
Por Mike Sain't Louis ·
Cuando la letra cambia de idioma: spanglish, inglés y un título en francés
«I'm not your supply, I'm not your drug.»
Esa frase en español no funciona. Pruébalo: «No soy tu suministro». Suena a factura del gas. A carta de la compañía eléctrica avisando de un corte por impago. Y sin embargo, la idea es exactamente la misma: no soy la fuente de la que te alimentas, no soy la gasolinera donde repostas tu ego cuando vas en reserva. En inglés, con cuatro palabras, la frase pega un portazo. En español, con cuatro palabras, la frase te pide el número de contrato.
Así que «Not Your Supply» está entera en inglés. Y no es la única.
Escribo sobre todo en español. Lo digo en mi página y lo cumplo: la mayoría de las letras de Planeta Gayfolk están en el español de Madrid, con sus tacos, sus diminutivos y sus marcas de supermercado. Pero hay canciones que se pasan al inglés a mitad de verso, otras que están escritas en inglés de principio a fin, y alguna con un título en francés. Me he preguntado muchas veces por qué cambio. No siempre tengo respuesta. Pero cuando miro el catálogo con calma, veo que no cambio al azar. Hay cosas que digo en un idioma y cosas que solo me salen en el otro.
Suministro suena a factura del gas
Empiezo por esa palabra, supply, porque es el caso más claro.
Quien ha pasado por una relación con un narcisista acaba, tarde o temprano, leyendo sobre el tema a las tantas de la madrugada. Y mucho de lo que se lee viene del inglés. Palabras que llegan sin traducir, o traducidas a medias: gaslighting, love bombing, no contact, supply, hoovering. Son palabras de foro, de vídeo explicativo, de hilo de madrugada. Y cuando las usas para entender lo que te ha pasado, se te quedan pegadas en inglés. Porque así las aprendiste. Porque así te salvaron.
Por eso cuando me pongo a escribir sobre ese tema, el inglés se me cuela solo. No es pose. Es que el vocabulario con el que entendí lo que me pasaba me llegó en ese idioma, como llega una receta que te pasa una amiga de otro país y que nunca traduces porque ya la haces así.
«Not Your Supply» es una canción de diagnóstico. No tiene chistes. No tiene marcas. Tiene frases que funcionan como una radiografía: «You call when you are empty / You leave when you are full». Te llama cuando está vacío. Se va cuando está lleno. En español también se entiende, claro. Pero en inglés tiene una cosa que me gusta mucho: las palabras son tan cortas que la frase parece un golpe de martillo. Call, empty, leave, full. Cuatro golpes. Y después el silencio.
En mi español, en cambio, me salen frases largas, enumeraciones, retahílas de agravios con nombres propios y sitios concretos. Es el idioma de la bronca de rellano. El inglés, para mí, es el idioma del parte médico.
Mi therapist me ha ayudado
Entre el inglés entero y el español entero hay un territorio enorme que todo el mundo conoce y casi nadie se atreve a escribir: el spanglish de la pista de baile.

«No Contact» está escrita así. Un verso en un idioma, el siguiente en el otro, y a veces los dos en la misma línea: «Mi therapist me ha ayudado / No contact and desenmascarado». Si eso lo lee un profesor de lengua, le da un vahído. Si lo lee alguien que ha salido un sábado por Madrid, lo reconoce al momento. Así hablamos. Así hablan las amigas en la cola del guardarropa. «Tía, estoy fatal, pero es que el tío era super toxic.» «Le he hecho ghosting y me siento libre.»
No es un idioma de clase alta ni de clase baja. Es un idioma de época. Es lo que pasa cuando creces con series en versión original, canciones en inglés en todas las discotecas y un móvil que te habla en los dos idiomas a la vez. Y yo quería que eso se oyera en mis letras sin pedir perdón.
Hay otra razón, más práctica. El spanglish me permite rimar cosas que en un solo idioma no riman. «Bye drama» con «no más trauma». «Comeback» con «snapback». Es como tener dos cajas de herramientas abiertas en la misma mesa. Si no encuentro el destornillador en una, lo cojo de la otra. Y la frase, al final, suena a lo que es: a alguien que está bailando para no pensar.
Lo que no hago casi nunca es meter el inglés en el chiste. El chiste, en mis letras, se queda en español. Porque el chiste necesita el idioma de la tripa, el que se aprendió antes de saber leer. El inglés, en «No Contact», está para el subidón. El español, para el detalle.
