Skip to content
← Song by songUn chihuahua en un planeta rosa: cómo hice «Chihuahua», el inglés, el estribillo que vuelve y la discoteca que no sale

By ·

Un chihuahua en un planeta rosa: cómo hice «Chihuahua», el inglés, el estribillo que vuelve y la discoteca que no sale

This article is only available in Spanish. Leer en español

Cuando escribí sobre «Chihuahua» en mi diario, empecé con una confesión: de todas mis letras, es la que menos pretende. No hay exnovio, no hay herida de la infancia, no hay crítica escondida. Hay una pista, unas luces y un perro diminuto que mueve las patas al ritmo del bajo. Y sin embargo, una canción que no pretende nada también se construye tomando decisiones. Este texto va de eso: de lo que decidí al hacerla, contado a partir de lo que se puede comprobar en la letra publicada, en la descripción de YouTube, en el videoclip y en lo que yo mismo dejé escrito sobre ella.

No voy a inventarme anécdotas de estudio ni madrugadas inspiradas. Lo que cuento aquí está a la vista para cualquiera que abra la letra y el vídeo. Ya hay en esta web otro texto que la lee desde la idea de bailar sin que nadie te juzgue; no repito esa lectura. Aquí me interesa el taller.

Primera decisión: escribirla en inglés

Mi catálogo es, sobre todo, en español. Hay canciones con frases en inglés, hay alguna en spanglish y hay unas pocas enteramente en inglés, y «Chihuahua» es una de ellas. En mi diario lo apunté así: «está en inglés, que en mi catálogo ya es casi una rareza».

¿Por qué en inglés? No dejé escrita una razón, y no voy a fabricarla. Lo que sí se ve es el efecto. La letra está hecha de palabras muy cortas, de una o dos sílabas: lights, flash, floor, paws, tap, beat, sweet, bark, heat, feet. Es el inglés de las pistas de baile, el de las órdenes rápidas que se gritan por encima de la música. En español, «ladra y siente el calor» tiene siete sílabas; «Bark it out, feel the heat» tiene seis y suena como un golpe de bombo cada una. Para una canción que quiere que te muevas sin pensar, el idioma más corto gana.

Y hay otro detalle que lo confirma desde fuera de la letra. En YouTube, mis vídeos en español, como el de «Ruido en mi mente», llevan en el título la fórmula «VIDEOCLIP OFICIAL» y «PLANETA GAYFOLK». Este no. Su título es «CHIHUAHUA (OFFICIAL MUSIC VIDEO) – MIKE SAIN’T LOUIS | GAYFOLK PLANET», todo en inglés, y la descripción que lo acompaña también: la letra completa y una fila de etiquetas que empiezan por #chihuahua, #disconight y #dancewithme. La canción y su envoltorio hablan el mismo idioma.

Segunda decisión: el perro no es una metáfora

En mis canciones casi todo significa otra cosa. Un muro es una defensa, un laberinto es una cabeza que no para, una plaza de toros es un sitio donde se juzga. Con este perro decidí lo contrario, y lo dejé escrito tal cual: el perro no es una metáfora de nada, es un perro, y por eso funciona.

Se nota en cada verso. El chihuahua tiene ojos brillantes, patas que golpean el suelo, ladra, salta, gira. No representa a un amante ni a una parte herida del narrador. Es la pareja de baile, sin más. Y eso obliga a escribir de otra manera. Una letra sin doble fondo no tiene dónde esconderse, y en el diario lo dije con estas palabras: «La alegría tonta también merece canción, y además es más difícil de escribir de lo que parece, porque no tienes dónde esconderte».

Hay otra canción mía con un chihuahua dentro, «Como a mi chihuahua», y ahí el perro sí funciona como medida: sirve para explicar cómo late el corazón cuando alguien te gusta, o cómo te afectan las noticias. Las dos canciones quieren a la misma criatura de maneras opuestas. En una, el perro es una comparación. En esta, es el protagonista.

