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Un bosque rosa, un cohete y dos chicos que corren: el videoclip de «Ya no te quiero», escena a escena

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Hay frases que se dicen para que sean verdad. Nadie anuncia «ya no te quiero» cuando ya ha dejado de querer: entonces no hace falta decir nada. Se dice antes, mucho antes, cuando todavía duele, como quien empuja una puerta pesada con el hombro. Esa es la frase que da título a esta canción, y la que tenía en la cabeza cuando monté su videoclip.

Lo curioso es que en el vídeo no hay ninguna ruptura. No hay dos personas que discutan en una cocina, ni maletas en el rellano, ni un móvil que vibra con un mensaje que no se contesta. Lo que hay es un viaje. Un bosque rosa que se ve desde el aire al amanecer. Una cabina con una ventana redonda que da al fondo del mar. Túneles de papel de plata. Una bola de nubes de algodón que flota sola en el cielo. Globos aerostáticos sobre montañas moradas. Un planeta rosa. Y un cohete que despega mientras dos chicos corren hacia él.

Subí el vídeo a YouTube el 11 de noviembre de 2024, a las 15:35 hora de Madrid. Dura 2:22. La canción forma parte de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer disco de la trilogía, el del descubrimiento. En la descripción del vídeo dejé solo etiquetas, entre ellas #RupturaAmorosa, #DesamorGay, #CanciónTriste y #NuevoPlanetaGayfolk. La última es la que explica todo lo que pasa en el clip.

Los minutos y segundos que doy los saqué parando el vídeo fotograma a fotograma; tómalos como aproximados. Los dos chicos que aparecen son personajes inventados, sin relación con nadie real.

Un título escrito con neón sobre tierra rosa

El vídeo se abre hacia el primer segundo con el título. Sobre un suelo de tierra rosada, agrietada, como un camino seco en pleno agosto, aparece escrito «Ya no te quiero» en letra cursiva de neón rosa, con un brillo blanco en el centro de cada trazo. Debajo, mucho más pequeña, mi firma, también en rosa.

Hacia el segundo 5 el fondo cambia y las letras se quedan. Ahora detrás hay copas de árboles rosas. Hacia el segundo 9, un invernadero de cristal con el techo de hierro, lleno de flores del mismo color.

Me gustaba que el título estuviera escrito como un letrero de neón. Los letreros de neón son de bar, de madrugada, de sitios donde uno dice cosas que a la mañana siguiente no sabe si iba en serio. Y la letra cursiva, la de escribir a mano, le da algo de carta, de nota pegada en la nevera. La frase más dura del mundo escrita con la letra más cariñosa.

La tierra agrietada del primer plano tampoco es casual. Es el suelo de algo que se ha secado. Pero el vídeo no se queda ahí ni dos segundos: enseguida pasa al bosque, a las flores, al invernadero. Como si el clip dijera desde el principio que esto no va del suelo seco, sino de lo que crece después.

El bosque rosa desde el aire

Hacia el segundo 13 llega la primera imagen grande del vídeo, y es una de las que forman la tira de esta entrada. Una vista aérea, como desde un dron, de un bosque entero de árboles rosas, frondosos, que se extiende hasta el horizonte. Arriba, una luz de amanecer, blanca y difusa, que borra la línea donde el bosque se junta con el cielo.

Tira de tres fotogramas del videoclip de «Ya no te quiero», sin personas: un bosque de árboles rosas visto desde el aire al amanecer, una cabina vacía de techo rosa con una ventana redonda al mar y un túnel de pliegues de papel de plata

Hacia el segundo 21 volvemos al mismo bosque, ahora un poco más cerca, y entre los árboles se ve caer una cascada fina, de agua blanca.

Un bosque rosa no existe en la Tierra, o casi. Hay árboles que florecen en rosa unas semanas al año, los cerezos, los almendros, las jacarandas, pero nunca un bosque entero y nunca todo el año. Este es un bosque de otro sitio. Y ese es el truco del vídeo: desde el segundo 13 ya no estamos aquí. Estamos en camino hacia el Planeta Gayfolk.

Lo pensé como lo que ves por la ventanilla de un avión cuando despegas de una ciudad en la que lo has pasado mal. Desde arriba todo se ve bonito. Las calles donde lloraste son una mancha verde. El barrio donde vivíais juntos es un dibujo. La distancia tiene eso: lo convierte todo en paisaje.

Una cabina con ventana al mar

Hacia el segundo 17 el vídeo nos mete dentro de algo. Es una cabina alargada, como el vagón de un tren de alta velocidad o el interior de una nave, con el techo en arco pintado de rosa intenso y paneles de pantallas azul turquesa a los lados. Hay asientos vacíos a ambos lados del pasillo. Y al fondo, una ventana redonda por la que se ve agua azul, con burbujas, como si la nave estuviera sumergida en el mar.

Hacia el segundo 25 la escena vuelve, casi igual.

No hay nadie dentro. Es lo que más me gusta de esa cabina. Un vehículo preparado para un viaje, con sus pantallas encendidas y sus asientos listos, y ningún pasajero. Como esa época, justo después de una ruptura, en la que ya sabes que te vas a ir, que vas a cambiar de vida, pero todavía no te has subido. La nave está ahí, esperando. El viaje existe. Solo falta que tú te sientes.

La ventana al mar también tiene su sentido. En el universo Gayfolk el agua aparece muchas veces como sitio de calma, y aquí está al final del pasillo, como destino. Hay que recorrer el pasillo entero para llegar a verla bien.

Dos chicos que corren hacia un cohete

Hacia el segundo 29 aparece la escena central del vídeo, la que vuelve al final y la que acompaña este apartado. Dos chicos, vistos de espaldas, corren por un camino hacia el horizonte. Uno lleva camiseta de tirantes negra; el otro, camiseta gris. A lo lejos, entre montañas teñidas de rosa, un cohete despega con una columna de humo blanco y fucsia que sube recta hacia el cielo.

Fotograma del videoclip de «Ya no te quiero»: dos chicos vistos de espaldas, uno con camiseta de tirantes negra y otro con camiseta gris, corren por un camino hacia un cohete que despega entre humo rosa y montañas fucsias

Hacia el segundo 41 la escena se repite, con el humo un poco más alto.

Nunca se les ve la cara. Eso fue una decisión. Podrían ser cualquiera. Podrían ser la persona que pronuncia la frase del título y un amigo que la acompaña. Podrían ser la pareja que se rompe corriendo juntos por última vez. Podrían ser dos desconocidos que van al mismo sitio. Lo único claro es que corren en la misma dirección, hacia el despegue.

Me gusta mucho esa idea: que la frase «ya no te quiero» no sea una puerta que se cierra, sino un cohete que se lanza. Algo que hace mucho ruido, que levanta humo y que, una vez en el aire, ya no se puede parar. Y que alguien corra hacia él, no lejos de él. No huir del desamor, sino ir hacia lo que hay al otro lado.

Túneles de papel de plata

Hacia el segundo 33 entramos en un túnel extraño. Las paredes, el techo y el suelo están hechos de algo que parece papel de aluminio arrugado, plateado y rosa, formando pliegues enormes que se repiten hasta el fondo. Al final del túnel hay una luz blanca. La cámara avanza despacio por el centro.

El túnel vuelve varias veces: hacia el 0:37, hacia el 0:45 y hacia el 0:53. Cada vez parece un poco más largo.

Hacia el segundo 49, entre un túnel plateado y otro, aparece un túnel distinto: azul hielo, liso, como una cueva de glaciar, con una puerta al fondo de la que sale una luz rosa intensa.

Estos túneles son, para mí, la parte más honesta del vídeo. Porque entre la frase que dices y el día en que por fin es verdad hay un trecho largo, y ese trecho se parece mucho a un túnel. No sabes cuánto falta. Las paredes son siempre iguales. Avanzas y tienes la sensación de que no avanzas. El papel de plata arrugado refleja tu propia luz, y nada más.

Y sin embargo hay una luz al fondo. En los túneles plateados es blanca; en el túnel de hielo, rosa. El rosa, en este vídeo, es siempre el color del sitio al que vamos.

Una bola de nubes

Hacia el segundo 57 aparece una de las imágenes más bonitas del clip. Una esfera enorme hecha de nubes de algodón, rosas y azules, flota sobre unas colinas verdes bajo un sol radiante. Parece un planeta pequeño, o un algodón de azúcar gigante, o una nube que ha decidido tener forma de pelota.

Hacia el 1:13 la bola vuelve, ahora sola en mitad de un cielo azul, toda rosa, más grande, con un pájaro diminuto volando cerca. Hacia el 1:21 la vemos de nuevo, flotando.

Esa bola de nubes me parece la imagen perfecta de la cabeza después de una ruptura. Está hecha de algo blando, que no se puede agarrar, que cambia de forma. No pesa, pero ocupa todo el cielo. Y sin embargo es bonita. Las nubes no son tormenta. Son solo nubes. Pasarán.

Globos sobre montañas moradas

Hacia el 1:01 la luz cambia y aparecen los globos. Un valle de montañas moradas, en capas, como un decorado de cartón recortado, bajo un cielo de atardecer rosa. Sobre él flotan media docena de globos aerostáticos, rojos y fucsias, con rayas, a distintas alturas. Hay un árbol oscuro en primer plano, a la derecha.

La escena dura bastante, hasta el 1:09, y los globos apenas se mueven.

Los globos son la forma más lenta de volar. No tienen motor, no eligen el rumbo, se dejan llevar por el viento. Después del cohete, que es pura fuerza, me apetecía poner algo que fuera puro abandono. Porque olvidar a alguien tiene las dos cosas: el día en que decides con todas tus fuerzas que se acabó, y los meses en los que simplemente te dejas llevar y esperas.

Esta escena es la que elegí para la portada de esta entrada. Me parece que resume bien el tono del vídeo: no hay tristeza de lágrimas, hay una melancolía de atardecer, de cosas que flotan.

Un planeta que sale entre los árboles

Hacia el 1:17 aparece por fin el planeta. Un planeta rosa enorme, con la superficie marmolada, asoma por detrás de un bosque de árboles rosas, como una luna llena que saliera a ras del suelo. Hacia el 1:25 la escena vuelve, con el planeta un poco más alto.

Después, hacia el 1:33, la cámara se acerca tanto que solo vemos la superficie del planeta, con remolinos de rosa claro, rosa oscuro y blanco, como mármol o como pintura que se mezcla en un vaso de agua. Hacia el 1:37 lo vemos entero, flotando en el espacio negro, con unas nubes rosas a su alrededor. Y el vídeo alterna estos dos planos, la superficie de cerca y el planeta entero desde lejos, hasta casi el 2:01.

Ese es el Planeta Gayfolk. El sitio al que va el cohete, el destino que se veía al fondo del túnel, el color de la puerta de hielo. En el primer disco de la trilogía, el del descubrimiento, el planeta todavía es algo que se ve desde lejos, algo nuevo, recién encontrado. Por eso en este clip nunca se llega a pisar. Se ve salir, se ve de cerca, se ve desde el espacio, pero nadie aterriza.

Me gusta que sea así. Cuando dices «ya no te quiero» por primera vez, todavía no estás en tu vida nueva. Solo la ves. Sabes que existe, sabes que es bonita, sabes que es rosa. Pero aún queda viaje.

Una feria bajo un remolino de luz

Hacia el 1:29 hay una escena que rompe el ritmo de paisajes. Es de noche y estamos en una feria: casetas con toldos rojos y blancos, guirnaldas de bombillas, farolillos encendidos. Por encima de todo, en el cielo, gira un remolino enorme de luz rosa, como un torbellino o una galaxia que hubiera bajado a la Tierra. En el centro del remolino brilla una luz blanca.

Hacia el 1:41 la escena vuelve, con más gente abajo: figuras pequeñas, de espaldas, que miran hacia arriba.

Es la única escena del vídeo con un grupo de personas, y me interesaba precisamente por eso. Después de tanto viaje en solitario, de cabinas vacías y túneles, aparece la gente. Una feria es el sitio de la fiesta de pueblo, de las verbenas de verano, del ruido. Y el remolino rosa sobre la feria es como si el planeta mandara una señal: aquí también hay sitio para la alegría. No todo es duelo.

Las casetas me recuerdan a las fiestas de cualquier barrio en septiembre: el olor a churros, la tómbola, la música demasiado alta que se oye desde la cama con la ventana abierta. Son sitios a los que vas acompañado y de los que vuelves de madrugada. Después de una ruptura, la primera feria a la que vuelves sin esa persona es una prueba. Todo está donde estaba, las mismas bombillas, el mismo puesto de algodón de azúcar, y sin embargo tú ya no eres el mismo. Por eso el remolino del cielo no es amenazante: es un aviso de que, aunque el sitio sea el de siempre, la noche puede ser nueva.

Otra vez el cohete

Hacia el 2:05 vuelve la escena del despegue, pero ahora desde mucho más lejos. El cohete sube recto en el centro del encuadre, dejando una estela blanca. Abajo, el humo forma una masa de nubes rosas enormes, como espuma. Y entre las nubes, diminutos, los dos chicos de antes, de espaldas, mirando cómo se va.

Mosaico de cuatro fotogramas del videoclip de «Ya no te quiero»: globos aerostáticos sobre montañas moradas, una bola de nubes rosas y azules sobre colinas verdes, un remolino de luz rosa sobre una feria de noche y un planeta rosa en el espacio

Hacia el 2:09 la escena se repite.

Esto es lo que más me emociona del montaje: los chicos no se suben al cohete. Lo miran despegar. Corrían hacia él al principio y al final se quedan abajo, viéndolo subir.

Hay muchas maneras de leerlo, y no quise cerrar ninguna. Puede que el cohete sea lo que se va: el amor, la relación, la persona. Y que correr hacia él fuera la última manera de despedirse. O puede que el cohete sea la propia frase, el «ya no te quiero», que una vez lanzada sube sola, y ellos se quedan en tierra, más ligeros. A mí me gusta pensar que se quedan porque ya no les hace falta irse. Han llegado.

