imagen de la vigilancia. No hace falta que haya cámaras de seguridad ni policías. Basta con la sensación de que todo el mundo mira lo que haces, si sales, si entras, si llevas o no llevas, si te acercas o no a alguien. Para una persona LGTBI esa sensación es vieja conocida: hemos crecido con ojos encima. En el clip los ojos no hacen nada más que mirar. Y aun así pesan.
Un cuarto de sillas
Sobre el 1:12 y el 1:16 aparece una de mis escenas favoritas. Detrás del hombre hay un montón de sillas blancas, de madera, apiladas de cualquier manera, unas encima de otras, algunas boca abajo y otras de lado, formando una pared caótica. Él sonríe, mira a un lado, gesticula.
Las sillas vacías tienen mucha carga. Pueden ser las de una sala de espera, las de un aula sin alumnos, las de una boda que no se celebró, las de un bar que bajó la persiana. Amontonadas así, sin orden, parecen lo que queda después de que todo el mundo se haya ido a casa de golpe.
Una multitud sin cara
Entre el 1:20 y el 1:28 aparecen filas y filas de figuras oscuras, todas iguales, sin rasgos, como maniquíes o soldados de juguete, alineadas a ambos lados de un pasillo de luz blanca. El hombre camina entre ellas de espaldas, hacia el fondo, donde brillan unos focos. En otros planos lo vemos de frente con las filas detrás.
Me interesa mucho esa multitud porque no tiene cara. Es la masa, la mayoría, la gente que hace lo que toca. El hombre del clip pasa entre ellos, pero no se pone en la fila.
Puños arriba
Hacia el 1:24 y el 1:32, en un fondo gris moteado, como de piedra o de interferencia de televisión, el hombre levanta los puños a la altura de la cara, en guardia, como un boxeador. Mira a cámara con una mezcla de desafío y de broma. Luego vuelve a bajarlos.
Es el primer momento del clip en el que hay una postura de pelea. Hasta aquí todo era aguantar, atravesar, no dejarse llevar. Ahora hay un gesto de defensa.
La habitación que gotea
Entre el 1:36 y el 1:44 entramos en una sala blanca, completamente limpia, salvo por una cosa: del techo, o de una especie de mesa negra suspendida, cae un líquido negro y espeso, como pintura o alquitrán, que forma chorros largos hasta el suelo y charcos a los pies del hombre. Él camina entre los chorros sin mancharse, mirando al frente.

Es un plano muy sencillo y muy potente. El blanco de hospital, de laboratorio, de sala de espera, se está manchando por arriba. Algo oscuro se filtra en un espacio que parecía seguro. Y la persona sigue caminando.
El cuadrilátero
Hacia el 1:48 el hombre aparece agarrado a las cuerdas de un ring de boxeo, en una sala blanca, con la mandíbula apretada y gesto de esfuerzo. En el 1:52 lo vemos tirando de una cuerda gruesa, como si quisiera soltarla o arrancarla. Y sobre el 1:56 las cuerdas arden: hay chispas y una explosión de luz naranja justo delante de él, el único destello de color cálido de todo el vídeo.
Para mí, este es el centro emocional del clip. Después de tanto aguantar, llega el momento de pelear con algo. No se ve contra quién. Solo las cuerdas, el esfuerzo y la chispa. Me gusta que el único color fuerte del vídeo sea ese fogonazo, como si el enfado fuera lo único que todavía calienta.
Un camino de teclas
Entre el 2:00 y el 2:04 el hombre camina hacia la cámara por una pasarela hecha de bloques blancos y negros, como teclas de piano gigantes o fichas de dominó, flotando en la oscuridad. Algunos bloques se desprenden y quedan suspendidos a los lados. Al fondo, una luz blanca muy fuerte.
Es un plano que tiene algo de camino de vuelta. Las teclas son de blanco y negro, igual que todo el clip, pero aquí por primera vez forman algo ordenado: un camino por el que se puede avanzar paso a paso.
Un túnel de rayas y la sala de espejos
Hacia el 2:08 el hombre camina por un túnel de rayas blancas y grises que parecen moverse a toda velocidad, como un pasillo visto desde un tren. Sobre el 2:12 entramos en una sala de espejos: el hombre aparece repetido muchas veces, en reflejos de distintos tamaños, con luces blancas en el techo. Unos reflejos lo muestran de frente, otros de perfil, otros de espaldas.
Hacia el 2:16 y el 2:20 hay primeros planos con haces de luz blanca a los lados, como en un escenario de concierto. Y en el 2:24, de nuevo entre espejos, el hombre señala hacia sus propios reflejos, como si estuviera hablando con ellos.
Los espejos aparecen en muchos de mis clips. Aquí me interesan por cómo multiplican a la persona. Después de tanto encierro, tanto número y tanta mirada ajena, el hombre se encuentra consigo mismo en muchas versiones a la vez. Y en vez de asustarse, les habla.
Esferas rotas y espuma
Entre el 2:28 y el 2:36 aparecen esferas blancas enormes, agrietadas, como huevos o pelotas de escayola a punto de romperse, entre humo gris y unos picos blancos que salen del suelo. El hombre baja entre ellas por una escalera, con las manos apoyadas en dos esferas como quien se sujeta en una barandilla.
Sobre el 2:40 y el 2:44 una masa de tela blanca, o de espuma, sube delante de él y casi lo cubre hasta el pecho. Él la aparta con los brazos, como quien sale de entre las sábanas o de entre la nieve.
Son imágenes de algo que se resquebraja y de alguien que se abre paso. Me gustan porque no hay explosión ni gran gesto: solo grietas que crecen y una persona que empuja hacia fuera.
El tablero de ajedrez
El clip termina hacia el 2:48 con un plano abierto de un suelo de ajedrez, de casillas blancas y negras, ligeramente inclinado y ondulado, como si el tablero se estuviera doblando. El hombre camina por el centro, tranquilo, mientras un foco brilla al fondo. No hay rótulo final.

El ajedrez me parecía el cierre perfecto para un clip en blanco y negro. Es un juego de estrategia, de paciencia, de pensar antes de mover. Después de todo lo que ha atravesado el hombre, el último sitio es un tablero que se tuerce bajo sus pies, pero sobre el que sigue caminando.
Lo que no sale en el clip
Cuando pensé las escenas, hice también una lista de lo que no quería. Nada de calles vacías con carteles, nada de batas, mascarillas ni camillas, nada de telediarios, nada de colas en la puerta de un supermercado. Esas imágenes ya las tenemos todos grabadas, y repetirlas habría convertido el clip en un reportaje. Prefería que cada cual pusiera su propio recuerdo encima de unas imágenes que no son literales.
Por eso los números no son cifras concretas, las caras no son de nadie, los ojos no pertenecen a ningún vigilante y las sillas no están en ningún sitio reconocible. Son símbolos sueltos, de esos que salen en los sueños cuando uno está agotado. El título de la canción ya dice de qué va. El vídeo se encarga de enseñar cómo se siente.
Un plano cada cuatro segundos
Si cuentas los cortes, verás que el clip cambia de decorado más o menos cada cuatro segundos, y que muchas escenas vuelven dos y hasta tres veces: las caras grises, el cuarto de sillas, la multitud sin cara, los puños en guardia. Esa repetición es deliberada. Una época de malas noticias se vive así, a trozos que se repiten, sin saber muy bien en qué día estás. El montaje imita ese bucle.
Lo único que no se repite es el final. El tablero de ajedrez aparece una sola vez y el clip se acaba sobre él, sin volver al túnel del principio. Me gustaba esa diferencia: todo lo de en medio da vueltas, pero la salida es una sola y no tiene vuelta atrás.
