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Sombreros, flores rojas y un planeta rosa en la ventana: el videoclip de «Malena»

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El videoclip de «Malena» no se parece a ninguno de los míos. No tiene un escenario fijo, ni una historia lineal, ni un solo protagonista que haga cosas. Es, más bien, un álbum de fotos que alguien pasa muy deprisa delante de tus ojos. Una mujer rubia con un look distinto cada dos segundos. Y, metidas entre sus retratos, otras escenas que parecen de otra película: chicos de la mano en una ciudad de neón, un muchacho que mira por la ventana un planeta rosa, dos niñas sentadas en un sofá antiguo.

Se estrenó en YouTube el 24 de noviembre de 2024 y dura cuatro minutos justos. Ya he escrito dos veces sobre esta canción: una sobre las divas a las que me encomiendo y otra sobre el verso del algoritmo que aparece casi al final. Esta vez no voy a hablar de la letra. Voy a hablar de lo que se ve.

El título en verde

El primer plano es un primer plano de verdad: la cara de una mujer rubia, con una capucha negra que le enmarca la melena, sonriendo a cámara. Sobre ella, en letras de caligrafía gruesa de color verde con borde blanco, la palabra «Malena». Arriba, en el mismo verde, mi nombre.

El verde llama la atención porque casi nada de lo que hago es verde. Mis portadas tiran a rosa, a morado, a neón. Aquí el título tiene algo de rótulo antiguo, de cartel de verbena o de etiqueta de perfume. Y le pega a lo que viene después, que es una sucesión de imágenes con mucho de revista de los noventa.

Un carrusel de looks

La primera parte del vídeo es un desfile. La misma mujer rubia aparece una y otra vez, pero nunca igual. Con la capucha negra. Con un sombrero negro de ala anchísima, de esos que se llevan en las carreras de caballos o en las bodas de tarde. Con una rosa roja enorme prendida en el pelo y un top rojo, sobre un cielo azul. Con un body plateado de lentejuelas en lo que parece un estudio. Con un top negro de tirantes, apoyada en una pared blanca. Con una camisa de rayas, entre las rejas de un balcón con plantas detrás.

Los cortes son rápidos. A veces la cámara vuelve a un look que ya habíamos visto, como en un juego de memoria. El sombrero negro sale varias veces a lo largo del clip, igual que la rosa roja. Y cada vez que vuelven parece que el vídeo te guiña un ojo: sí, ya la conoces, pero mira qué bien le queda.

Más adelante los looks suben de volumen. Un vestido naranja de lentejuelas con apliques verdes, en un pasillo de puertas oscuras. Un bañador rosa chicle junto a un aro gigante blanco y azul, con sombrillas blancas y palmeras detrás, al sol. Un vestido negro de flecos sobre un fondo turquesa liso, con las manos en la cintura. Un vestido de raso naranja, tumbada sobre un sofá azul de terciopelo. Un tocado de flores rojas y rosas que le ocupa media cabeza, sobre un fondo morado. Un ramo de flores naranjas y rosas sujeto con las dos manos, como quien lo acaba de recibir en un escenario.

Es un armario entero en cuatro minutos.

El fotógrafo de la gorra

Entre esos retratos hay unos planos que me encantan y que casi pasan desapercibidos. Son planos de detrás de las cámaras. Un estudio con focos y trípodes, una mesa con cosas encima, un rincón con una moto aparcada. La mujer posando con las manos en el pelo mientras alguien la retrata. Y, en un momento, de espaldas, un hombre con gorra de béisbol y camisa de cuadros, con la correa de una cámara colgada del cuello, inclinado sobre su trabajo.

Fotogramas del videoclip oficial de «Malena», de Mike Sain't Louis

Ese hombre de la gorra no tiene cara en el vídeo. Es solo una espalda. Pero su presencia cambia la lectura de todo lo demás. Nos recuerda que la diva también trabaja. Que detrás de cada pose hay una sesión, horas de luz, alguien que dice «un poco más a la izquierda». El brillo no cae del cielo. Se fabrica.

Me gusta mucho que el vídeo enseñe eso sin hacer ningún comentario. Hay homenajes que solo muestran el resultado final, la foto perfecta. Este enseña también el estudio. Y para mí eso es una forma de respeto: admirar a alguien también es admirar el trabajo que le cuesta parecer que no le cuesta nada.

Los chicos de la ciudad de neón

A partir del primer minuto, el vídeo empieza a intercalar otra cosa. Dos chicos morenos, con barba, frente a frente en un decorado de luces de colores, rosa, morado y azul eléctrico. Se miran muy de cerca. En otro plano se besan. En otro, aparecen dentro de un aro de neón, como un portal de discoteca, vestidos con camisetas de colores.