La segunda imagen grande de esta entrada junta varios de estos momentos en un mosaico: los globos sobre el valle, la bola de nubes, la feria bajo el remolino y el planeta entero en el espacio. Cuatro paradas del mismo viaje.

El cartel del primer disco

El vídeo termina hacia el 2:13 con la portada del disco. Tres chicos con esmoquin delante de un planeta rosa enorme, mi nombre arriba y el título del álbum abajo en letras grandes. La imagen se queda fija hasta el final, hacia el 2:21.

Es la misma portada que cierra otros clips del primer disco, y funciona como una firma: este vídeo pertenece a esa parte de la historia, la del descubrimiento. Si quieres ver cómo empieza todo, el videoclip de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk» es el que da nombre al disco.

Lo que el vídeo no enseña

Lo que este clip deja fuera es tan importante como lo que enseña. No enseña a la persona a la que se dice la frase. No hay ex, no hay reproche, no hay una sola escena de la relación que se acaba. Todo el vídeo transcurre después.

Es una decisión que tomé pensando en mi propia historia. Pasé veinte años con dos parejas narcisistas, y cuando sus máscaras cayeron, consiguieron poner a parte de mi gente en mi contra. Durante mucho tiempo, cualquier cosa que contaba sobre ellos volvía contra mí. Así que aprendí a contar mi versión de otra manera: con canciones, y con canciones que no los nombran. Esta es una de ellas. No hace falta enseñar a nadie para decir «ya no te quiero». Basta con enseñar a dónde vas.

Hoy tengo nombre para lo que me pasaba por dentro: estrés postraumático, depresión mayor grave, fobia social, ansiedad y trastorno de la personalidad por evitación. Estoy en tratamiento psiquiátrico y psicológico, y hubo un momento en que estuve muy cerca del suicidio. Lo cuento ahora desde la recuperación, que es un camino lento, como los túneles de papel de plata. Si estás en ese tramo, la línea 024 atiende gratis y a cualquier hora en España, y el 112 para emergencias. En la serie «Salud mental sin tabú» dejé más sitios donde pedir ayuda.

Cómo hice el vídeo

Quería que el clip de esta canción no se pareciera a los vídeos de desamor de siempre, con lluvia en los cristales y alguien mirando el móvil. Por eso todo el vídeo es paisaje, viaje y color, y casi no salen personas. Las pocas que salen van de espaldas o son diminutas. Lo importante no es quién sufre, sino hacia dónde mira.

Foto real de Mike Sain't Louis con camiseta de tirantes, enmarcada como una polaroid junto al texto «Hacia dónde se mira»

El rosa lo inunda todo, del primer al último segundo: la tierra, el bosque, el techo de la cabina, el humo del cohete, los globos, el planeta. Es el color del Planeta Gayfolk, y aquí funciona como una promesa: todo lo que se ve ya pertenece al sitio al que vamos.

Soy el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical. La música y la interpretación vocal las genero con IA, y la letra, la composición, la producción y la idea de cada escena son mías; lo explico en este texto sobre qué es mío en una canción hecha con IA.

Otros viajes del mismo universo

Si te gusta este vídeo de cielos y despegues, el post sobre cohetes, estrellas y el planeta nuevo de la trilogía recorre todas las veces que el espacio aparece en mis discos. Y en «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk» la maleta ya está hecha.

Otra despedida muy distinta, con astronautas rosas en un planeta lejano, es la de «La despedida».

Escucharla y llevártela

Mi canal de YouTube tiene el clip entero, y en Planeta Gayfolk están reunidos todos los demás vídeos de la trilogía. La canción se escucha y se descarga gratis, sin crear ninguna cuenta, en mi página de descargas. Para el día en que la frase todavía no sea verdad, pero estés a punto de lanzarla.

Preguntas frecuentes

¿Qué día salió el vídeo de «Ya no te quiero»? Lo publiqué un lunes, el 11 de noviembre de 2024, a media tarde (15:35, hora peninsular). Son dos minutos y veintidós segundos.

¿A qué álbum pertenece? Al primero de los tres, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk».

¿Por qué no sale ninguna pareja en el vídeo? Porque el clip transcurre después de la ruptura. Enseña el viaje hacia el Planeta Gayfolk, no la relación que se acaba.

¿Qué significa el cohete? Puede ser lo que se va o la propia frase del título, que una vez lanzada sube sola. Los dos chicos corren hacia él y al final lo miran despegar desde abajo.

¿Cuánto cuesta bajarla? Nada. Está libre en mi web, con el resto del catálogo, y no pide correo ni contraseña.