Tercera decisión: por qué un chihuahua

Podría haber sido cualquier perro. No lo es. En mis notas lo dije sin rodeos: «No elegí cualquier raza». El chihuahua es diminuto y tembloroso, tiene un carácter mucho más grande que su cuerpo y lleva décadas apareciendo en bolsos, en películas de sobremesa y en memes. Es exageración pura, y por eso lo llamé el perro más camp que existe.

Tres planos del clip de «Chihuahua»: una fila de chihuahuas sobre arena rosa bajo un sol amarillo, cinco perros saltando en el aire ante dos lunas y uno solo en un pasillo de neón morado

En el mundo gayfolk eso importa. Lo camp, tal como lo entiendo, es tomarse en serio lo que el mundo considera ridículo y, al mismo tiempo, reírse de ello con cariño. Un perro de dos kilos presidiendo una pista de baile es justo eso. Y la letra lo trata con total respeto: nunca se ríe de él. Le pide que baile, que mueva los pies, que ladre. Lo pone en el centro.

Además, el título es solo eso: «Chihuahua». Una palabra, sin artículo, sin adjetivo. En la letra publicada aparece cuarenta veces, que es más de una de cada diez palabras del texto. Repetir tanto el nombre de una raza de perro es, en sí mismo, una decisión camp: convertir una palabra graciosa en un mantra.

Cuarta decisión: repetir más de la cuenta

Este es, probablemente, el rasgo más visible de la canción, y no fue un descuido. En mis notas lo expliqué así: «el estribillo vuelve una y otra vez. Más veces de las que un manual de composición recomendaría. Lo sé, y lo dejé así a propósito».

Los números lo confirman. La letra publicada tiene 66 líneas y 387 palabras, pero solo 87 palabras distintas. El estribillo de cuatro líneas, el que empieza por la doble llamada al perro, aparece nueve veces: son 36 líneas, más de la mitad del texto. El bloque que hace de puente hacia el estribillo, el de «Every step, every move», sale cuatro veces más, otras 16 líneas. Lo que queda, lo que solo se oye una vez, cabe en catorce versos.

¿Por qué tanto? En el diario lo dije con una frase que sigo pensando: la música de baile no se escucha como una balada, se habita. La repetición es lo que permite dejar de pensar en la letra y empezar a moverse sin decidirlo. A la tercera vuelta del estribillo ya no lo estás escuchando: lo estás bailando.

Y hay una cosa más que me gusta de esa repetición. Cuanto más se repite «chihuahua», más se gasta su significado y más se convierte en puro sonido. Chi-hua-hua tiene tres sílabas que rebotan, y al final de la canción ya no evoca a un perro concreto: es un ritmo.

Quinta decisión: lo que se oye una sola vez

Si la mitad de la canción es estribillo, los catorce versos que no se repiten tienen que hacer mucho trabajo. Y cada estrofa tiene un encargo distinto.

Lights flash, the floor's alive,

La primera monta el escenario en cuatro versos: luces, una pista que parece viva, el amigo pequeño de ojos brillantes, las patas que siguen el ritmo y el baile que entra en la noche. Es una estrofa de presentación, casi una acotación teatral.

La segunda, la del «Spin around», sube de altura. Saltar, tocar el cielo, el bajo que cae y los corazones que vuelan. Es la estrofa del cuerpo: si la primera describía el sitio, esta describe el movimiento. Y termina con una idea que es el corazón de la canción: con cada ladrido, nos sentimos vivos.

Bark here, bark there, barks fill the air,

La tercera es la más juguetona. Ladridos aquí, ladridos allá, el aire lleno de ladridos. Es la única estrofa construida sobre la repetición interna de una palabra, como si los ladridos rebotaran de un lado a otro de la sala. Luego, la noche como escenario y el mundo lejos. Y en la última línea, el nombre del perro con un «let’s sway», que es la invitación más suave de toda la letra: no saltar, no girar, solo balancearse.

Las tres estrofas siguen el mismo esquema de rima, pareados que caen en palabras de una sílaba (alive/bright, right/night; high/sky, fly/alive; air/care, away/sway). Es una rima de canción infantil, y lo es a propósito: tiene que poder aprenderse a la primera.