No me mires el pecho
Ese reparto se ve clarísimo en «Licenciada en derecho».
La canción está casi entera en inglés. Tacones por la acera, libros de leyes en el bolso, aviones, de Madrid a Miami. Todo en un inglés de videoclip de diva, de pasarela, de «I'm a boss lady». Y entonces llega el estribillo y la letra se pasa al español con la frase más madrileña del mundo: «No me mires el pecho, que soy licenciada en derecho».
Esa frase no se puede traducir. Bueno, se puede, pero se muere por el camino. Lo gracioso es la rima interna, pecho con derecho, y la mezcla de dignidad profesional y escote. Es una frase de bar, de cuñada lista, de señora que sabe lo que vale y no tiene ganas de explicártelo. En inglés sería un eslogan. En español es un zasca.
Así que el inglés pone el decorado y el español pone el remate. Es como un musical de Broadway en el que, en el número final, la protagonista se arranca por bulerías. Eso es lo que más me gusta hacer con los idiomas: dejar que uno prepare y que el otro dispare.
Barcelona, tú y yo
Hay canciones en las que hago justo lo contrario. El inglés es la casa y el español es la visita.
«Barcelona» está escrita en inglés, con frases cortas de noche y de playa. Luces de ciudad, arena, el bajo que acelera el pulso. Y de vez en cuando, entre comillas, aparecen trozos de español: «acércate a mí», «nos liberamos», «La noche nos envuelve», y el estribillo, que es un nombre repetido como un mantra: «Barcelona, Barcelona, tú y yo, Barcelona».
Ahí el español funciona como funciona el inglés en tantas canciones españolas de los noventa: como especia. Como esa frase en otro idioma que te hace sentir que estás de vacaciones. Me hizo mucha gracia escribir así, dándole la vuelta al truco. Si durante años las canciones de aquí metían un «baby» o un «tonight» para sonar internacionales, ¿por qué no puedo yo escribir una canción en inglés que meta un «acércate a mí» para sonar a verano en la costa?
En «Madrid to Benidorm» pasa algo parecido. La letra está en inglés, pero los sitios son los míos. Madrid. Benidorm. Ese trayecto por la autovía que cualquier madrileño ha hecho alguna vez con la nevera portátil en el maletero. Decirlo en inglés lo convierte en otra cosa: en carretera de película, en road movie con arcoíris. Y a la vez sigue siendo la A-3 un viernes por la tarde.
Me gusta esa doble vida de los lugares. Benidorm en español es chiste de jubilados y despedidas de soltero. En inglés, de pronto, es un destino. Los dos son verdad.
Aaaaaaayyyyy mi pena
Hay una canción en la que el cambio de idioma me parece casi una ceremonia.

«Before the Bells» está escrita en un inglés tranquilo, sin spanglish, sin rima de pista. Es una letra sobre ese momento antes de que pase algo grande, cuando todavía no hay victoria ni plan, solo estar. «No victory, no hidden plan, / Just being here the best we can.» Es de las letras más quietas que he escrito.
Pero no empieza en inglés. Empieza con un quejío. «Aaaaaaayyyyy mi pena / Ayyyyyyyyyyyy mi penita.» Un lamento de copla, con todas sus aes y sus íes estiradas hasta que duelen. Y después, sin transición, el inglés pausado.
Para mí esa entrada lo explica todo. Antes de ponerme solemne, me tengo que quejar como se queja uno aquí. Con la pena y con la penita, que no son lo mismo: la penita es la pena a la que ya le has cogido cariño. Ese quejío es el billete de entrada. Después ya puedo hablar despacio, en otro idioma, de lo que se suelta y de lo que no.
Si me preguntas por qué, te diré que el inglés me da distancia. Hay cosas que en español me queman las manos y en inglés las puedo coger. Es como hablar de tu vida con un desconocido en un tren: le cuentas más que a tu madre porque no te va a mirar igual el domingo.
Ain't no rainbow in my sky
Esa distancia se nota todavía más en «Dark Corners», que es probablemente la canción más triste que tengo con tacones.
La letra mezcla los dos idiomas, pero aquí el spanglish no es fiesta. Es disfraz. «Ain't no rainbow in my sky / No glitter tears, just quiet eyes.» Ni arcoíris ni lágrimas con purpurina: ojos callados. Y en mitad de eso, una línea en español que para mí es de las más tristes del catálogo: «En mi cabeza hay un party gris». Una fiesta gris. La pista llena por fuera y apagada por dentro.
