
Por Mike Sain't Louis ·
Quiero ser como Malena: las divas a las que me encomiendo en mis letras
«Yo sí entiendo a Ylenia Padilla / Yo también soy Ylenia Padilla.»
Así empieza «Yo apoyo públicamente a Ylenia Padilla», que según mi propia web es el single más reciente de PLANETA GAYFOLK. Dos versos. Uno de comprensión y otro de identificación. Yo te entiendo. Yo soy tú.
Y luego la canción se convierte en una lista de verbos de apoyo, uno detrás de otro, como si fuera una pancarta escrita a mano: yo apoyo públicamente, yo soy como, yo defiendo, yo estoy a favor de. No hay ni un insulto. Ni un chiste. Es de las canciones más serias que tengo, aunque el nombre del título haga sonreír a medio país.
Ese «yo también soy» es una frase que aparece muchas veces en mis letras. Con distintas mujeres. Ylenia, Malena, La Veneno, Yurena. Y me he dado cuenta de que en mi catálogo hay un santoral entero. Mujeres de la tele, del pop, de la noche, de la copla, a las que mis canciones se encomiendan como quien le reza a una estampita. No para pedir milagros. Para pedir fuerzas.
Este texto va de ellas. De qué hacen en mis letras. Y de por qué, cuando un marica se siente solo, casi siempre se mira en una diva.
Yo también soy
Vuelvo a Ylenia. Lo que la canción dice de ella no es nada que haya salido en una revista. Es esto: «Yo también he sentido alguna vez / Que todo el mundo me ha fallado».
Y después: «Y que me han dado la espalda / En el momento más equivocado».
Eso es todo. No hay biografía, no hay cotilleo, no hay polémica. Hay una sensación compartida. Que todo el mundo te falla. Que te dan la espalda justo cuando más falta hace. Y la canción mira a una mujer de la tele, de esas a las que el país entero ha juzgado alguna vez desde el sofá, y le dice: yo también.
Me gusta mucho lo que hace esa operación. No defiende a Ylenia con argumentos. No entra en el debate. Simplemente se pone a su lado. Y ponerse al lado de alguien a quien todo el mundo señala es una de las cosas más maricas que conozco. Lo hemos hecho siempre. Con las folclóricas a las que la prensa crucificaba. Con las artistas que salían borrachas en la portada. Con las concursantes de los realities a las que el público expulsaba entre abucheos. Siempre ha habido un marica en el sofá diciendo «pues a mí me cae bien».
La misma letra, casi palabra por palabra, está en «¿Por qué él no llora?», donde se mezcla con una boda olvidada y un ex que presume de tatuaje nuevo. Allí la frase se recorta todavía más: «Yo también soy Padilla». Sin nombre. Solo el apellido. Como si fuera de la familia.
Quiero ser como Malena
Si Ylenia es la diva con la que me identifico en el dolor, Malena Gracia es la diva con la que me identifico en la pista.
En «Malena» el estribillo no deja lugar a dudas: «Yo quiero ser, ser como Malena Gracia». Y la canción la pinta como la reina de la noche, entrando en el club, iluminando la sala, bailando hasta el amanecer. «Loca, loca por un beso tuyo.»
Y luego, casi al final, la frase que me la convierte en santa de cabecera: «Yo soy como Malena / y nunca me rindo».
Nunca me rindo. Eso es lo que se le pide a una diva. No que sea perfecta, ni que tenga buena voz, ni que salga bien en las fotos. Que no se rinda. Que siga bailando aunque la miren raro. «No pasa nada por bailar algo distinto.»
Malena es tan importante en mi catálogo que hasta se presenta a unas elecciones. En el texto de «Vota Malena Gracia» se presenta, junto a Noemí Argüelles, a unas elecciones galácticas como símbolo de la resistencia colorida, cuando Donald Trump y Elon Musk quieren comprar el planeta GAYFOLK. Una vedette contra los dueños del mundo. Lo escribí así: «La belleza aquí se convierte en un acto político, una flor frente al acero».
No me imagino una candidata mejor.
Solo soy un algoritmo
Hay un detalle de «Malena» que se me pasa siempre cuando la escucho bailando, y que al leerla despacio me parece lo más importante de la canción.

Justo antes de esa frase de no rendirse, la letra dice: «Y aunque para ti / Solo soy un algoritmo».
Ahí está. La canción sabe lo que es. Sabe que la música y las voces están hechas con inteligencia artificial, y sabe que mucha gente me mira así: como si yo fuera un algoritmo y no un señor de Madrid que escribe letras. Y la respuesta a ese desprecio no es un argumento técnico. Es una diva. Yo soy como Malena. Me miras raro, me llamas máquina, y yo sigo bailando.