Sexta decisión: dos versos sin terminar

Aquí está el detalle que más me interesa contar, porque cualquiera puede comprobarlo en la letra publicada y es fácil pasarlo por alto. Hay dos versos que no terminan.

Recorte de Mike Sain't Louis con gorra sobre papeles rasgados de colores, junto a «Bark it out, feel the heat,», el verso que cierra cada estribillo de «Chihuahua»

El primero está en la única estrofa breve de la canción, la de dos líneas que llega después del puente. La primera dice que no frunzas el ceño cuando la noche se apague. La segunda empieza «We’ll be back, won’t let you» y se corta ahí. No dice qué no va a dejar. No hay «down», no hay «go». La frase se interrumpe y entra el estribillo encima.

El segundo está más adelante, en una de las vueltas del estribillo: «Chihuahua, chihuahua, move your». Sin «feet». La palabra que cierra el estribillo en las otras ocho ocasiones desaparece esta vez.

En el diario no hablé de estos cortes, así que no voy a atribuirles una intención que no dejé por escrito. Lo que sí puedo decir es lo que hacen. El primero coincide con el único momento triste de la canción, el de la noche que se apaga, que en mis notas describí como «la única pizca de melancolía de toda la canción», que «dura un verso». Ese verso, literalmente, no llega a terminar: la fiesta lo interrumpe. Y el segundo deja el estribillo con el pie en el aire, como un paso de baile que se queda a medias porque ya viene el siguiente.

En la transcripción automática de YouTube, justo antes de la noche que se apaga, aparece la etiqueta [crying]. Es una anotación de la máquina, no algo que esté en la letra, pero cae exactamente en el único verso melancólico de la canción. A veces el reconocimiento automático acierta sin saberlo.

Séptima decisión: la discoteca no sale en el vídeo

Esta es la decisión más grande, y se ve en cuanto le das al play. La letra habla de una discoteca: luces que destellan, un DJ que pincha, una bola de espejos, un bajo que cae. El videoclip no enseña nada de eso. Ni una cabina, ni una pista con gente, ni una bola de espejos. En su lugar hay un planeta rosa.

Lo he recorrido entero, que dura tres minutos y trece segundos, con una captura cada cinco segundos. El primer plano es el cartel: un chico con traje fucsia y zapatos de plataforma rosas, agachado junto a un chihuahua, delante de un planeta enorme con bandas como Júpiter. Encima, en letras de neón, el título y mi nombre. Desde ahí, el clip es un paseo por un mundo de color chicle.

Hay un sol gigante con franjas horizontales, como los atardeceres de las portadas de música electrónica de los ochenta, y delante el chico de rosa pasea al perro con correa (segundos diez, quince, veinte, setenta y ochenta). Hay una aurora verde y violeta sobre una llanura donde cinco perros caminan en fila (segundo cinco). Hay un desierto de cristales rosas donde un chihuahua escarba un hoyo y asoma la cabeza mirando a cámara (segundos cincuenta y cinco y sesenta). Hay un cañón de piedra con niebla, un mar rosa con esferas amarillas en el horizonte, una pista de neón azul y rosa por donde avanza un perro solo (segundo noventa y cinco), y una fila de seis chihuahuas quietos bajo dos lunas (segundos cien y ciento veinticinco).

Lo que el clip hace con la letra

Lo interesante es que el vídeo traduce la discoteca en vez de enseñarla. Las «disco lights» del estribillo se convierten en soles de neón y auroras. El «floor's alive» se convierte en una arena de cristales que brilla. El «touch the sky» de la segunda estrofa se vuelve literal: estamos en otro planeta, con lunas y un gigante gaseoso en el cielo. Y la pista de baile aparece, sí, pero vacía y en mitad de la nada, como una línea de luz por la que pasea un perro.

La portada neón de «Chihuahua» junto a las de «Como a mi chihuahua», «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», «Holy Stillness» y «Mood», con el verso «With my chihuahua, life’s so sweet.»