Lo que me interesa de esa canción es que el cambio de idioma imita lo que pasa en una noche mala. Hablas en inglés con el que acabas de conocer, ríes en español con la amiga, piensas en un idioma que no es ninguno de los dos. Y al final de la letra, la pregunta que alguien te hace en la barra, cuando ya estás muy lejos: «Hey… are you okay?». Y la respuesta que damos todos: «Yeah… just dancing…».
Esa respuesta en español no me sale. «Sí, solo bailando» suena a excusa. En inglés suena a excusa que todo el mundo acepta. Y eso es exactamente lo que necesitaba la canción: una mentira educada que nadie investiga.
Paris restera gris
Y luego está el francés, que en mi catálogo aparece poco y casi siempre en el título.
«Paris restera gris» habla del final de una relación larga y de una escapada a París que se planeó mil veces y nunca se hizo. Los hoteles mirados en Google Maps. Las maletas que no salieron del armario. La ciudad del amor convertida, según escribí al presentarla, en «el escenario de una ausencia».
El título está en francés porque París es el sitio al que no llegamos. Me pareció justo que la canción llevara el idioma del lugar que se quedó esperando. Es como poner en la puerta de una habitación vacía el nombre de quien iba a dormir allí. París se quedará gris. Lo dice en su idioma, porque en el nuestro ya no queda nada que decirle.
No hablo francés como hablo inglés. Lo uso como se usa el nombre de un perfume: por cómo suena y por lo que te trae a la cabeza aunque no lo entiendas del todo. Y en una canción que va precisamente de lo que no pasó, esa distancia es exactamente lo que necesitaba.
Solo soy un algoritmo
Hay un momento en «Malena» que resume muy bien cómo convivo con los idiomas y con las herramientas.

La canción es un homenaje de pista a una diva, escrito en spanglish de club: «Dancing through the night, ella reina». Todo brillo, todo pose. Y de pronto, al final, la letra se pasa al español entero para soltar una frase que no tiene nada que ver con la diva y mucho que ver conmigo: «Y aunque para ti / Solo soy un algoritmo / Yo soy como Malena / y nunca me rindo».
Eso no podía decirlo en inglés. Es una respuesta a los que dicen que lo mío no vale porque la música y las voces las hago con inteligencia artificial. Y esa respuesta tenía que estar en el idioma en el que me lo dicen, que es el mío. Los comentarios de «eso lo hace una máquina» me llegan en español, con faltas de ortografía y con mala leche castiza. Así que les contesto igual.
Las letras, en los dos idiomas, son mías. Las escribo yo, las corrijo yo, decido yo dónde se cambia de idioma y dónde no. La herramienta me ayuda con la música y con las voces, pero no me dice cuándo pasar del «dancing» al «nunca me rindo». Ese salto es una decisión de letrista. La más mía de todas, si me apuras.
Vine a tomar mi space
Hay canciones en las que el spanglish no es fiesta ni disfraz. Es actitud. Es la forma de plantarse.
En «Soy marica sideral» la letra arranca así: «No vine a salvar tu mood, / vine a tomar mi space». Podría haberlo escrito en español. «No vine a salvarte el ánimo, vine a ocupar mi sitio.» Se entiende igual. Pero pierde la chulería. Mood y space son palabras que se dicen con la barbilla un poco levantada, con las gafas de sol puestas aunque sea de noche. Son palabras de alguien que ya no pide permiso para entrar en la sala.
Y lo bonito es que la canción, después de esa entrada tan inglesa, vuelve al español para lo importante. Para lo que de verdad le duele y le enorgullece. «Me han llamado exagerada, / teatral y emocional.» Eso en inglés no tendría la misma rabia, porque el insulto me lo dijeron en español, en femenino y con retintín. Y para contestarlo tengo que usar las mismas armas.
Esa es la mecánica que se repite en casi todas mis letras bilingües. El inglés abre la puerta con estilo. El español entra a contar lo que pasó.
Gané, en dos idiomas
Hay un caso que me hace especial gracia, porque mezcla los dos idiomas dentro de una sola frase de tres palabras.
En «Gaslighting», después de toda una canción sacudiéndose las mentiras de otro, el protagonista celebra: «I won maricón». El verbo en inglés, el apelativo en español. Y no lo cambiaría por nada. «I won» es la victoria de videojuego, de concurso, de final de partido. «Maricón» es la palmada en la espalda de la amiga en la puerta del bar. Juntas, son exactamente lo que se siente cuando por fin sales de algo así: ganas como en una película y te lo celebras como en tu barrio.
Si lo hubiera escrito entero en inglés, sonaría a eslogan de camiseta. Entero en español, «he ganado, maricón», sonaría a anécdota de sobremesa. Mezclado, suena a lo que es: un grito de pista en una noche en la que por fin te sientes ligero.
A veces pienso que el spanglish es eso. No es no saber hablar bien ninguno de los dos idiomas. Es necesitar los dos para decir una sola cosa entera.
El idioma del que escucha
Hay una última cosa que tengo en cuenta, aunque no lo parezca. Quién va a escuchar.

Las canciones en español las imagino sonando en Madrid, en un coche camino de la playa, en una cocina con la radio puesta. Las de inglés y spanglish, en cambio, las imagino en sitios donde no sé quién está. En una lista de reproducción de otro país, en los cascos de alguien que no ha pisado nunca la Gran Vía y que a lo mejor solo entiende la mitad. Y me gusta esa idea. Que alguien en otra parte del mundo escuche «No me mires el pecho, que soy licenciada en derecho» sin saber qué significa y se quede con la música de la frase, y que luego busque la traducción y se ría.
No escribo en inglés para llegar a más gente. O no solo. Escribo en inglés cuando la frase lo pide. Pero si de paso la canción sale de casa y llega a otro sitio, mejor. Las canciones también tienen derecho a viajar sin pasaporte.
Las reglas que no sabía que tenía
Cuando junto todo esto me salen unas reglas que nunca escribí, pero que cumplo casi siempre.
El chiste va en español. El insulto con nombre propio, también. Las marcas, los barrios, la vecina, la suegra, el portero: en español, porque solo existen en español.
El diagnóstico frío, a veces, va en inglés. Las palabras que aprendí en foros de madrugada para entender lo que me había pasado, también. Supply, gaslighting, no contact.
El subidón de pista va en spanglish, porque así se habla en la pista.
La pena de verdad empieza en español, con quejío, y a veces se escapa al inglés para poder seguir hablando sin que se me quiebre la frase.
Y los sitios a los que no fuimos llevan el idioma del sitio.
No sé si son buenas reglas. Sé que son las mías. Y sé que cuando me las salto, la canción suele cojear. Si meto el chiste en inglés, se queda en anécdota. Si meto el diagnóstico en español castizo, se convierte en sainete. Cada cosa en su idioma, como cada plato en su vajilla.
Una web en dos idiomas, unas letras en los suyos
Mi web está en español y en inglés. Lo he contado en otro texto, el de por qué escribo en español, y no lo repito entero. Solo apunto una cosa que me hace gracia: la web cambia de idioma con un botón, y las letras no. Las letras se quedan como nacieron. «Not Your Supply» seguirá en inglés aunque la leas en la versión española de la web, y «Licenciada en derecho» seguirá rematando en castellano aunque entres por la puerta inglesa.
Eso me parece justo. Una letra no es un texto informativo que hay que traducir para que se entienda. Es un objeto. Tiene la forma que tiene, con sus costuras y sus mezclas. Si la traduces, haces otra cosa. Que puede estar bien, pero es otra cosa.
Si quieres ver cómo suena cada una en su idioma, están todas en el archivo de letras. Y la del portazo en cuatro palabras, la de la factura del gas que no quise escribir, la tienes entera en gayfolkplanet.com.
You call when you are empty. I write when I am full.
Y en el idioma que me dé la gana.
Preguntas frecuentes
¿En qué idiomas escribe Mike Sain't Louis sus canciones? Sobre todo en español. También tiene canciones en inglés, letras en spanglish y alguna en francés o portugués, como figura en su ficha de artista. Las letras son siempre suyas; la música y las voces están hechas con herramientas de inteligencia artificial.
¿De qué va «Not Your Supply»? De negarse a seguir siendo la fuente de la que se alimenta un narcisista. Está escrita entera en inglés y forma parte de «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía Planeta Gayfolk.
¿Por qué mezcla español e inglés en algunas letras? Porque así se habla en muchas pistas de baile y en muchos grupos de amigos, y porque cada idioma le sirve para una cosa: el chiste y el detalle en español, el diagnóstico o el subidón de pista en inglés.