Luego llega una pareja distinta: dos chicos muy musculados, sin camiseta, con los brazos y el pecho cubiertos de tatuajes, de pie sobre una pista iluminada desde abajo, con barras de luz amarilla detrás. Se cogen de la mano. Más tarde los vemos con fuegos artificiales y rayos de luz a su espalda, como en la apertura de un festival.

Y, en la segunda mitad, toda una secuencia en una ciudad de noche llena de carteles luminosos, con coches, rascacielos y pantallas gigantes. Dos chicos con camisetas de tirantes caminan por la calle, se sientan juntos en un sofá rojo de un local, se cogen de las manos, juntan las frentes. Hay una ternura muy concreta en esos planos: las manos entrelazadas a la altura de la mesa, la frente de uno apoyada en la del otro, las sonrisas pequeñas.

Por qué están ahí

Alguien podría preguntarse qué hacen esas parejas de chicos en un vídeo de homenaje a una diva. Para mí la respuesta es muy sencilla: son el público. Son los que la miran. Son los chicos que, como dice la letra al principio, ven entrar a Malena en el club y sienten que la sala se ilumina:

She steps in the club, it's Malena Lighting up the room, no hay pena

La diva y los chicos no comparten plano nunca. Están en mundos distintos: ella en estudios, balcones y piscinas, ellos en la ciudad de neón y en la pista. Pero el montaje los alterna como si fueran dos caras de la misma noche. Ella brilla. Ellos se quieren. Y una cosa permite la otra.

Porque esa es, al final, la relación que mucha gente queer ha tenido con sus divas. No las conocías. No estabas en sus platós. Pero su brillo te daba permiso para brillar tú en tu pequeña pista, con tu chico de la mano. Lo conté con más calma en El camp no es un chiste aunque te rías, y este vídeo lo pone en imágenes sin necesidad de explicarlo.

La lluvia y el humo de colores

Hay un tramo del vídeo, hacia el minuto tres, en el que el tono cambia. Desaparecen la ciudad y la pista. Aparecen dos chicos tatuados, sin camiseta, de pie frente a frente bajo una luz fría, con algo parecido a lluvia o a trazos de luz cayendo detrás. Se miran sin tocarse. Después, uno de ellos aparece solo, entre humo de colores, rosa, verde y azul, como si se hubiera quedado dentro de un arcoíris de vapor.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «She steps in the club, it's Malena» de «Malena»

Es el momento más melancólico del clip. No hay besos ni manos entrelazadas. Hay distancia. Y me parece un acierto que esté ahí, justo antes del final, porque recuerda que la pista no siempre es fiesta. A veces vas a bailar para no pensar. A veces la noche se queda a medias.

El chico del planeta rosa

En esa misma parte del vídeo aparece la imagen que, para mí, es la más importante de todas. Un chico joven, de perfil, con camisa clara, mira por una ventana. Al otro lado del cristal, enorme, flotando sobre un paisaje borroso, hay un planeta rosa con manchas moradas.

El plano vuelve varias veces, cada vez un poco distinto: más cerca de la cara del chico, más cerca del planeta. Él no sonríe. Mira con atención, casi con hambre, como quien ve por primera vez el sitio al que quiere ir.

Ese planeta es Gayfolk. No lo dice ningún cartel, pero cualquiera que conozca mi universo lo reconoce. Es el planeta inventado que da nombre a mis discos, el sitio donde se puede ser como se es. Y que aparezca en un vídeo de homenaje a una diva tiene todo el sentido: las divas fueron, para muchos, la primera ventana a ese planeta. Antes de saber que existía Chueca, antes de tener amigos como tú, estaba la tele, y en la tele había mujeres que brillaban. Mirarlas era mirar por la ventana.

Si quieres saber más de ese planeta, el disco donde está esta canción se llama «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», y lo dice la propia tarjeta final del clip. También he escrito sobre ese disco desde el catálogo de cuerpos que aparecen en sus canciones.

Las niñas del sofá

Y entonces, casi al final, llega el plano que nadie espera. Un salón antiguo, con papel pintado de óvalos naranjas y rojos, muy de los setenta. Un sofá de terciopelo azul claro. Y sentadas en él, dos niñas pequeñas, una de pelo negro con flequillo y otra de rizos castaños con una diadema. Una lleva un vestido rojo con cuello blanco de encaje; la otra, un vestido de flores. Las dos con mangas de farol. Se miran y se ríen. Se cogen de la mano.