Hacia el segundo ciento cuarenta y cinco hay un pasillo de luz azul y violeta, con paredes de metal brillante, y un chihuahua que camina por el centro hacia la cámara. Es lo más parecido a un club que sale en todo el vídeo, y no hay nadie más dentro. Y después, unas cúpulas rosas a rayas, como edificios de una ciudad del futuro, junto a las que el chico de rosa pasea con su perro (segundos ciento cincuenta y cinco y ciento sesenta).

Para mí esa decisión tiene sentido con todo lo anterior. Si la letra dice que la noche es nuestro escenario y el mundo está lejos, el vídeo se lo toma al pie de la letra: se va tan lejos que sale del mundo. La discoteca de la canción no es un local de Madrid ni de ningún sitio. Es un estado, y el clip lo pinta como un planeta.

El perro como protagonista también en el vídeo

Hay un chico de rosa en el clip, con trajes que cambian (fucsia liso, rosa con bordados plateados, una chaqueta de luces de torero, otra con el pecho al aire), pero el que manda es el perro. Hay muchos planos en los que el chihuahua está solo: corriendo por la arena, de perfil ante el sol, en primerísimo plano con la luz detrás de las orejas, sentado en lo alto de una roca. Casi siempre que sale el chico, sale con el perro. Pocas veces el perro necesita al chico.

Eso cuadra con la letra, donde el humano apenas aparece. El «we» del estribillo y de las estrofas es un nosotros de dos, persona y perro, y el que recibe todas las órdenes y todos los piropos es el chihuahua. La canción y el vídeo están de acuerdo en quién es la estrella.

Por eso elegí para la portada de este post uno de esos planos sin persona: la silueta de un chihuahua, en sombra, delante de un sol rosa enorme, mirando al horizonte. Es el perro solo, en su planeta.

Otros chihuahuas del planeta

Este perro no está solo en mi mundo. Ya he contado que «Como a mi chihuahua» usa la misma raza para medir otra cosa, y en esta web hay un texto que la lee del telediario a la parada de la guagua, con el tamaño del perro como tamaño del dolor. Allí el chihuahua tiembla por las noticias; aquí baila. Es el mismo animal visto en dos estados de ánimo, y me gusta que el catálogo tenga los dos.

Y hay un tercer sitio donde aparecen, esta vez sin que el título los anuncie: el videoclip de «La empatía de la arpía», que monta una boda con chihuahuas bajo un planeta gigante. Si se ponen los dos clips uno al lado del otro, se nota que comparten paisaje: un cielo con un planeta enorme, colores pastel, perros pequeños como invitados de honor. En aquel, el planeta preside una ceremonia; en este, un paseo. Los chihuahuas se han convertido, casi sin buscarlo, en vecinos habituales de Planeta Gayfolk.

No es una casualidad del todo. Lo camp necesita objetos que sean a la vez ridículos y queridos, y un perro de dos kilos con ojos enormes cumple las dos condiciones mejor que nada. Por eso vuelve. Y por eso, cuando decidí escribir una canción sin doble fondo, sin ex y sin herida, el protagonista tenía que ser él: el único personaje de mi universo que no carga con ninguna historia triste.

El orden de una canción que no cuenta nada

Una última cosa sobre la construcción. Aunque la letra no cuenta una historia, sí tiene un orden, y ese orden es el de una noche. Empieza con las luces encendiéndose y el amigo pequeño al lado. Sube con los saltos y el bajo. Se vuelve juguetona con los ladridos que llenan el aire. Tiene su momento de bajón cuando la noche se apaga y alguien pide que no frunzas el ceño. Y entonces, en vez de terminar, vuelve el estribillo una y otra vez, como si la fiesta se negara a acabar. Después de ese verso quedan seis vueltas del estribillo, con el bloque de los pasos metido dos veces entre medias, y esas seis vueltas son esa negativa.