En «La insignia de artista» el tema vuelve, más amargo. Alguien importante con contactos en el mundo de la música suelta la sentencia: «Si tu música es un algoritmo / entonces no corazón / entonces no alma / entonces no distinto». Y casi al final aparece una artista a la que admiro, nombrada en la letra, y dos versos que me dejan desnudo: «para mí es una diva, / tal vez no le guste que use IA».
Me gusta que esté ahí esa duda. La diva no siempre te da su bendición. A veces la quieres desde lejos sabiendo que quizá no le gustaría lo que haces. Y la quieres igual. Eso también es devoción. Y la canción termina con un «creo que ya me rindo» que contradice a Malena, porque hay días en los que uno no es Malena. Hay días en los que uno no pasa de ser un fan cansado.
Por eso necesito tantas divas. Para los días en que no puedo ser ninguna.
Ojalá de suegra
Hay una diva en mi catálogo que no quiero de modelo, sino de familia. Carmina Barrios.
«Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios», dice el título de la canción. Y la fantasía es completa: comer con ella en el jardín, con su hijo como pareja, celebrando un aniversario largo.
De las suegras soñadas ya he escrito en otro sitio, así que no me alargo. Solo apunto lo que tiene de diva esa elección. Carmina no es una estrella del pop. Es una madre de la tele. Una madre con gracia, con desparpajo, con esa forma de hablar que hace reír a todo el mundo. Y para muchos maricas, una madre así es la diva más difícil de conseguir. No la que sale en el escenario. La que te sienta a su mesa y te trata como a uno más.
Y tú quién eres
Y luego está ella. La Veneno.
En el texto de «Kaaa miga» la presento como un tributo directo a una de las figuras más libres que ha tenido España. Y escribo que «fue escándalo, humor, coraje y espejo de una época que intentó silenciarla».
Espejo. Otra vez el espejo. La Veneno no es una diva a la que quiero parecerme. Es una diva en la que me miro para entender de dónde vengo. Una mujer trans que salió en la tele de los noventa diciendo lo que nadie decía, que hizo reír a un país entero y a la que ese mismo país trató fatal. Todo eso está en la historia de mucha gente como yo, aunque no lo vivieras de primera mano.
El texto termina con su frase más famosa, la que todo el mundo conoce: «¡Yo soy La Veneno, y tú quién eres, maricón!».
Yo soy. Otra vez. Pero aquí la diva no dice «yo también soy». Dice «yo soy», a secas, y te devuelve la pregunta. Y tú, ¿quién eres? Es la pregunta que me sigo haciendo. Y la mejor respuesta que tengo es seguir escribiendo canciones.
En el mismo texto lo resumo así: «La Veneno fue muchas cosas, pero sobre todo, fue verdad». Si tuviera que elegir una sola cosa para pedirle a una diva, sería esa.
Tira de hemeroteca
En «I Am Yurena», del tercer disco, la diva habla en primera persona. Y lo primero que hace es aclarar quién no es: «Yo no soy Tamara la mala».

Luego: «Tira de / hemeroteca». Y un remate de los míos: y si te molesta, ya sabes lo que me puedes comer.
Esa canción va del derecho a cambiarse el nombre. De la mujer que un día fue una cosa y decidió ser otra, y a la que todo el mundo sigue llamando por el nombre de antes para fastidiarla. «¡Yo soy Yurena!» Grito final. Estribillo. Bandera.
Me parece una de las cosas más importantes que puede hacer una diva: enseñarte que tu nombre lo eliges tú. Que la hemeroteca existe, sí, que cualquiera puede ir a buscar quién eras. Y que da igual. Que hoy eres esto. Y que si te molesta, tira de hemeroteca. O de lo otro.
Soy como Jennifer López
A veces la diva aparece en una sola línea, como un comodín. En «Mejor que Ben Affleck» el narrador se ha creado un novio con inteligencia artificial: guapo, inteligente, siempre puntual. Y en mitad de la lista suelta: «Soy como Jennifer López / Sin contrato ¡prematrimonial!».
Jennifer López no está ahí por su música. Está porque es la diva del amor a lo grande, de las bodas que salen en todas las revistas, de los romances que vuelven veinte años después. Y el chiste está en compararse con ella justo cuando el novio no es de carne y hueso. La diva más glamurosa del mundo y un novio hecho con un programa. Es una manera de reírse de mí mismo, y de la soledad, y de las promesas de la tecnología, todo en dos versos.
El título remata la comparación: este novio es mejor que Ben Affleck. No hace falta explicar más.