Es una imagen preciosa y un poco misteriosa. No hay explicación. Pero yo la leo así: es el principio de todo. Antes de la diva, antes de los chicos de neón, antes del planeta, hubo una infancia en un salón con papel pintado, con trajes de domingo y con alguien a tu lado con quien jugar a ser otra.

Los vestidos de las niñas tienen algo de ropa de domingo, de bautizo o de comunión de los de antes. Y ese detalle conecta con algo que se repite en mi universo: la folclórica, la copla, la estética de las mujeres de la tele de los ochenta y noventa, mezclada con el pop de discoteca. Aquí aparece en su forma más inocente. Dos niñas que todavía no saben nada y que, quizá, ya juegan a ser divas.

La frase de la pantalla

Al final del clip aparece, sobreimpresa en la parte de arriba de la pantalla, una frase entre comillas: «La incomprensión no destruye a una diva; la convierte en leyenda». Debajo, el vídeo la firma con el nombre de Björk. Detrás de la frase, la mujer rubia levanta los brazos al aire, sonriendo, con un top azul y un collar enorme de piedras brillantes, delante de un edificio blanco con balaustradas.

Collage con un detalle de la carátula de «Malena» y las carátulas de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», «Vota Malena Gracia», «Kaaa Miga»

No voy a entrar en de dónde sale la cita. Me quedo con lo que hace dentro del vídeo. Llega justo después de las niñas y justo antes de la tarjeta final, y funciona como una moraleja. Todo lo anterior, los looks, los estudios, las parejas, el planeta, cabe en esa idea: que no te entiendan no te hunde. Te hace más grande.

Esa idea conecta con los últimos versos de la canción, los del algoritmo y el no rendirse, de los que ya hablé en el otro artículo. Pero el vídeo la dice a su manera, con una mujer con los brazos en alto, celebrando.

La tarjeta final

El último plano, que se queda en pantalla varios segundos, es la portada del disco. Un fondo de color rosa oscuro con un planeta enorme detrás. Delante, tres chicos con esmoquin y pajarita, uno con chaqueta de estampado de flores y otro con chaqueta granate labrada, muy juntos, con las caras casi rozándose. Arriba, mi nombre. Abajo, en letras grandes, «Descubierto un nuevo planeta llamado» y, todavía más grande, «Gayfolk».

Es una forma de cerrar el círculo. El planeta rosa que miraba el chico por la ventana ya no está al otro lado del cristal. Está detrás de los tres chicos de esmoquin, como un sol. Han llegado.

Dos luces distintas

Hay un detalle técnico que ayuda a entender el vídeo. La diva y los chicos no solo están en sitios diferentes: están en luces diferentes. Los retratos de la mujer rubia son casi todos de día o de estudio. Luz blanca, fondos limpios, cielo azul, paredes claras, sol de piscina. Es una luz de revista, de sesión de fotos, que no esconde nada.

Los chicos, en cambio, viven de noche. Neón rosa y morado, pantallas gigantes, focos que salen del suelo, fuegos artificiales, el rojo de un sofá de local. Incluso cuando están en exteriores, es una ciudad nocturna con los carteles encendidos. Es una luz que tapa y que enseña a la vez, la luz de los sitios donde durante mucho tiempo fue más fácil quererse.

El montaje pasa de una luz a otra sin avisar, y ese salto es parte del ritmo. Del blanco al rosa, del día a la noche, de la foto a la pista. Como si el vídeo te llevara de la tarde de los sábados, delante de la tele, a la madrugada en la discoteca. Dos horarios de la misma vida.

Los cuerpos

Los chicos del vídeo no son todos iguales, aunque se parezcan. Hay parejas de chicos delgados, con camisetas de colores. Hay parejas de chicos muy grandes, con los brazos llenos de tatuajes, sin camiseta. Hay barbas cuidadas, pelos con tupé, alguna cadena al cuello. Y el chico de la ventana, más joven, con camisa clara, que parece bastante más joven que los demás.

Me gusta esa mezcla porque se parece a la gente que realmente llena una pista de baile. No hay un único tipo de chico gay, igual que no hay un único look de diva. Y el vídeo, que se dedica a enseñar a una mujer con cien looks distintos, hace lo mismo, a su manera, con los chicos: muchas formas de estar en la noche.

Los tatuajes, sobre todo, tienen mucho protagonismo. Brazos enteros cubiertos de dibujos, pechos con tinta, manos tatuadas entrelazadas sobre una mesa. En un vídeo dedicado a la imagen, a cómo alguien decide mostrarse, los tatuajes son otra forma de vestirse. También son un look. También son una manera de decir quién eres sin abrir la boca.