La chaqueta de cuero
Hay otro detalle en el que merece la pena fijarse: la ropa del hombre no se mancha ni se arruga en todo el vídeo. Le caen chorros de líquido negro al lado, atraviesa nieve, se agarra a unas cuerdas que arden y sale de entre una montaña de espuma, y la chaqueta de cuero sigue impecable. Para mí es su armadura, la forma de decir que lo de fuera no se le ha metido dentro.
También el peinado aguanta, alto y firme, de la primera escena a la última. Es un detalle casi cómico, de anuncio de laca, y lo dejé así a propósito. En un vídeo tan serio, en blanco y negro y lleno de imágenes inquietantes, ese tupé que no se despeina ni en mitad de una tormenta de espuma me parece una pequeña broma, un guiño de los que el Planeta Gayfolk siempre cuela aunque el tema sea oscuro.
Por qué en blanco y negro
El color casi desaparece del clip a propósito. Los únicos colores fuertes son el título del principio, morado y naranja, y la chispa del cuadrilátero. Todo lo demás está entre el blanco y el negro, con muchos grises. Quería que el vídeo se pareciera a esa sensación de vivir una época en la que todo parece haber perdido color: los días iguales, las noticias iguales, las conversaciones iguales.
En contraste, la portada de la canción es un estallido de fucsia, rosa y rojo. Me gusta que convivan. La portada es lo que se ve por fuera, la cresta, la chaqueta, la pose de superviviente. El clip es lo que pasa por dentro: el ruido de los números, las caras que gritan, los ojos que miran y la decisión de seguir andando.
Un solo personaje
A diferencia de otros clips míos, llenos de parejas y de figurantes, aquí hay un solo personaje en casi todos los planos. Es un hombre ficticio. Lo acompaña siempre la misma ropa, la chaqueta de cuero, la camiseta negra y el peinado alto, de principio a fin. Esa repetición es parte del juego: el mundo a su alrededor cambia cada cuatro segundos y él sigue igual, como un ancla.
Cómo encaja en la trilogía
«Otra pandemia» está en el disco que cierra la trilogía, el de la liberación. Tiene sentido que esté ahí, entre canciones que hablan de salir de sitios cerrados. El primer volumen ya jugaba con los titulares desde la portada, y lo conté en «Por qué el primer disco de Gayfolk tiene título de noticia».
Hay otros clips míos que comparten esta estética de salas blancas y espacios cerrados. El de «No me aparece una ilusión» lo conté en «Un hombre sentado en una sala blanca», y el de «Gaslighting», con sus espejos amarillos, en «Un hangar lleno de humo». Y si alguna de estas imágenes te toca de cerca, tengo reunida la serie sobre salud mental en «Salud mental sin tabú».
El clip y la canción
Puedes ver «Otra pandemia» de principio a fin desde la sección de vídeos. Y para entrar en la trilogía por orden, de la portada con titular al día de la liberación, preparé un itinerario disco a disco.
Recuerda que no tienes que pagar para tenerla: mis canciones se escuchan y se descargan gratis en la página de descargas, sin formularios.
Quién soy
Mike Sain't Louis, el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical. Uso IA para generar la música y la interpretación vocal; escribir, componer, producir y concebir los vídeos es cosa mía. Lo desarrollo en un artículo sobre la autoría.

Pista para mirarlo otra vez
Localiza los únicos dos momentos con color: el título del principio y la chispa del cuadrilátero. Después fíjate en lo que hace el hombre con las manos en cada escena: las mete en los bolsillos, las levanta en guardia, se agarra a las cuerdas, se apoya en las esferas, aparta la espuma. Las manos cuentan la historia mejor que cualquier rótulo.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo salió el videoclip y cuánto dura? Lo publiqué el 18 de septiembre de 2025. Son dos minutos y cincuenta y tres segundos.
¿En qué disco está «Otra pandemia»? En «El día de la liberación», el tercer volumen de la trilogía GAYFOLK.
¿Quién es el hombre de la chaqueta de cuero? Un personaje de ficción pensado para el vídeo; no es el retrato de nadie.
¿Dónde puedo descargar la canción? Gratis, en la sección de descargas de mi web.