Una niña usada
No todas las divas de mi catálogo son españolas. Hay dos reinas del pop americano. Y las trato de forma muy distinta.
En el texto de «Free Britney» no hay ni un chiste. Escribo que «Britney no fue solo una estrella, fue una niña usada, una mujer juzgada y un icono que gritó sin que nadie escuchara». Y que el homenaje nace desde el respeto, desde el dolor y desde la admiración por alguien que sobrevivió al propio espectáculo.
Sobrevivir al propio espectáculo. Eso es lo que hace de Britney una santa de mi altar. No sus canciones, que también. Su supervivencia. Una chica que quería bailar, que se convirtió en la voz de una generación y a la que encerraron en una jaula con focos. Muchos maricas sabemos lo que es que te digan cómo tienes que ser delante de todo el mundo. Britney lo vivió a lo grande.
Y luego está Madonna. En el texto de «The Queen of Pop» la llamo «la eterna Reina del Pop» y digo algo que me define bien: «No es imitación, es devoción convertida en arte performativo».
Devoción. Esa es la palabra. A Madonna no la imito. La venero. Como se venera a una virgen en una procesión, con flores, con velas, con lágrimas y con un poco de exceso. Es lo que hacemos los maricas con nuestras divas desde siempre. Las sacamos en procesión.
La Shakira del Todo a un Euro
Pero no todo es devoción. A veces la diva sirve para reírse.

En «La Shakira y el Piqué de todo a 1 euro» la canción empieza mirando a una pareja gay que sale mucho en Telecinco, muy monos, muy modernos. Y luego suelta la frase: «Es la Shakira marica del Todo a un Euro». Y él, claro, es el Piqué del excremento.
Y entonces el giro: «a partir de ahora yo soy / la Shakira marica del Todo a un Euro».
Me apropio de la diva. Me convierto en ella, pero en versión barata. Es lo que hace la parodia camp: coger a la estrella y bajarla al bazar de la esquina, donde podemos permitírnosla. La Shakira de verdad hizo una canción para su ex. Yo me hago Shakira de bazar para hacerle una al mío. No tengo su presupuesto. Tengo su rabia.
Diva de mercadillo
Y luego está la diva que soy yo mismo cuando bajo a la calle.
En «Marica chill», del segundo disco, el narrador se levanta con purpurina en la cara, se toma un café solo sin drama y baja a la playa con tacones. La vecina critica desde el balcón. El frutero le regala un mango. Y el estribillo le pone nombre: «Walkin' like a diva en mi mercadillo dress».
Diva de mercadillo. Me encanta esa idea. No hace falta ser Madonna para caminar como una diva. Basta con un vestido del mercadillo, un abanico y unas ganas enormes de que te miren. «Que me llamen loca, that's my brand.»
Esta canción es la otra cara de todo el santoral. Las divas de la tele y del pop son las que admiramos. Pero lo que aprendemos de ellas lo usamos en el barrio, en la playa, en la cola del pan. Cada marica que sale a la calle con algo de más está haciendo de diva para alguien. Para el chaval que lo ve desde la ventana y todavía no se atreve.
«Si me critican desde el balcón / Les mando besitos y pongo reggaetón.» Esa es la lección de todas ellas resumida en dos versos.
Como diría La Pantoja
Hay divas que no salen como protagonistas, sino como frase. Como cita de autoridad.
En «Si Don AussieBum hablase», después de un ex que se lleva los bañadores de marca y deja los de Aliexpress, el narrador se levanta con esto: «pero ya sabes que yo soy / siempre Ave Fénix y como diría La Pantoja / ¡Tú tira palante!».
Como diría La Pantoja. Ni siquiera hace falta citar la canción. Todo el mundo sabe de qué va. Una mujer que ha pasado por todo delante del país entero y que sigue en pie. Ave Fénix. Tira palante.
Eso es una diva en mi idioma: alguien a quien invocas cuando necesitas levantarte del suelo. Como quien dice «como diría mi madre». Las divas son, para muchos de nosotros, madres de repuesto. Madres que nos enseñaron a llorar en público, a vestirnos de más, a contestar con gracia y a no pedir perdón.
Dos divas eternas
Hay una canción de mi catálogo que va de dos divas y de un grupo que ya no me gusta. «Ya no nos gusta La Oreja de Van Gogh» no va contra ellas. Va a favor.

En el texto que la acompaña escribo que crecí con Amaia Montero y con las canciones de Leire Martínez, y que las dos forman parte de la historia del pop español y también de la mía. Y luego hago la distinción que me importa: nos gustan ellas, Amaia y Leire, pero no el envoltorio domesticado en el que la industria convirtió a la banda.