Lo que hace el montaje

Si tuviera que resumir el vídeo, diría que es un collage. No cuenta una historia, la sugiere. Mezcla imágenes de cosas que no tienen nada que ver entre sí: una diva en bañador, dos chicos tatuados, un planeta, dos niñas, y deja que tú pongas el hilo.

Ficha de la canción «Malena» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Ese hilo, para mí, es la admiración. Todo en el vídeo va de mirar a alguien que brilla y querer brillar también. La diva brilla para la cámara. Los chicos brillan bajo el neón. El chico de la ventana mira un planeta que brilla. Las niñas juegan a brillar. Y la frase final dice que, incluso cuando no te entienden, puedes seguir brillando.

La propia canción mezcla inglés y español casi en cada verso, y el vídeo hace algo parecido con las imágenes: mezcla estéticas como quien mezcla idiomas. Revista de los noventa, discoteca futurista, salón de los setenta, ciencia ficción rosa. Sobre esa mezcla de idiomas en mis canciones escribí en cuando la letra cambia de idioma.

Un verso para cada imagen

Aunque esta vez quería centrarme en lo que se ve, hay un par de versos que me parecen el pie de foto perfecto para ciertos planos. Para las parejas de la ciudad de neón, los que hablan de bailar bajo las estrellas:

Let's lose control, baila conmigo Under the stars, serás mi abrigo

Abrigo es una palabra muy bonita en una canción de discoteca. No es calor de pista, es calor de casa. Y eso es lo que transmiten los chicos del sofá rojo con las frentes juntas: que se han encontrado un refugio.

Y para la diva que cambia de look, los versos de la segunda estrofa, que hablan de los pasos que da y de lo que libera:

Con cada paso que da, she sets me free

Cada cambio de vestido en el vídeo es uno de esos pasos.

Cómo mirarlo

Si vas a ver el vídeo después de leer esto, te propongo un juego. La primera vez, fíjate solo en la diva y cuenta los looks. Te va a costar, porque los cortes son rápidos y algunos se repiten. La segunda vez, ignórala y sigue solo a los chicos, desde el decorado de neón del principio hasta el sofá rojo y la ciudad de noche. Vas a ver que tienen su propia pequeña historia, de mirarse a cogerse de la mano.

La tercera vez, espera al chico de la ventana. Aparece poco, pero cuando aparece, el vídeo se para un instante. Y luego deja que lleguen las niñas, la frase y la portada final. Es el orden en el que el clip va pasando de lo de fuera, la diva que todos miran, a lo de dentro, lo que esa mirada despierta en alguien.

Otras divas del planeta

«Malena» no es la única canción de mi catálogo con una diva en el centro. Está «Vota Malena Gracia», que tiene su propio videoclip y su propio tono, mucho más de campaña electoral galáctica. Está «Kaaa-miga», con su guiño final a otra mujer icónica. Y hay más.

Lo que distingue el vídeo de «Malena» es que la diva no hace nada más que existir. No hay discurso, no hay chiste. Solo poses, looks y luz. Y alrededor, el mundo que esa luz hace posible.

Todos mis clips están en la página de vídeos, y la letra completa de esta canción está en las letras. La música y la interpretación vocal están hechas con IA; la letra y la producción, como siempre, salen de mí. Si te apetece entender cómo encaja «Malena» en el resto de mi mundo, aquí tienes un recorrido por la trilogía.

Preguntas frecuentes

¿Qué se ve en el videoclip de «Malena»? Una mujer rubia que cambia de look constantemente (sombrero negro, rosa roja en el pelo, lentejuelas, bañador rosa), alternada con parejas de chicos en una ciudad de neón, un chico que mira un planeta rosa por la ventana, dos niñas en un sofá antiguo y una cita final sobre la incomprensión.

¿Cuándo se estrenó? El 24 de noviembre de 2024 en YouTube. Dura cuatro minutos.

¿Qué es el planeta rosa? Es el planeta Gayfolk, el lugar inventado que da nombre a mis discos. La tarjeta final del vídeo es la portada de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el disco en el que está la canción.

¿Qué dice la frase del final? «La incomprensión no destruye a una diva; la convierte en leyenda». El vídeo la atribuye a Björk.

¿En qué se diferencia de los otros artículos sobre «Malena»? Los otros hablan de la letra: de las divas como modelo y del verso del algoritmo. Este recorre solo las imágenes del videoclip.