Datos de «Chihuahua» con su portada de traje rosa, coche descapotable y perro: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», sello MIKE SAIN'T LOUIS

Esa es quizá la decisión más honda de una canción que presume de no tener ninguna: no dejar que la melancolía gane. El verso triste dura un verso y ni siquiera termina. Lo que termina es la canción, y lo hace bailando.

El final: el cartel del disco

Los últimos segundos del vídeo no son del perro. Son el cartel del disco «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK»: tres hombres con esmoquin de flores, muy juntos, delante de un planeta rosa, con el nombre del disco en grande. Y aquí el catálogo y el clip coinciden: la canción pertenece a ese primer disco de la trilogía. En el listado de 273 canciones de gayfolkplanet.com es la número 231, y en la lista de videoclips de esa web ocupa el puesto 8 de 276, justo después de «Holy Stillness», que es su opuesto perfecto: una nana en blanco y negro frente a una fiesta de color chicle.

El vídeo se subió a YouTube el 22 de diciembre de 2025, ya de noche en Madrid. Se puede ver entero en su página de Planeta Gayfolk, la letra completa está en el apartado de letras y el resto de clips en la página de vídeos.

Las etiquetas, con sus erratas

Un último detalle del envoltorio, porque también forma parte de cómo salió la canción al mundo. La descripción de YouTube copia la letra y termina con treinta y nueve etiquetas, casi todas sacadas de frases del texto: #dancingpaws, #barkitout, #feeltheheat, #moveyourfeet, #touchthesky, #nightstage. Entre ellas hay dos erratas que dejo como están: #underdsicolight, con las letras de «disco» bailadas, y #lets sway, con un espacio que parte la etiqueta en dos. No las corregí entonces y no voy a fingir que no están. Me hacen gracia en una canción que trata, precisamente, de soltarse.

Dónde encaja

«Chihuahua» tiene familia dentro del catálogo. Con «Mood» comparte el inglés de pista y la idea de que una canción puede ser casi solo ritmo. Con «Roar Roar» comparte los animales y los sonidos que no son palabras, allí los rugidos y aquí los ladridos. Y con «Como a mi chihuahua» comparte la raza, aunque la use al revés. Todas ellas viven en el lado luminoso de mi trabajo, el que necesito para equilibrar las canciones sobre ansiedad, sobre relaciones que hacen daño o sobre la familia que no entiende.

Lo dije en el diario y lo repito aquí: una canción tonta también sirve. Sirve para levantarte del sofá, para bailar en la cocina, para tres minutos sin pensar. La letra y la producción son mías; música e interpretación vocal hechas con IA. Lo que buscaba era un sonido de discoteca brillante, un poco de plástico, sin pretender ser otra cosa. Y un perro pequeño en el centro de todo, tratado como la estrella que es.

Preguntas frecuentes

¿Cómo hiciste «Chihuahua»? Escribí una letra en inglés, con palabras cortas y rimas de una sílaba, en la que el perro no es una metáfora sino la pareja de baile. Repetí el estribillo nueve veces a propósito, porque la música de baile se habita más que se escucha, y dejé dos versos sin terminar. La letra y la producción son de Mike Sain't Louis; música e interpretación vocal hechas con IA.

¿Por qué está en inglés? No dejé escrita una razón, pero se ve el efecto: el inglés de pista tiene palabras de una sílaba que funcionan como golpes de ritmo. El título y la descripción del vídeo en YouTube también están en inglés, algo raro en un catálogo casi todo en español.

¿Qué pasa en el videoclip? No hay discoteca. Un chico con traje rosa pasea a un chihuahua por un planeta de color chicle: soles de neón con franjas, auroras, arena de cristales rosas, lunas, un pasillo de luz, cúpulas a rayas y filas de chihuahuas. Termina con el cartel del disco «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK».

¿Cuándo salió y en qué disco está? El videoclip oficial se publicó en YouTube el 22 de diciembre de 2025 y dura 3:13. La canción es del primer disco de la trilogía, «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», y es la número 231 de las 273 del catálogo de gayfolkplanet.com.