Y cuento algo curioso que pasó con esa canción: la escribí antes de que se anunciara la vuelta de Amaia al grupo. Casi premonitorio.
La frase que mejor resume la canción es esta: «que las divas siguen brillando, pero el sistema ya no emociona». Dos divas eternas. Dos eras distintas. Y un fan que las quiere a las dos y no soporta la máquina que las rodea.
Esa es una de las tensiones que más me interesan cuando escribo de divas. La diva es la persona. La industria es otra cosa. Y uno puede amar a la primera y burlarse de la segunda en la misma canción.
Marisol, Carmen Sevilla y las que bailaron
En las versiones de mi catálogo también hay divas. Ya escribí sobre ellas cuando hablé de lo folk del GAYFOLK, así que solo las nombro.
Mi versión de «La Tarara» está dedicada a Marisol, que según escribí «fue muchas cosas, pero sobre todo fue libertad». Y a las que bailaron cuando no se podía. Mi versión de «Cariño trianero» es un homenaje a Carmen Sevilla, con la letra intacta.
Son divas de otra época. Divas de mis abuelas, de las películas de sobremesa, de la radio en la cocina. Y las meto en un planeta lleno de neones para que bailen con las de ahora. Marisol con Yurena. Carmen Sevilla con Britney. La Pantoja con Malena. Una procesión con todas.
Por qué siempre una mujer
Hay una pregunta que me hago al repasar este santoral: ¿por qué casi todas son mujeres?
No tengo una respuesta científica. Tengo una intuición que comparte mucha gente. Durante mucho tiempo, los únicos modelos de emoción desbordada que teníamos los maricas eran mujeres. Los hombres de la tele no lloraban, no se derrumbaban, no se levantaban con lentejuelas. Las mujeres sí. Y en ellas aprendimos que se podía sufrir en público, exagerar, vestirse de más, decir barbaridades y seguir siendo querida. O no querida, pero seguir en pie.
Las divas son también mujeres juzgadas. Todas las de mi catálogo lo han sido. Por su cuerpo, por su nombre, por sus parejas, por sus borracheras, por su forma de hablar. Y un marica sabe mucho de eso. De que te juzguen por cómo hablas. Por cómo te mueves. Por con quién te acuestas.
Por eso el «yo también soy». No es fanatismo. Es reconocimiento.
Públicamente
Termino donde empecé. Con la palabra más importante del título del último single: «públicamente».
Yo apoyo públicamente a Ylenia Padilla. No en privado, no en un mensaje de WhatsApp, no en una conversación de bar. Públicamente. En una canción. Con su nombre en el título.
Hay algo de valentía en eso, y algo de broma también. Apoyar públicamente a una persona de la tele suena a comunicado oficial, a nota de prensa, a esas declaraciones solemnes que hacen los políticos. Y aplicarlo a una mujer a la que el país ha juzgado desde el sofá es darle la vuelta a todo. Es decir: yo me pongo de su lado, y lo digo en voz alta, y me da igual lo que penséis.
Eso es lo que hacen mis canciones con todas estas divas. Ponerse de su lado. En voz alta. Las letras las escribo yo, y la música y las voces se hacen con inteligencia artificial, pero ese gesto es lo más antiguo que hay en el pop gay: el fan que se planta delante de todos y dice «yo la quiero».
La letra completa está en gayfolkplanet.com/letras/yo-apoyo-publicamente-a-ylenia-padilla. Es corta. Léela en voz alta. Y si tienes una diva propia, cambia el nombre por el suyo. Funciona igual.
Preguntas frecuentes
¿Qué divas aparecen en las letras de Mike Sain't Louis? Entre otras, Ylenia Padilla, Malena Gracia, Carmina Barrios, La Veneno, Yurena, Britney Spears, Madonna, Shakira, Isabel Pantoja, Marisol y Carmen Sevilla, en canciones como «Yo apoyo públicamente a Ylenia Padilla», «Malena», «Kaaa miga», «I Am Yurena», «Free Britney» o «The Queen of Pop».
¿Qué dice «Yo apoyo públicamente a Ylenia Padilla»? Es una declaración de apoyo e identificación: «Yo sí entiendo a Ylenia Padilla / Yo también soy Ylenia Padilla», porque el narrador también ha sentido que todo el mundo le ha fallado y le han dado la espalda en el peor momento. La letra está en gayfolkplanet.com/letras/yo-apoyo-publicamente-a-ylenia-padilla.
¿Cuál es el single más reciente de Planeta Gayfolk? Según la web de Mike Sain't Louis, el single más reciente es «Yo apoyo públicamente a Ylenia Padilla».
¿Quién escribe estas canciones? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid. Las letras son siempre suyas; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial.